#Chile. Conflictos reales y artificiales

Publicado en La Tercera

Recientemente la candidata de la DC, Carolina Goic, acusó al candidato del PPD-PS-PR-PC-IC, Alejandro Guillier, de izquierdizarse tras nombrar a una “chica” comunista, Karol Cariola, como Jefa de Comunicaciones de su equipo de campaña. Esta correcta y normalmente intrascendente declaración comenzó una batahola de proporciones relativamente épicas que aparentemente dejó a los dos bandos en la situación política más delicada desde el comienzo del ciclo electoral. Hay al menos dos teorías que pueden ayudar a esclarecer por qué comenzó el conflicto y a explicar por qué probablemente seguirá.

Una primera teoría es estructural y tiene que ver con las razones ideológicas que utiliza la DC para fundamentar su decisión de llevar a una candidata de sus filas a la elección presidencial y de levantar una lista parlamentaria propia a la elección legislativa. Esta teoría tiene sentido porque la DC busca instalarse en un espacio de centro que solo podrá ocupar si logra desplazar a Guillier y el bloque progresista hacia la izquierda. Por ende encasillar a Guillier en la izquierda es primordial, pues es la única forma en que la DC podrá naturalmente clamar el centro, que tradicionalmente le ha pertenecido, y que le es fundamental para poder competir.

Esta teoría también tiene sentido porque explica por qué la reacción del bloque progresista no se hizo esperar. La respuesta es sencilla: el espacio de centro que clama la DC es tan importante para Goic como para Guillier. Para ambos es un nicho de votantes críticamente funcional para cumplir con sus objetivos primarios. En el caso de Goic, contar con ese electorado es esencial para tener una presentación digna en la elección, mientras que para Guillier obtener apoyo de ese conjunto de votantes es fundamental para poder pasar a segunda vuelta y tener una oportunidad de derrocar a su principal adversario.

No necesariamente es la mejor estrategia, pero a estas alturasal parecer es la única. Goic está obligada a polemizar con Guillier para poder diferenciarse. Si es que no logra cortar las raíces que unen a los Demócrata Cristianos con los socialistas, el sueño de la casa propia se derrumbará más rápido de lo que se derrumbó la candidatura de Ricardo Lagos Escobar. De hecho, esta teoría no solo permite haber anticipado las declaraciones de Goic, pero además incrementa la probabilidad de que situaciones similares sigan ocurriendo. El desembarco del camarada Burgos en la campaña de Goic confirma esta noción.

Una segunda teoría es coyuntural y tiene que ver con motivos estratégicos que utiliza la DC para contrarrestar el efecto negativo que implica la decisión de no participar en las primarias legales que entre otras cosas considera una franja televisiva de alcance nacional. Esta teoría tiene sentido dado que es probable que la ya débil posición de Goic en la carrera presidencial se vea aún más afectada al saltarse las primarias, sino es que no mete suficiente ruido. Pues si no lo hace, arriesga ser sepultada por una avalancha de propaganda que los demás candidatos estarán emitiendo constantemente a través de la segunda quincena de junio.

Esta teoría tiene sentido porque el objetivo central de Goic es darse a conocer. Es la única forma para aumentar en las encuestas de intención de voto. Si la gente no la conoce, no va votar por ella. Y qué mejor forma de darse a conocer que por medio de la polémica artificial. Aunque a veces la polémica es mal evaluada por la ciudadanía, siempre es cubierta por los medios – sobre todo en ciclos electorales. En este sentido, no solo es el camino más rápido, pero también el más seguro. Al no ser una candidata popular, generar conflictos artificiales parecer ser la única forma para tratar de nivelar la cobertura.

Lo anterior sugiere que el conflicto entre la DC y el bloque progresista solo comienza. De hecho es probable que este tipo de polémicas – que comienzan con temas tan inocuos como la utilización de una caracterización ideológica o un apodo – aumenten a medida que aumente la presencia de los candidatos rivales en los medios. Por cierto, a esta altura del partido pareciera que generar conflictos artificiales es la única forma para compensar por la mala decisión de no participar de un proceso de primarias que no solo asegura un foro para darse a conocer a lo largo y ancho del país sino que además es financiada por el Estado.

Ambas teorías – la estructural y la coyuntural – son plausibles, y probablemente complementarias. Es probable que Goic y la DC actúen tanto por razones ideológicas como por motivos estratégicos. La única diferencia es que laprimera teoría explica las diferencias de fondo de la DC con el bloque progresista y permite entender por qué ambos bandos llegan distanciados a la elección. El problema que queda por resolver es si los conflictos artificiales serán suficientes para poder solucionar el problema de fondo. La evidencia parece indicar que no, que la suerte está echada y que ni Goic ni la DC obtendrán el resultado que añoran.

#Chile. Si no les puedes ganar, confúndelos

Publicado en La Tercera

La última cuenta pública del segundo cuatrienio de Bachelet puede resumirse como un mar de logros y promesas difícil de poner en contexto. La larga lista de proyectos de ley aprobados en el último año, pero también en los tres anteriores, y de mensajes que se enviarán este año aparentemente entablan al gobierno como uno satisfecho de haber hecho la pega. Entre la batería de índices y porcentajes queda la sensación de que contra todo pronóstico el gobierno cumplirá con sus promesas de campaña antes de su salida.

Pero esta evaluación parcial auto-complaciente no solo es engañosa, pero es errónea. Muchas de las promesas que se presentaron como cumplidas ni siquiera fueron reportadas hace un año como promesas. Lo anterior naturalmente sugiere que fueron improvisadas para artificialmente incrementar el porcentaje total de cumplimiento. Pero incluso si fueran consideradas como promesas, a juicio de algunos expertos, que se dedican a medir porcentajes de cumplimiento, el gobierno igualmente estuvo significativamente lejos de cumplir con cabalidad.

Este último punto es relevante, dado que para muchos el éxito de un gobierno se mide en el porcentaje de promesas cumplidas. Pero rara vez se ponderan las promesas por su importancia e impacto en la sociedad. Cumplir 50 promesas de proyectos de ley que pasan con mayoría simple, es bastante más fácil que cumplir dos promesas de proyectos de ley que solo pasan con quórum calificado. Esto parce ser lo que explica por qué Bachelet ignoró por completo algunas de sus promesas más emblemáticas.

Un ejemplo de un proyecto de ley que necesita quórum calificado, y es a su vez una promesa emblemática, es la promesa de una nueva Constitución. Si bien Bachelet mencionó que enviará un nuevo texto constitucional para ser aprobado en el Congreso antes de fin de año, aún quedan muchas dudas sobre cuál será el proceso, y qué tan ciudadano será si se hace por medio de una convención constituyente. Mencionar de forma tan breve y tangencial el proyecto más emblemático de su gobierno es por lo bajo lamentable.

Gran parte de la retórica de la campaña de Bachelet y la Nueva Mayoría en 2013 se hizo en base a una nueva Constitución. De hecho, la gran base de sus votantes la prefirieron a ella porque era el camino más seguro para conseguir ese texto. Hoy, en un contexto político completamente presidencializado, en el cual además el oficialismo se encuentra desintegrado, es seguro decir que esa es una de las promesas que no se cumplirá antes del final del cuatrienio. Sin duda un hecho que pone en duda la capacidad política del gobierno.

Quizás una buena alternativa, más que resumir logros y hacer promesas, habría sido usar la cuenta pública para diseñar una agenda de continuidad al legado de la Nueva Mayoría. En particular habría sido importante pasar el bastón progresista que sostiene la promesa de una nueva Constitución a un candidato que asegure la continuidad. Aunque Bachelet manifestó un tenue apoyo a la línea política progresista, fue una remembranza del poco apoyo que le entregó a Frei en 2009, y un presagio del poco apoyo que le entregará a Guillier en 2017.

Fue una cuenta pública hecha para los votantes de la Nueva Mayoría. Los logros y promesas contrastan bruscamente con los índices de aprobación. Muchos se preguntarán de qué sirven todos los índices y porcentajes presentados por la Presidenta si la gente no aprueba del trabajo del gobierno. En efecto, a ratos parecía que Bachelet entró al discurso sabiendo que una comparación rigurosa con sus promesas originales sería un fracaso, por lo cual decidió confundir a su audiencia con una larga lista de números desconetxtualizados.

Lo anterior no implica que el segundo gobierno de Bachelet es un mal gobierno–de hecho, ese balance solo se podrá hacer luego de que se bajen las cortinas en marzo de 2018 o incluso años después de eso. Pero lo que sí implica es que el gobierno tomó un rumbo distinto al propuesto en 2013. Todo indica que las grandes reformas ya ocurrieron, y lo que se hará en lo que queda del periodo serán solo reformitas. Quizás por eso habría sido mejor enfocarse más en la continuidad de sus promesas en el próximo gobierno que en celebrar victorias parciales.

[Noticias] A las encuestadoras

Tresquintos en un esfuerzo por transparentar y poner a disposición de nuestros lectores información que muchas veces no existe en un formato útil. Tiene disponible las bases de datos para las encuestadoras encargadas de realizar mediciones en el caso de que quieran chequear su información.

 

#Chile. La cohesión y redundancia de las primarias del Frente Amplio

Publicado en La Tercera

Beatriz Sánchez y Alberto Mayol son los dos candidatos más similares de una misma coalición en disputar una primaria desde el retorno de la democracia. Hubo claras diferencias entre Eduardo Frei y Ricardo Lagos en 1993, entre Lagos y Andrés Zaldívar en 1999, entre Soledad Alvear y Michelle Bachelet en 2005 (aunque finalmente se suspendió), entre Frei y José Antonio Gómez en 2009, y naturalmente entre Bachelet, Andrés Velasco, Claudio Orrego, y Gómez en 2013.

Esto lo sostengo basado en el delicado trato que tuvieron entre sí Sánchez y Mayol en el primer debate. Desde el comienzo, los dos candidatos mostraron un alineamiento extraordinario. Estuvieron de acuerdo en absolutamente todo. En pasajes, el debate pareció un sparring coordinado y diseñado para prevenir cualquier daño. Si hubo algún desacuerdo fue solo de matices y prioridades, pocas diferencias de forma y por cierto que ninguna de fondo.

Por una parte, la similitud entre los candidatos habla de la cohesión que existe en la coalición (lo que irónicamente contrasta con su carácter de “Amplio”), pues muestra que las ideas de fondo no varían a pesar del nombre del candidato. Algunos podrán interpretar esto como algo positivo, dado que aísla al Frente Amplio, y lo eleva por sobre el agresivo contexto político por el cual atraviesan todos los otros sectores políticos, sobre todo los tradicionales.

Por otra parte, la similitud ente los candidatos confirma la estrategia política y electoral del Frente Amplio. El carácter tenue del debate sugiere que los candidatos no están en las primarias para debatir, al menos no en el sentido tradicional, si no que están ahí para presentar las ideas del conglomerado. Más específicamente, no están en las primarias para elegir al mejor de los dos candidatos, están en las primarias para darse a conocer.

En principio no tengo ningún problema con esta estrategia, pues es una impecable táctica electoral. El desafió del Frente Amplio es precisamente darse a conocer, y qué mejor oportunidad para hacerlo que participando en primarias, donde además pueden generar un contraste crucial con su rival directo: los partidos de la Nueva Mayoría y sus candidatos presidenciales. A simple viste parece una decisión sencilla, que solo promete réditos.

Pero si lo anterior es correcto, que la participación del Frente Amplio en las primarias no es genuina, implica que están utilizando las primarias para un propósito para el cual no fueron diseñadas. Por definición las primarias son para elegir entre candidatos que representan distintas ideas de un mismo sector, y no para avanzar agendas políticas particulares. En esencia, el problema es que caen en la misma práctica que critican de los demás.

Lo anterior es una sutil diferencia y por ende mucha gente no verá el problema contingente en el trasfondo de las primarias del Frente Amplio. De hecho, esa sutileza es un engranaje central para que la estrategia funcione: que la gente no note la intencionalidad. Mi intuición es que los líderes de la coalición no dimensionaron la similitud entre los dos candidatos. Si lo habrían hecho, probablemente hubiesen optado por otra ruta.

La estrategia de las primarias solo funciona si es que hay al menos una apariencia de competencia entre los candidatos, aunque esta no exista en el fondo. Por eso era crucial que en el primer debate los candidatos rivalizaran entre ellos. Era esencial que Sánchez y Mayol confrontarán ideas y contrastaran programas para que mostrarán que la decisión de ir a primarias era genuina y no estratégica. Lamentablemente no fue así.

Si el debate hubiese sido más directo, confrontacional, y un candidato hubiese destacado más que el otro, hubiese sido una victoria rotunda. Pero el debate fue tenue, probablemente debido a la cohesión natural de la coalición. Pero eso es lo que transforma las primarias en redundantes. ¿Qué utilidad tiene ver a dos candidatos que repiten lo mismo todo el rato? ¿Cuál es la diferencia del primer debate con una presentación de un programa? La respuesta a estas dos preguntas es: ninguna.

[Noticias] Lanzamiento de pronósticos electorales para Chile, 2017

Tenemos el placer de anunciar el lanzamiento de nuestros pronósticos electorales para Chile, 2017. Nuestros pronósticos buscan medir la verdadera intención de voto por cada uno de los candidatos presidenciales en carrera “si la elección fuera hoy”. Desde ahora se actualizan una vez a la semana hasta el mes de la elección presidencial (noviembre). Para ver la serie de los pronósticos puedes pinchar aquí. Para obtener más información sobre cómo hacemos los pronósticos puedes pinchar aquí.

[Noticias] Lanzamiento de Reporte Tresquintos

Tenemos el placer de anunciar el lanzamiento de nuestro nuevo sitio web: Reporte Tresquintos, una fuente donde podrás conocer las noticias más relevantes del ciclo electoral que se vive en #Chile. El nuevo sitio cubre todo lo que va desde las primarias hasta las presidenciales y registra todo lo que sucede entre el lanzamiento de candidaturas y la publicación de encuestas. RT se actualiza varias veces al día con las mejores historias del periodismo digital para mantener a nuestros lectores informados. Puedes visitar el sitio pinchando aquí.

#Chile. Un triste espectáculo

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Las primarias están en la cuerda floja. Ninguna de las dos grandes coaliciones políticas ha logrado ordenar sus filas hasta el momento. Esto ha generado una serie de rencillas internas, a vista paciencia de la gente. Para muchos estos impases políticos no son más que un triste espectáculo. Pues generan la sensación de que la clase política está más preocupada de resolver sus propios problemas que los de la gente. Quienes ponen trabas a las primarias, y generan esta lamentable sensación, tienen nombre y apellido.

Por un lado, las primarias de Chile Vamos están en duda por culpa expresa de Sebastián Piñera. Mientras que Felipe Kast y Manuel José Ossandón ya inscribieron sus nombres, el ex Presidente aún no ha hecho lo suyo. Por otra parte, las primarias de la Nueva Mayoría están con freno a mano por encargo de Carolina Goic. Mientras que su principal contrincante, Alejandro Guillier, ha gritado a los cuatro vientos su intención de inscribirse, la Senadora ha sido en el mejor de los casos enigmática.

Parte del objetivo de tener primarias reguladas por la Ley es precisamente para evitar espectáculos como estos, donde los partidos y los candidatos ventilan sus problemas internos en la plaza pública. De hecho, las primarias funcionan bastante bien para reducir la frecuencia e intensidad de estos impases, al incentivar a los partidos a contrastar ideas y limar asperezas en casa. A su vez, sirven para que los partidos puedan escoger a los mejores candidatos, al someterse al escrutinio de sus votantes más fieles.

Quizás para los partidos tiene sentido sacar la calculadora y el mapa para tomar decisiones, sobre todo en época de elecciones. Después de todo, existen con el objetivo ulterior de ganarlas. Pero para la gente el debate de ir o no ir a primarias no solo es innecesario, pero además es redundante. Para ellos la imagen de los políticos hablando de política todo el día solo sirve para reafirmar la idea de que le están haciendo el quite a los problemas reales. Entre otras cosas, esta forma de hacer política sirve para potenciar la desafección con la clase política.

Ante esta sensible bifurcación lo ideal sería que todas las coaliciones que tengan a más de un precandidato presidencial simplemente se sometieran a primarias para definir a sus abanderados. Pues en lo material, para la gente tiene poco sentido ver a Piñera constantemente desconociendo las invitaciones de sus compañeros de coalición, y a Goic diariamente calculando su probabilidad de derrocar a sus socios históricos. Para la gente éstas situaciones solo confirman la intuición de que los políticos son parte del problema y no de la solución.

A pesar de que hay evidencia que sugiere que a nivel individual a Piñera y a Goic les podría ir mejor si se saltan las primarias, también hay algunas razones que invitan a pensar que les podrían ser útiles. Es más fácil verlo con Piñera, quien lidera en la derecha. Si se somete a primarias, el ex Presidente puede matar a dos pájaros de un tiro: primero, sacar de carrera a sus dos contrincantes más importantes, y segundo, legitimar su intención de ser el candidato único de todo el sector. Dado que ganaría las primarias caminando, debiese ser una decisión fácil.

Para Goic este cálculo es más complejo, pues la Senadora busca llevar a la Democracia Cristiana por una senda que le devuelva la independencia y autonomía de su época de gloria. A ésta visión romántica se contrapone una visión la pragmática, que sugiere que ir a primarias es el mejor camino. En efecto, sumando y restando pareciera que la segunda opción es mejor, pues es la única forma de mantener a la coalición de centroizquierda unida, y minimizar la probabilidad de victoria de Piñera. Dado lo que está en juego, debiese ser una decisión fácil.

Esta contraposición, entre lo romántico y lo pragmático, es lo que dificulta la decisión de Goic. Pues ir a primera vuelta significa privilegiar lo romántico por sobre lo pragmático e ir a primarias implica favorecer lo pragmático por sobre lo romántico. Si suponemos por un segundo que el objetivo de Goic es mantener la unidad de su coalición, reducir la probabilidad de que esa misma coalición pierda en la elección presidencial, mientras repara (en la medida de lo factible) la fe de la gente en la política por el solo hecho de someterse a primarias, no debiese ser una decisión difícil.

Las primarias son positivas para la democracia, e incluso podrían ser beneficiales para todos los involucrados, mediando algunos costos. No someterse a primarias solo profundiza la desafección con la política, lo que eventualmente podría transformarse en un sentimiento anti-sistema más permanente. Las visiones individualistas de Piñera y Goic podrían dañarles en el largo plazo. Si insisten en su travesía, el primero podría generar un problema innecesario con sus dos rivales más importantes y la segunda podría llevar a la DC a una debacle electoral de proporciones épicas.

#Chile. El PS tiene en sus manos la próxima elección presidencial

Publicado en La Tercera

La bajada forzada de las precandidaturas presidenciales de Fernando Atria y José Miguel Insulza por parte de la mesa central del Partido Socialista es evidencia del mal momento que atraviesa la colectividad. La inhabilidad de apoyar a un candidato propio para enfrentar a los candidatos del resto de los partidos en una primaria del sector es evidencia del desbalance de fuerzas políticas que existe dentro de la coalición y un mal presagio de lo que viene. Al no tener un candidato propio, el PS indirectamente señala al resto de los partidos y sus respectivos candidatos que se someterá sin dar la pelea.

Por un lado la decisión del partido sorprende, dado que lo normal sería que un partido con su tradición y status nominara a un candidato propio. El PS no solo es uno de los partidos más importantes en la historia del país sino que además es uno de los partidos más grandes en la actualidad. De hecho, el PS es uno de los pocos partidos que se ha logrado inscribir de acuerdo al nuevo esquema de refichaje. Quizás por esto último es llamativo que la mesa no haya logrado transformar ese apoyo en un respaldo a una candidatura presidencial propia. Con los más de treinta mil militantes recientemente inscritos, había material de sobra como para trabajar.

Por otro lado la decisión de bajar a Atria e Insulza se veía venir, pues fue una decisión racional basada en probabilidades. El bajo apoyo a los candidatos en las encuestas fue evidencia de que no había agua en la piscina como para un piquero. En comparación con los otros candidatos del sector, digamos Guillier y Lagos, los candidatos del PS nunca lograron despegar. Considerando el margen de error, es posible que tanto Atria como Insulza nunca hayan llegado siquiera a obtener 1% de las preferencias. En esta línea, la decisión de la mesa fue correcta, estratégica y utilitaria basada en evidencia significativa, clara y contundente.

Ahora bien, más relevante que analizar las causas de la bajada forzada de Atria e Insulza, es preciso explorar las potenciales consecuencias del hecho. En ese sentido es imposible no desempolvar recuerdos del ciclo electoral de 2009, donde el Partido Socialista fue determinante en la nominación del candidato presidencial de la coalición, y eventualmente en el resultado de la elección. De hecho, el trasfondo se asimila bastante a lo que ocurre en el ciclo actual. En ese entonces, al igual que ahora, el partido prefirió apoyar a un candidato de otro partido (Frei) antes que a un candidato de sus propias filas (Arrate, Enríquez-Ominami, o Navarro).

El resto de la historia es conocida, y tema de mi tesis de Magister. Los tres socialistas renunciaron al partido, acompañados de cerca de un centenar o más de militantes históricos, en lo que se denominó el éxodo socialista. Navarro finalmente se bajó pero Arrate y Enríquez-Ominami fueron a primera vuelta. La división de la coalición le facilitó la victoria a Piñera. Los votos por los tres candidatos de la centroizquierda (Arrate, Enríquez-Ominami, y Frei) fueron significativamente más que los votos por Piñera en la primera vuelta. Pero la campaña dividió al electorado de tal manera que fue imposible agregarlos a favor del candidato común (Frei) en la segunda vuelta.

La comparación relevante entre las dos elecciones es el escenario de división de los votantes de centroizquierda. En 2009 el PS jugó un rol crucial en esta división, pues fueron ellos los que permitieron que el electorado se dividiera en tres partes. Hoy van por el mismo camino. Al no tener candidato propio van a tener que apoyar al candidato de otro partido, en este caso están entre el candidato del PR (Guillier) o el candidato del PPD (Lagos). Pero a pesar de que puedan institucionalmente apoyar a uno o a otro, es probable que parte del daño ya este hecho. Gracias al desorden del partido, una parte de los votantes ya está dividida de una u otra manera.

Este desorden en parte se entiende por la dinámica interna de las facciones que conforman al partido. Hasta recientemente el partido estaba dividido en Nueva Izquierda (Andrade, Escalona), Renovación (Montes, Schilling), Tercerismo (Elizalde, Solari), Grandes Alamedas (Allende, Gazmuri), Nuestra Revolución (de Urresti, Díaz), y Colectivo (Melo, Soto). Si bien las diferencias han sido históricamente claras es importante señalar que más que programáticas, han sido sobre la visión de los procesos operacionales que debe seguir el partido, sumado a contrastes generacionales. Curiosamente esta claridad permitía un dialogo fluido.

Hoy esas divisiones son más difusas. Algunas de las facciones han perdido peso y se han desintegrado, o en algunos casos fusionado con otras facciones. Este reordenamiento puede ser entendido como un desplazamiento transitorio, propulsado por incentivos de corto plazo, en parte electorales. Este desorden explica, entre otras cosas, por qué ha sido tan difícil para el partido tomar una posición permanente. Explica por qué la Mesa confirmó una consulta ciudadana para elegir entre Atria y Guillier dos veces y luego se retractó; y explica por qué la votación del Comité Central el domingo no será el fin del conflicto, sino que solo el comienzo.

De hecho, el Comité Central que se reunirá con el objetivo de elegir entre Guillier y Lagos llega con sendos problemas. No se ha definido siquiera cómo se llevará a cabo la votación: si será a mano alzada o con voto secreto. Esta diferencia es relevante, y es lo que actualmente divide a los socialistas. Los que están con Lagos prefieren lo primero y los que están con Guillier prefieren lo segundo. Los Laguistas dependen de la presión que puedan ejercer por sobre los Guilleristas, pues es probable que si la votación es a mano alzada la mayoría de los votantes se inclinará a favor del ex Presidente en desmedro del Senador.

Esta dicotomía resume la difusa organización transitoria de las facciones, que inoportunamente divide a los socialistas entre Laguistas y Guilleristas (sin contar a los desafectados que seguirán a ojos cerrados a Atria). Un breve recuento del apoyo de los legisladores del Partido Socialista sugiere que todos los senadores y alrededor de la mitad de los diputados estaría a favor de la candidatura de Lagos. No hay forma de saber cómo votarán los 111 miembros del Comité Central pero no sería extraño que se distribuyeran de forma proporcional a los legisladores. Pero volvamos al tema. Aquí la pregunta importante es si les conviene votar por Lagos.

Es una pregunta difícil, pero posible de abordar. Mi aproximación es una racional, basada en la diferencia en el retorno de utilidades que tienen los socialistas si prefieren a un candidato por sobre el otro. O redactado de forma más simple, la pregunta relevante es: ¿cuál de los dos candidatos le sirve más al Partido Socialista? La respuesta más sencilla es que el candidato que más les sirve a los socialistas es el candidato que más se asimila al militante mediano del PS. En este escenario, la respuesta es Lagos, pues no solo se asimila más al militante mediano, sino que es ex militante del Partido Socialista (hasta que fundó el PPD en 1987).

El escenario anterior sugiere que consistencia ideológica es una forma de pago (en término de utilidades). Pero si suponemos que una mejor forma de pago es ganar elecciones, entonces la respuesta a la pregunta no es Lagos, sino Guillier. Es mucho más probable que Guillier gane una elección a que Lagos gane una elección. Toda la evidencia disponible sugiere aquello. Lagos no se mueve del 5% en las encuestas. Lleva más de un año pegado en esa cifra a pesar de haber invertido una suma considerable de recursos en un equipo de campaña diseñado específicamente para re-empaquetar su imagen y dar a conocer sus ideas.

Si el PS quiere ser consistente con su ideología, probablemente Lagos sea el mejor candidato. Si el PS quiere ganar elecciones, probablemente Guillier sea el mejor candidato. En esta bifurcación, mi opinión es que el PS debe priorizar lo segundo por sobre lo primero. El Partido Socialista debe escoger al candidato que le permita acceder al poder para—al menos—aspirar a llevar a cabo su programa ideológico. Los partidos políticos son por definición colectividades diseñadas para ganar elecciones. Si no se pueden organizar para ganar una elección no tienen absolutamente nada que estar haciendo en el sistema político.

Considerando la lógica de las premisas anteriores es importante subrayar la importancia de elegir a un candidato que pueda ganar en la primera de las elecciones que se avecinan, las primarias. Si el Partido Socialista elige a Guillier y este gana la primaria, el partido podrá tener una importante recompensa al participar de forma preeminente en la redacción del programa de gobierno y una mayor influencia en la conformación de la lista legislativa. Además, dado que Guillier es el candidato mejor posicionado en la centroizquierda para ganarle a Piñera en Noviembre, es una apuesta mucho más segura.

Si en cambió el PS escoge a Lagos, y este inesperadamente gana las primarias, el partido podrá aspirar a tener el mismo control sobre el programa y la lista que tendría con Guillier, pero con una probabilidad mucho más baja de ganar en Noviembre. Pues en el contexto político actual Lagos no solo deberá enfrentar a Piñera, sino que deberá enfrentar a la centroizquierda. El Frente Amplio (liderada por Boric y Jackson) promete dar una dura batalla, pues como bien han anticipado no vienen a renovar a la centroizquierda, la vienen a reemplazar. En ese sentido Lagos no solo sería un blanco de la derecha, sino que sería un blanco de su propio sector.

La decisión del Partido Socialista debe estar orientada a maximizar su utilidad. La decisión del PS debe ser una que tenga su origen en un cálculo objetivo de costo-beneficio. Es irresponsable preferir a un candidato por cercanía, por buena onda. El Partido debe escoger al candidato que les permita las mejores prospectivas para llegar al poder. En ese sentido, la decisión consecuente y responsable de la mesa sería elegir a Guillier. Por lo bajo, la mesa debe asegurar que la elección del candidato se realice por medio de un voto secreto, para que el resultado de la elección al menos refleje el balance honesto de las fuerzas dentro del socialismo.

Una decisión equivocada del Comité Central el domingo podrá tener altos costos. Apostar por un candidato perdedor significa dividir a la coalición más de lo que ya está. Significa abrir dos flancos que serán determinantes en el resultado de la elección de Noviembre: un flanco externo, donde una Nueva Mayoría dividida tendrá que enfrentar a la derecha más cohesionada y organizada de los últimos tiempos, y un flanco interno, donde la oferta electoral (los candidatos) de centroizquierda sin duda generará tensiones y divisiones en la demanda electoral (los votantes) de la centroizquierda. El Partido Socialista tiene en sus manos la próxima elección presidencial.

#Chile. Un balance negativo

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Hace tres años comenzaba el segundo gobierno de Bachelet. Para los partidarios de la coalición oficialista vendría el mejor cuatrienio desde el retorno a la democracia. Las reformas estructurales por fin parecían responder a las demandas de una izquierda que había sido opacada por los gobiernos de tercera vía de la Concertación y omitida por el gobierno liberal de Piñera. Y por casi un año esa esperanza se mantuvo intacta. La aprobación de la reforma tributaria, la reforma educacional, y la reforma electoral anunciaban que todo lo que vendría sería oro. El predicamento del ex ministro Pacheco a fines de Enero de 2015 lo confirmaba, cuando al inaugurar el nuevo huso de horario sarcásticamente declaró verano para siempre.

Pero no todo lo que brilla es oro. A comienzos de Febrero estalló el caso Caval. En retrospectiva, el punto de no retorno, pues sería el momento exacto en el cual el gobierno perdería el control de la agenda política. Junto al caso Caval, los casos Penta, SQM y algunos otros escándalos tangenciales aportarían, en un marco más amplio, al deterioro de la clase política. Mientras que el caso Caval le pegaría directamente a la popularidad de la Bachelet, el resto de los casos judiciales y escándalos políticos le pegarían directamente a la popularidad del gobierno y el Congreso. Al final del primer año del cuatrienio ya se formaba una tormenta perfecta lista para azotar a una clase política que a todas luces parecía no estar preparada.

Algunas cifras pueden ayudar a contextualizar la dramática caída de la Presidenta como consecuencia directa del caso Caval. Como referencia, antes del escándalo, y durante el primer año de gobierno, la aprobación presidencial fluctuó entre 60% y 40%, alcanzando 44% en el Enero de Pacheco. En el mes de Caval, Febrero, la aprobación de la Presidenta cayó bajó 40%, y solo un mes después, en Marzo de 2015, cayó a 31%–el desplome más estrepitoso en la historia de la encuesta. Dos meses después, en Mayo de 2015, la aprobación presidencial caería bajo el 30%. Eventualmente llegaría a caer bajo el 20%, fijando otro récord, al llegar al punto más bajo registrado por la encuesta desde su estreno en 2006.

A la clase política no le fue mejor. Los números muestran que el gobierno se hundió junto a su Presidenta. En el mes de Caval la aprobación del gobierno rápidamente cayó bajo el 40%, y en el mes siguiente, Marzo, bajó del 30%. Desde entonces ha fluctuado entre 23% y 17%. A su vez, la confianza en el poder legislativo también cayó significativamente. Los números son claros en mostrar que nunca antes el Senado y la Cámara de Diputados habían estado tan seriamente cuestionados. Si bien las instituciones políticas siempre han estado bajo un escrutinio público riguroso, fue en este cuatrienio, en este contexto político, en el cual tocaron fondo. Hoy tienen poco espacio para seguir cayendo.

Si los números fueran abstractos, las tendencias se podrían interpretar como caprichos de los ciudadanos. Pero la debacle ha tenido un efecto político notorio. Desde Febrero de 2015 que el gobierno y el Congreso no han logrado pasar reformas significativas. La caída en la popularidad de la Presidenta conllevó a un fraccionamiento de su coalición, impidiéndole controlar su mayoría legislativa. En el escenario contra-factual donde los casos mencionados arriba no ocurrieron, es probable que Bachelet habría mantenido su popularidad entre 60% y 40%, y desde allí podría haber comandado a su gobierno a buen puerto. Pero la reacción tardía, la mala gestión y los errores no-forzados le jugaron en contra.

Si bien los casos de financiamiento irregular fueron claves en hundir a la clase política, hubo una serie de momentos en que la Presidenta pudo tomar el timón y conducir a su gobierno lejos del iceberg. Pero ignoró todas las señales. Mencionar cada una de las omisiones amerita su propio espacio, pero se pueden mencionar algunas oportunidades perdidas a modo de ejemplo. Como haberle pedido la renuncia a su hijo el primer día del escándalo, antes de darle el lujo de dimitir desde La Moneda. O revisar con mayor detalle el currículum de sus ministros y subsecretarios, previo a sus nombramientos. O incluso haberlos removido a tiempo, antes de que se volvieran lastres.

El balance parcial del cuatrienio es negativo. Los presidentes se eligen para cumplir programas. Los gobiernos y los legisladores los acompañan para producir resultados. De los tres años en el poder, solo el primero fue bueno. Los otros dos se han caracterizado por una mezquindad política inédita, llenos de malas decisiones, poca colaboración, rencillas, juicios, destituciones, desafueros y abandonos. Si bien el contexto político ha presentado una serie de problemas nunca antes vistos, la reacción de las autoridades elegidas no ha estado a la altura para darle soluciones. La escasa autocritica y acción de la clase política es evidencia de aquello. Quizás por eso algunos partidos podrían de dejar de existir al no conseguir las firmas necesarias para el refichaje.

Un rayo de esperanza ilumina el último año del cuatrienio. Muchas de las críticas que hasta ahora se concentraban en la Presidenta se trasladarán a los candidatos presidenciales. Habrá menos tiempo para criticar al alicaído gobierno y más tiempo para comentar el incipiente ciclo electoral. La prioridad estará en mirar a quiénes compiten por el próximo mandato. Paradojalmente eso le podría dar la oportunidad al gobierno de completar algunas de sus promesas. Quizás lo que el gobierno necesita para actuar es precisamente esa descompresión. Esto podría ser positivo siempre y cuando no sigan los torpes tropiezos que hasta ahora han caracterizado la gestión de la Presidenta.

#Chile. Una carrera de dos caballos

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La última encuesta CEP muestra que la próxima elección presidencial será una carrera de dos caballos: Piñera y Guillier. La encuesta muestra que ambos suben en su intención de voto, y que el resto de los candidatos se estanca. La encuesta también muestra que la suma del alza de puntos entre Piñera y Guillier se asimila al porcentaje que abandona la categoría de no sabe/no responde. Es decir, Piñera y Guillier lograron convencer a una importante proporción de personas que antes no tenían un compromiso, mientras que el resto no convenció a nadie.

La CEP es reconocida como una encuesta que genera efectos políticos importantes. Tradicionalmente se le ha considerado como la instancia que hace o deshace candidaturas presidenciales. Probablemente por eso los candidatos se mueven tanto durante el trabajo de campo de la encuesta. Basta ver el aumento en el número de entrevistas, confesiones personales, y visitas a poblaciones olvidadas que hacen los candidatos en ese marco de tiempo para comprobar su influencia.

El último trabajo de terreno de la CEP no fue la excepción. Todos los candidatos relevantes se desplegaron para mostrar lo mejor de sí. Piñera, Guillier, Lagos y Ossandón todos dieron múltiples entrevistas en profundidad a los principales medios del país esperando obtener una recepción positiva en la ciudadanía. Solo ocurrió con los dos primeros. Los dos segundos se estacaron. Por eso la encuesta es tan lapidaria: muestra el resultado cuándo los candidatos se la jugaron con todo para aumentar su intención de voto.

Además, es relevante mencionar que otras encuestas son consistentes con la CEP. Para aquellos que reniegan de la veracidad y honestidad intelectual tras ésta encuesta, pueden pasar a mirar los resultados de otras tres encuestas que se hicieron en el mismo periodo de tiempo (Adimark, Cadem, y Cerc-Mori) solo para ver que muestran exactamente lo mismo: un aumento en el apoyo a los dos principales candidatos a costa del resto. Cuando la evidencia es consistente en esta dirección y magnitud necesariamente debe ser real.

Ahora es tiempo de definiciones. Será fácil para los dos que van arriba, pero no para el resto. Piñera y Guillier no tienen mucho que hacer. De hecho es recomendable no hacer nada cuando todo va viento en popa. Pero Lagos y Ossandón deberán reconsiderar las prospectivas de seguir en carrera. En particular deben pensar si su presencia en los medios es útil para sus propias ambiciones políticas y para las de sus propios sectores políticos. Mi intuición es que hacen más daño que bien al permanecer en carrera.

Lagos se tiene que bajar. Está comprobado que no aumenta en las encuestas. En el último año no ha logrado superarse. Consistentemente obtiene menos de 10% de apoyo, probablemente votantes duros, pero fácilmente absorbibles en un electorado volátil y heterogéneo. Permanecer en la carrera solo daña su propio legado y las prospectivas de poder de su coalición. No solo podría ser despachado vergonzosamente en primarias pero podría dividir a su sector en una forma similar a Enríquez-Ominami en 2009.

Ossandón tiene un poco más de espacio para actuar. Fue recién elegido senador en 2013, y estará vigente hasta al menos 2022. Si bien esta no es su única oportunidad para brillar, podría ocupar las luces para pavimentar el camino. Debe considerar el costo personal que implica pelear directamente con Piñera y si es más útil para su sector que se sume al barco ganador. Todo indica que es este no es su año, y que le conviene eventualmente negociar con Piñera para asegurar su cupo más adelante y apoyar a la mejor carta de la derecha.