La importancia de los independientes

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Hay un gran debate sobre la tasa de participación que habrá en las primarias. Las encuestadoras han estimado que va a votar entre 30% y 60% del padrón. Estadísticamente, es un pronóstico absurdo. Pues, significa que en la primaria votaría más gente en la última elección municipal. Lo anterior es significativamente improbable. La verdad–a diferencia de lo que algunos estiman–es que es prácticamente imposible determinar el número de votantes.

Lo que sí se puede hacer, en cambio, es fijar algunas premisas sobre la distribución de preferencias entre quienes finalmente decidan ir a votar. En base a nociones básicas del comportamiento de votantes y evidencia de elecciones anteriores se puede modelar una distribución de votos a partir del punto ideológico en que se encuentra cada candidato, tomando en cuenta que en la primaria votan tanto militantes como independientes.

Por un lado, sabemos que (1) los militantes tienden a votar por candidatos de su partido, independiente de la competencia; que (2) en la medida que aumenta el número relativo de militantes que vota, aumenta la probabilidad de candidatos militantes de ser electos; y que (3) si el aumento en participación de los militantes es proporcional al tamaño del partido, los candidatos de partidos con más militantes tienen una mayor probabilidad de ser electos.

Por otro lado, sabemos que (1) los independientes tienden a votar por candidatos más cercanos al centro ideológico, que por candidatos extremos; que (2) en la medida que aumenta el número relativo de independientes que vota, aumenta la probabilidad de candidatos moderados de ser electos; y que (3) si el aumento en participación de los independientes es proporcional a la distribución ideológica, candidatos más cercanos al centro tienen una mayor probabilidad de ser electos.

De acuerdo a lo anterior, el ganador de cada coalición será quien tenga la combinación perfecta de apoyo entre militantes e independientes.

En la oposición, Bachelet es quien convoca más militantes, con alrededor de 280,000 personas–considerando que la apoyan cinco partidos. La sigue Orrego con alrededor de 120,000 personas, y Gómez con 85,000 personas. (Como independiente, Velasco no tiene el apoyo explícito de militantes). En la Alianza, Allamand es quien convoca más militantes, con alrededor de 90,000 personas. Por su parte, Longueira cuenta con el apoyo de alrededor de 80,000 personas.

La distribución de militantes por candidato, sin embargo, no es un dato suficiente para explicar el resultado de la primaria. Pero es un dato necesario. El número de militantes sirve para identificar el punto de partida de cada candidatura. Los militantes son importantes porque no solo cuentan como un voto, también cuentan por su capacidad de movilizar otros votos. Ahora bien, militantes de algunos partidos movilizan más que militantes de otros partidos.

Si comparamos el número de militantes pro Bachelet con el número de militantes pro Orrego, parece haber una diferencia irreversible. Pero es probable que los militantes de los partidos que apoyan a Bachelet no logren movilizar a la misma cantidad de gente que lo que logren movilizar los militantes que apoyan a Orrego. Aun así, parece una carrera corrida. Si la DC moviliza dos veces el número de sus militantes recién iguala la base de militantes de Bachelet.

Por su parte, la ventaja de Allamand no es significativa. Si bien Allamand parte con alrededor de 10,000 militantes más, es sabido que la capacidad de movilización de la UDI es más eficaz que la capacidad de movilización de RN. La ventaja de Longueira es doble. No solo es probable que vote un porcentaje mayor de militantes UDI que militantes RN, pero que además las cúpulas de la UDI sean capaces de movilizar a más gente a su alrededor.

Ahora bien, los militantes solo representan aproximadamente 4% del padrón. Si suponemos que existen alrededor de 12,500,000 de independientes habilitados para votar, vemos que queda un amplio margen para que quienes parten con una base de militantes más baja puedan revertir su prospectiva. Éxito entre los independientes puede significar la diferencia entre un tercer y un segundo lugar en la oposición, o perder y ganar en la Alianza. Un discurso pro independientes es clave.

Para los independientes, lo decisivo son los issues. Algunos independientes votarán por quién ofrezca un cambio al sistema electoral, otros votarán por quién defienda el matrimonio heterosexual. Algunos votarán por quién ofrezca nacionalizar las aguas, otros votarán por quién no prometa educación gratuita. En particular, no tienen nada en común. Pero en lo general, son lo mismo. Un programa de centro con un issue clave puede inclinar la balanza.

Todo indica que los candidatos entienden esta necesidad. Los debates de la semana pasada mostraron que las primarias, a diferencia de lo convencional, están girando en torno al centro ideológico, y no en torno al centro de cada coalición. Incluso los candidatos que mueven a más militantes se han sumado a la estrategia. Mientras que Bachelet moderó su posición sobre la asamblea constituyente, Longueira presentó el concepto de “centro social”.

Los candidatos ganadores se diferenciarán de los candidatos perdedores por su capacidad de atraer a votantes independientes. Los candidatos solo pueden prescindir de los independientes si vota muy poca gente (menos de 500,000 por cada coalición). Longueira solo puede ganar la primaria en la medida que pueda entablar temas que les interesan a los votantes medios. Velasco solo podrá superar a Orrego si logra movilizar suficientes independientes.

Independientes de derecha

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Dos premisas enmarcan las primarias de la Alianza. (1) La UDI va obtener más votos de adherentes que RN, y (2) RN va obtener más votos de independientes que la UDI. La primera premisa se sostiene porque aunque la UDI cuenta con menos adherentes que su contraparte, siempre ha logrado convocar y movilizar a más gente. La segunda premisa se sostiene porque dado que RN es un partido ideológicamente situado más hacia el centro que la UDI, siempre ha sido una alternativa más atractiva para votantes que se consideran moderados.

El resultado de la primaria está condicionado por la tasa de participación. Si participa poca gente, es probable que la proporción de adherentes sea más alta, teóricamente favoreciendo a Longueira. Por el contrario, a medida que aumenta tasa de participación, es probable que la proporción de independientes sea más alta, teóricamente favoreciendo a Allamand. Sin embargo, no hay claridad sobre los efectos de una participación intermedia, por lo que ambos candidatos han simplemente tratado de maximizar sus prospectivas en ambos grupos.

Ahora bien, quien consiga más votos relativos de cada grupo no necesariamente va ganar la primaria. Evidencia de elecciones primarias anteriores sugiere que por cada adherente votan al menos 3 independientes. Es decir, el peso de los adherentes es más liviano que el peso de los independientes en el resultado final. La UDI puede ganar entre adherentes pero perder la primaria si no recibe más de la mitad de los votos de los independientes. Ergo, la estrategia de cada partido debe ser balancear su discurso para llegar a cada grupo en la justa medida.

Ambos partidos saben que deben maximizar el voto de adherentes, y convocar a la mayor cantidad de votos de independientes posible. Pero dado que es altamente probable que la UDI vaya a acarrear a más adherentes a votar, la verdadera batalla estará entre los independientes de derecha. En ese espíritu, los dos candidatos convergerán en el centro ideológico de su coalición, pero con diferente intensidad. Mientras que Longueira tenderá a suavizar su lineamiento, Allamand tratará de gravitar hacia su izquierda.

Las cúpulas de los partidos saben que no pueden ganar sin los independientes de derecha. Sus estrategias de campaña lo reflejan. Por su parte la UDI ha estado tratando de convencer a Golborne para que vuelva al comando. Su endoso a Longueira podría convencer a muchos de los que comulgan con los valores de derecha pero están desencantados con la calidad de la política. Por su parte RN ha levantado una campaña más pragmática, formalmente pidiendo que cada adherente acarree al menos a 10 independientes a las urnas.

Hay dos resultados posibles. En el primero Allamand no logra movilizar a los independientes de centro y Longueira gana por defecto. Esta situación se dará si Allamand insiste en una campaña dirigida para al votante medio de derecha. Dado las características de la primaria, si se desplaza mucho hacia el centro de la derecha los votantes podrían preferir a Orrego o Velasco. Si los adherentes de RN no logran convencer a suficientes independientes de votar por Allamand, Longueira ganará en ese grupo también.

En el segundo resultado Longueira se atrinchera en la derecha y le permite a Allamand recibir el apoyo de la gran mayoría de los independientes. Esta situación se dará si Longueira no modera algunas de sus propuestas. Si no toma una posición más céntrica, muchos votantes podrían sufragar estratégicamente por Allamand simplemente para dificultarle la victoria a Bachelet en Noviembre. Si Longueira no muestra que también puede representar a los independientes de derecha, preferirán votar por Allamand.

Eliminatorias Brasil 2014: Fecha 14

Este artículo usa estadísticas de las eliminatorias de la Conmebol, para todas las clasificatorias munidalistas desde 1994, incluyendo el mundial de Francia 1998, el mundial de Japón-Corea 2002, el mundial de Alemania 2006 y el mundial de Sudáfrica 2010. El objetivo es identificar tendencias en los factores que facilitan la clasificación directa (4 cupos).

Dado que los mundiales varían en el número de equipos, normalizé los datos según rendimiento. Es decir, en vez de decir “el número de puntos determina la probabilidad de clasificar”, digo “el rendimiento determina la probabilidad de clasificar”. El rendimiento es simplemente el número de puntos de cada equipo dividido por el número de puntos totales en juego.

El primer cuadro muestra un modelo de regresión logistica para todas las fechas de las cuatro clasificatorias. Todos los ínidces de interés son significativos. El modelo muestra que el rendimiento (luego traducido a puntos) explica alrededor del 80% de la clasificación. Esto es natural, pues la clasificación se decide en función al rendimiento.

El gráfico que sigue muestra la distribución de probabilidades a partir del modelo anterior. Muestra que la probabilidad de clasificar no es lineal. Dado que solo clasifican de forma directa 4 de los nueve o diez equipos en competencia hay una cola más larga hacia ambos lados. La diferencia, de probabilidades, más grande se da entre los veinte y los treinta puntos. Allí se decide la clasificación.

Un equipo que alcanza 22 puntos en una eliminatoria tiene una probabilidad de clasificar de 0,3%. Esta probabilidad va aumentando a medida que el equipo va mejorando su rendimiento. Por ejemplo, si el mismo equipo obtuviera 25 puntos en la siguiente eliminatoria tendría una probabilidad de clasificar de 12,29%. Si obtuviera 27 puntos, la probabilidad aumentaría a 61,83%.

El cuadro de abajo muestra un modelo de regresión logística basado en la cantidad de puntos (a su vez basado en rendimiento) acumulados para la Fecha 13. Todos los ínidces de interés son significativos. El modelo muestra que los puntos parciales explican alrededor del 68% de la clasificación. Este índice es más alto que en fechas anteriores, pero más bajo que en fechas que siguen.

El gráfico de abajo muestra la distribución de probabilidades a partir del modelo anterior. Dado que hay menos puntos en juego la curva está más hacia la izquierda. A medida que la eliminatoria se va acercando al final, la curva se va desplazando a la derecha y se va volviendo más inclinada. Un ejemplo de aquello es que en la Fecha 13 lo desicivo se da entre los quince y veinte puntos.

Par la Fecha 13, el equipo que alcanza 14 puntos tiene una probabilidad de clasificar de 2,85%.  Un equipo que alcanza 16 puntos tiene una probabilidad de clasificar de 12,01%. Un equipo que alcanza 20 puntos tiene una probabilidad de clasificar de 74,75%. Equipos sobre 20 puntos, a esta altura de las eliminatorias, tienen una probabilidad de clasificar sobre 99%.

Tras la fecha 13, Chile tiene 18 puntos. Esto se traduce a una probabilidad de clasificar de 38,87%.Si habría empatado un partido más (correspondiente a 1 punto), su probabilidad de clasificar habría aumentado a 57,84% A su vez, si habría ganado un partido más (correspondiente a 3 puntos), su probabilidad de clasificar habria aumentado a 86,47%.

El modelo que sigue usa datos para resultados historicos de la Fecha 14. Muestra que la acumulación de puntos para esta fecha explican alrdededor de 77% del resultado de las eliminatorias (en este caso, la probabilidad de clasificar directo). Es decir, explican alrededor de 10% más que los resultados de la Fecha 13. Las estadisticas de interés son significativas.

La curva en el gráfico de abajo representa la distribución de probabilidades de acuerdo a los resultados de la Fecha 14. Si Chile alcanza 21 puntos tras el partido con Bolivia su probabilidad de clasificar aumenta de 38,87% a 75,54%. Esto también esta en función de otros equipos. Por ejemplo, aunque Perú (que tiene 14 puntos) también gane, su probabilidad de clasificar solo alcanza 4,07%.

Un caveat a estos modelos es que lo que ha pasado en la historia no necesariamente explica el presente. Si las eliminatorias actuales conllevan características diferentes a eliminatorias anteriores, las inferencias de este artículo estarían sesgadas. Afortunadamente, parece no haber diferencias significativas entre las eliminatorias actuales y eliminatorias anteriores.

Con datos de la Fecha 13, las probabilidades son las siguientes. Argentina (con 25 puntos) tiene una probabilidad de clasificar de 99,28%, seguido por Colombia y Ecuador (ambos con 20 puntos), con una probabilidad de clasificar de 74,75%, Chile (analizado arriba), y finalmente Venezuela (con 16 puntos), que tiene 12,01% probabilidad de clasificar de forma directa.

Estrategias y resultados

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Los debates son la mejor instancia para que candidatos puedan presentar sus programas. Facilitan que votantes puedan conocer y comparar ideas. En algunas ocasiones pueden cambiar el rumbo de la elección. En debates donde un candidato llega con una importante ventaja sobre los demás, sin embargo, presentar programas e ideas no basta para alterar el orden de las preferencias. Solo funciona en debates donde los candidatos llegan con similares índices de intención de voto. En esos casos la fricción de la competencia puede generar desplazamientos en preferencias electorales. En cualquier caso, los candidatos conocidos tienen mayores probabilidades de estancarse en sus tasas de adhesión que los candidatos menos conocidos, quienes tienen más espacio para crecer.

La distancia en las encuestas entre Michelle Bachelet y el resto de los candidatos sugiere que independiente de la calidad de los programas y el peso de las ideas sintetizadas en el debate no habrá un cambio en el resultado de la primaria. La estabilidad en los índices de intención de voto junto al alto nivel de conocimiento de la ex presidenta robustece la probabilidad de que su rendimiento en el debate no altere el lugar de su llegada el 30 de Junio. La inmensa mayoría de quienes ya han adherido a Bachelet conocen sus puntos débiles. Han sistemáticamente manifestado que votarán por ella pese a los traspiés de su ex gobierno (Transantiago), y conscientes de los malos augurios de su futuro gobierno (imposibilidad de resolver temas de Educación).

El debate es diferente para los dos candidatos que compiten por el segundo lugar, Claudio Orrego y Andrés Velasco. Dado que las encuestas han mostrado que ambos candidatos son relativamente desconocidos, el debate será una gran oportunidad para dejar sus marca. Si bien ambos han sido ministros, y destacados miembros de la Concertación en los últimos años, paras muchos sus programas e ideas de campaña siguen siendo un misterio. El resultado del contraste podría marcar la primera tendencia clara a favor de uno de ellos. A diferencia de la ex presidenta, ellos necesitan el debate para desempatar. Un traspié de uno de ellos, podría permitir una sutil ventaja a favor del otro, irreversible a tres semanas de las primarias.

Frente a estas prospectivas cada candidato optará por una estrategia distinta. Bachelet tratará de reforzar su favoritismo con una agenda de consenso. Insistirá que su programa no es de la izquierda, es de la gente. Argumentará que los ejes de su campaña no son para radicalizar a la oposición, sino que para fortalecer a los ciudadanos. Orrego y Velasco optarán por no ser confrontacionales con su postura, pues no pueden hipotecar su relación con quien probablemente sea la próxima presidenta. Por el contrario, cada uno se enfocará en el otro. Pues compiten por convencer a los mismo votantes: los moderados. Mientras que Orrego buscará entablar su candidatura como una de centro, Velasco se ofrecerá para ser el abanderado de los independientes y desencantados.

Una vía alternativa sería que Orrego y Velasco se asociaran estratégicamente en contra Bachelet, con el objetivo de reducir su margen de ventaja. Esto implicaría que ambos tendrían que criticar a la ex presidenta y su ex gobierno. El problema con esta estrategia es que aunque ambos candidatos llegaran a un acuerdo, no habría garantías de que la base electoral de Bachelet se debilitaría hasta el punto de abrir caminos para al menos uno de ellos. Esta es otra razón por la cual Orrego y Velasco simplemente se enfocarán en disputar el segundo lugar, a través de la comparación de sus trayectorias políticas y sus propuestas presidenciales. Buscando transformarse en el subcampeón de la primaria, protagonizarán el intercambio más intenso del debate.

Es probable que después del debate el porcentaje de intención de voto de Bachelet disminuya y el de los demás aumente. Pero será un efecto natural de la exposición, y no necesariamente uno ligado al desempeño en el intercambio de ideas. Aunque Bachelet cumpla todas las expectativas, no podrá impedir que su popularidad baje. Es natural que candidatos con niveles extraordinariamente altos de adhesión bajen paulatinamente a medida que se acerque la elección. Sobre todo en escenarios donde el resto de los candidatos son menos conocidos y tienen un techo más alto para crecer. Ahora, si bien aumentará el porcentaje relativo de intención de voto de Orrego, Velasco y quizás Gómez, no significa que aumentará su probabilidad de ganar.

El segundo lugar

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El triunfo de Bachelet en las primarias de la oposición el 30 de Junio es inevitable. La distancia que acarrea con el segundo lugar es irreversible. Las primarias de la oposición no servirán para elegir al ganador, servirán para propósitos alternativos. Primero, como una forma de mostrar que la oposición se ha reestructurado de acuerdo a demandas internas y ciudadanas. Aunque no sea una elección verdaderamente competitiva, es mejor que una nominación directa. Celebrar primarias evita excluir a candidatos que podrían amenazar a la coalición en la primera vuelta, y contiene la disciplina de los votantes en la segunda vuelta. Además, como voy a argumentar más abajo, servirán para encaminar al candidato presidencial de la oposición en 2017.

Las pocas encuestas que han medido participación e intención de voto en las primarias muestran una ventaja abrumadora de Bachelet. Adimark, ICCOM, Imaginacción, UDD-La Segunda y UDP muestran que la ex Presidenta obtendrá al menos 70% de los votos entre las personas habilitadas para votar en la primaria de la oposición. Estas mismas encuestas muestran que el segundo lugar se debatirá entre Orrego y Velasco, cada uno marcando entre 5% y 7%. En tres de cada cuatro encuestas Velasco supera a Orrego. Muy por debajo sigue Gómez, quien no logra sobrepasar la barrera del 3%. Si bien la distancia entre estos índices se volverá más estrecho a medida que se acerque la primaria, es difícil imaginar un escenario en que Bachelet no sea electa.

La verdadera competencia de las primarias de la oposición estará en la batalla por el segundo lugar. Algunos han argumentado que obtener la segunda mayoría de votos es importante porque el subcampeón podrá influir en el programa de Bachelet. Pero es un argumento falaz, pues el comando de Bachelet ya propuso los ejes de su campaña dejando poco espacio para incluir nuevos temas. Además, ninguno de los candidatos que se opuso a la candidatura de Bachelet se le premiará con voz y voto en el comando. Sería absurdo. Por el contrario, los únicos que participarán en la construcción del programa de Bachelet antes de la primera vuelta, son aquellos que la han apoyado desde el comienzo.

Mi argumento es que obtener el segundo lugar es un factor necesario para obtener la nominación presidencial de 2017. Esto no significa que salir segundo es un factor suficiente, solo significa que es un paso crucial en la dirección correcta. En corto, obtener el tercer lugar es, simbólicamente, una muerte política. Si Orrego obtiene el tercer lugar su partido lo va eliminar como presidenciable para futuras elecciones, pues todo indica que durante el próximo gobierno se abrirán caminos para que se incorporen nuevas generaciones al proceso de toma de decisiones. Un tercer lugar para Velasco es aún más categórico. Difícilmente será aceptado en un partido de la oposición con ese resultado. Tendría que continuar en su lucha desde fuera la coalición.

Obtener el segundo lugar necesariamente fuerza la deferencia de los partidos. Si bien no es un camino libre de escollos, es un camino al fin y al cabo. El segundo lugar podrá exigir, entre otras cosas, un lugar privilegiado en el gabinete de Bachelet, desde donde podría fácilmente permanecer en la palestra pública por el cuatrienio. De lo contrario, tendría que mantenerse vigente desde la banda de la cancha, una estrategia más arriesgada. Evidentemente esta segunda vía sería más fácil de recorrer para Orrego, quien ya milita en un partido existente. Velasco, en cambio, tendría que optar entre adherir a un movimiento o partido existente en la oposición o bien crear un nuevo referente que cuente con el visto bueno de Bachelet.

Orrego y Velasco saben que no ganarán la primaria. Hasta el momento hay poca evidencia para demostrar que han aceptado sus derrotas, dado que sus campañas siguen igual de enfocadas en maximizar la cantidad de votos que recibirán. Sin embargo, pronto habrá indicios de que su lucha se ha vuelto por el segundo lugar. En los debates televisados de la próxima semana, se verá que la verdadera rivalidad estará entre los candidato al segundo lugar. Mientras que Bachelet tendrá amplitud y libertad para desarrollar su discurso, Orrego y Velasco se enfocaran en los aspectos negativos de cada cual. A solo tres semanas de la primaria, buscarán descarnadamente demostrar que tienen mayores cualidades que el otro para ser el presidenciable de 2017.

Moderados y descontentos

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Hay dos posiciones contradictorias sobre el pacto de Bachelet con el PC. La primera posición es la que sostiene Orrego, cuando dice que hay un polo fuerte de izquierda en la Concertación. La segunda es la que sostiene Enríquez-Ominami, cuando sugiere que el PC se dejó cooptar por una candidata que no los representa. En esencia, ambas posiciones son críticas tanto a Bachelet como al PC. Mientras que el primero culpa a Bachelet por la izquierdización de la coalición, el segundo sugiere que hay una falta de alineamiento ideológico. Ambos sugieren que estos hechos les pasara la cuenta en las elecciones. Sin embargo, sucederá justamente lo contrario: (1) la posición más moderada del PC y (2) su apoyo desde antes de primera vuelta, será lo que les garantizara el éxito electoral.

Desde 1989 el PC no solo ha ido moderando su posición, pero ha sido un engranaje fundamental de la Concertación. En 1989, formó un partido instrumental, junto con la Izquierda Cristiana (IC), el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), el Partido Socialista (PS) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR ) llamado Partido Amplio de Izquierda Socialista (PAIS). En un pacto por omisión con los partidos de la Concertación lograron elegir a dos candidatos (Letelier y Martínez). En 1999, 2005 y 2009 decidieron apoyar al candidato de la Concertación en las respectivas segundas vueltas. En la última elección incluso eligieron a Arrate como su candidato presidencial, un histórico militante del PS. En 2009 también decidieron pactar por omisión por segunda vez en su historia, logrando elegir a tres candidatos (Carmona, Gutiérrez y Teillier).

De la relación entre ambos todos han obtenido beneficios. La Concertación ha sido fundamental para el éxito electoral del PC. En las dos oportunidades (1989 y 2009) que el PC decidió pactar para las elecciones legislativas con la Concertación, logró elegir a candidatos. Por el contario, en las cuatro oportunidades (1993, 1997, 2001 y 2005) que decidió no pactar, no logró elegir a candidatos. A su vez, el PC ha sido fundamental para el éxito electoral de la Concertación. Con un voto duro de 5% han sido determinantes en elecciones presidenciales. El apoyo del PC fue lo que inclinó la balanza hacia Lagos en 1999 y fue lo que le dio la victoria a Bachelet en 2005. Si se han cumplido o no las condiciones que sostienen las negociaciones es otro tema. El punto es que ha sido un pacto electoralmente útil.

Entonces,  ¿de dónde viene la crítica de Orrego y Enríquez-Ominami? Es sencillo, al igual que el PC, el PPD y el PS, los candidatos presidenciales están siendo estratégicos. Están buscando posicionar a Bachelet para maximizar su probabilidad de ganar. Mientras que a Orrego le conviene que Bachelet se mueva a la izquierda, a Enríquez-Ominami le conviene que se mueva a la derecha. Esto les permitiría obtener los votos de los moderados y los descontentos. Pero con el pacto Bachelet-PC se anulan ambas posibilidades. Mientras que Bachelet apelará al votante medio, el PC apelará al votante de izquierda. Es un pacto suficiente y necesario para que Bachelet pueda ganar la elección y para que el PC pueda incrementar su planilla parlamentaria.

Las críticas al pacto Bachelet-PC no solo son injustas, pero son interesadas. Todo indica que de todos los pactos, explícitos o implícitos, entre los candidatos presidenciales y el partido comunista desde 1989, el de 2013 será el más trascendente. Primero, porque es la primera vez en que se aspira a obtener una mayoría legislativa con quórum para hacer cambios constitucionales. Para lograrlo es importante para Bachelet contar con el apoyo de todos, sobre todo de máquinas políticas como el PC. Y segundo, porque los candidatos que el PC busca consolidar (Ballesteros, Cariola y Vallejo) dotan de nuevos aires la intención de reformar la Constitución. Sin el movimiento estudiantil y las nuevas generaciones abordo el pacto de la Nueva Mayoría, es difícil prever cambios reales.

Un gobierno sin legado

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Desde que Piñera llegó a La Moneda, el desempleo, la inflación y la pobreza han disminuido. A su vez, el crecimiento económico y el PIB per cápita han aumentado. Desde su inauguración en 2010, los indicadores económicos sugieren que la calidad de vida ha mejorado. Los chilenos hoy tienen en promedio más oportunidades de trabajo, mayor poder adquisitivo y menor probabilidad de ser catalogados como parte de las clase baja. Por primera vez en la historia, Chile pasó de ser considerado un integrante del grupo de países tercermundistas a ser un miembro del conjunto de naciones de la OCDE.

Si comparamos el desempeño de Piñera con el desempeño de Bachelet, en cuanto a los indicadores mencionados arriba, la diferencia es notoria. Los primeros tres años del gobierno actual superan con creces a los primeros tres años del gobierno anterior. El cuadro de abajo muestra la diferencia entre ambos periodos. (Incluso si comparamos el gobierno de Bachelet con el de su predecesor, el balance para la ex Presidenta es adverso). La conclusión preliminar es que el gobierno de Bachelet no fue bueno. En su gobierno la inflación y la pobreza aumentaron, mientras que el crecimiento disminuyó y el PIB per cápita se estancó.

Estos resultados se sitúan en contraste con los índices de popularidad presidencial. Mientras que Piñera obtuvo un promedio de 39% de aprobación en sus primeros 3 años de gobierno, Bachelet obtuvo un promedio de 58% en el mismo intervalo. Si incluimos más datos a la serie, la tendencia es aún más nítida, ubicando a Piñera bajo el 35% de adhesión y a Bachelet sobre el 60%. El patrón implica que la gente prefiere a Bachelet por sobre Piñera, a pesar de vivir en escenarios de adversidad. Contra el sentido común, la evidencia sugiere que existe una relación inversa entre el desempeño económico y la aprobación presidencial.

Esto no tiene sentido: ¿Por qué la gente aprueba a un presidente (Bachelet) que tuvo un mal desempeño económico y no aprueba a un presidente (Piñera) que tiene un buen desempeño económico?

La respuesta está latente. No es que la gente prefiera vivir en malas condiciones económicas por sobre vivir en buenas condiciones económicas. Sería absurdo que un votante o un ciudadano escogiera o aprobara a un candidato o a un presidente que no le favoreciera. Por el contrario, la gente naturalmente emite su voto y aprueba a quien le entrega mejores beneficios relativos. La respuesta a la pregunta es que Bachelet tuvo mayor claridad que Piñera para mostrar sus logros. Con Bachelet la mayoría de la gente sintió que el país avanzaba con un objetivo, mientras que con Piñera siente que no hay un rumbo claro.

Lo anterior se enmarca dentro del legado de cada gobierno. Mientras que definir el legado fue relativamente sencillo para Bachelet, ha sido imposible para Piñera. Cuando la gente piensa en Bachelet, piensa en protección social. Cuando la gente piensa en Piñera, se confunden. En parte porque todos los años el legado ha cambiado. En 2010, el Presidente trató de instalar “La Nueva Forma de Gobernar”, lo cual fracasó tras las críticas a los conflictos de interés. En 2011, el Presidente propuso ser gobierno de las grandes reformas, lo cual fracasó tras las fallidas negociaciones en Aysén y el comienzo de las marchas estudiantiles.

En 2012, el Presidente planteó sellar su legado como uno basado en efectividad. El título del mensaje presidencial del 21 de Mayo de ese año fue “Chile cumple y avanza hacia el desarrollo”, enfatizando en la importancia de los logros económicos. En un esfuerzo similar, en el mensaje de 2013, el Presidente intentó mostrar la profundidad y trascendencia de los logros. Enfatizó que el legado de su gobierno sería consolidar la prosperidad. Sin embargo, la baja aprobación presidencial sugiere que la gente no acepta ese legado. Si los logros económicos fueran entendidos como un avance, la aprobación presidencial sería mucho más alta de lo que en realidad es.

Solo cuando exista una correspondencia entre lo que el gobierno entrega y lo que la gente recibe, se podrá hablar de un legado. Nadie discute que los logros son un avance significativo, pero sin un reconocimiento por parte de la gente, Piñera no podrá cerrar el ciclo. Si la gente no recordara a Bachelet como la presidenta de la protección social, no podría ser su legado. Solo porque pudo materializar la conexión entre lo que entregó y lo que la gente recibió, puede hablar de un legado hoy. Para ella esto fue crucial para darle una conclusión a su gobierno. Pero también porque le permitió mantenerse en la agenda como una alternativa presidencial.

Todo parece indicar que en Marzo de 2014 la situación será diferente. Piñera dejará un gobierno inconcluso. Frente a este devenir, puede escoger hacer una de dos cosas. Si acepta la premisa, tendrá que admitir que aún falta trabajo por hacer. Eso abrirá la ventana para pedir continuidad. Podrá sostener que los primeros años fueron solo la primera parte de una obra más importante. Si rechaza la premisa, la gente se verá forzada a evaluarlo por lo que ya ha hecho. Sin embargo, sin un legado muchos de los que votaron por Piñera en 2009 y 2010 pensarán dos veces antes de optar por la centro-derecha otra vez.

Cómo reformar el sistema electoral por medio de la Constitución

Este artículo describe cómo reformar el sistema electoral por medio de la Constitución. Para empezar, una breve descripción de la carta fundamental (ver aquí). Está compuesta por 15 capítulos y 1 sección de disposiciones transitorias. Para aprobar, modificar o derogar artículos en los siguientes capítulos se necesita un quórum de 2/3 de los diputados y senadores en ejercicio (80 diputados y 25 senadores):

Capítulo I (Bases de la Institucionalidad); Capítulo III (Derechos y Deberes Constitucionales); Capítulo VIII (Tribunal Constitucional); Capítulo XI (Fuerzas Armadas); Capítulo XII (Consejo de Seguridad Nacional); Capítulo XV (Reforma de la Constitución).

Para aprobar, modificar o derogar artículos en los restantes capítulos se necesita un quórum de 3/5 de los diputados y senadores en ejercicio (72 diputados y 23 senadores):

Capítulo II (Nacionalidad y Ciudadanía); Capítulo IV (Gobierno); Capítulo V (Congreso Nacional); Capítulo VI (Poder Judicial); Capítulo VII (Ministerio Público); Capítulo IX (Justicia Electoral);Capítulo X (Contraloría General de la República); Capítulo XI (Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad Pública); Capítulo XIII (Banco Central); Capítulo XIV (Gobierno y Administración Interior del Estado)

En términos de reforma al sistema electoral, solo es trascendente el capítulo V (Congreso Nacional). De todos los capítulos, es el único que regula el funcionamiento del sistema electoral. Dentro de ese capítulo, una alternativa de reforma electoral sería por medio del artículo 47, que regula la forma en que se eligen diputados:

Artículo 47.- La Cámara de Diputados está integrada por 120 miembros elegidos en votación directa por los distritos electorales que establezca la ley orgánica constitucional respectiva.

O por medio del artículo 49, que regula la forma en que se eligen senadores:

Artículo 49.- El Senado se compone de miembros elegidos en votación directa por circunscripciones senatoriales, en consideración alas regiones del país, cada una de las cuales constituirá, a lo menos, una circunscripción. La ley orgánica constitucional respectiva determinará el número de Senadores, las circunscripciones senatoriales y la forma de su elección.

Una aproximación alternativa sería reformar los artículos dentro de la Ley Orgánica Constitucional, sobre Votaciones Populares y Escrutinios (ver aquí). Para esto, la Constitución originalmente explicita que para reformar artículos dentro de esa Ley, se necesita un quórum de 4/7 (69 diputados y 22 senadores). En ese caso, para alcanzar cambios sustanciales, una alternativa de reforma electoral sería por medio de los artículos 178 y 179, que regulan la forma en que se eligen diputados:

Artículo 178.- Para la elección de los miembros de la Cámara de Diputados habrá sesenta distritos electorales, cada uno de los cuales elegirá dos Diputados.

Artículo 179.- Los distritos electorales serán los siguientes: 1er. distrito, constituido por las comunas de Arica, Camarones, Putre y General Lagos; 2° distrito, constituido por las comunas de Iquique, Huara, Camiña, Colchane, Pica y Pozo Almonte; 3er. distrito, constituido por las comunas de Tocopilla, María Elena, Calama, Ollague y San Pedro de Atacama; 4° distrito, constituido por las comuna de Antofagasta, Mejillones, Sierra Gorda y Taltal; 5° distrito, constituido por las comunas de Chañaral, Diego de Almagro y Copiapó; 6° distrito, constituido por las comunas de Caldera, Tierra Amarilla, Vallenar, Freirina, Huasco y Alto del Carmen; 7° distrito, constituido por las comuna de La Serena, La Higuera, Vicuña, Paihuano y Andacollo; 8° distrito, constituido por las comuna de Coquimbo, Ovalle y Río Hurtado; 9° distrito, constituido por las comuna de Combarbalá, Punitaqui, Monte Patria, Illapel, Salamanca, Los Vilos y Canela; 10° distrito, constituido por las comunas de La Ligua, Petorca, Cabildo, Papudo, Zapallar, Puchuncaví, Quintero, Nogales, Calera, La Cruz, Quillota e Hijuelas; 11er. distrito, constituido por las comunas de Los Andes, San Esteban, Calle Larga, Rinconada, San Felipe, Putaendo, Santa María, Panquehue, Llaillay y Catemu; 12° distrito, constituido por las comunas de Olmué, Limache, Villa Alemana y Quilpué; 13er. distrito, constituido por las comunas de Valparaíso, Juan Fernández e Isla de Pascua; 14° distrito, constituido por la comuna de Viña del Mar; 15° distrito, constituido por las comunas de San Antonio, Santo Domingo, Cartagena, El Tabo, El Quisco, Algarrobo y Casablanca; 16° distrito, constituido por las comunas de Colina, Lampa, Tiltil, Quilicura y Pudahuel; 17° distrito, constituido por las comunas de Conchalí, Renca y Huechuraba; 18° distrito, constituido por las comunas de Cerro Navia, Quinta Normal y Lo Prado; 19° distrito, constituido por las comunas de Recoleta e Independencia; 20° distrito, constituido por las comunas de Estación Central, Cerrillos y Maipú; 21er. distrito, constituido por las comunas de Providencia y Ñuñoa; 22° distrito, constituido por la comuna de Santiago; 23er. distrito, constituido por las comunas de Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea; 24° distrito, constituido por las comunas de La Reina y Peñalolén; 25° distrito, constituido por las comunas de Macul, San Joaquín y La Granja; 26° distrito, constituido por la comuna de La Florida; 27° distrito, constituido por las comunas de El Bosque, La Cisterna y San Ramón; 28° distrito, constituido por las comunas de Pedro Aguirre Cerda, San Miguel y Lo Espejo; 29° distrito, constituido por las comunas de Puente Alto, Pirque, San José de Maipo y La Pintana; 30° distrito, constituido por las comunas de San Bernardo, Buin, Paine y Calera de Tango; 31er. distrito, constituido por las comunas de Talagante, Peñaflor, El Monte, Isla de Maipo, Melipilla, María Pinto, Curacaví, Alhué y San Pedro; 32° distrito, constituido por la comuna de Rancagua; 33er. distrito, constituido por las comunas de Mostazal, Graneros, Codegua, Machalí, Requínoa, Rengo, Olivar, Doñihue, Coinco, Coltauco, Quinta de Tilcoco y Malloa; 34° distrito, constituido por las comunas de San Fernando, Chimbarongo, San Vicente, Peumo, Pichidegua y Las Cabras; 35° distrito, constituido por las comunas de Placilla, Nancagua, Chépica, Santa Cruz, Lolol, Pumanque, Palmilla, Peralillo, Navidad, Litueche, La Estrella, Pichilemu, Marchigüe y Paredones; 36° distrito, constituido por las comunas de Curicó, Teno, Romeral, Molina, Sagrada Familia, Hualañé, Licantén, Vichuquén y Rauco; 37° distrito, constituido por la comuna de Talca; 38° distrito, constituido por las comunas de Curepto, Constitución, Empedrado, Pencahue, Maule, San Clemente, Pelarco y Río Claro; 39° distrito, constituido por las comunas de Linares, Colbún, San Javier, Villa Alegre y Yerbas Buenas; 40° distrito, constituido por las comunas de Longaví, Retiro, Parral, Cauquenes, Pelluhue y Chanco; 41er. distrito, constituido por las comunas de Chillán, Coihueco, Pinto, San Ignacio, El Carmen, Pemuco y Yungay; 42° distrito, constituido por las comunas de San Fabián, Ñiquén, San Carlos, San Nicolás, Ninhue, Quirihue, Cobquecura, Treguaco, Portezuelo, Coelemu, Ranquil, Quillón, Bulnes, Cabrero y Yumbel; 43er. distrito, constituido por la comuna de Talcahuano; 44° distrito, constituido por la comuna de Concepción; 45° distrito, constituido por las comunas de Tomé, Penco, Florida, Hualqui, Coronel y Santa Juana; 46° distrito, constituido por las comunas de Lota, Lebu, Arauco, Curanilahue, Los Alamos, Cañete, Contulmo y Tirúa; 47° distrito, constituido por las comunas de Los Angeles, Tucapel, Antuco, Quilleco, Santa Bárbara, Quilaco, Mulchén, Negrete, Nacimiento, San Rosendo y Laja; 48° distrito, constituido por las comunas de Angol, Renaico, Collipulli, Ercilla, Los Sauces, Purén, Lumaco y Traiguén; 49° distrito, constituido por las comunas de Victoria, Curacautín, Lonquimay, Melipeuco, Vilcún, Lautaro, Perquenco y Galvarino; 50° distrito, constituido por la comuna de Temuco; 51er. distrito, constituido por las comunas de Carahue, Nueva Imperial, Saavedra, Teodoro Schmidt, Freire y Pitrufquén; 52° distrito, constituido por las comunas de Cunco, Pucón, Curarrehue, Villarrica, Loncoche, Gorbea y Toltén; 53er. distrito, constituido por las comunas de Valdivia, Lanco, Mariquina, Máfil y Corral; 54° distrito, constituido por las comunas de Panguipulli, Los Lagos, Futrono, Lago Ranco, Río Bueno, La Unión y Paillaco; 55° distrito, constituido por las comunas de Osorno, San Juan de la Costa y San Pablo; 56° distrito, constituido por las comunas de Puyehue, Río Negro, Purranque, Puerto Octay, Fresia, Frutillar, Llanquihue, Puerto Varas y Los Muermos; 57° distrito, constituido por las comunas de Puerto Montt, Cochamó, Maullín y Calbuco; 58° distrito, constituido por las comunas de Castro, Ancud, Quemchi, Dalcahue, Curaco de Vélez, Quinchao, Puqueldón, Chonchi, Queilén, Quellón, Chaitén, Hualaihué, Futaleufú y Palena; 59° distrito, constituido por las comunas de Coihaique, Lago Verde, Aisén, Cisnes, Guaitecas, Chile Chico, Río Ibáñez, Cochrane, O’Higgins y Tortel; 60° distrito, constituido por las comunas de Natales, Torres del Paine, Punta Arenas, Río Verde, Laguna Blanca, San Gregorio, Porvenir, Primavera, Timaukel, Navarino y La Antártica.

O bien por medio de los artículos 180 y 181, que regulan la forma en que se eligen senadores:

Artículo 180.- Para la elección de los miembros del Senado, cada región constituirá una circunscripción senatorial, excepto las regiones V, de Valparaíso; Metropolitana de Santiago; VII, del Maule; VIII, del Bíobío, y IX, de la Araucanía, que se dividirán en dos circunscripciones senatoriales, respectivamente. Cada circunscripción senatorial elegirá dos Senadores.

Artículo 181.- Las circunscripciones senatoriales serán las siguientes: 1a., Circunscripción, constituida por la I Región, de Tarapacá; 2a. Circunscripción, constituida por la II Región, de Antofagasta; 3a. Circunscripción, constituida por la III Región, de Atacama; 4a. Circunscripción, constituida por la IV Región, de Coquimbo; 5a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 10, 11 y 12 de la V Región, de Valparaíso; 6a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 13, 14 y 15 de la V Región, de Valparaíso; 7a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 16, 17, 18, 19, 20, 22, 30 y 31 de la Región Metropolitana de Santiago; 8a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 21, 23, 24, 25, 26, 27, 28 y 29 de la Región Metropolitana de Santiago; 9a. Circunscripción, constituida por la VI Región, del Libertador General Bernardo O’Higgins; 10a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 36, 37 y 38 de la VII Región, del Maule; 11a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 39 y 40 de la VII Región, del Maule; 12a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 42, 43, 44 y 45 de la VIII Región, del Bíobío; 13a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 41, 46 y 47 de la VIII Región, del Bíobío; 14a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 48 y 49 de la IX Región, de La Araucanía; 15a. Circunscripción, constituida por los distritos electorales Nos. 50, 51 y 52 de la IX Región, de La Araucanía; 16a. Circunscripción, constituida por la XIV Región, de Los Ríos; 17a. Circunscripción, constituida por la X Región, de Los Lagos; 18a. Circunscripción, constituida por la XI Región, Aisén del General Carlos Ibáñez del Campo, y 19a. Circunscripción, constituida por la XII Región, de Magallanes y de la Antártica Chilena.

Ahora bien, el problema con esta segunda alternativa es que la reforma constitucional de 2005 (ver aquí) estableció que en el caso específico de la Ley Orgánica Constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios se necesitaría un quórum de 3/5–y no 4/7–para reformar cualquier de los artículos. Esta modificación esta inscrita en la disposición transitoria decimotercera:

DECIMOTERCERA.- El Senado estará integrado únicamente por senadores electos en conformidad con el artículo 49 de la Constitución Política de la República y la Ley Orgánica Constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios actualmente vigentes. Las modificaciones a la referida Ley Orgánica sobre Votaciones Populares y Escrutinios que digan relación con el número de senadores, las circunscripciones existentes y el sistema electoral vigente, requerirán del voto conforme de las tres quintas partes de los diputados y senadores en ejercicio. Los senadores en actual ejercicio incorporados o designados en conformidad a las letras a), b), c), d), e) y f) del artículo 49 que se derogan, continuarán desempeñando sus funciones hasta el 10 de marzo de 2006.

En definitiva, desde 2005, para hacer cualquier reforma al sistema electoral se necesitan 3/5 de los diputados y senadores en ejercicio.

Las banderas democráticas de las primarias

Publicado en La Tercera

Las elecciones primarias no solo son un mecanismo para seleccionar a candidatos, son un indicador de democracia al interior de partidos y coaliciones. Cuando un partido o una coalición celebra primarias es porque su estructura interna es democrática, de corte horizontal y deliberativa. Por el contrario, cuando un partido o coalición no celebra primarias es porque su estructura interna es autoritaria, de corte vertical y arbitraria. Patrones de primarias en las últimas dos décadas muestran que la Concertación ha sido el portador de la bandera democrática, mientras que la Alianza se ha resignado a portar la bandera autoritaria. Mientras que la Concertación ha celebrado primarias en tres de cinco elecciones presidenciales, la Alianza aún no las ha utilizado.

Hay que reconocer que las primarias de la Concertación han variado en calidad. En 1993 votaron 608,569 personas en las primeras primarias semi-abiertas nacionales. En 1999 el número de votantes aumentó a 1,384,326 en las primarias abiertas nacionales. En 2009 el número de votantes descendió a 62,382 para las primarias semi-abiertas segmentadas (celebradas solo en O’Higgins y Maule). Las últimas fueron especialmente criticadas. En parte porque en su mayoría contemplaron votantes rurales proclives a votar por el candidato de la DC (Frei); en parte porque sirvieron para excluir a otros candidatos de la competencia (Arrate y Enríquez-Ominami). Si las habrían sido nacionales e inclusivas, es probable que el desenlace de la elección de 2009 habría sido diferente.

Perder una elección presidencial tras 20 años de victorias electorales tiene que haber accionado una alarma en la Concertación, tras lo cual lo normal habría sido identificar y aceptar el problema para luego solucionarlo. Sin embargo, hasta el momento solo ha ocurrido lo primero. La mayoría de los políticos de primera línea ha admitido–de una u otra forma–que la coalición debe ser reformulada y refundada bajo principios más democráticos y modernos que los originarios. Pero se ha omitido lo segundo–dar solución al problema. Los que están a cargo de los partidos han hecho poco o nada para modernizarlos de acuerdo a los nuevos estándares de participación. No hacer primarias parlamentarias es evidencia de aquello. La forma de compartir y delegar el poder no ha variado.

La Concertación no aprendió la lección tras la debacle electoral de 2009. No utilizaron la ventaja de poder mirar en retrospectiva las consecuencias de no haber celebrado primarias realmente democráticas en 2009. Podrían haber aprendido de la experiencia para usarlo para diseñar la estrategia electoral en 2013. Sin embargo, no lo hicieron. Actuaron de la misma manera que en 1993, 1999 y 2009. Pero, en 2013 hacer primarias democráticas para nominar al candidato presidencial ya no es suficiente. Admitir más candidatos a la primaria presidencial simplemente no basta. Hoy, la gente pide más inclusión y sinergia. Las marchas estudiantiles y los movimientos sociales cambiaron el bastón con que se mide la democracia. La vara horizontal y deliberativa es más alta.

No hacer primarias parlamentarias significa mantener el fondo y la forma de hacer política. Al permear a los representantes titulares, al excluir a los caudillos locales y al ignorar a las figuras emergentes, la Concertación envía una señal de que quienes mantienen el poder son los mismos de siempre. Los presidentes de los partidos hacen uso y abuso de sus atributos. Su cálculo político es claro. Al evadir primarias mantienen la facultad de premiar y castigar a candidatos titulares y a militantes e independientes desafiantes.  Creen que solo así podrán maximizar la probabilidad de escoger a candidatos que finalmente resultarán ganadores. Justifican que la designación unilateral de candidatos es más efectiva que celebrar primarias para ganar una elección.

La gran perdedora es Bachelet. Cómplice o no de la decisión de los presidentes de los partidos de no hacer primarias parlamentarias, lo que esta sucediendo al interior de la coalición que la apoya se contradice con todo lo que ella ha planteado. Para empezar, la Nueva Mayoría parlamentaria que la candidata promete involucra depender de nuevos actores. Pero los que estarán en las listas parlamentarias son los mismos de siempre. Otra cosa, el proceso de la construcción de la Nueva Mayoría contempla la participación de las masas en la selección de candidatos. Pero los que escogen a los candidatos serán los mismos de siempre. En definitiva, los que tenían esperanza que la llegada de Bachelet significaría un traspaso de poder de los pocos a los muchos…se han equivocado.

Si Bachelet está de acuerdo o no está de acuerdo con el formato de la nominación de los candidatos parlamentarios es irrelevante a esta altura. Lo que finalmente queda en limpio es que la distancia entre la candidata y los presidentes de los partidos es más estrecha de lo que se ha buscado plantear en los últimos años. Si Bachelet endosó la nominación unilateral de candidatos, o fue co-optada por los partidos sin poder oponer resistencia, no importa. La decisión de no hacer primarias parlamentarias fija el modus operandi de su candidatura. Se desprende que las primarias no son importantes para su coalición. De hecho, Bachelet y los presidentes de los partidos están dispuestos incluso a sacrificar la democracia al interior de su coalición para apuntar a ganar un par de escaños más.

La irónico es que la Alianza, y no la Concertación, fue quien aprendió la lección de 2009. Entendió el costo de no democratizarse de acuerdo a los tiempos. En 2013 la Alianza utilizará–por primera vez–una forma más democrática para seleccionar a sus candidatos que la Concertación. No solo celebrará primarias para escoger a su candidato presidencial, pero uno de sus partidos celebrará primarias para escoger a sus candidatos parlamentarios. El partido más pequeño de la Alianza (RN) hará más primarias que el partido más grande de la Concertación (DC). Los 10 candidatos de RN que serán seleccionados mediante la nueva ley de primarias serán más legítimos que los 9 candidatos del DC que fueron seleccionados bajo reglamentos partidarios.

Solo resta preguntarse si es la Concertación la que aun porta la bandera democrática, o bien ha cambiado–por primera vez en la historia–a las manos de la Alianza.

Perder la elección pero mantener el status-quo

Publicado en La Tercera

La bajada de Laurence Golborne no es una sorpresa. Candidatos que ascienden rápido, caen rápido. Sobre todo aquellos que no tienen un historial en política. Pasar del mundo privado al mundo público no es fácil. Aumenta el nivel de exposición y sube la vara de transparencia. Eso le pasó a Golborne. Pasó de ser un empresario destacado a un experimento político. Por eso, la verdadera sorpresa es que la UDI lo decidiera apoyar desde el comienzo. Al nombrarlo candidato ignoraron una serie de factores y se saltaron varios puntos de control estándar para cualquier candidatura. Al pensar únicamente en índices de intención de voto obviaron todos los antecedentes que apuntaban a que era un candidato inestable.

Allamand vio la oportunidad y explotó esa debilidad. Al exponer la asociación de Golborne con Cencosud lo catalogó como el candidato de lucro, y al asociar su pasado con el retail lo inmortalizó como el candidato del abuso. Su critica fue tan efectiva que cuando se supo de sus intereses patrimoniales en Islas Vírgenes, no tuvo que agregar nada. El daño ya estaba hecho. Desde la UDI lo acusaron de hacer una campaña sistemática de descalificaciones infundadas. Una acusación insólita, pues Allamand hizo lo que haría cualquier político en su lugar, aprovechar la oportunidad de marcar diferencias con su contendor. Es, por ejemplo, lo que hizo la UDI y Lavín con Piñera en 2005. Por eso Allamand no fue más que un precipitante de un problema que la misma UDI creó.

La bajada de Golborne cambia el curso de la elección. Hasta hace pocos días era la única carta de la UDI. Antes que estallara el conflicto de Cencosud el partido no tenía un plan alternativo. Golborne fue la única persona que las cúpulas de la UDI divisaron como presidenciable en los últimos tres años. Más allá de rumores de una proclamación a favor de Longueira, fue el único candidato sondeado en las encuestas que aseguraba una victoria segura en primarias y competencia digna en primera vuelta. Sus prospectivas favorables contra Allamand en las primarias le aseguraban a la UDI que con él tendrían una oportunidad para ir a primera vuelta. Y con un candidato propio en primera vuelta, saldarían la deuda pendiente de RN de llevar al candidato favorito en dos elecciones contiguas.

Bajar a Golborne a esta altura es renunciar a primarias. Es prácticamente imposible que su reemplazo le pueda ganar a Allamand. Por eso, la UDI debería ir directo a primera vuelta con Longueira, pero con otro objetivo. La nueva estrategia sería perder la elección pero mantener el status quo. Longueira no va ganar la elección, no puede. Su nivel de rechazo es demasiado alto. En todas las encuestas del CEP figura como uno de los cinco políticos con mayor nivel de rechazo. Además, los recientes problemas descubiertos en el INE, entidad dependiente del Ministerio de Economía, solo abren un flanco para que otros candidatos, desde Allamand a Bachelet, puedan apuntar a criticarlo por su rol en el gabinete, ahondando aun más su nivel de rechazo.

La nominación de Longueira simplemente apunta a evitar una debacle mayor. Es una especie de seguro contra cambios reales. En muchos aspectos es una estrategia brillante, pues con su nominación la UDI apunta a movilizar a todo el flanco conservador que no estaba alineado con Golborne. No solo puede volver a re-encantar a aquellos que nunca comulgaron con Golborne, pero puede conquistar a aquellos que encuentran a Allamand muy blando y tibio para enfrentar a Bachelet. Bajo voto voluntario, Longueira le asegura a la UDI que votantes de derecha que normalmente no acudirían a las urnas para votar por un independiente o un moderado, voten por la alternativa gremial. Pavimenta el camino entre los indecisos y los votantes seguros.

Con Longueira en primera vuelta, la UDI buscaría crear una especie de coattail effect, en donde apuntarían a que aquellos que voten por Longueira también voten por cada uno de los 39 diputados y 5 senadores que defienden sus escaños. En este sentido lo que buscaría la UDI sería prevenir que Bachelet alcanzara los 4/7 en la cámara y en el Senado que le permitirían hacer reformas constitucionales. Longueira podría arrastrar a suficientes votantes para mantener la minoría constitucional a su lado, perdiendo en algunos distritos pero ganando en otros. Sin embargo, llevar a Longueira también significa renunciar a la elección presidencial. Con Longueira y Allamand en primera vuelta lo probable es que se repita lo que le pasó a la Alianza en 2005 y a la Concertación en 2009.

Existen dos consecuencias políticas tras la caída de Golborne. La primera es que la elección presidencial va perder protagonismo a costa de la competencia legislativa. Con Longueira en carrera, la UDI va tratar de evitar los 10 doblajes en la cámara y 3 doblajes en el senado que le podrían permitir a Bachelet y a la oposición llevar a cabo importantes cambios constitucionales. La segunda conclusión es que va aumentar el clima de tensión entre RN y la UDI facilitándole el camino de Bachelet. Mientras que Allamand va tender a centrar su candidatura en apelar a los votantes medianos, Longueira va extremizar su candidatura para levantar un clima de “yo o el caos” para alejar votantes de centro. Bachelet va usar esa discordia para fortificar la impresión de que la Alianza no tiene futuro.