#Chile. El freno a mano

Publicado en La Tercera

Luego de sólo un año en el gobierno la Presidenta se vio obligada a remover a los ministros de Interior y de Hacienda de sus cargos. Bachelet no tuvo otra opción cuando se dio a conocer la cercanía de Peñailillo con los escándalos de financiamiento irregular y se hizo ineludible la responsabilidad de Arenas en la inestabilidad de la economía. En sus lugares, la Presidenta nombró a Burgos y a Valdés. A diferencia de sus antecesores los nuevos ministros no conformaban parte del círculo cercano de Bachelet. De hecho, eran todo lo opuesto. Llegaron para ponerle freno a mano al ambicioso programa de gobierno.

La reciente renuncia de Burgos no sorprende a nadie. La corta pero intensa historia de desencuentros entre el ex ministro del Interior y Bachelet se produjo a vista y paciencia de todo el país. No es necesario describir cada uno de los hechos que fueron separando el camino de ambos. Basta con decir que no había otra opción que renunciar. Burgos reinó cansado y frustrado. Aunque llegó para apaciguar el mercado político, el ímpetu del gobierno fue más fuerte. El renunciado ministro del Interior no pudo llevar al barco de vuelta al rumbo que cómodamente navegaba la Concertación.

Si bien la relación personal entre Bachelet y Burgos no parece haber sido mala, sus roles institucionales los pauperizó. Mientras que la Presidenta buscaba seguir adelante a paso firme sin renunciar al programa del gobierno, el ex ministro del Interior intentaba poner la cuota de realismo. Sería mentir decir que Burgos no logró absolutamente nada. Junto con Valdés no sólo lograron dar una señal de estabilidad en un momento de descalabro político, pero además lograron poner pausa a algunas de las reformas que en un principio parecían ser inevitables.

Pero también sería mentir decir que Burgos logró su objetivo. Las grandes reformas estructurales siguen en pie. Tal vez con más cautela y mayor reflexión que en un principio, pero siguen adelante. En ningún momento el gobierno ha abandonado su objetivo ulterior de transformar estructuralmente al país en sólo cuatro años. Desde la oposición da la sensación de que Burgos sí puso la pelota en el piso, y logró detener el juego. Pero desde el oficialismo es distinto. Para ellos Burgos sólo llegó a hacer tiempo para que pudieran hacer su juego más tranquilos.

El freno a mano se rompió, y pusieron a otro. Mario Fernández llega a cumplir el mismo rol que Burgos, dar una señal de tranquilidad en un escenario donde constantemente se pronostica una tormenta. La gran pregunta es cuánto durará. Si Fernández toma un rol activo para frenar el avance del gobierno, la Nueva Mayoría se lo va comer. Si trata de funcionar como un engranaje de freno, se terminará rodando al igual que Burgos. En cambio, si busca tejer alianzas claves con otros actores oficialistas y de oposición que persiguen en mismo objetivo, tendrá mayor suerte.

Si el rol de Fernández es poner la cuota de realismo, como se anticipa, debe exprimir su habilidad política. Estar en Interior es por esencia un juego de estrategias. Fernández llega a cumplir un rol nada de grato en una coalición de gobierno extremadamente ambiciosa. Deberá navegar cautelosamente alrededor de figuras como Aleuy y Uriarte que buscan imponer el programa de gobierno y la voluntad de la presidenta a como de lugar. No será fácil, pero Fernández es un buen hombre para el trabajo. Si llega hasta el final del cuatrienio, podrá cantar victoria.

#Chile. Cambio de rumbo

Publicado en La Tercera

Mañana Bachelet dará cuenta de su segundo año en el gobierno. Para muchos el discurso será decepcionante. De la larga lista de promesas que la Presidenta les hizo a los chilenos el 21 de mayo pasado, solo pudo cumplir la mitad. Podrá tener excusas, pero al final los datos no mienten. Podrá decir que los casos Caval, SQM, y Penta se le metieron entremedio, pero ella sabe que es parte del juego. Podrá decir que no hubo voluntad legislativa, pero si no puede conseguir los votos la falta es suya. Podrá decir que el próximo año sí cumplirá con sus promesas, pero para ello tendrá que ser menos ambiciosa y más realista.

En la cuenta pública del año pasado Bachelet hizo 56 promesas. Hoy, la Fundación Ciudadano Inteligente, ONG independiente enfocada en dotar a la política con mayor transparencia, cifra el avance en 53%. Como referencia, la cifra es levemente mayor que en el primer año del gobierno (2014), en el cual Bachelet cumplió con 44% de sus promesas, y que en el segundo año del gobierno de Piñera (2011), en el cual el ex Presidente cumplió con 48% de las suyas. La diferencia entre este año y años anteriores, sin embargo, es que hoy la Presidenta está siendo significativamente más cuestionada que antes, y como tal esencialmente más vulnerable.

Una explicación para entender por qué no ha cumplido con sus promesas se encuentra precisamente en ese escenario político adverso. Al cargar con los casos Caval, SQM, y Penta a sus espaldas, no ha logrado desmarcarse de los escándalos de financiamiento ilegal. A pesar de convocar una comisión para hacer frente a los casos de corrupción, Bachelet y el gobierno no han logrado escapar del rechazo popular. Las encuestas muestran una baja sostenida desde la irrupción de los casos de financiamiento ilegal a comienzos del año pasado. Sugieren que los chilenos culpan a Bachelet y el gobierno por los pecados de toda la clase política.

Una de las consecuencias de la caída en la popularidad de Bachelet y el gobierno es la pérdida de disciplina dentro de la Nueva Mayoría. A medida que Bachelet y el gobierno han ido perdiendo popularidad en las encuestas, han ido surgiendo facciones de disidencia y figuras de veto. Estos díscolos, en buena parte senadores y diputados, han sido problemáticos para la agenda del gobierno. Han sido un estorbo para diseñar e implementar materia legislativa. Es mucho más difícil gobernar cuando los índices de popularidad son bajos. Esto es algo que el gobierno no ha podido solucionar; han hecho poco para llegar a un punto de distensión.

Al menos buena parte de la obra gruesa ya está terminada. O eso fue lo que dijo el Ministro Eyzaguirre hace un par de semanas, dando a entender que solo faltan las terminaciones. Si bien hay dudas sobre la intención tras la declaración, particularmente considerando que la reforma constitucional está en pañales, lo cierto es que el Ministro manda una señal de la cual solo se puede desprender que el gobierno está consciente que ya no le queda tiempo para especular con materia estructural. Las declaraciones del Ministro sugieren que el gobierno sabe que la obra gruesa solo será sostenible si se compatibiliza con una agenda de corto plazo.

Ergo, corresponde que en la cuenta pública de este año el gobierno privilegie la resolución de demandas urgentes. Es al menos lo que debe suceder si se pretende perpetuar en el poder con el objetivo de dejar en manos del próximo gobierno la etapa final de la reforma constitucional. Entre las materias más urgentes en este orden está la economía. Bachelet debe mencionar el crecimiento económico como factor prioritario en la agenda del gobierno. Hasta ahora ha estado excesivamente enfocada en sus reformas estructurales, ignorando la utilidad de contar con una economía robusta. Si no hace está transición ahora, continuarán los problemas.

El objetivo del gobierno este 21 de mayo debe ser entablar una agenda que pueda cumplir. Con la obra gruesa finalizada, debe volcar la vista a materia más urgente, como una agenda pro crecimiento económico. Esto no solo le permitirá llegar a su tercera cuenta pública con éxito, pero además podrá apaciguar los mercados, que hasta el momento han estado tensionados por la incertidumbre ligada a sus reformas. Es el momento de transitar de un gobierno excesivamente enfocado en reformas estructurales a uno realista. Es el momento perfecto para cambiar de rumbo y convencer a la gente que las reformas estructurales sí son compatibles con prosperidad económica.

#Chile. La apuesta de las dos derechas

Publicado en La Tercera

El gobierno está trabajado para promulgar una nueva Constitución. Como parte de su programa de gobierno dijo que llevaría a cabo un proceso constituyente de siete etapas. En sus primeros dos años, ya ha puesto en marcha tres de ellas: (1) un proceso de educación cívica, (2) la designación de un consejo de observadores, y (3) cabildos de diálogos ciudadanos. En lo que queda de gobierno, espera avanzar significativamente sobre las cuatro restantes: (4) la entrega de las bases ciudadanas, (5) la ratificación de la Constitución actual para permitir la legislación, (6) definir el mecanismo y debatir sobre el contenido, y (7) llevar a cabo un plebiscitito ratificatorio.

Mientras la gran mayoría del país está bajo la percepción de que el proceso constitucional ya comenzó, los partidos de derecha y sus representantes más emblemáticos se dividen entre los que lo buscan ignorar y los que lo buscan avalar. El primer grupo está bajo la impresión de que tienen el poder de veto para detener el proceso. Su apuesta es que pueden detener la ofensiva en la quinta etapa al hacer uso de su minoría legislativa. El segundo grupo piensa que el proceso es algo inevitable y que se va llevar a cabo con o sin su apoyo. Su apuesta es participar en el proceso para influir en el producto final.

No existe un corte claro entre ambos grupos pero parece haber un clivaje generacional y de recambio entre ambos. En el primero prevalecen los clásicos políticos a favor del statu-quo, y en el segundo predominan las caras nuevas a favor del debate. Es, por ejemplo, la diferencia entre los Senadores RN Andrés Allamand y Manuel José Ossandón, o entre los diputados UDI Ernesto Silva y Jaime Bellolio. Mientras que Allamand y Silva representan a la derecha tradicional, Ossandón y Bellolio representan una derecha post-transicional. Los cuatro legisladores son símbolos de facciones internas de sus partidos, y como tal representan divisiones internas.

Aunque la mayoría de las figuras emblemáticas de Chile Vamos está en contra de participar, cada día crece el número de representantes a favor. A medida que a cada figura emblemática se le levante una figura alternativa con una posición contraria crece la tensión interna en la coalición. Al final, por cada una de estas parejas habrá solo un ganador. Si el proceso constituyente no se lleva a cabo, el grupo a favor del statu-quo habrá ganado y reafirmado su posición hegemónica en la coalición. En cambio, si el proceso sí se lleva a cabo, el grupo que apostó por participar se llevará senda victoria, ganándose un importante espacio en el sistema político.

Lo importante, entonces, es definir la probabilidad de que se lleve a cabo el proceso constituyente. No es algo que se pueda definir a ciencia cierta, pero sí nos podemos aproximar a aquello. Suponiendo que la sobrevivencia de los partidos políticos depende de su capacidad para adaptarse a las demandas de los votantes, podemos también suponer que a medida que la gente pida un proceso constitucional, los partidos que quieren sobrevivir se cuadrarán con ellos. Si este es el caso, parece haber una alta probabilidad de que se lleve a cabo el proceso constituyente, pues las encuestas muestran un alto grado de alineamiento de la gente con él.

Ante estas prospectivas, la única forma de ganar para los que están a favor del statu-quo es colgarse de su minoría legislativa y usar sus tres-quintos en el Congreso para detener el proceso. Pero si anticipan una avalancha electoral en su contra, precisamente por manifestar una posición contraria al proceso, las prospectivas a favor del proceso constituyente aumentan significativamente. Una derrota de Chile Vamos en las elecciones municipales de este año, por ejemplo, podría convencer a varios políticos emblemáticos de la coalición de subirse al carro ganador. Si no se quieren subir por convicciones políticas, lo harán por estrategia electoral.

La apuesta del grupo a favor del statu-quo paga poco. Para Allamand, Silva y el establishment de la derecha, su mejor apuesta es apuntar a mantener una Constitución que tiene poco apoyo en las encuestas, y mantener su ya disminuido contingente legislativo. En cambio, la apuesta del grupo a favor de dialogar paga mucho. Avalar y sumarse al proceso no solo va ayudar a Ossandón, Bellolio y a las caras nuevas de la derecha a influir en el contenido de la nueva Constitución, pero además los va dejar posicionados para usar la victoria como propaganda para enfrentar la próxima elección presidencial y legislativa con más fuerza que nunca antes.

#Chile. Patricio Aylwin: una destacada trayectoria

Publicado en La Tercera

Patricio Aylwin es parte fundamental de la historia política reciente de Chile. Es imposible concebir el fin de la dictadura o el inicio de la democracia sin él. Su impacto e importancia en el proceso no se limita a los años inmediatamente previos al plebiscito de 1988 o a los años inmediatamente posteriores al fin de su cuatrienio. Aylwin juega un rol pivotal en la historia política chilena que abarca más de medio siglo, comenzando en los cincuenta con la fundación de la Democracia Cristiana y terminando a la vuelta del siglo con su influencia sobre el primer gobierno socialista en tres décadas. El impacto de Aylwin sobre la historia política de Chile es mucho más profundo que la contribución que hizo mientras fue presidente.

En 1950 Patricio Aylwin entró a ser titular de la política chilena, para nunca más salir. Ese año, y por los dos que seguirían, sería presidente de la Falange Nacional, un pequeño partido de solo tres diputados y dos senadores (Eduardo Frei Montalva y Radomiro Tomic Romero). La ambición de Aylwin cambiaría el estado del partido dramáticamente. Desde la presidencia de la FN participaría en la fundación del partido más grande, y probablemente más exitoso, en la historia reciente de la política chilena. En 1957, la FN se uniría al Partido Conservador Social Cristiano, escindido del Partido Conservador en 1949, y más adelante al Partido Nacional Cristiano y al Partido Agrario Laborista, para fundar la Democracia Cristiana.

En solo siete años, entre 1950 y 1957, la Falange Nacional, ahora denominada Democracia Cristiana, aumentó su presencia parlamentaria de tres a 17 diputados. Solo un año después, en la elección de 1958, la DC presentaría, sin suerte, a su primer candidato presidencial, el Senador Frei Montalva. En 1964, Frei Montalva tendría mejor suerte, siendo elegido, y en 1970, el otro Senador, Tomic Romero, sería el tercer candidato consecutivo de la DC. En este periodo Aylwin sería presidente dos veces (1958-1960, 1965-1967), comandando la ofensiva del partido e instalándolo en la primera línea nacional. A su vez, llevaría a la DC de ser un partido de peso medio a uno de peso pesado, logrando 55 diputados y 12 senadores, en 1969.

La historia daría un vuelco inesperado en 1973, cuando tras el golpe de Estado se instaló una dictadura que duraría 17 años. El protagonismo de Aylwin no declinaría. De hecho, controversialmente, solo un mes antes del golpe, Aylwin sostuvo que “entre una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo elegiría la segunda”. A pesar de aquello, sería una figura fundamental tanto en la resistencia a la dictadura como en la recuperación de la democracia. En 1997, en un esfuerzo por limpiar su legado, recordaría que “en esa época yo actué honradamente y de acuerdo a mi conciencia, pero reconozco que me equivoqué medio a medio”.

Más allá de la responsabilidad de Patricio Aylwin en precipitar el golpe de Estado, su rol en la recuperación de democracia sería crucial. En 1977, solo 4 años después del golpe, mientras los militares tenían el Mando Supremo de la Nación, Aylwin fundó un grupo de trabajo para proponer una vía para recuperar la democracia. En 1978, el grupo de Estudios Constitucionales, también conocido como el Grupo de los 24, se consolidaría con la entrada de personas como Edgardo Boeninger, Fernando Castillo Velasco, y Raúl Rettig. Desde allí Aylwin, y el resto de los integrantes, buscaría crear y proponer un proyecto alternativo a la Constitución de 1980, en ese entonces siendo redactado por Enrique Ortúzar y su comisión.

Los esfuerzos serían en vano, pues la Constitución de 1980 se terminaría aprobando en un curioso plebiscito. Pero a Aylwin le quedaría trabajo por hacer. En 1983 participó en la Alianza Democrática, la primera coalición política opositora a la dictadura. La Alianza buscaría, sin éxito, conseguir la renuncia de Augusto Pinochet a la Presidencia de la República, establecer un Gobierno Provisional para una breve transición, y un acuerdo nacional para avanzar hacia una Asamblea Constituyente. La testarudez de Pinochet se impondría, y no se conseguiría avanzar en ninguna de las tres aristas. A la vista, Aylwin buscó otros canales de presión, como la Iglesia, desde donde logró impulsar el Acuerdo Nacional para la Transición a la Democracia.

Todos los esfuerzos de Aylwin no serían en vano. Entre 1987 y 1988 volvería a la testera de la DC y desde allí comandaría las negociaciones para la transición. Aprovechando el debilitamiento del gobierno militar, por presiones internacionales, lograría conseguir aprobar más de 50 reformas a la Constitución de 1980. A su vez, como premio a su persistencia, y reconocimiento a su liderazgo, Aylwin sería nombrado líder de la oposición para los plebiscitos de 1988 y 1989. Como consecuencia de su éxito en ambas ocaciones, Aylwin lograría conseguir la nominación de la oposición para ser el candidato presidencial para enfrentar, y finalmente derrotar, a Hernán Büchi, en la elección presidencial de 1989.

El gobierno de Aylwin fue ejemplar desde varias perspectivas.Principalmente porque logró reconstruir la institucionalidad destruida por la dictadura, y pavimentar el camino hacia una de las democracias más solidas y envidiadas en la región. La obra de Aylwin, durante su presidencia, es larga y valiosa.Desde la búsqueda de justicia al éxito económico. No solo logró avances, impensados en esos años, en materia de derechos humanos, por medio de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, pero además lo logró hacer manteniendo un crecimiento económico por sobre 6%, dando inicio a una de las épocas de mayor prosperidad en las últimas décadas.

El número de contribuciones políticas de Aylwin es abismante, y supera con creces la lista de reproches. Como todo político, Aylwin no está libre de controversias. Pero solo la historia podrá juzgar aquello. Desde mi humilde perspectiva, Aylwin entregó mucho más que cualquier otro político de su generación. En los años tras su salida, siguió influyendo en la política nacional, inspirando a Eduardo Frei Ruiz Tagle para conducir un gobierno reflexivo, y a Ricardo Lagos para conducir un gobierno de consenso, considerando que ambos podrían haber sido significativamente más agresivos con la oposición dado sus experiencias personales con la dictadura.

La persistencia y temple de Aylwin son características que hoy en día brillan por su ausencia. En medio de los escalados de financiamiento irregular, ha quedado demostrado lo cortoplacista que se han vuelto muchos de los integrantes de la clase política. La miopía de algunos de los candidatos que se venden por un puñado de pesos contrasta nítidamente con la visión-país que Aylwin demostró tener en los años dorados, durante la dictadura, y desde la transición. La destacada trayectoria de Aylwin seguirá inspirando a políticos chilenos por varias décadas. Su búsqueda de consensos, su espíritu constructivo, y su tino político seguirán siendo recordados y valorados por los chilenos.

#Chile. La tardía renuncia de Pizarro

Publicado en La Tercera

La renuncia de Jorge Pizarro se produce un año tarde. En realidad, Pizarro nunca debió haber renunciado porque nunca debió haber asumido. Antes de la elección interna de la DC, con el tema de financiamiento irregular en todas las portadas, el Senador aseveró a los cuatro vientos no estar involucrado. Con esto, aseguró el apoyo de figuras claves en su partido, que le permitieron ganar la elección interna con 70% de los votos, derrotando a Rodrigo Albornoz y a Ricardo Hormazábal. Después de ganar la elección,  y antes de asumir el mandato, se supo lo de las boletas falsas—de los hijos del Senador—a SQM. Ante esta situación, y a pesar de la sugerencia de varios de no hacerlo, Pizarro decidió asumir la presidencia de igual manera. Lo hizo incluso después de la renuncia de su primer vicepresidente, Fuad Chahín, a la mesa.

Los errores de Pizarro son varios. Primero, y más importante, estar involucrado en un caso de financiamiento irregular. Segundo, esconderlo de su partido para poder ser elegido Presidente. Tercero, al ser descubierto, decidir seguir adelante con su ambición a pesar de la opinión de una parte importante de la elite partidaria – y de la opinión pública. Obviamente sobra sostener, desde un punto de vista ético, que el Senador nunca debió haberse involucrado. Un político con una destacada carrera como la suya, hasta entonces, debió estar por sobre situaciones como esta. Pero incluso al estar involucrado, debió haber tenido la madurez y responsabilidad de no optar por la presidencia de su partido. Y más allá, a pesar de haber infringido las dos máximas anteriores, nunca debió haber seguido en su ambición tras ser descubierto.

Una pregunta que urge responder es por qué Pizarro duró tanto en el mandato, a pesar de la resistencia de una parte importante de su partido. La respuesta se encuentra en la naturaleza de las boletas falsas de sus hijos. Aunque lo más probable es que estas boletas se usaron para financiar la campaña senatorial del mismo Senador, existe una teoría alternativa más interesante. Esta teoría es que las boletas se usaron para financiar la campaña presidencial de Bachelet. El hijo de Pizarro, el titular de la empresa que emitió las boletas, y su señora, son cercanos a la Presidenta, y por lo tanto no es difícil especular que la recaudación tuvo ese propósito. Esta teoría toma fuerza considerando que no solo la elección de Pizarro estaba asegurada, pero que además el hijo de Pizarro, y su señora, finalmente terminaron ocupando cargos de suma importancia dentro del gobierno.

Lo anterior es solo una teoría, y corresponde a la justicia determinar el paradero final de los dineros de SQM. Pero el relato tras la teoría permite explicar el razonamiento de Pizarro para asumir la presidencia en la DC a pesar de su clara inhabilidad. Si los recursos fueron a la campaña de Bachelet, el Senador habría anticipado que el gobierno no haría problemas con su presidencia, por la fragilidad política que significaría tomar una postura más activa. Pues, después de todo, ambos estarían involucrados en el mismo esquema de financiamiento irregular. Si lo anterior es cierto, implica que hubo una complicidad entre Pizarro y el gobierno para ignorar la gravedad de los casos de financiamiento irregular. No solo calló Pizarro, pero además el gobierno decidió no entrometerse en la evidente irregularidad que ocurría con el presidente del partido más grande de su coalición.

Lo anterior también supone un juego de suma cero entre la DC y el gobierno. Curiosamente, este pronóstico se comprueba en la realidad. Durante su corto mandato, Pizarro no pudo cumplir el rol tradicional de presidentes de la DC en gobierno del PS. Falló como dique de contención y principal interlocutor político. Considerando el sesgo progresista de Pizarro, su complicidad con el gobierno fue mayor a cualquier otro presidente de la Falange. En parte se explica porque el mismo senador dejó constancia de su intención de apoyar las reformas estructurales, pero en parte se explica porque nunca tuvo la opción de reconsiderar y echar pie atrás. Lo anterior es grave, dado que supone que cuando el gobierno tuvo que improvisar, y no fueron pocas veces, la DC no tuvo mucho que hacer que seguirle el juego.

La salida de Pizarro es positiva para la DC. Ningún partido, menos el más grande de la coalición de gobierno, puede estar manchado con escándalos de financiamiento irregular. En los tiempos que corren no solo le corresponde a los partidos presentarse ante la ciudadanía con representantes inmaculados, pero además, no hacerlo es un mal negocio en términos electorales. Ningún partido va ganar una elección siendo liderado por un político involucrado en financiamiento irregular. Es probable que en las próximas elecciones presidenciales y legislativas este castigo se deje ver. Con voto voluntario, los nuevos votantes, en gran medida aquellos desafiliados de partidos que se consideran moderados, difícilmente van a dar su voto a candidatos que apoyan la corrupción. La renuncia de Pizarro es tardía, pero a estas alturas, es lo mejor que le pudo haber ocurrido a la DC.

#Chile. Dos años de administración de Bachelet: a ensuciarse las manos

Publicado en La Tercera

A dos años de la inauguración de Bachelet se pueden sacar algunas conclusiones preliminares sobre su segundo mandato. Tuvo partida de caballo inglés, comenzando su cuatrienio con el porcentaje de votos más alto de la historia reciente, pero llegada de burro, alcanzando el punto más bajo de aprobación presidencial de un mandatario desde el retorno de la democracia. Parte del problema fue el excesivo entusiasmo con que la Presidenta asumió el gobierno, pensando que haber tocado el corazón de muchos en la campaña, y haber alcanzado los quorum legislativos, sería suficiente para gobernar sin oposición y pasar reformas estructurales sin resistencia.

Pero se equivocó. Bachelet ganó la elección por defecto. Entre las nueve candidaturas que se presentaron a la elección, la suya fue la única dispuesta a tomar las demandas del movimiento estudiantil en su conjunto y ofrecerlas de vuelta como leyes. Fue una movida oportunista e inteligente. Su competencia más cercana — los cuatro opacos candidatos que nominó la Alianza y la alicaída opción de Enríquez-Ominami — se durmieron en los laureles y desaprovecharon la misma oportunidad. Esta decisión no solo la alzó como la candidata más atractiva, pero además dejó sus defectos en un segundo plano.

Las promesas de reformas estructurales opacaron su falta de liderazgo. Los chilenos favorecieron las ideas por sobre candidatos. Pensaron que por último el buen rendimiento de Bachelet en el primer gobierno se traduciría automáticamente en un buen rendimiento en su segundo gobierno. El problema es que la naturaleza de los desafíos entre el primer gobierno y el segundo gobierno son significativamente distintos. Para cumplir las metas del primer gobierno se necesitaba cercanía con la gente. Pero para cumplir las metas del segundo gobierno se necesitaba un liderazgo politico más acentuado.

El problema es que Bachelet carece de liderazgo político. Lo ha demostrado en innumerables ocasiones. Desde su reacción post-terremoto hasta su manejo del caso Caval. Pero más importante, tal vez, ha sido su inhabilidad para ordenar a su propia coalición. Tener legisladores en el congreso no significa mucho si no votan en línea con el gobierno. Bachelet sí logró pasar proyectos de ley importantes, como la educacional y la electoral en enero de 2015. Pero sería exagerar decir que fueron sus logros. En esas ocasiones, ambos proyectos fueron gestionados exclusivamente por operadores políticos, y con suerte pasaron por el congreso.

A dos años del término del gobierno, se pueden usar estas experiencias para mejor significativamente la gestión y recuperar el apoyo de la gente. La Presidenta puede revertir el marcador parcial en contra. Al menos así ha sido en los últimos dos gobiernos, donde los presidentes llegaron alicaídos a la mitad de sus mandatos, pero lograron dar vuelta sus partidos y terminar sus gobiernos con índices azules. De hecho, Bachelet terminó con más de ochenta por ciento de aprobación y Piñera hoy se alza como el candidato con mayores posibilidades de ser elegido en 2017.

No es difícil que Bachelet vuelva a un punto donde al menos la mitad de los chilenos aprueben de su gestión, incluso con el caso Caval en el retrovisor y la difícil tarea de cimentar la reforma constitucional. Pero para esto la Presidenta se debe ensuciar las manos. Debe ejercer mayor liderazgo político en su sector. Hasta ahora ha preferido mantenerse a una distancia antinatural del linchamiento público de su gente, tal vez para marcar no mancharse, tal vez por que se siente mas cómoda. Pero en un escenario donde está a solo dos años de su retiro definitivo de la política, y con grandes desafíos por delante, debe redefinir el liderazgo que ejerce sobre su sector.

No se puede hacer una tortilla sin romper huevos. Bachelet necesita controlar a la DC y enfilar al PS. Hasta ahora ambos partidos solo le han dado dolores de cabeza. Basta ver como la DC y el PS se han enfrentado tanto a ella como entre ellos —por ejemplo, en el proyecto de aborto y la reforma laboral— para entender que no hay disciplina en la coalición. Bachelet debe involucrase más en reparar los temas políticos que le han costado la reputación, y redefinir la forma en que trata con los partidos que la apoyan. Todo esto es necesario para cumplir el objetivo ulterior de dejar un huella positiva en la historia.

La Presidenta debe abandonar el estilo de liderazgo apolítico que le dio tanta popularidad en su primer gobierno y adaptarse a los desafíos del momento. Debe bajar del Olimpo y hablarle a los ministros, senadores, diputados y presidentes de los partidos oficialistas en público con mayor dureza y con mayor frecuencia. Ya no tiene mucho que perder, excepto la posibilidad de terminar su gobierno con más proyectos entrampados que los que prometió en las entusiastas noches de su campaña electoral. Con la aprobación de menos de un tercio de los chilenos, es hora de ensuciarse las manos.

#Peru. Pronóstico Electoral: #1

Resultado:

Fujimori=33%; Guzmán=18,1%, Acuña=7,2%, Kuczynski=7,2%; García=6,2%; otros=28,4%.

Pronóstico:

Pronostico - 20160307_stefan

Simulación:

Simulacion - 20160307_stefan

Comentario:

  • ResumenNinguno de los candidatos obtiene más de 50% de los votos para ganar en primera vuelta. Por lo anterior, si la elección fuera hoy día, pronosticamos una segunda vuelta entre Fujimori y Guzmán.
  • Encuestadora (# encuestas): CPI (6), Datum (8), GFK (4), IPSOS (5).
  • Keiko Fujimori (Fuerza Popular) entra en el primer lugar. Estimamos que podría obtener entre 30,9% y 35,1% de los votos.
  • Julio Guzmán (Todos por el Perú) entra en el segundo lugar. Estimamos que podría obtener entre 16,4% y 19,6% de los votos.
  • César Acuña (Alianza para el Progreso del Perú) mantiene el tercer lugar. Estimamos que podría obtener entre 6,1% y 8,3% de los votos.
  • Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos Por el Kambio). Estimamos que podría obtener entre 6,1% y 8,4% de los votos.
  • Alan García (Alianza Popular) Estimamos que podría obtener entre 5,2% y 7,3% de los votos.
  • Otros candidatos suman una votación significativa. Estimamos que la sumatoria de su votación podría estar entre 26,5% y 30,5%.
  • Nota 1: ‘Resultado’, ‘Pronóstico’ y ‘Simulación’ muestran el resultado si la elección fuera hoy.
  • Nota 2: Para preguntas frecuenets sobre nuestros métodos, pinchar aquí.

#Chile. El documental de Bachelet

Publicado en La Tercera

En medio de la crisis presidencial más severa de los últimos años, la prensa informa que Bachelet prepara un documental sobre su propia gestión. Mientras los índices de popularidad presidencial están estacados bajo el 30%, la gente se entera que el gobierno se auto asignó un presupuesto de 40 millones de pesos para contar su verdad. A primera vista huele a un intento desesperado por reflotar la imagen presidencial alicaída de Bachelet. El problema es que se conduce a través de un proceso oscuro y a destiempo. Vamos desmenuzando.

La popularidad del gobierno se mide en los índices de aprobación. Un gobierno con altos índices refleja un líder aclamado por su pueblo. Naturalmente, esos presidentes no tienen la necesidad, ni el deseo, de hacer propaganda sobre el estado de avance de su gobierno. En contraste, a medida bajan los índices, aumenta la presión por comunicar hasta el logro más pequeño. Pues, a ningún presidente le gusta ser cuestionado. Cuando la aprobación es baja, y los líderes no se sienten debidamente reconocidos, frecuentemente optan por la vía—menos institucional—de la propaganda.

En Chile, los presidentes han optado por ambos extremos. Mientras que algunos han permitido que su legado hable por sí mismo, otros han buscado reconstruir su propia historia. En el primer gobierno de Bachelet, la Presidenta concluyó con más de 80% de aprobación, y por ende no tuvo la necesidad de resumir ni revisar su cuatrienio. Piñera, en cambio, fue menos popular, y tuvo que optar por la vía opuesta—invirtió 141 millones en 11 libros. Irónicamente, los libros fueron objetados por la Contraloría por ser catalogados como publicidad.

El documental de Bachelet calza con el segundo caso. Sin embargo, a diferencia de Piñera, lanza la operación a mitad de gobierno y no al final. Al parecer la Presidenta busca dejar una constancia política y no un resumen de su obra. Se entiende que persigue beneficios personales, y no colectivos. Esto es lo que en esencia vuelve el documental un tema controversial. Pues levanta preguntas—que ya han tenido resonancia en dirigentes partidarios, desde la oposición al propio partido de la presidenta; como si corresponde o no financiar este tipo de proyecto con recursos de las arcas fiscales.

Para muchos el problema del documental es que representa una operación política para revertir el daño causado por Caval. Para ellos, la película no es más que un vehículo que busca lavar la imagen presidencial. Pero existen otras críticas, que también son relevantes. Entre ellas está la forma y el momento en que se aprobó el proyecto. Pues no solo se nombró a dedo a la Directora (Tatiana Gaviola) y se dispuso de un presupuesto a discreción, sino que además se reconoció la existencia del proyecto en el único mes donde la clase política está de vacaciones.

No llamar a una licitación es un despropósito. Para un gobierno que ha sido duramente criticado por hechos vinculados al nepotismo, es lo mínimo que se pudo haber hecho. No hay ninguna forma lúcida de justificar el dedazo de Bachelet a Gaviola. Lo último que tiene que hacer un gobierno cuestionado por no actuar a tiempo en escándalos políticos es conducir procesos oscuros y a destiempo. Es inevitable no preguntarse por qué la Presidenta no anunció un concurso transparente, donde todos los interesados pudiesen competir en igualdad de condiciones.

Otra cosa que llama la atención, y que el gobierno no ha logrado resolver, es el rol inoportuno que juega el director administrativo de la Presidencia en el tema. Luego de ser cuestionado por su cercanía a SQM y sus nexos con Caval, Cristián Riquelme es la última persona que debiese estar involucrado en un escándalo público. Irrelevante de la posición de La Moneda sobre el documental (si realmente le parece necesario o no) tener a Riquelme involucrado en el proceso de designación y financiamiento es abrir es un nuevo flanco de vulnerabilidad.

Si algo simboliza la mala decisión de hacer un documental a mitad de cuatrienio, es que el gobierno está desesperado por revertir su crisis. Ven en el proyecto una oportunidad de oro para reconectar a la Presidenta con la gente. Más allá de eso, la manera en que se procedió sugiere que el gobierno no ha aprendido de sus errores. Saltarse la licitación correspondiente, anunciar la decisión en el mes de vacaciones de las figuras políticas de contrapeso, y vincular a Riquelme en la operación, es sencillamente no entender por qué la gente no aprueba.

#Chile. La salida del Partido Comunista de la Nueva Mayoría

Publicado en La Tercera

En mi columna anterior planteé la necesidad del Partido Demócrata Cristiano de reconsiderar su pertenencia en la Nueva Mayoría. Argumenté que si la DC permanecía en la coalición tenía que aceptar formar parte de un consorcio liderado por un ala progresista (simbólicamente representada por el Partido Comunista) que en buena parte proponía e impulsaba reformas en contra de los principios de la falange, y a su vez arriesgarse a perder su nicho electoral en el centro ideológico a un nuevo movimiento político (potencialmente representado por Sentido Futuro) que podría perfectamente ocupar su lugar en las urnas como la primera preferencia de centro.

Esta notoria incomodidad se replica en el otro extremo de la coalición, con el Partido Comunista. Qué duda cabe que el PC no está a gusto. Mientras que la DC busca avanzar en la medida de lo posible, el PC busca recuperar terreno perdido a pasos agigantados. Esta es la esencia de la tensión entre ambos partidos. Es paradojal que puedan convivir en una coalición al tener perspectivas tan distintas sobre los mismos temas. Ejemplos sobran. Solo en la última semana se han enfrentado por la nulidad de la Ley de pesca, el derecho a huelga en la reforma laboral, y la fórmula de elección interna de los partidos políticos.

Por esta misma razón, cualquiera de los dos partidos probablemente se sentiría más cómodo sin el otro en la coalición. El problema es que ninguno de los dos ve los incentivos de abandonar una maquina electoral que funciona relativamente bien. En el caso de la DC, los beneficios de permanecer en la coalición son evidentes. Ha sido el partido más grande de la centro izquierda desde 1990, liderando a la coalición en número de senadores, diputados, alcaldes, y concejales desde la vuelta de la democracia. Para la DC, salir de la Nueva Mayoría implica aceptar un escenario nuevo e incierto.

El Partido Comunista tampoco quiere perder lo poco que ha ganado a costa de sangre, sudor y lágrimas. La sufrida historia entre el PC y la coalición de centro izquierda es razón en sí misma para querer mantener viva la relación. De hecho, la decisión de Volodia Teitelboim y Gladys Marín de no negociar con la Concertación en su momento es—en buena medida—lo que explica la prolongada ausencia del PC en el proceso de toma de decisiones. Desde 1990 a 2010, el partido fue un actor políticamente irrelevante y electoralmente testimonial. El partido solo comenzó a cobrar importancia cuando Guillermo Teillier negoció un pacto por omisión en las municipales de 2008.

La entrada oficial del PC a la coalición de centro izquierda en 2009 fue un salto cuántico para el partido. Paso de tener un puñado de alcaldes, a elegir tres diputados en 2009 (Hugo Gutiérrez, Lautaro Carmona y Guillermo Teillier), seis diputados en 2013 (se sumaron a los tres titulares reelectos: Daniel Núñez, Karol Cariola, y Camila Vallejo), y ocupar cargos en el gobierno (hecho que no sucedía desde los años de la Unidad Popular). Por lo anterior, se da por hecho que la postura del Comité Central es permanecer en la coalición. Sobre todo considerando que, junto a los dirigentes, muchos militantes también han aprobado el giro hacia lo práctico.

Ahora bien, lo anterior no quita que existan razones a favor de salir de la Nueva Mayoría. Efectivamente, una de ellas es ideológica. Como el engranaje más extremo dentro de una coalición fundamentalmente social demócrata, el PC por defecto pasa a ser el partido auto flagelante de la agrupación. En la práctica es difícil imaginar un escenario donde el PC logre imponer su agenda si debe negociar permanentemente con agentes del statu quo. Hay excepciones, como se evidencia en el actual gobierno, pero son pocas y para muchos dirigentes caen con cuentagotas. La renuncia de Cristián Cuevas al partido es en buena parte una reacción a este defecto estructural.

Otra razón para de salir de la Nueva Mayoría es netamente electoral. Los incentivos que tuvo el PC para negociar con la Concertación en 2009 fueron prácticos, pues con el binominal no le quedaba otra alternativa si querían acceder al poder. Pero esa barrera ya no existe. Con el sistema binominal en el retrovisor, y el proporcional en su lugar, será mucho más fácil ganar elecciones. Con la disminución del porcentaje de votos mínimo para obtener un escaño, no solo es probable que los titulares consigan la reelección, pero que además puedan entrar nuevos candidatos a competir mano a mano con los de la Nueva Mayoría.

El PC debe reconsiderar su pertenencia en la Nueva Mayoría. Al igual que la DC, salir de la coalición podría reconectar al partido con sus principios ideológicos. Pero a diferencia de la DC, el     PC tiene mejores prospectivas de aumentar su rendimiento electoral si compite por fuera. Si la DC compite por fuera, es amenazada tanto por Sentido Futuro como por la Nueva Mayoría. Si el PC compite por fuera, puede demarcar los límites de la competencia hacia el centro y quedar con toda la izquierda para sí sola. Es importante que el partido tome en cuenta que el escenario ha cambiado drásticamente, y actué en consecuencia.

#Peru. ¿Por qué el APRA tiene cuesta arriba esta elección?

Publicado en Perú Políticopor Ignazio de Ferrari y Stefan Bauchowitz

A lo largo de su carrera, Alan García ha mostrado una enorme capacidad para hacer campañas electorales exitosas. En casi 40 años de vida electoral, García ha resultado elegido en casi todas las elecciones en que ha participado. En 1978 fue elegido asambleísta para la Constituyente, en 1980 diputado, en 1985 presidente, y en 2006 nuevamente jefe de Estado. La única elección que perdió fue la presidencial de 2001, en la que sin embargo, sorprendió a todos al llegar a la segunda vuelta pese a iniciar la carrera desde muy atrás.

Sin embargo, esta elección se avecina distinta. Como reflejan las encuestas de las últimas semanas, su candidatura no despega y está estancada entre seis y ocho por ciento, muy lejos de pelear el pase a la segunda vuelta. Pero los problemas de García y su Alianza Popular, no se limitan solamente a las encuestas. A diferencia del pasado, el APRA ha perdido su posición de partido dominante en el Sólido Norte, su bastión histórico.

Cuadro 1

Vayamos por partes. Como muestra el cuadro de arriba, desde 1962, el APRA ha obtenido excelentes resultados en los tres departamentos que conforman el Sólido Norte histórico – La Libertad, Lambayeque y Cajamarca. En esta última región, los resultados no han acompañado al partido de la estrella desde los noventa, pero en La Libertad y Lambayeque, los resultados han seguido siendo notables (con excepción de la década perdida durante el fujimorismo). Con excepción de 1995 y 2000, el APRA ha sido siempre el partido más votado en los dos departamentos costeros. Igualmente importante, en la mayoría de elecciones el partido de la estrella ha obtenido ventajas importantes frente al partido que se ubicó en segundo lugar.

Cuadro 2

De las tres regiones que han conformado el Sólido Norte, sin duda la más importante ha sido La Libertad, cuna del fundador del partido, Víctor Raúl Haya de la Torre. El APRA ha ganado o ha pasado a la segunda vuelta en cuatro elecciones presidenciales – 1962, 1985, 2001 y 2006 – y en tres de ellas La Libertad ha sido instrumental. Como muestra el cuadro de arriba, si en 1962 Haya hubiera obtenido en La Libertad el porcentaje de votos que obtuvo en el resto del país, el candidato de Acción Popular, Fernando Belaúnde habría ganado la elección. De manera similar, si Alan García se hubiera hecho en 2001 y 2006 con el mismo porcentaje de votos en La Libertad que en el resto del país, Lourdes Flores – paradójicamente su aliada en 2016 – habría obtenido el pase a la segunda vuelta en ambas elecciones.

En resumen, el Sólido Norte y, en particular La Libertad, han sido determinantes para que el APRA pueda ser competitivo electoralmente. Sin embargo, en los últimos años el otrora bastión aprista se ha convertido en escenario de disputa de varios partidos.

El declive del Sólido Norte

Al APRA, los años no le han sentado bien. Como muestra el gráfico de abajo, el partido ha perdido posiciones en el tiempo, tanto a nivel nacional como en el norte. Si bien se recuperó tras la caída del fujimorismo, la imagen que se desprende es una de relativo declive. El hecho de que el APRA no haya sido el único partido tradicional afectado por el avance de los independientes y los outsiders no es más que consuelo de tontos.

APRA2

El deterioro electoral ha sido particularmente pronunciado desde que el APRA ganara la presidencia en 2006. En Lambayeque y La Libertad los resultados han sido decepcionantes, al punto de perder la alcaldía provincial de Trujillo en 2006, y la región La Libertad en 2014, ambos a manos de César Acuña. El candidato presidencial de Alianza para el Progreso (APP) es un rival directo de Alan García en la actual carrera presidencial, y le lleva una ventaja de alrededor de cinco puntos porcentuales.

Cuadro 3

Para el APRA, el problema del descenso electoral en el norte no es solamente la pérdida de votos propios, sino que esos votos han pasado a manos de la competencia directa. El caso de APP es el más obvio. Como muestra el Cuadro 3, APP se ha convertido en el principal rival del APRA en La Libertad y Lambayeque. APP gobierna Lambayeque desde 2010 y La Libertad desde 2014. El segundo partido con más presencia en ambas regiones es el fujimorismo (Fuerza Popular, FP), que obtuvo excelentes resultados en las elecciones generales de 2011 y en las provinciales y regionales de 2014 – en particular en Lambayeque.

Sin los votos mayoritarios de Lambayeque y, sobre todo, La Libertad, la elección se presenta cuesta arriba para la Alianza Popular. La pregunta es si podrá compensar la pérdida de votos en el norte con una mejora importante en otras regiones. ¿Traerá el PPC a la mesa los ansiados votos limeños?