#Chile. La ruta de la reforma previsional

Publicado en El Dínamo

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Hace pocos días casi un millón de personas se movilizaron en cuarenta ciudades para pedir una reforma al sistema previsional. Bajo el lema No Mas AFPs, la marcha unió a personas mayoritariamente de clase media y baja de todos los colores políticos para terminar con un sistema de pensiones catalogado como injusto e ilegitimo.

La marcha despierta memorias de la movilización estudiantil de 2011. En ese segundo año del gobierno de Piñera los estudiantes se unieron para pedir un cambio al sistema educacional. Después de un par de meses de marchas de alcance nacional la demanda se transformó en una propuesta clara y concisa de política pública.

Hoy las marchas por una reforma previsional se encuentran en un estado incipiente, pero es probable que avancen hacia una propuesta política pública, tal como lo hicieron las demandas de las movilizaciones por la educación. Pero para ello se deben dar al menos dos condiciones. Primero, un líder que lleve la bandera, y segundo, una demanda clara y concisa.

En las movilizaciones por la reforma educacional fueron los líderes de las federaciones universitarias quienes portaron las banderas. En 2011, Giorgio Jackson y Camila Vallejo se transformaron en las voces del movimiento, unificando y matizando las distintas posiciones. Fueron ellos quienes pasaron pasaron en limpio las ideas que dieron vida a las demandas.

Mientras las marchas por una reforma previsional no logren traspasar sus ideas en un liderazgo único capaz de canalizar y comunicar una demanda única, no habrá avances. No es suficiente pedir un cambio. Debe haber una articulación política del grupo de presión y debe existir una propuesta alternativa clara, lista para ser tomada por algún grupo político existente.

Las demandas articuladas en las marchas de 2011 tuvieron éxito porque fueron lo suficientemente precisos para que un candidato presidencial los pudiera recoger. En ese caso, Bachelet prácticamente se adueño de la causa, tomando de forma casi integra las demandas de la calle. Su programa de gobierno prácticamente plagió las demandas de los estudiantes.

Mientras no exista una alternativa única, de consenso para una reforma previsional, ningún candidato presidencial se va arriesgar. La tarea del líder de la demanda previsional debe tomar un lado. No es suficiente pedir un cambio. No es suficiente abrir el debate. Debe optar entre pedir una reforma hacia un sistema mixto o uno de reparto y comprometerse.

Si el líder de No Mas AFPs quiere tener éxito en su lucha debe ir más allá de la protesta. Debe presentar evidencia que hay un sistema mejor que el actual, y conseguir el apoyo de la calle. Solo entonces un candidato presidencial podrá sentir que hay peso tras la causa, y tomarlo como bandera propia para la próxima elección presidencial.

Si el líder de la marcha no logra encausar el debate hacia una demanda específica, pasará lo que ha pasado en todas las elecciones anteriores: será solo un tema más. En las últimas tres elecciones, la reforma previsional ha sido parte del debate, pero nunca de forma central. Nadie se ha dado el trabajo de proponer una alternativa de consenso.

#Chile. Vientos de cambio en la UDI

Publicado en El Mostrador

UDI

La sorpresiva bajada de Francisco de la Maza a favor de Joaquín Lavín en Las Condes asombró a todos. Desde integrantes de la directiva del partido hasta los votantes de la comuna. Fue una movida ejecutada a último minuto, que para muchos representó una jugada estratégica para matar a dos pájaros de un tiro. Primero, usar a de la Maza para ocupar el cupo presidencial del partido con miras a la elección de 2017, que hasta ahora estaba vacante. Y segundo, ocupar a Lavín para mantener al viejo valuarte vigente, además de asegurar el dominio de la comuna.

Mi intuición, en contraste, es que la operación fue bastante más sucia e improvisada de lo que parece. Dudo que fue una movida manejada a nivel de partido. De hecho, me parece que si se hubiese conferido para tomar una decisión al respecto lo más probable es que se hubiese rechazado la idea. Ni la mesa del partido, ni los socios de la coalición la hubiesen avalado. Primero, porque de la Maza no tiene el apoyo explícito de ninguna facción de la UDI, y segundo porque ante su salida RN hubiese pedido el cupo.

Sin perjuicio de lo anterior, la movida tiene una serie de efectos, que sin duda son importantes explorar, como por ejemplo lo que la entrada de un nuevo candidato presidencial significa para la carrera electoral en la derecha, o lo que implica reciclar a un símbolo del partido entre gallos y medianoche. Ya habrá tiempo y espacio para tratar esos temas. Por ahora, parece mucho más importante analizar lo que representa este cambio para el partido. Una tesis es que está ocurriendo una reestructuración mayor, que definirá los tiempos que vienen.

La histórica división del partido entre la UDI empresarial (liderada por Jovino Novoa) y la UDI popular (liderada por Pablo Longuiera) está en su ocaso. El control político ejercido por los apóstoles de Jaime Guzmán (Andrés Chadwick y Juan Antonio Coloma, además de los dos anteriores), está a la deriva. Mientras que Novoa y Longuera desfilan por tribunales, Chadwick está alejado del partido e involucrado en la campaña presidencial de Sebastián Piñera, y Coloma sigue como el único con cargo político relevante pero con menos influencia que nunca antes.

Otros representantes de la UDI empresarial se encuentran igual de cuestionados que su líder (como Carlos Bombal, Jaime Orpis, y Ernesto Silva), o alejados de las cúpulas de poder (como Cristián Larroulet, Evelyn Matthei, y Manfredo Mayol). Asimismo, otros representantes de la UDI popular siguen en el poder pero cuestionados por su rol en financiamiento irregular (como Iván Moreira) o aislados y sin influencia real sobre la dirección del partido (como Víctor Perez, y Jacqueline van Rysselberghe).

Una tercera facción en la UDI, más o menos similar al tercerismo del PS, dedicada a representar los valores históricos del partido y a resolver conflictos entre las dos otras facciones, hubiese sido una buena opción para capitalizar el poder si no fuera por que su líder histórico José Antonio Kast renunciará al partido hace solo dos meses. La disputa de poder entre los coroneles y Kast simplemente no dio más, obligando a Kast a dar un paso al costado, luego de correctamente diagnosticar que la única manera de ganar influencia sería por fuera del partido.

Aquí es importante clarificar que las luchas internas son suficientemente recientes para no tener un efecto significativo sobre los resultados electorales de la próxima elección municipal. Aunque el partido se encuentre en un armageddon interno, puede seguir ganando elecciones. Pues, sigue siendo el partido más grande del país, con una maquinaria electoral aceitada y pronta para conseguir votos. El efecto de la lucha interna, más bien, es una que va terminar por definir quién va ocupar los espacios de poder en los próximos años.

Está situación ha sido anticipada por dos personas claves. Por una parte, de la Maza, quien precisamente surge como candidato presidencial por el vacío de poder causado por la caída de las tres facciones históricas. La apuesta de de la Maza es justamente conformar un nuevo movimiento dentro del partido. Una opción es hacerse cargo de los militantes terceristas abandonados por Kast. Como un lobo solitario, sin claras vinculaciones a otros rostros del partido, es un candidato perfecto para liderar a los más apolíticos del partido.

Otra persona clave que se alza en esta rencilla interna es Jaime Bellolio. Criado bajo el alero de Kast, tradicionalmente ha sido identificado como parte del tercerismo. Sin embargo, desde su elección como diputado (en el cupo distrital de Kast) ha brillado con sus propias luces como figura de recambio. No solo suena fuerte como el próximo timonel del partido, pero además tiene una serie de figuras internas que lo potencian. Entre ellos destacan los diputados María Jose Hoffman, Javier Macaya, Arturo Squella, y Felipe Ward entre otros.

El futuro de la UDI se debate entre de la Maza y Bellolio. El segundo corre con ventaja por la masa critica que tiene a sus espaldas. Pero el primero es candidato presidencial, y una figura que no concita mayor rechazo. Si Bellolio apoya la candidatura de de la Maza estará haciendo lo mejor para su partido, pero estará postergando su propia opción. Si Bellolio no apoya a de la Maza, estará estresando a su partido en el corto plazo, pero asegurando su entrada a los círculos de mando en un futuro cercano. Soplan vientos de cambio en la UDI.

#Chile. Trigo y cizaña en la derecha

Publicado en La Tercera

Los partidos de Chile Vamos parecen estar más preocupados por la nominación del candidato presidencial que de las elecciones municipales. Una serie de movidas en corta sucesión es evidencia de aquello. A la evidente candidatura de Sebastián Piñera, se sumaron la del ex UDI José Antonio Kast, y la del ex RN Manuel José Ossandón. A ellos se suman las probables candidaturas de los RN Andrés Allamand, Francisco Chahuán, y Alberto Espina, quienes han estado menos activos, pero no por eso menos disponibles. A su vez, el timonel de Evópoli, Felipe Kast, pide cancha.

Para algunos es positivo tener a tantas personas disponibles para la tarea. Lo interpretan como una señal de diversidad en la derecha, que simboliza el amplio espectro de potenciales votantes que pueden llegar a ser escuchados y representados. También lo interpretan como un símbolo de competencia en la coalición, que sugiere que al final del proceso el mejor de la serie de candidatos será el único elegido. Sin embargo, ambos anhelos no son más que ficción. La verdad es que no hay ni tanta diversidad ni tanta competencia en la derecha ni entre los candidatos.

Piñera, Allamand, y Espina son de la misma línea dentro de RN. Fundaron la Patrulla Juvenil en los noventa, e inauguraron la línea liberal en el partido. Su esfuerzo, sin embargo, ha sido largamente cuestionado, pues en los hechos operan dentro de un marco tan conservador como el de la UDI. Esto ha quedado en especial relieve tras la irrupción de Amplitud. La nueva geografía del sistema de partidos desplazó a RN a la derecha. Este hecho político traslada a la otrora patrulla juvenil a un lugar que tradicionalmente ocupó Ossandón en RN, y mucho más cerca al que representaba Kast en la UDI.

Un observador desinformado podría pensar que todos están en carrera porque todos tienen posibilidades. Eso no es así. No todos tienen las mismas prospectivas de convertirse en el candidato definitivo. La verdad, es que Piñera domina en las encuestas. Está a un distancia sana de Ossandón, que asoma como el segundo en el concurso de popularidad.La diferencia entre ambos es menor a la distancia entre ellos dos y los otros cuatro. Allamand, Chahuán, Espina, y los dos Kast rara vez destacan con índices de apoyo que les podrían servir como crédito para una cuenta presidenciable.

En esta línea tener a siete candidatos parece ser un exceso, visto en la luz de una contienda en que todos ofrecen un producto similar, pero que sólo uno o dos corren con posibilidades reales. Una serie de efectos negativos surgen en este complejo escenario. Entre ellos, una es especialmente peligrosa, pues es la que define la prospectiva de volver al poder. Esta es la salida forzada de candidatos ante el bloqueo de las elites. La consecuencia es el fraccionamiento y desintegración de la coalición antes de la primera vuelta, facilitándole la elección al rival más fuerte.

La renuncia de Ossandón y Kast alimentan este escenario. Aunque si se les ofrece primarias probablemente participarían, hay probabilidades reales de que vayan directo a primera vuelta de cualquier modo. El recuerdo del papelón de 2005 es demasiado reciente como para olvidarlo. En esa ocasión Piñera y el UDI Joaquín Lavín decidieron ir juntos a primera vuelta. Fue la peor de todas las ideas. Aunque sumaron más votos que Bachelet en la primera vuelta, no lograron fidelidad el voto de cara a la segunda vuelta. La división entre ambos en la campaña les costó la elección.

Las elites de Chile Vamos deben evitar este escenario a toda costa. Aunque Piñera es el candidato favorito, si se le protege con exceso, la coalición pueden terminar en una situación aun peor de la que se encuentra hoy. Si el presidente de RN, Cristián Monckeberg, busca blindar a Piñera porque es quien figura más alto en las encuestas, va terminar por desgranar su base de votantes. En cambio, si consigue comprometer a todos los candidatos a someterse a primarias vinculantes, asegura por lo bajo una campaña potente y unitaria. Un candidato de consenso es sin duda la mejor alternativa.

Si lo anterior no queda claro, hay que pensarlo desde la perspectiva del rival directo, la Nueva Mayoría. Al sucesor de Bachelet le conviene enfrentar una derecha dividida. Si no hay primarias, o hay primarias parciales, habrán dos candidatos de la derecha en la primera vuelta más preocupados de pasar a segunda vuelta que de ganar la elección. En esta eventualidad se enfrascarán en una campaña negativa — en el contexto del voto voluntario — llamando a no votar por el otro. Si bien podrán conseguir ganancias marginales, en la suma sólo le estarán pavimentado el camino al rival, como en 2005.

Chile Vamos debe tomar determinaciones. La reciente renuncia de Ossandón es una señal de que falta disciplina partidaria y una visión cooperativa en la coalición. Los presidentes de los partidos tienen la obligación de fijar primarias para todos los candidatos sin ninguna excepción. Es una tarea compleja, pues Piñera busca asegurar su nominación sin tener que enfrentar al resto, y Ossandón amenaza ir a primera vuelta si es que no hay primarias. Pero es una tarea necesaria, pues de lo contrario la derecha podría hipotecar su alternativa de volver al poder.

Si Chile Vamos está más preocupado de la carrera presidencial que de las municipales, debe al menos mostrar avances. Lo primero que debe hacer es prevenir una potencial debacle electoral. Debe establecer primarias obligatorias para todos los candidatos con un mínimo nivel de apoyo en las encuestas. El peor resultado posible no es que no vaya Piñera, es que vaya Piñera y Ossandón (y posiblemente Kast) al mismo tiempo. La tarea urgente es separar el trigo de la cizaña. Luego, divisar el método por el cuál lograrán llevar una candidatura única, amplia, y vigorosa a la primera vuelta.

#Chile. Lagos 2018

Publicado en El Mostrador

Ricardo Lagos Escobar es candidato presidencial. Después de varios años en la sombra, finalmente se suma a la primera línea. La semana pasada acusó recibo de la presión ciudadana y partidaria, y se declaró dispuesto a competir. No es sorpresa, pues las encuestas sugieren que es el candidato favorito de los votantes de centroizquierda, y las elites de su sector han dejado entrever que es quien concita mayor consenso en los partidos de la coalición. Sin embargo, el camino a la nominación no es tan fácil ni simple como parece. Lagos deberá asegurar apoyos claves y esperar a que se configure favorablemente el tablero antes de sumarse a la carrera presidencial.

Parte del trabajo es concitar el mayor apoyo posible en su coalición. Esta tarea es relativamente sencilla en el PPD y el PS, los dos partidos en los cuales milita. En el PPD, ningún otro candidato tiene permiso para despegar mientras Lagos esté en la pista. En el PS, estarían dispuestos a apoyar a Lagos si no prenden las candidaturas de Isabel Allende y José Miguel Insulza. El trabajo es más complejo en el PC y la DC, los partidos más extremos de la coalición. A los comunistas les gustaría levantar su primera candidatura [con posibilidades reales] desde la vuelta de la democracia, y a los democratacristianos les importa levantar su bandera para frenar la amenaza progresista de la izquierda.

Trabajar al PC y a la DC no será sencillo, pero será necesario. Lagos le deberá ofrecer al Partido Comunista implementar una agenda de continuidad con el gobierno actual, especialmente en cuanto a la reforma constitucional, que es una demanda clave para la izquierda. Además, deberá ofrecerle al PC posiciones clave en su gobierno, aumentando su presencia en el gabinete en al menos una cartera. Con la falange, Lagos deberá resucitar el fantasma concertacionista y prometer una agenda de gradualidad liderada por ellos mismos. Deberá, sobre todo, convencer a la facción de Walker de que él es la única alternativa viable si el objetivo es mantener la unidad en la coalición.

Esto es lo que deberá pasar para que Lagos siga adelante. Necesita el apoyo de los cuatro partidos. En términos políticos, su único escollo real lo representa Alejandro Guillier, quien ya ofició su intención de llegar a primarias, pase lo que pase. Lagos deberá estar dispuesto a ir esa riña. En los tiempos que corren, eludir primarias es una señal retrógrada y antidemocrática, digna de candidatos y partidos añejos y autoritarios. Además, a Lagos le conviene liderar un ciclo de debates donde pueda instalar su agenda. Es una buena forma de conseguir el apoyo de todo su sector. En cualquier caso, lo más probable, a esta altura, es que Lagos finalmente se imponga a Guillier.

El ex Presidente no va poner su legado en juego si existe una posibilidad real de perder, como lo hizo Frei en 2009. Si percibe que la posibilidad de perder es alta, va titubear. Lagos solo será candidato si ve los laureles al final del túnel. Mientras Lagos se mantenga en la primera posición, se vuelve cada vez más probable que sea el candidato definitivo de la coalición de centroizquierda.Todo lo anterior es condicional a su apoyo en las encuestas. Lagos solo será candidato si se mantiene en la primera posición de los índices de popularidad. Si su apoyo comienza a declinar, también caerá su probabilidad de perseguir la nominación.

Parte del trabajo de mantenerse arriba en las encuestas es enterrar los fantasmas del pasado. En el ciclo electoral de 2009, Lagos se bajó de la carrera por las críticas a su rol en el diseño del Transantiago. El ex Presidente correctamente anticipó que, si aceptaba el desafío, la elección sería un referendo sobre su gobierno anterior. Esta vez deberá tener una respuesta preparada para quienes lo interpelarán por los errores y las omisiones de su sexenio. Otra parte del trabajo tiene que ver con su aproximación a los nuevos movimientos políticos. Lagos deberá posicionarse en un punto en donde le pueda a hablar a los que hoy están entre Giorgio Jackson y Andrés Velasco.

Con el apoyo de los partidos, el omen de las encuestas, y una buena llegada con los nuevos votantes de la centroizquierda, Lagos recién estará en condiciones de seguir adelante. No será fácil ni simple, sobre todo considerando lo que viene. Atar los cables sueltos del actual gobierno será una tarea de proporciones bíblicas. Tendrá que estar dispuesto a navegar en esas aguas. Además, Lagos tendrá que pensar en su posible rival desde la derecha. Si el rival termina siendo Sebastián Piñera, será una elección tan competitiva como la de 1999. Pero si la derecha llega igual de dividida a la elección como lo está hoy, Lagos tendrá todas las posibilidades de ganar.

#Chile. Pudo ser mejor (primarias de alcaldes)

Publicado en T13

Consistente con lo que se anticipaba, muy pocos llegaron a votar a las elecciones primarias. Hay varias razones que lo explican. Primero, el bajo perfil de la elección. Son pocos a los que realmente les interesa participar en un proceso eleccionario que no tiene efectos inmediatos. Segundo, menos de un tercio de las comunas tuvieron primarias. El carácter limitado y parcial de la elección es un depurador natural del padrón electoral. Tercero, en las comunas que sí hubo primarias, hubo poco en juego. Solo un puñado de políticos de primera línea optó por participar.

Aunque se esperaba que poca gente votara, sigue siendo un balde de agua fría saber que solo 5,6% de los habilitados para votar hizo uso de su derecho. Una máxima de la democracia es que mientras más gente vota, mejor. A medida que más personas participan en elecciones, aumenta la representatividad y con ella, presumiblemente, la calidad de la democracia. A su vez, elecciones con baja participación simbolizan problemas. Que menos de 1 de cada 10 personas habilitadas para votar haya acudido a las urnas es evidencia de esto último.

El gobierno pudo haber hecho más. Es sabido que cuando hay poca información, poca gente vota. La poca propaganda que hizo el gobierno para publicitar las elecciones primarias influyó en la baja participación. Como principal promotor de la democracia el gobierno debió haber jugado un rol más preponderante en informar a la gente. Dado que se anticipaba una baja participación antes de la elección, el gobierno pudo haber promovido las elecciones por television, radio y otros medios de comunicación para asegurar un mayor número de votantes.

Los partidos también pudieron haber hecho más. Por ejemplo, pudieron haber hecho primarias en más comunas. En 73% de las comunas no hubo primarias. Si el objetivo es generar masa critica en procesos eleccionarios, los partidos deben haber primarias en todas las comunas del país donde exista más de un competidor. Incluso en aquellas con titulares que buscan ser reelegidos. Tampoco contribuyó la chambonada de la Nueva Mayoría en el Servel, que finalmente solo sirvió para confundir y alienar a potenciales votantes.

Los alcaldes titulares también contribuyeron al bajo nivel de participación. Alcaldes en comunas emblemáticas, como Santiago, Providencia, y Las Condes brillaron por su ausencia. Al no presentarse al proceso eleccionario incentivan a los votantes a quedarse en casa. Como titulares son las autoridades más conocidas de sus comunas, y como tal corren con una ventaja intrínseca. De haber competido no solo probablemente hubiesen ganado, pero también hubiesen arrastrado un mayor caudal de gente a las urnas, dandole mayor validez al proceso.

La baja participación ha resucitado el debate sobre el mejor tipo de sistema electoral. Algunos sostienen — a mi parecer correctamente — que la única forma de contrarrestar el ausentismo electoral es por medio del voto obligatorio. Quizás no se da en el mejor momento, dado que la baja participación era anticipable, pero es un debate que se debe dar. Ahora bien, se debe tener presente que irrelevante del tipo de voto (obligatorio o voluntario), la gente no va ir a votar si el gobierno, los partidos, y los candidatos no hacen lo suyo. ”

Las primarias municipales no son el mejor ejemplo para sacar conclusiones, dado que son el proceso menos atractivo de las grandes elecciones. Pero si pocos van a votar en primarias presidenciales y legislativas el proximo año, es importante volver a hablar sobre el voto obligatorio, sobre todo considerando que los partidos, y los candidatos posiblemente no estarán a la altura del desafío. Hay que hacer todo lo posible para aumentar el número de votantes en las elecciones. Es crucial para revitalizar la alicaída democracia chilena.

#Chile. El freno a mano

Publicado en La Tercera

Luego de sólo un año en el gobierno la Presidenta se vio obligada a remover a los ministros de Interior y de Hacienda de sus cargos. Bachelet no tuvo otra opción cuando se dio a conocer la cercanía de Peñailillo con los escándalos de financiamiento irregular y se hizo ineludible la responsabilidad de Arenas en la inestabilidad de la economía. En sus lugares, la Presidenta nombró a Burgos y a Valdés. A diferencia de sus antecesores los nuevos ministros no conformaban parte del círculo cercano de Bachelet. De hecho, eran todo lo opuesto. Llegaron para ponerle freno a mano al ambicioso programa de gobierno.

La reciente renuncia de Burgos no sorprende a nadie. La corta pero intensa historia de desencuentros entre el ex ministro del Interior y Bachelet se produjo a vista y paciencia de todo el país. No es necesario describir cada uno de los hechos que fueron separando el camino de ambos. Basta con decir que no había otra opción que renunciar. Burgos reinó cansado y frustrado. Aunque llegó para apaciguar el mercado político, el ímpetu del gobierno fue más fuerte. El renunciado ministro del Interior no pudo llevar al barco de vuelta al rumbo que cómodamente navegaba la Concertación.

Si bien la relación personal entre Bachelet y Burgos no parece haber sido mala, sus roles institucionales los pauperizó. Mientras que la Presidenta buscaba seguir adelante a paso firme sin renunciar al programa del gobierno, el ex ministro del Interior intentaba poner la cuota de realismo. Sería mentir decir que Burgos no logró absolutamente nada. Junto con Valdés no sólo lograron dar una señal de estabilidad en un momento de descalabro político, pero además lograron poner pausa a algunas de las reformas que en un principio parecían ser inevitables.

Pero también sería mentir decir que Burgos logró su objetivo. Las grandes reformas estructurales siguen en pie. Tal vez con más cautela y mayor reflexión que en un principio, pero siguen adelante. En ningún momento el gobierno ha abandonado su objetivo ulterior de transformar estructuralmente al país en sólo cuatro años. Desde la oposición da la sensación de que Burgos sí puso la pelota en el piso, y logró detener el juego. Pero desde el oficialismo es distinto. Para ellos Burgos sólo llegó a hacer tiempo para que pudieran hacer su juego más tranquilos.

El freno a mano se rompió, y pusieron a otro. Mario Fernández llega a cumplir el mismo rol que Burgos, dar una señal de tranquilidad en un escenario donde constantemente se pronostica una tormenta. La gran pregunta es cuánto durará. Si Fernández toma un rol activo para frenar el avance del gobierno, la Nueva Mayoría se lo va comer. Si trata de funcionar como un engranaje de freno, se terminará rodando al igual que Burgos. En cambio, si busca tejer alianzas claves con otros actores oficialistas y de oposición que persiguen en mismo objetivo, tendrá mayor suerte.

Si el rol de Fernández es poner la cuota de realismo, como se anticipa, debe exprimir su habilidad política. Estar en Interior es por esencia un juego de estrategias. Fernández llega a cumplir un rol nada de grato en una coalición de gobierno extremadamente ambiciosa. Deberá navegar cautelosamente alrededor de figuras como Aleuy y Uriarte que buscan imponer el programa de gobierno y la voluntad de la presidenta a como de lugar. No será fácil, pero Fernández es un buen hombre para el trabajo. Si llega hasta el final del cuatrienio, podrá cantar victoria.

#Chile. Cambio de rumbo

Publicado en La Tercera

Mañana Bachelet dará cuenta de su segundo año en el gobierno. Para muchos el discurso será decepcionante. De la larga lista de promesas que la Presidenta les hizo a los chilenos el 21 de mayo pasado, solo pudo cumplir la mitad. Podrá tener excusas, pero al final los datos no mienten. Podrá decir que los casos Caval, SQM, y Penta se le metieron entremedio, pero ella sabe que es parte del juego. Podrá decir que no hubo voluntad legislativa, pero si no puede conseguir los votos la falta es suya. Podrá decir que el próximo año sí cumplirá con sus promesas, pero para ello tendrá que ser menos ambiciosa y más realista.

En la cuenta pública del año pasado Bachelet hizo 56 promesas. Hoy, la Fundación Ciudadano Inteligente, ONG independiente enfocada en dotar a la política con mayor transparencia, cifra el avance en 53%. Como referencia, la cifra es levemente mayor que en el primer año del gobierno (2014), en el cual Bachelet cumplió con 44% de sus promesas, y que en el segundo año del gobierno de Piñera (2011), en el cual el ex Presidente cumplió con 48% de las suyas. La diferencia entre este año y años anteriores, sin embargo, es que hoy la Presidenta está siendo significativamente más cuestionada que antes, y como tal esencialmente más vulnerable.

Una explicación para entender por qué no ha cumplido con sus promesas se encuentra precisamente en ese escenario político adverso. Al cargar con los casos Caval, SQM, y Penta a sus espaldas, no ha logrado desmarcarse de los escándalos de financiamiento ilegal. A pesar de convocar una comisión para hacer frente a los casos de corrupción, Bachelet y el gobierno no han logrado escapar del rechazo popular. Las encuestas muestran una baja sostenida desde la irrupción de los casos de financiamiento ilegal a comienzos del año pasado. Sugieren que los chilenos culpan a Bachelet y el gobierno por los pecados de toda la clase política.

Una de las consecuencias de la caída en la popularidad de Bachelet y el gobierno es la pérdida de disciplina dentro de la Nueva Mayoría. A medida que Bachelet y el gobierno han ido perdiendo popularidad en las encuestas, han ido surgiendo facciones de disidencia y figuras de veto. Estos díscolos, en buena parte senadores y diputados, han sido problemáticos para la agenda del gobierno. Han sido un estorbo para diseñar e implementar materia legislativa. Es mucho más difícil gobernar cuando los índices de popularidad son bajos. Esto es algo que el gobierno no ha podido solucionar; han hecho poco para llegar a un punto de distensión.

Al menos buena parte de la obra gruesa ya está terminada. O eso fue lo que dijo el Ministro Eyzaguirre hace un par de semanas, dando a entender que solo faltan las terminaciones. Si bien hay dudas sobre la intención tras la declaración, particularmente considerando que la reforma constitucional está en pañales, lo cierto es que el Ministro manda una señal de la cual solo se puede desprender que el gobierno está consciente que ya no le queda tiempo para especular con materia estructural. Las declaraciones del Ministro sugieren que el gobierno sabe que la obra gruesa solo será sostenible si se compatibiliza con una agenda de corto plazo.

Ergo, corresponde que en la cuenta pública de este año el gobierno privilegie la resolución de demandas urgentes. Es al menos lo que debe suceder si se pretende perpetuar en el poder con el objetivo de dejar en manos del próximo gobierno la etapa final de la reforma constitucional. Entre las materias más urgentes en este orden está la economía. Bachelet debe mencionar el crecimiento económico como factor prioritario en la agenda del gobierno. Hasta ahora ha estado excesivamente enfocada en sus reformas estructurales, ignorando la utilidad de contar con una economía robusta. Si no hace está transición ahora, continuarán los problemas.

El objetivo del gobierno este 21 de mayo debe ser entablar una agenda que pueda cumplir. Con la obra gruesa finalizada, debe volcar la vista a materia más urgente, como una agenda pro crecimiento económico. Esto no solo le permitirá llegar a su tercera cuenta pública con éxito, pero además podrá apaciguar los mercados, que hasta el momento han estado tensionados por la incertidumbre ligada a sus reformas. Es el momento de transitar de un gobierno excesivamente enfocado en reformas estructurales a uno realista. Es el momento perfecto para cambiar de rumbo y convencer a la gente que las reformas estructurales sí son compatibles con prosperidad económica.

#Chile. La apuesta de las dos derechas

Publicado en La Tercera

El gobierno está trabajado para promulgar una nueva Constitución. Como parte de su programa de gobierno dijo que llevaría a cabo un proceso constituyente de siete etapas. En sus primeros dos años, ya ha puesto en marcha tres de ellas: (1) un proceso de educación cívica, (2) la designación de un consejo de observadores, y (3) cabildos de diálogos ciudadanos. En lo que queda de gobierno, espera avanzar significativamente sobre las cuatro restantes: (4) la entrega de las bases ciudadanas, (5) la ratificación de la Constitución actual para permitir la legislación, (6) definir el mecanismo y debatir sobre el contenido, y (7) llevar a cabo un plebiscitito ratificatorio.

Mientras la gran mayoría del país está bajo la percepción de que el proceso constitucional ya comenzó, los partidos de derecha y sus representantes más emblemáticos se dividen entre los que lo buscan ignorar y los que lo buscan avalar. El primer grupo está bajo la impresión de que tienen el poder de veto para detener el proceso. Su apuesta es que pueden detener la ofensiva en la quinta etapa al hacer uso de su minoría legislativa. El segundo grupo piensa que el proceso es algo inevitable y que se va llevar a cabo con o sin su apoyo. Su apuesta es participar en el proceso para influir en el producto final.

No existe un corte claro entre ambos grupos pero parece haber un clivaje generacional y de recambio entre ambos. En el primero prevalecen los clásicos políticos a favor del statu-quo, y en el segundo predominan las caras nuevas a favor del debate. Es, por ejemplo, la diferencia entre los Senadores RN Andrés Allamand y Manuel José Ossandón, o entre los diputados UDI Ernesto Silva y Jaime Bellolio. Mientras que Allamand y Silva representan a la derecha tradicional, Ossandón y Bellolio representan una derecha post-transicional. Los cuatro legisladores son símbolos de facciones internas de sus partidos, y como tal representan divisiones internas.

Aunque la mayoría de las figuras emblemáticas de Chile Vamos está en contra de participar, cada día crece el número de representantes a favor. A medida que a cada figura emblemática se le levante una figura alternativa con una posición contraria crece la tensión interna en la coalición. Al final, por cada una de estas parejas habrá solo un ganador. Si el proceso constituyente no se lleva a cabo, el grupo a favor del statu-quo habrá ganado y reafirmado su posición hegemónica en la coalición. En cambio, si el proceso sí se lleva a cabo, el grupo que apostó por participar se llevará senda victoria, ganándose un importante espacio en el sistema político.

Lo importante, entonces, es definir la probabilidad de que se lleve a cabo el proceso constituyente. No es algo que se pueda definir a ciencia cierta, pero sí nos podemos aproximar a aquello. Suponiendo que la sobrevivencia de los partidos políticos depende de su capacidad para adaptarse a las demandas de los votantes, podemos también suponer que a medida que la gente pida un proceso constitucional, los partidos que quieren sobrevivir se cuadrarán con ellos. Si este es el caso, parece haber una alta probabilidad de que se lleve a cabo el proceso constituyente, pues las encuestas muestran un alto grado de alineamiento de la gente con él.

Ante estas prospectivas, la única forma de ganar para los que están a favor del statu-quo es colgarse de su minoría legislativa y usar sus tres-quintos en el Congreso para detener el proceso. Pero si anticipan una avalancha electoral en su contra, precisamente por manifestar una posición contraria al proceso, las prospectivas a favor del proceso constituyente aumentan significativamente. Una derrota de Chile Vamos en las elecciones municipales de este año, por ejemplo, podría convencer a varios políticos emblemáticos de la coalición de subirse al carro ganador. Si no se quieren subir por convicciones políticas, lo harán por estrategia electoral.

La apuesta del grupo a favor del statu-quo paga poco. Para Allamand, Silva y el establishment de la derecha, su mejor apuesta es apuntar a mantener una Constitución que tiene poco apoyo en las encuestas, y mantener su ya disminuido contingente legislativo. En cambio, la apuesta del grupo a favor de dialogar paga mucho. Avalar y sumarse al proceso no solo va ayudar a Ossandón, Bellolio y a las caras nuevas de la derecha a influir en el contenido de la nueva Constitución, pero además los va dejar posicionados para usar la victoria como propaganda para enfrentar la próxima elección presidencial y legislativa con más fuerza que nunca antes.

#Chile. Patricio Aylwin: una destacada trayectoria

Publicado en La Tercera

Patricio Aylwin es parte fundamental de la historia política reciente de Chile. Es imposible concebir el fin de la dictadura o el inicio de la democracia sin él. Su impacto e importancia en el proceso no se limita a los años inmediatamente previos al plebiscito de 1988 o a los años inmediatamente posteriores al fin de su cuatrienio. Aylwin juega un rol pivotal en la historia política chilena que abarca más de medio siglo, comenzando en los cincuenta con la fundación de la Democracia Cristiana y terminando a la vuelta del siglo con su influencia sobre el primer gobierno socialista en tres décadas. El impacto de Aylwin sobre la historia política de Chile es mucho más profundo que la contribución que hizo mientras fue presidente.

En 1950 Patricio Aylwin entró a ser titular de la política chilena, para nunca más salir. Ese año, y por los dos que seguirían, sería presidente de la Falange Nacional, un pequeño partido de solo tres diputados y dos senadores (Eduardo Frei Montalva y Radomiro Tomic Romero). La ambición de Aylwin cambiaría el estado del partido dramáticamente. Desde la presidencia de la FN participaría en la fundación del partido más grande, y probablemente más exitoso, en la historia reciente de la política chilena. En 1957, la FN se uniría al Partido Conservador Social Cristiano, escindido del Partido Conservador en 1949, y más adelante al Partido Nacional Cristiano y al Partido Agrario Laborista, para fundar la Democracia Cristiana.

En solo siete años, entre 1950 y 1957, la Falange Nacional, ahora denominada Democracia Cristiana, aumentó su presencia parlamentaria de tres a 17 diputados. Solo un año después, en la elección de 1958, la DC presentaría, sin suerte, a su primer candidato presidencial, el Senador Frei Montalva. En 1964, Frei Montalva tendría mejor suerte, siendo elegido, y en 1970, el otro Senador, Tomic Romero, sería el tercer candidato consecutivo de la DC. En este periodo Aylwin sería presidente dos veces (1958-1960, 1965-1967), comandando la ofensiva del partido e instalándolo en la primera línea nacional. A su vez, llevaría a la DC de ser un partido de peso medio a uno de peso pesado, logrando 55 diputados y 12 senadores, en 1969.

La historia daría un vuelco inesperado en 1973, cuando tras el golpe de Estado se instaló una dictadura que duraría 17 años. El protagonismo de Aylwin no declinaría. De hecho, controversialmente, solo un mes antes del golpe, Aylwin sostuvo que “entre una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo elegiría la segunda”. A pesar de aquello, sería una figura fundamental tanto en la resistencia a la dictadura como en la recuperación de la democracia. En 1997, en un esfuerzo por limpiar su legado, recordaría que “en esa época yo actué honradamente y de acuerdo a mi conciencia, pero reconozco que me equivoqué medio a medio”.

Más allá de la responsabilidad de Patricio Aylwin en precipitar el golpe de Estado, su rol en la recuperación de democracia sería crucial. En 1977, solo 4 años después del golpe, mientras los militares tenían el Mando Supremo de la Nación, Aylwin fundó un grupo de trabajo para proponer una vía para recuperar la democracia. En 1978, el grupo de Estudios Constitucionales, también conocido como el Grupo de los 24, se consolidaría con la entrada de personas como Edgardo Boeninger, Fernando Castillo Velasco, y Raúl Rettig. Desde allí Aylwin, y el resto de los integrantes, buscaría crear y proponer un proyecto alternativo a la Constitución de 1980, en ese entonces siendo redactado por Enrique Ortúzar y su comisión.

Los esfuerzos serían en vano, pues la Constitución de 1980 se terminaría aprobando en un curioso plebiscito. Pero a Aylwin le quedaría trabajo por hacer. En 1983 participó en la Alianza Democrática, la primera coalición política opositora a la dictadura. La Alianza buscaría, sin éxito, conseguir la renuncia de Augusto Pinochet a la Presidencia de la República, establecer un Gobierno Provisional para una breve transición, y un acuerdo nacional para avanzar hacia una Asamblea Constituyente. La testarudez de Pinochet se impondría, y no se conseguiría avanzar en ninguna de las tres aristas. A la vista, Aylwin buscó otros canales de presión, como la Iglesia, desde donde logró impulsar el Acuerdo Nacional para la Transición a la Democracia.

Todos los esfuerzos de Aylwin no serían en vano. Entre 1987 y 1988 volvería a la testera de la DC y desde allí comandaría las negociaciones para la transición. Aprovechando el debilitamiento del gobierno militar, por presiones internacionales, lograría conseguir aprobar más de 50 reformas a la Constitución de 1980. A su vez, como premio a su persistencia, y reconocimiento a su liderazgo, Aylwin sería nombrado líder de la oposición para los plebiscitos de 1988 y 1989. Como consecuencia de su éxito en ambas ocaciones, Aylwin lograría conseguir la nominación de la oposición para ser el candidato presidencial para enfrentar, y finalmente derrotar, a Hernán Büchi, en la elección presidencial de 1989.

El gobierno de Aylwin fue ejemplar desde varias perspectivas.Principalmente porque logró reconstruir la institucionalidad destruida por la dictadura, y pavimentar el camino hacia una de las democracias más solidas y envidiadas en la región. La obra de Aylwin, durante su presidencia, es larga y valiosa.Desde la búsqueda de justicia al éxito económico. No solo logró avances, impensados en esos años, en materia de derechos humanos, por medio de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, pero además lo logró hacer manteniendo un crecimiento económico por sobre 6%, dando inicio a una de las épocas de mayor prosperidad en las últimas décadas.

El número de contribuciones políticas de Aylwin es abismante, y supera con creces la lista de reproches. Como todo político, Aylwin no está libre de controversias. Pero solo la historia podrá juzgar aquello. Desde mi humilde perspectiva, Aylwin entregó mucho más que cualquier otro político de su generación. En los años tras su salida, siguió influyendo en la política nacional, inspirando a Eduardo Frei Ruiz Tagle para conducir un gobierno reflexivo, y a Ricardo Lagos para conducir un gobierno de consenso, considerando que ambos podrían haber sido significativamente más agresivos con la oposición dado sus experiencias personales con la dictadura.

La persistencia y temple de Aylwin son características que hoy en día brillan por su ausencia. En medio de los escalados de financiamiento irregular, ha quedado demostrado lo cortoplacista que se han vuelto muchos de los integrantes de la clase política. La miopía de algunos de los candidatos que se venden por un puñado de pesos contrasta nítidamente con la visión-país que Aylwin demostró tener en los años dorados, durante la dictadura, y desde la transición. La destacada trayectoria de Aylwin seguirá inspirando a políticos chilenos por varias décadas. Su búsqueda de consensos, su espíritu constructivo, y su tino político seguirán siendo recordados y valorados por los chilenos.

#Chile. La tardía renuncia de Pizarro

Publicado en La Tercera

La renuncia de Jorge Pizarro se produce un año tarde. En realidad, Pizarro nunca debió haber renunciado porque nunca debió haber asumido. Antes de la elección interna de la DC, con el tema de financiamiento irregular en todas las portadas, el Senador aseveró a los cuatro vientos no estar involucrado. Con esto, aseguró el apoyo de figuras claves en su partido, que le permitieron ganar la elección interna con 70% de los votos, derrotando a Rodrigo Albornoz y a Ricardo Hormazábal. Después de ganar la elección,  y antes de asumir el mandato, se supo lo de las boletas falsas—de los hijos del Senador—a SQM. Ante esta situación, y a pesar de la sugerencia de varios de no hacerlo, Pizarro decidió asumir la presidencia de igual manera. Lo hizo incluso después de la renuncia de su primer vicepresidente, Fuad Chahín, a la mesa.

Los errores de Pizarro son varios. Primero, y más importante, estar involucrado en un caso de financiamiento irregular. Segundo, esconderlo de su partido para poder ser elegido Presidente. Tercero, al ser descubierto, decidir seguir adelante con su ambición a pesar de la opinión de una parte importante de la elite partidaria – y de la opinión pública. Obviamente sobra sostener, desde un punto de vista ético, que el Senador nunca debió haberse involucrado. Un político con una destacada carrera como la suya, hasta entonces, debió estar por sobre situaciones como esta. Pero incluso al estar involucrado, debió haber tenido la madurez y responsabilidad de no optar por la presidencia de su partido. Y más allá, a pesar de haber infringido las dos máximas anteriores, nunca debió haber seguido en su ambición tras ser descubierto.

Una pregunta que urge responder es por qué Pizarro duró tanto en el mandato, a pesar de la resistencia de una parte importante de su partido. La respuesta se encuentra en la naturaleza de las boletas falsas de sus hijos. Aunque lo más probable es que estas boletas se usaron para financiar la campaña senatorial del mismo Senador, existe una teoría alternativa más interesante. Esta teoría es que las boletas se usaron para financiar la campaña presidencial de Bachelet. El hijo de Pizarro, el titular de la empresa que emitió las boletas, y su señora, son cercanos a la Presidenta, y por lo tanto no es difícil especular que la recaudación tuvo ese propósito. Esta teoría toma fuerza considerando que no solo la elección de Pizarro estaba asegurada, pero que además el hijo de Pizarro, y su señora, finalmente terminaron ocupando cargos de suma importancia dentro del gobierno.

Lo anterior es solo una teoría, y corresponde a la justicia determinar el paradero final de los dineros de SQM. Pero el relato tras la teoría permite explicar el razonamiento de Pizarro para asumir la presidencia en la DC a pesar de su clara inhabilidad. Si los recursos fueron a la campaña de Bachelet, el Senador habría anticipado que el gobierno no haría problemas con su presidencia, por la fragilidad política que significaría tomar una postura más activa. Pues, después de todo, ambos estarían involucrados en el mismo esquema de financiamiento irregular. Si lo anterior es cierto, implica que hubo una complicidad entre Pizarro y el gobierno para ignorar la gravedad de los casos de financiamiento irregular. No solo calló Pizarro, pero además el gobierno decidió no entrometerse en la evidente irregularidad que ocurría con el presidente del partido más grande de su coalición.

Lo anterior también supone un juego de suma cero entre la DC y el gobierno. Curiosamente, este pronóstico se comprueba en la realidad. Durante su corto mandato, Pizarro no pudo cumplir el rol tradicional de presidentes de la DC en gobierno del PS. Falló como dique de contención y principal interlocutor político. Considerando el sesgo progresista de Pizarro, su complicidad con el gobierno fue mayor a cualquier otro presidente de la Falange. En parte se explica porque el mismo senador dejó constancia de su intención de apoyar las reformas estructurales, pero en parte se explica porque nunca tuvo la opción de reconsiderar y echar pie atrás. Lo anterior es grave, dado que supone que cuando el gobierno tuvo que improvisar, y no fueron pocas veces, la DC no tuvo mucho que hacer que seguirle el juego.

La salida de Pizarro es positiva para la DC. Ningún partido, menos el más grande de la coalición de gobierno, puede estar manchado con escándalos de financiamiento irregular. En los tiempos que corren no solo le corresponde a los partidos presentarse ante la ciudadanía con representantes inmaculados, pero además, no hacerlo es un mal negocio en términos electorales. Ningún partido va ganar una elección siendo liderado por un político involucrado en financiamiento irregular. Es probable que en las próximas elecciones presidenciales y legislativas este castigo se deje ver. Con voto voluntario, los nuevos votantes, en gran medida aquellos desafiliados de partidos que se consideran moderados, difícilmente van a dar su voto a candidatos que apoyan la corrupción. La renuncia de Pizarro es tardía, pero a estas alturas, es lo mejor que le pudo haber ocurrido a la DC.