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Pronósticos Electorales para Venezuela 2013

El 14 de abril los venezolanos concurrieron a las urnas para elegir al sucesor del difunto presidente Hugo Chávez. Fue la segunda elección presidencial para Venezuela en 6 meses, tras la elección de Octubre 2012 en que Chávez le ganó a Henrique Capriles. En esta segunda elección la continuidad la representó el vice-Presidente Nicolás Maduro y el cambio lo representó–una vez más–el gobernador Capriles. Tras un dramático conteo de votos que se extendió hasta altas horas de la noche, el Consejo Nacional Electoral (CNE) dio a conocer el primero boletín oficial con 77% de los votos escrutados. En ”una tendencia irreversible” el CNE le dio la victoria a Maduro por 50.06% a 49.07%.

Con una mirada puesta en la elección de Chile en Noviembre de 2013, decidimos probar nuestro modelo de pronósticos y simulaciones con datos de Venezuela. Es la segunda simulación que corremos con el modelo, tras probarla con datos de Chile en la elección de 2009 (ver artíclo aquí). Y es la primera simulación que corremos con el modelo en tiempo real, para una elección que aún no ha ocurrido. Los modelos son técnicamente idénticos. Es decir, usamos las mismas variables que usamos para hacer un simulación en Chile, para hacer una simulación en Venezuela. Lo único que cambia son las observaciones que ingresamos al modelo, en este caso las encuestadoras y sus respectivas encuestas.

Lo primero que hicimos fue agregar resultados de encuestas a la base de datos. Para esta elección usamos encuestadoras que (1) habían sondeado la elección presidencial de 2012 o la elección legislativa de 2010, y (2) tenían algún tipo de reputación con clara tendencia. Las encuestadoras que cumplieron los requisitos fueron: Consultores, Dataincorp, Datamática, Datanálisis,  GIS XXI, Hinterlaces, ICS e IVAD. Mientras que algunas de encuestadoras son confiables, otras son extremadamente sesgadas. Esto no es un problema mientras sean constantes en su error. Por ejemplo, si Datamática sobrevaloró la votación de Capriles en 2012, anticipamos que también lo haría en 2013.

El siguiente gráfico muestra el pronóstico para la elección usando el método de tresquintos. Usamos las últimas 20 encuestas que fueron publicadas por las encuestadoras nombradas arriba en medios de comunicación. Lo ideal habría sido tener la fecha de trabajo de campo, el número de encuestados, y el ranking de encuestadoras para todas las encuestas. Sin embargo, en algunas no se hizo publico el número de encuestados. Para ingresar esos datos estimamos una cifra plausible en base a encuestas anteriores. El método esta lejos de ser el óptimo, pero dadas las circunstancias se ajustó bastante bien a nuestras expectativas. Nuestro pronóstico fue 52.58% para Maduro y 49.42% para Capriles.

El siguiente gráfico muestra la simulación para la elección presidencial usando el método de bayes por sobre el de tresquintos. En esencia  nos preguntamos qué tan cierto estamos sobre nuestro pronóstico. Aquí se entrega (1) un pronóstico para el resultado de la elección y (2) un rango de votación para ese resultado, o bien un intervalo de credibilidad (lo que se traduce a un margen de error en jerga frequentista). Nuestro pronóstico en este segundo modelo fue de 54,10% para Maduro y 46,01% para Capriles. El rango de votación para Maduro fue de 49,93%-57,96%, y el rango de votación para Capriles fue de 42,05%-50,85%.

El 14 de Abril a las 5pm hora Venezolana (7 horas antes de conocer resultados oficiales) publiqué en mi tweeter los pronósticos de tresquintos. Ver aquí.

Hay un par de conclusiones que vale la pena hacer. Primero, que nuestro pronóstico estuvo bien hecho. Predecimos una victoria para Maduro aun cuando la mayoría de las últimas encuestas apuntaban a una victoria de Capriles. En el primero modelo estuvimos a menos de 2% de una predicción perfecta, mucho mejor que cualquiera de las últimas encuestas. En el segundo modelo estuvimos más lejos en el pronóstico, pero estuvimos precisos en el rango de votación. De hecho, el gráfico con el modelo de Bayes muestra que incluso vislumbramos la posibilidad de una victoria de Capriles, pero con probabilidades minimas (el área en que el intervalo azul, se traslapa con el intervalo rojo).

Una segunda conclusión tiene que ver con el origen de los datos y su efecto en el pronóstico. El terreno de las encuestadoras en Venezuela es dispar. Hay muchas encuestadoras, de las cuales pocas tienen metodologías sin sesgo. Si bien toda información sirve en pronósticos electorales (dado que se utilizan como puntos de referencia) pueden introducir demasiado error. Por ejemplo, la encuestadora Datamática (ver sitio aquí) predijo en sus ultimas 7 encuestas que ganaba Capriles por margenes de hasta 20%. Si bien los medios saben que tiene un sesgo, sus encuestas sigue influyendo en el voto de los venezolanos cuando los medios perpetúan la información.

Al analizar en más detalle el sesgo de Datamática, encontramos que el error que dice tener es mucho menor al que en realidad tiene. Dado que no publicó el número de encuestados en todas sus encuestas, tuvimos que estimar que eran alrededor de 2,100 (lo que tradicionalmente hace). Si esto fuera correcto, estarían induciendo un error por defecto de alrededor de 2,3%. Pero al comparar los pronósticos de Datamática con los resultados de la elección, vemos que se comportó como una encuestadora que encuesta a 700 personas (error por defecto de 3,64%) y no 2,100 personas. Si corremos el modelo con estos datos nuestro pronóstico habría sido perfecto: Maduro 50,6% y Capriles 49,4%.

La última nota tiene que ver con la validez externa del modelo. Ya mostramos con evidencia de Chile en 2009 y Venezuela en 2013 que podemos imprimir buenos pronósticos. El próximo paso es seguir trabajando para agregar más y mejores observaciones a los modelos. Mientras más encuestas existan, más fácil es predecir el resultado de una elección. Hay que recordar que todos los modelos de tresquintos siguen cánones cientificos y experimentales, por lo que es imposible escapar del rango de datos que muestran encuestas pre-electorales. Esperamos, por lo tanto, siempre estar dentro de 3% de las elecciones. Pero si los datos de las encuestas son buenos, nuestros pronóstico van a ser mejores.

 

Cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010

Existen varias explicaciones sobre por qué Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Entre las más populares, dos libros publicados inmediatamente después de la elección. Uno llamado Radiografía de una Derrota, en que Eugenio Tironi relató como los problemas políticos endógenos que arrastraba la Concertación fueron un factor decisivo en su propia debacle electoral. Otro llamado La Estrella y el Arcoíris, en que Andrés Allamand y Marcela Cubillos argumentaron que las estrategias políticas de la centro-derecha fueron claves para desalojar a la centro-izquierda de La Moneda.

Yo ofrecí una tercera versión. En mi tesis de máster llamado The 2009/2010 Presidential Election in Chile, propuse un explicación desde un punto de vista más académico. Mediante un análisis a los resultados de encuestas encontré que se cumplieron dos condiciones (cada una necesaria, y juntas suficientes) para su victoria. Primero, una división dentro de la centro-izquierda (que finalmente llevó a la Concertación a perder el control del votante mediano). Y segundo, una campaña estratégicamente coherente y mediáticamente potente de la Alianza (que finalmente permitió a Piñera parecer un agente de cambio necesario).

Los tres ejemplos mencionados arriba son mucho más largos, detallados y complejos de lo esbozado aquí. El punto es que existen varias explicaciones de por qué Piñera ganó la elección, pero muy poco sobre cómo ganó la elección. La respuesta a esta paradoja es simple. Para saber por qué ganó solamente necesitamos fijar condiciones necesarias y suficientes. Por ejemplo, para Tironi la condición suficiente fue la desorganización de la Concertación, para Allamand y Cubillos la condición suficiente fue el trabajo de campaña de la Alianza, para mi la condición suficiente fue cuando ambas condiciones necesarias concordaron.

Explicar cómo ganó Piñera, por otro lado, implica otro tipo de razonamiento. Mientras que por qué es una pregunta sobre resultados, cómo es una pregunta sobre procesos. Por eso, en vez de fijar condiciones necesarias y suficientes para entender un resultado en particular, es crucial observar el patrón de hechos políticos y electorales que determinan el proceso que antecede al resultado. En esencia, es necesario medir el impacto de los candidatos sobre la opinión pública durante los meses de campaña. En ese sentido, las encuestas son la mejor forma para aproximarse a variaciones en preferencias electorales.

Pero utilizar encuestas para este objetivo no es tan simple. El problema es que hay muchas, todas con diferentes índices de intención de voto dependiendo de sus respectivas encuestadoras, fechas de trabajo de campo y número de encuestados. Una solución es la aproximación metodológica de Tresquintos (detalles aquí y aquí) para convertir el ruido inevitable que generan encuestas en una señal. Este método, diseñado para cualquier elección, produce un indicador único de intención de voto para cada día de campaña. La interpretación del indicador diario es la historia de cómo Piñera ganó la elección de 2009/2010.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la primera vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 12 de diciembre de 2009–un día antes de la elección. La gráfica muestra que Piñera nunca tuvo menos de 40% de apoyo. A partir de mayo de 2009, al menos, fue el candidato favorito. La gráfica también muestra que Frei fue bajando su intención de voto a medida que se acercó el 13 de diciembre. Esto se explica por la irrupción de los dos candidatos de centro-izquierda en la carrera, particularmente por la de Enríquez-Ominami, quien obtuvo su alza más brusca en las encuestas en mayo de 2009.

La gráfica que sigue esta hecha en base a la gráfica de arriba. Pero además ofrece un intervalo de credibilidad, que permite establecer el rango de probables indicadores de voto para cada uno de los candidatos. El cuadro muestra que Piñera fue el candidato más constante y coherente. Siempre se mantuvo en una intención de voto entre 40% y 45%. Frei y Enríquez-Ominami tuvieron más altos y bajos. Esto se puede explicar por la alta tensión entre ambas candidaturas masivamente transmitida por los medios de comunicación. Por su parte, Arrate solo despegó en los últimos tres meses, cuando se dio a conocer en los debates.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la segunda vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 16 de enero de 2010–un día antes de la elección. Similar a los pronósticos de primera vuelta, muestra que las encuestas siempre proyectaron que Piñera iba ganar en segunda vuelta. Con algunos altos y bajos, siempre estuvo entre 50% y 60% de las preferencias. Por su parte, Frei siempre estuvo entre 40% y 50% de las preferencias. Es importante notar que la variación se redujo a medida que se acercó la elección. El peak/valle de julio es por la campaña de Enríquez-Ominami para inscribir su candidatura.

La última gráfica muestra de mejor manera las variaciones en la intención de voto. Muestra que la única vez que fue plausible que Frei podría haber ganado en segunda vuelta fue a comienzos de junio. Aún así, es improbable que haya sido una intención de voto real–más bien un efecto de no tener encuestas en esos días (por ende aumenta la incertidumbre). Lo que sí es claro es que la atención a la inscripción de la candidatura de Enríquez-Ominami perjudico de sobremanera a la campaña de Frei, y de paso benefició a Piñera. También es nítido que tras la primera vuelta, el margen en la intención de voto entre ambos se estrechó.

Estas gráficas cuentan la historia de cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Los patrones de intención de voto desde mayo de 2009 hasta diciembre de 2009 (para primera vuelta), y enero de 2010 (para segunda vuelta), muestran al menos dos cosas interesantes. Una es que la elección de Piñera nunca estuvo en peligro. En más de alguna ocasión se especuló que Frei podría vencer a Piñera en segunda vuelta. Sobre todo en el caso en que Enríquez-Ominami y Arrate llamarán a votar por él. Pero la tendencia diaria muestra lo contrario. Frei estuvo mucho más cerca de obtener 45% que de obtener 50,1%.

Los patrones también validan que la división de la centro-izquierda fue fatidica para el desempeño de Frei. Si bien las gráficas solo muestran tendencias a partir de mayo de 2009, encuestas anteriores muestran que Frei marcaba por sobre el 40% (incluso más que Piñera en un par de ocasiones). Fue solo tras el inicio de la campaña por conseguir firmas de Enríquez-Ominami (en marzo de 2009) y la victoria en las primarias del Juntos Podemos Más de Arrate (en abril de 2009) que Frei comenzó a descender. Y fue tras la inscripción definitiva de las candidaturas (en septiembre de 2009) que se estancó bajo 30%.

Pronósticos electorales para Chile

Este es el primer intento serio para hacer un pronóstico de una elección presidencial en Chile. Nunca antes se ha tratado de construir un instrumento para predecir resultados electorales antes que ocurran. Es un esfuerzo por tratar de entender lo que sucede en los meses previos a que se lleve a cabo una determinada elección. Es un experimento en tiempo real que intenta monitorear patrones y tendencias en las preferencias electorales de los chilenos.

Hay que partir por lo que ya existe. Hasta el momento, hay una notable colección de literatura retrospectiva sobre comportamiento electoral. Académicos como David Altman, Alfredo Joignant, Carlos Huneeus, Miguel Ángel López, Mauricio Morales, Patricio Navia y Samuel Valenzuela entre otros han disectado el sistema político para explicarnos por qué unos ganan y otros pierden. Yo mismo escribí mi tesis de Máster sobre la elección de 2009/2010.

Pero explicar resultados electorales en retrospectiva es una cosa, explicarlos antes que ocurran es otra cosa. Y en lo segundo, hay muy poco escrito. Hasta ahora, simplemente se han usado resultados de encuestas de manera descriptiva. Por ejemplo, es común que asesores de candidatos presidenciales dependan únicamente de encuestas para diseñar los itinerarios de sus candidatos. Sin encuestas, no tendrían cómo elegir las mejores estrategias para sus jefes.

Pero este proceso tiene un problema fundamental. Las encuestas se equivocan. En estos casos los candidatos quedan a ciegas. Y si los puntos de referencia están mal, es imposible que los candidatos ganen sus batallas. Ejemplos sobran. Uno es Zalaquett en 2012, quien esperaba ganar en Santiago por un amplio margen de votos. Si hubiera sabido que la carrera era más competitiva, de seguro habría apurado el trote para capturar esos pocos votos que le faltaron para ganar.

Un segundo problema es la falta de puntos de referencia. Si las encuestadoras deciden no hacer encuestas los candidatos simplemente no tienen puntos de referencia. Obviamente cualquier candidatura seria tiene encuestas privadas, pero su utilidad es mayor cuando son públicas, y se puede medir su efecto en la gente. En esencia, el argumento aquí es que cuando pasa mucho tiempo entre encuestas, aumenta la probabilidad que candidatos tomen malas decisiones.

La idea, entonces, es corregir estos errores, por medio de un modelo con puntos de referencia correctos para cada día por la duración de un ciclo electoral. El objetivo es usar las encuestas que sí se publican para crear pronósticos y simulaciones electorales sin sesgos. Si tomamos las encuestas en su estado natural esto es prácticamente imposible. El Cuadro 1 muestra este escenario, con resultados de encuestas que se hicieron entre Mayo y Diciembre de 2009.

El Cuadro 1 muestra mucho ruido y poca señal. Si bien se ven una tendencia general, es porque los 4 candidatos que compitieron en esa elección ya estaban inscritos. Monitorear preferencias electorales antes que los candidatos se inscriban puede ser caótico. Para separar el ruido de la señal, se debe trazar tendencias. Una forma de hacer esto se muestra en el Cuadro 2. Es lo que hacen, entre otros, los grandes conglomerados de medios.

El problema con el Cuadro 2 es que se presume que todas las encuestas son iguales. Simplemente se conecta una encuesta con la siguiente. Mi argumento, por el contrario, es que lo primero que se debe hacer es distinguir las buenas encuestas (las que entregan mucha señal y poco ruido) de las malas encuestas (las que entregan mucho ruido y poca señal). Para lograr esto, se debe ponderar a las encuestas buenas con un peso significativamente más alto.

Esa es la premisa fundamental de pronósticos electorales. Para ayudar a explicar los que se hacen en Tresquintos, voy a usar el ciclo electoral de 2009. Sin embargo, me remito a ideas centrales. En otros artículos, como los enlaces en la página de Preguntas Frecuentes, explico detalles. (Lo que sigue puede ser largo, y en partes complejo. Se presume que el lector tiene conocimiento avanzado de estadística frequentista, y una noción básica de estadística bayesiana).

El primer paso, entonces, es recolectar la información que se va utilizar. En este caso, toda la información que se necesita viene de encuestas. Del caudal que se publica en los medios, se registran solo aquellas que reportan (1) las fechas de trabajo de campo, (2) la metodología de investigación y (3) el número de personas encuestadas. Una vez que se cuenta con esta información, se puebla una base de datos. En forma gráfica, sería similar a lo que muestra el Cuadro 1.

El segundo paso es ponderar cada una de las encuestas de acuerdo a su peso en el grupo. Se presume que algunas encuestas entregan más y mejor información que otras. La idea es identificar y premiar a esas encuestas. Para esto se usan los datos recolectados en el primer paso. Una encuesta tiene un alto peso si (1) se hizo relativamente cerca de la elección, (2) la encuestadora de la cuál proviene tiene una buena reputación, y (3) tiene un alto número de personas encuestadas.

Para calcular el peso temporal, se utiliza un período de semi-desintegración. Este es el lapso de tiempo que se considera antes que la encuesta se empieza a desintegrar, o bien comienza a perder capacidad predictiva. Para calcular el peso de la encuestadora se utiliza el ranking de encuestas, explicado en detalle aquí. Finalmente, para calcular el peso según el número de encuestados, simplemente se estima el margen de error con una confianza de 95%.

El resultado se muestra en el Cuadro 3. El gráfico muestra lo que habría sido el pronóstico el 13 de Diciembre de 2009, si solo habría tomado en cuenta la ponderación del paso 2. Es decir, no se gráfica lo que reporta cada encuesta, más bien lo que se estima que reportaría cada encuesta si no tuviera sesgos. Por eso, la línea del Cuadro 3 es diferente a línea del Cuadro 2. No solo es un mejor indicador, pero reporta una estimación de intención de voto día a día.

El tercer paso es reducir el error que pueda tener el pronóstico del paso 2. Para eso utilizo una lógica distinta. Pasó de inferencias frequentistas a inferencias bayesianas. La idea tras esto es determinar la incertidumbre asociada a los pronósticos. La inferencia frequentista solo nos permite saber la probabilidad de estar en lo correcto si tenemos suficiente información. Es decir, si nuestro N es grande podemos establecer la probabilidad de rechazar inferencias correctas (falsos positivos).

Pero muchas veces la estadística frequentista rechaza falsos positivos (o aprueba verdaderos negativos), sencillamente porque no contiene puntos de referencia reales. La estadística bayesiana, en cambio, inserta probabilidades anteriores (o a prioris) dentro de las inferencias. Expresa la probabilidad condicional de un evento A dado B en términos de la distribución de la probabilidad condicional del evento B dado A y la distribución de probabilidad marginal de sólo A.

Bajando lo anterior a la elección de 2009, significa que por medio de inferencias bayesianas (utilizando información previa), evalúo la probabilidad de que mi pronóstico este mal. Es decir, en el modelo especifico neutralizar tendencias que no tienen fundamento. Esto sucede, por ejemplo, cuando una encuesta mala publica un resultado que en promedio es muy alto o muy bajo. El paso 4 es simular el paso 3, 100,000 veces. El Cuadro 4 muestra el resultado.

El paso final es simplemente interpretar los datos. Aquí hago una diferencia semántica  entre un pronóstico y una simulación. El pronóstico responde la pregunta “¿quién ganaría la elección si fuera hoy día?”. La simulación, en cambio, responde la pregunta “¿quién ganaría la elección si fuera el 13 de Diciembre de 2009?” Los ínidces al final de las líneas del Cuadro 4 son prónosticos para el 13 de diciembre, por lo tanto son una simulación.

Es importante notar que la última encuesta para la primera vuelta fue el 9 de Diciembre. Si se habría simulado la elección el 9 de Diciembre, habría sido un pronóstico. Pero como se busca predecir 4 días sin encuestas, es una simulación. Notar también que la área sombreada simboliza el margen de error. A medida que pasan más días sin encuestas, la área sombreada aumenta. Si se habría simulado la elección el 15 de Noviembre, el área sombreado sería más grande.

La simulación es bastante acertada. Para Piñera el pronóstico fue 43,7% (en realidad fue 44,1%), para Frei el pronóstico fue 28,3% (en realidad fue 29,6%), para Enríquez-Ominami el pronóstico fue 22,6% (en realidad fue 20,1%), para Arrate el pronóstico fue 5,8% (en realidad fue 6,2%). Es decir, todos los pronósticos estuvieron dentro, o a alrededor, de 1% del resultado final–mucho mejor que cualquier encuestadora.

Si miramos la distribución de probabilidades de voto para cada candidato usando la misma información, obtenemos lo que se muestra en el Cuadro 5. Allí vemos la probabilidad de voto para cada candidato. El eje horizontal es la probabilidad de obtener la votación que aparece en el eje vertical. Las barras tienen un ancho de 1%, y sumadas por cada candidato suman 100%. Por ejemplo, el 13 de diciembre Arrate tuvo una probabilidad de 50% de obtener entre 5% y 6% de los votos.

Lo más interesante del Cuadro 5 son las probabilidades que tienen candidatos de empatar. Era evidente que Piñera iba obtener la mayoría relativa, y Arrate iba obtener la minoría relativa. La verdadera batalla estuvo entre Frei y Enríquez-Ominami. La distribución de resultados muestra la probabilidad de empates. La suma de las barras que se traslapan muestra esto. En este caso, de 100 elecciones, Frei y Enríquez-Ominami habrían empatado en 10 ocasiones.

Esto es solo parte de la potencialidad de los pronósticos. Los resultados que vemos arriba demuestran que el modelo estuvo calibrado casi a la precisión. Es decir, es probable que las estimaciones hechas durante todo el periodo de campaña (entre Mayo y Diciembre de 2009, en este caso) también estén calibrados. Esto significa que los pronósticos hechos aquí entregan más y mejor información que cualquier encuestadora por sí sola.

Los modelos fueron desarrollados junto a Stefan Bauchowitz. La manipulación de los datos y los cálculos estadísticos para las pronósticos se hicieron usando R. Para usuarios de MacOS X, se puede bajar aquí. Las estimaciones de probabilidades para las simulaciones se hicieron usando BUGS. Para usuarios de MacOS X, se puede bajar aquí. Más información sobre los modelos y el procesamiento de datos aquí. Para preguntas frecuentes, pinchar aquí.

Indicador Único

Tras publicar el Ranking de Encuestas 2.0, me llegaron varias comentarios vía e-mail. Una de las preguntas más recurrentes fue respecto a la utilidad del ranking. En este artículo contesto esa pregunta. Explico que su principal uso será para crear un indicador único de intención de voto. Para esto, voy a combinar el error-no-forzado de cada encuestadora con las características particulares de sus respectivas encuestas.

En términos prácticos, la lógica es la siguiente. Todas las encuestadoras tratan de predecir el resultado de una elección por medio de encuestas. Una forma de interpretar estos resultados es individual y directamente. Sin embargo, porque existen varias encuestas podemos usarlas todas para extraer la información relevante que nos entrega cada una. Para hacer esto, se agregan los datos de todas las encuestas en un indicador único (en este caso de intención de voto).

Ahora bien, dado las características particulares de cada encuesta (diseño metodológico, tamaño de muestra y fecha de trabajo de campo), es metodológicamente incorrecto ponderar sus datos mediante una regresión local o una media aritmética. Al agregar las encuestas, sin considerar sus características particulares, se introduce error. Por eso, propongo ponderar sus diferencias de acuerdo al error que suelen introducir, de forma que:

PESO DE CADA ENCUESTA =  Tamaño de la Muestra + Encuestadora + Fecha de Trabajo de Campo

En esencia, esta fórmula sostiene que existen tres fuentes de error en cualquier encuesta. La primera fuente de error es el tamaño de la muestra. Esto es funcional al margen de error. Por ejemplo, solo por diseño metodológico una encuesta que entrevista a 800 personas va fallar en sus predicciones por 3,4%, mientras que una encuesta que entrevista a 1,500 personas va fallar en sus predicciones por 2,5%. Esto se calcula con la siguiente fórmula (con nivel de confianza de 95%):

98 * n ^ (-.5)

La segunda fuente de error es el diseño metodológico particular de cada encuestadora. Este es el error que no explica el margen de error, o lo que yo denomino el error-no-forzado. Por ejemplo, si una encuesta con margen de error de 3% estima que la diferencia entre el candidato favorito y el segundo lugar es de 11%, y en la elección la diferencia es de 14,5%, esa encuesta tiene un error-no forzado de 0,5% ([14,5-11]-3). Esto se calcula a partir del ranking de encuestas.

La tercera fuente de error es la fecha del trabajo de campo de cada encuesta. Mientras más lejos sea de la elección, aumenta la probabilidad que sus predicciones estén más lejos de la realidad. Por ejemplo, si la misma encuesta de arriba fue hecha en Octubre para una elección en Diciembre, puede ser que los 2 meses entremedio la encuesta y la elección expliquen el 0,5% de su error-no-forzado. Esto se calcula dándole una esperanza de vida a cada encuesta:

0.8 ^ Número de meses desde que la encuesta fue publicada

Indicador Único

A medida que una encuesta se publica, se agrega a la matriz de datos. Por ejemplo, si la encuesta es nueva se le asigna un peso de 1. Si su encuestadora tiene un error-no forzado de 2,5%, se calcula su peso en relación a la mejor encuesta (que tiene un error-no-forzado de 0,7%), en este caso 0,007/0,025 = 0,28. Y si su tamaño de muestra es 1,505, se calcula su peso a partir de lo que se estima sería un tamaño de muestra promedio, 0,0294/0,0253=1,16.

Luego, se multiplican el peso de cada fuente de error de esa encuesta (1*0,28*1,16=0,32) para dar con un peso para esa encuesta. Eso se normaliza (dividiendo el peso de esa encuesta con el promedio del peso de todas las encuestas) para dar con la ponderación final. Finalmente, se multiplica el parámetro estimado de esa encuesta con su ponderación final para calcular su estimación ponderada. Esto se hace con todas las encuestas, y luego se promedia.

Ranking de Encuestas 2.0

Uno de los objetivos de tresquintos es analizar encuestas de opinión pública. Una forma de analizar encuestas es tender inferencias cada vez que una encuestadora publica una encuesta nueva. Otra forma de analizar encuestas es tender inferencias en base a múltiples encuestas, de múltiples encuestadoras distintas. Los que conocen el terreno de la opinión pública en Chile sabrán que la segunda forma no es nada de fácil. Las encuestas difieren en varios aspectos. Tienen diferencias significativas en sus ‘diseños metodológicos’, ‘tamaños de muestra’ y ‘fechas de trabajo de campo’.

Durante la campaña presidencial de 2009 hubo un par de sitios que intentaron tender inferencias en base a múltiples encuestas, al ponderar varias de ellas en un indicador único que intentaba representar el valor real de la intención de voto para cada candidato. El sitio TodoPolítica solo consideró las 4 encuestas más recientes. Promedió el valor de la última encuesta con las 3 anteriores en una regresión local para generar su indicador único. El sitio Vota 2009 de La Tercera tuvo una aproximación similar. Ponderó todas las encuestas con una media aritmética para dar con su propio indicador único.

En ambos casos, encuestadoras y encuestas fueron comparadas par a par. En el caso de TodoPolítica, las encuestas presenciales que entrevistaron a más de 1,000 personas con un margen de error de 3,0% fueron consideradas igual de relevantes que las encuestas telefónicas que entrevistaron a 600 personas con un margen de error de 4,5%. En el caso de Vota2009, las encuestas que se realizaron durante fines de 2008 (más de un año antes de la elección!) fueron consideradas igual de relevantes que las encuestas que fueron realizadas a fines de 2009 (menos de un mes antes de la elección!).

Comparar encuestadoras y sus encuestas involucra un proceso metodológico complejo. Justamente porque todas las encuestas difieren, las respectivas proporciones de intención de voto que reportan tienden a ser distintos. Por ejemplo, podemos anticipar proporciones diferentes dependiendo si las encuestas son presenciales o telefónicas, o si los entrevistados son seleccionados por cuota o de forma aleatoria. Incluso si todas las encuestadoras tuvieran las mismas características particulares, es probable que observáramos diferencias en sus resultados.

Para crear un indicador único sin sesgo, es importante partir de la base que todas las encuestadoras tienen características particulares distintas y todas sus encuestas introducen error en sus predicciones. El primer paso es asignarles mayor peso en el indicador único a las encuestadoras que tienen encuestas que introducen menos error en sus predicciones. Para determinar que encuestadora tiene menos error, mire las encuestas que sondearon intención de voto para la primera vuelta de la elección presidencial de 2009. En total, consideré 12 encuestadoras:

  • CEP
  • CERC
  • Direct Media
  • El Mercurio-Opina
  • Giro País (Subjetiva)
  • Imaginacción
  • IPSOS
  • La Segunda (UDD)
  • La Tercera
  • MORI
  • TNS-Time
  • UDP

Para crear el ranking, se necesita un mínimo nivel de homogeneidad entre las encuestadoras. Es decir, se debe usar datos que midan lo mismo. No todas las encuestas reportan el porcentaje de encuestados que se declara registrado para votar. Por ejemplo, la encuestadora CERC excluye nulos, blancos y abstenciones. Es decir, la intención de voto por candidato suma 100%. Las otras encuestas, en cambio, sí reportan nulos, blancos, abstenciones, por lo cual los votos válidos suman menos de 100%. Para homogeneizar las encuestadoras, normalicé los datos de todas las encuestas a 100%.

Si suponemos que todas las encuestadoras diseñan sus encuestas metodológicamente bien, deberíamos esperar que aquellas con un menor margen de error (o un mayor número de encuestados) tengan una mejor capacidad predictiva. Sin embargo, el siguiente cuadro muestra que no hay una asociación entre margen de error y capacidad predictiva. Algunas encuestas con un bajo margen de error fallaron más que otras encuestas con un alto margen de error. Por ejemplo, la encuestadora con el menor margen de error (Ipsos, con 2,5%) tuvo la octava mejor predicción (de doce!) de intención de voto para Piñera.

Eso es suficiente evidencia para sostener que el margen de error no es la única fuente de error en las encuestas. Si el margen de error fuera el único error de las encuestas, todas las encuestas tendrían una predicción correcta, dentro de su margen de error. En esencia, esto significa que las encuestadoras introducen un error natural a partir de su particular proceso metodológico. Para medir el error de cualquier encuesta, propongo aislar sus fuentes de error en una parte provista por la encuestadora y una parte no provista por la encuestadora:

ERROR REAL = Error Reportado + Error-No-Forzado

Ahora bien, en vez de mirar el error de cada encuesta en las predicciones de cada candidato, decidí fijar un parámetro de estimación. Principalmente porque es común que una encuesta reporte una predicción correcta para un candidato, pero falle significativamente en su predicción para el resto. Por ejemplo, MORI hizo la segunda mejor predicción de votación para Piñera, pero tuvo mayor error que el resto de las encuestas en la predicción de votación para los otros candidatos.

En este caso el parámetro de estimación más importante es el que mide la diferencia en votación entre los dos candidatos con más preferencias. Esto tiene sentido porque a menudo sabemos quién es el favorito, pero no sabemos por cuánto. En elecciones competitivas esta distancia es crucial. Si ambos candidatos giran en torno al 50% de las preferencias,  lo importante es conocer la distancia entre ambos. Por ejemplo, en 2009, todas las encuestas reportaron a Piñera como favorito, pero todas con distancias de Frei diferentes.

Error Reportado

El primer paso es estimar el Error Reportado. Esta es la diferencia entre la predicción del parámetro de cada encuesta y el parámetro real. Es la forma más básica de medir el error de una encuesta. El siguiente cuadro muestra el error reportado para el parámetro de estimación. La columna ‘Parámetro Estimado’ es la predicción del parámetro (la diferencia entre Piñera y Frei). La columna ‘Error Parámetro’ es la diferencia entre parámetro estimado y el parámetro real. La columna ‘Error Reportado’ es el valor absoluto de ‘Error Parámetro’.

El índice de mayor interés es ‘Error Reportado’, que muestra la distancia absoluta del parámetro estimado de cada encuesta y el parámetro real (14,5%). El promedio de error reportado de todas las encuestas fue de 3,7%. Esto significa que en general las encuestas hicieron buenas predicciones, haciendo una estimación relativamente cercana al resultado de la elección. De todas las encuestas La Segunda/UDD tuvo el error reportado más bajo (0,05%) con una predicción de 14%, mientras que ICSO-UDP tuvo el error reportado más alto (7,9%) con una predicción de 6,6%.

Error-No-Forzado

El segundo paso es estimar el Error-No-Forzado. Esta es la diferencia entre el error reportado y el margen de error. Es lo que el margen de error no explica en el error reportado de la encuesta. El siguiente cuadro muestra el error-no-forzado para el parámetro de estimación. La columna ‘Error Reportado’ es el valor absoluto de ‘Error Parámetro’. La columna ‘Margen de Error’ muestra el margen de error que reporta la encuesta. La columna ‘Error No Forzado’ es la diferencia entre el error reportado y el margen de error.

El índice de mayor interés es ‘Error No Forzado’, que muestra el error que tiene una encuesta, que no puede ser explicado por su margen de error. Un índice negativo significa que la encuesta tuvo una predicción dentro de su margen de error. Un índice positivo significa que la encuesta tuvo una predicción fuera de su margen de error. De las 12 encuestas, 5 estuvieron dentro de sus margenes de error. De las 7 encuestas restantes, Imaginacción tuvo un error-no-forzado más bajo (0,7%), y UDP tuvo el error-no-forzado más alto (5,2%).

Error-No-Forzado Relativo

El tercer paso es estimar el Error-No-Forzado Relativo. Esta es la diferencia entre el error-no-forzado de cada encuesta y el promedio de error-no-forzado de todas las encuestas. Esto permite estimar la capacidad predictiva de cada encuesta en base a la capacidad predictiva promedio de todas las encuestas. El siguiente cuadro muestra el error-no-forzado relativo. Las columnas ‘Margen de Error’ y ‘Error No Forzado’ son lo mismo que arriba. La columna ‘Error No Forzado Relativo’ es la diferencia entre ‘Error No Forzado’ y el promedio de ‘Error No Forzado’.

El índice de mayor interés es ‘Error No Forzado Relativo’, que muestra el error que tiene una encuesta, en comparación con todas las encuestas. Un índice negativo significa que la encuesta tuvo un error-no-forzado menor que el promedio de todas las encuestas. Un índice positivo significa que la encuesta tuvo error-no-forzado mayor que el promedio de todas las encuestas. Por ejemplo, La Tercera tuvo un error-no-forzado de 1,4% menos que el resto de las encuestas. Asimismo, Giro País/Subjetiva tuvo un error-no-forzado de 0,03% más que el resto de las encuestas.

Personalmente, tengo algunas aprensiones metodológicas con las características particulares de algunas de las encuestadoras que figuran en la parte superior del ranking. Principalmente con los tamaños de las muestras y los métodos de recopilación de datos. Sin embargo, el ranking esta construido en base a la capacidad predictiva de las encuestas, y no a sus características metodológicas. Para efectos de un ranking, las encuestas que tienen a introducir un error-no-forzado relativo menor deben tender a figurar en la parte alta de la tabla.

Un argumento en contra de este punto es que no todas las encuestas son predictivas. Dado que algunas encuestas se hacen con meses de anticipación a la elección (e.g., UDP), las encuestadoras pueden argumentar que su encuesta es solo una foto del momento. La respuesta es simple. Cuando una encuestadora decide preguntar sobre “la elección del próximo Domingo”, esta haciendo una predicción. Además, si cada año electoral la encuestadora hace la misma pregunta con la misma distancia de tiempo a la elección, podremos fácilmente anticipar su error real.

El Factor Bachelet

La compleja situación política por la cual pasa la Concertación es representativa de su dificultad para respaldar un candidato presidencial único para 2013. Hasta el momento se barajan alrededor de 11 nombres: Ignacio Walker, Claudio Orrego, Ximena Rincón, Soledad Alvear, Michelle Bachelet, Fulvio Rossi, Osvaldo Andrade, Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá, Guido Girardi y José Antonio Gómez. La principal dificultad ha sido decidir el método de selección del candidato único. Mientras algunos piden nominar de forma directa a Bachelet, otros piden fijar primarias.

La nominación directa tiene la ventaja de unificar a todos los partidos tras la popular figura de Bachelet. Sus partidarios esperan que esta estrategia se consolide como una especie de blindaje a las críticas de la Alianza. Además permite construir una ofensiva poderosa en los últimos años del gobierno de Piñera. Pero tiene la desventaja de abrir un flanco para que candidatos dentro–o fuera–de la coalición compitan por fuera. En el peor de los casos podría repetirse lo de 2009, cuando las élites decidieron nominar a Frei como candidato, indirectamente potenciando la candidatura de Marco Enríquez-Ominami.

Por estas razones ciertos sectores dentro de la Concertación han pedido fijar primarias. Algunos han pedido primarias abiertas, aceptando incluir a candidatos que no militan en los partidos de la coalición. Esto permitiría la entrada de Enríquez-Ominami y Andrés Velasco en la boleta. Otros han pedido primarias cerradas, justamente para prevenir la entrada de independientes y descolgados. En ambos casos los resultados difieren substancialmente. Por ejemplo, el número de candidatos aumenta considerablemente en primarias abiertas respecto a primarias cerradas.

Pero para determinar el mejor método de selección del candidato presidencial, es importante saber cuáles son las intenciones de Bachelet. En un artículo anterior argumenté que su silencio es un factor divisor. Mientras no manifieste su intención de aceptar o rechazar una candidatura, persistirán los problemas intra-coalicionales. Dado que el escenario cambia dramáticamente dependiendo de su disposición, es difícil ver que se pueda tomar una decisión antes de que ella hable. El siguiente cuadro muestra la alta probabilidad de que Bachelet sea la candidata única en 2013.

Si bien es altamente probable que Bachelet sea la candidata única de 2013, si decide no competir también logra influir en la selección del candidato presidencial. Principalmente porque fuerza primarias. Es difícil concebir un escenario donde los partidos de la Concertación concuerden en nominar un candidato único que no sea Bachelet. Ninguno de los 10 nombres restantes recoge el apoyo transversal que obtiene Bachelet. Además, si las primarias son vinculantes, logran evitar potenciales candidaturas paralelas por fuera.

Si Bachelet decide no competir, y las primarias son abiertas mi intuición es que Enríquez-Ominami y Velasco tienen una alta probabilidad de ganar. En un artículo anterior anticipé que el clivaje de 2013 sería uno de sistema/anti-sistema, lo cual es mejor representado por candidatos descolgados e independientes. Entre ambos, me parece que los votantes pueden favorecer a Enríquez-Ominami, dado que Velasco compite contra los militantes de la Concertación. Mientras Enríquez-Ominami cuenta con un voto duro dentro de algunos sectores, el apoyo de Velasco está en un estado incipiente.

Por otro lado, si Bachelet decide no competir, y las primarias son cerradas mi intuición es que disminuirá el número de candidatos. En vez de que cada partido nomine a cada uno de los potenciales candidatos como un pre-candidato, cada partido nominará a su militante más competitivo. En este caso, especulo que Walker tiene una ventaja sobre Tohá y Gómez. Principalmente porque tiene mayor apoyo en los sectores moderados, los cuales son más y por ende tienen una mayor probabilidad de votar en primarias voluntarias.

En definitiva, todo depende de Bachelet. Mientras Bachelet no hable, las elites de la Concertación no podrán decidir qué tipo de selección de candidato presidencial utilizarán para 2013. En el escenario que Bachelet decide competir, la evidencia apunta a que será la preferida tanto por las elites como por los ciudadanos que decidan votar en primarias. En el escenario que Bachelet decide no competir, la evidencia apunta a que Enríquez-Ominami o Walker serán los favoritos.

Bachelet 2013 y la Sobrevivencia de la Concertación

Desde que Michelle Bachelet dejó La Moneda en 2010, ha sido la figura pública con mayor adhesión en las encuestas de opinión pública. También ha liderado los sondeos entre los potenciales candidatos para la próxima elección presidencial. El bajo nivel de rechazo y el alto nivel de apoyo ha llevado a un sector dentro de la Concertación a pedir su pronta nominación como la abanderada de la coalición para las elecciones de 2013.

El sector que plantea nominar a Bachelet cuanto antes descarta negociar con candidatos independientes y descolgados–Andrés Velasco y Marco Enríquez-Ominami. Buscan nominar a un candidato militante del cual exigen un gobierno sustentado en lealtades partidarias. Al nominar a Bachelet desde las elites, la Concertación evita la amenaza de fraccionar a los votantes de cara a una potencial segunda vuelta y potenciar a los partidos de su coalición.

Otro sector plantea nominar un candidato militante de la Concertación, pero por medio de primarias. Estos apuntan a renovar las cúpulas de líderes al permitir a todos los militantes que quieran levantar una candidatura. Dentro de este grupo también hay quienes apoyan incluir a independientes y descolgados en la nómina. Al establecer primarias, abiertas o cerradas, la coalición vincula a los aspirantes a apoyar al candidato único.

Si bien los dos sectores incluyen estrategias diferentes para lidiar con la candidatura de Bachelet, ambas representan una amenaza a la sobrevivencia de la Concertación. El primer sector propone reiterar el error de la Concertación en 2009, cuando al nominar a Frei implícitamente impulsaron la candidatura de Enríquez-Ominami. El segundo sector propone homologar el peso de Bachelet al de candidatos que no tienen apoyo en las encuestas (e.g. Claudio Orrego, Carolina Tohá).

El factor común de ambas estrategias es usar a Bachelet como punto de referencia. Si bien es algo inevitable, dado sus altos índices de apoyo en las encuestas, se está consolidando como un factor divisor por sobre uno unificador. Es probable que Bachelet sea parte del problema más que parte de la solución. Mientras Bachelet no manifieste su intención de levantar o declinar una candidatura en 2013, seguirán los conflictos intra-coalicionales.

Reforma Electoral Gradual: Mala Estrategia

La semana pasada ProyectAmérica (PA) y el Centro Democracia y Comunidad (CDC) presentaron su propuesta de reforma electoral. El objetivo general de la propuesta es instalar la igualdad del voto, mejorar la representatividad, fortalecer la gobernabilidad y aumentar la competencia. A primera vista la propuesta parece ser un aporte positivo y un proyecto políticamente viable. Responde a los criterios básicos exigidos por los partidos de la Alianza, y apunta a mejorar los aspectos del sistema electoral que han sido constantemente criticados por la Concertación desde los noventas.

Pero una mirada más crítica nos muestra todo lo contrario. La propuesta tiene tantos problemas de viabilidad como de finalidad.

El primer problema es la estrategia de dos fases que propone para lograr su objetivo:

La primera fase considera el término del binominal por la vía de aumentar el número de escaños y el número de candidatos en base a una proporcionalidad de base regional, sin redistritaje. La segunda fase considera un nuevo cálculo de las proporciones exactas de los distritos a través de un redistritaje basado en el Censo de 2012, que deberá ser elaborado antes de la elección parlamentaria de 2017.

El problema con esta estrategia es que lo más probable es que la reforma se detenga tras implementar la primera fase. En un artículo anterior mostré que dentro de los partidos de la Alianza, solo RN estaba dispuesto a negociar cambios al sistema binominal. Pero el cambio más drástico propuesto por RN es solo aumentar el número de legisladores electos por distrito y circunscripción. Esto es consistente con la primera fase propuesta por PA y el CDC. De hecho demasiado consistente. Tanto la propuesta de RN como la de PA y el CDC proponen aumentar el número de diputados electos en 30 (de 120 a 150) y el número de senadores electos en 12 (de 38 a 50). Es decir, tras la primera fase, es difícil esperar que los partidos de la Alianza estén dispuestos a continuar la reforma propuesta en la segunda fase. Cuestiono seriamente la viabilidad de una reforma electoral que en su primera fase permita a la Alianza entregar el 100% de su oferta.

Este cuestionamiento es aun más nitido al mirar la disposición política de los partidos al momento de reemplazar el sistema binominal. En un artículo anterior mostré que la probabilidad de ver un proyecto de reforma electoral que incluya un sistema proporcional pasar por el Congreso es muy baja. En mi simulación de una votación de 5 proyectos de reformas electorales (sistema binominal corregido, sistema mayoritario, sistema mixto compensatorio, sistema mixto paralelo, sistema proporcional) encontré que solo pasaría un sistema binominal corregido o un sistema mayoritario. Dado que la primera fase de la propuesta de PA y el CDC es solo una corrección al sistema binominal, es natural anticipar que sea aceptada por los partidos de la Alianza (al menos RN). Es decir, dentro del rango de propuestas a reformas al sistema electoral, los partidos de la Alianza no estarían dispuestos a apoyar un proyecto que contemple representación proporcional de cualquier tipo.

El segundo problema es sobre la segunda fase propuesta por PA y el CDC. Si bien estoy de acuerdo con que el sistema binominal es poco competitivo y poco proporcional y que es necesario un redistritaje y una compensación territorial adecuada, creo que el método propuesto en el proyecto no es el mejor. Tal vez es el más viable, porque implica menos cambios (y por ende menos escollos improvistos al momento de legislar), pero no es el mejor para incorporar más competencia y proporcionalidad en el sistema. De hecho, el único gran cambio de esta propuesta es redistritar de acuerdo al censo de 2012. Eso implicaría que cada distrito y circunscripción estarían eligiendo un número de legisladores proporcional al tamaño de su población, relativo al resto de las unidades electorales en el país. Adoptar esta reforma implica omitir otros métodos de lograr lo mismo (más competencia y más proporcionalidad) pero de mejor manera.

Por ejemplo, en vez de mantener la fórmula electoral d’Hondt (que es actualmente usado para elecciones legislativas y de concejales), se podría contemplar adoptar la fórmula electoral Sainte-Laguë. Ambas son fórmulas (de método de promedio mayor) utilizadas en sistemas donde compiten múltiples partidos en múltiples listas por múltiples escaños. La diferencia es que mientras la fórmula d’Hondt usa como divisor números enteros de forma continua (1, 2, 3, 4, etc), la fórmula Sainte-Laguë usa como divisor solo números impares (1, 3, 5, 7, etc). El efecto es que el primero favorece a los partidos más grandes, mientras que el segundo es estrictamente proporcional. Incluso con múltiples partidos compitiendo en el sistema, es probable que bajo la fórmula d’Hondt el partido con la mayoría de votantes obtenga al menos la mitad de los escaños. Mi punto es que si el objetivo de la reforma electoral es aumentar la proporcionalidad se podrían contemplar métodos alternativos para distribuir los escaños.

Mi problema con la propuesta de PA y el CDC es tanto su viabilidad como su finalidad. Es poco viable que el proyecto pase por ambas fases. Lo más probable es que se logre aprobar la primera fase de aumentar el número de legisladores electos, y que previo a pasar a la segunda fase se congele de forma indefinida. Además, si la intención de PA y CDC es incorporar más competencia y proporcionalidad al sistema sugiero buscar alternativas a la fórmula electoral d’Hondt. Sainte-Laguë es mi favorita, pero existen otras que se insertarían bien dentro de la realidad chilena, como los de método de resto menor Hare quota, Droop quota o Imperiali quota. O si se decide mantener la fórmula actual, bien se podría considerar la viabilidad de crear una lista nacional para corregir las distorsiones que provoca.

Mi propuesta se aleja bastante de la de PA y CDC. En un artículo anterior argumenté que una reforma electoral gradual es una mala estrategia para un sistema de partidos congelado. Lo más probable es que proyectos de reforma electoral gradual se estaquen de forma permanente en el Congreso. Desde mi perspectiva, creo que una reforma electoral debe incluir todas las reformas que alguna vez se piensen hacer. Es decir, el proyecto de reforma electoral debe ser definitivo e inclusivo. Debe comprender el tipo de sistema (uninominal, binominal, proporcional), el método de registro (inscripción automática, inscripción voluntaria), las carácter del voto (voto voluntario, voto obligatorio), los aspectos geográficos (mantener distritos actuales, redistritar) y el número de legisladores a elegir. Avanzar hacia una reforma electoral de forma gradual no ha sido una buena estrategia en los últimos 20 años. Sería mucho más fructífero para la democracia ver los enclaves autoritarios eliminados de una buena vez.

Una Reforma Electoral Mediocre

La semana pasada me invitaron a firmar una carta apoyando la inscripción automática. La firmé y fue publicada en El Mercurio y en El Dínamo. El objetivo de la carta fue presionar a la clase política para formalizar el traspaso de la antigua forma de registro electoral (inscripción voluntaria) a la nueva forma de registro electoral (inscripción automática). Entre las 108 personas quienes firmaron la carta, hubo quienes la apoyaron pensando en el voto obligatorio y quienes la apoyaron pensando en el voto voluntario.

En una carta de réplica, Mauricio Morales argumentó que cualquier tipo de apoyo a una inscripción automática sería por defecto un apoyo al voto voluntario:

… los firmantes omiten el artículo 15 de la Constitución (actualizada a octubre de 2009): “En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y voluntario”. Es decir, que en caso de regir la inscripción automática, el voto será voluntario.

Morales tiene razón. En el fondo, la carta es un apoyo a la inscripción automática con voto voluntario (IAVV). Es decir, no hay forma alguna en que los firmantes que apoyan la inscripción automática con voto obligatorio (entre ellos yo) tengan la posibilidad de ver su preferencia de registro electoral materializarse. Al menos que exista una segunda reforma constitucional al artículo 15 (lo cual es altamente improbable), el voto en las próximas elecciones será voluntario.

Sin embargo, sabiendo esto de antemano, decidí firmar la carta de todos modos. Principalmente porque apoyo la inscripción automática en cualquier caso. Mientras creo que voto obligatorio sería su mejor combinación, también porque creo que el voto voluntario podría ser bueno bajo el sistema electoral actual. Un registro electoral de IAVV bajo el sistema binominal incorporaría un algo de incertidumbre a elecciones altamente predecibles.

Pero al largo plazo la IAVV no es una solución viable. Simples estudios de patrones de voto permitirán a los candidatos sistematizar sus campañas, lo que eventualmente volverá a estancar el sistema político. Es decir, un voto voluntario puede hacer poco para permanentemente instalar competencia en las elecciones. La combinación entre voto voluntario y sistema binominal tiene sentido a corto plazo, pero no logra resolver los problemas de fondo.

Si realmente existe un debate genuino sobre una reforma al sistema electoral, es importante tomar en cuenta todos los aspectos de la reforma. Es común ver errores de policy makers al reformar políticas de manera gradual. Muchas veces las etapas de los proyectos no son compatibles entre sí. Lo mismo sucede con la implementación de sistemas electorales. Es crucial tomar en cuenta todas las características y combinaciones para determinar sus potenciales efectos.

Por eso es imperativo que cualquier proyecto de reforma electoral revise con atención toda combinación de reglas electorales. Ya existe un debate sobre el efecto de la IAVV sobre el binominal. Pero no existe un debate de su compatibilidad con otros tipos de sistema electoral. ¿Cuál es el efecto de la IAVV sobre un sistema uninominal? ¿Cuál es el efecto de la IAVV sobre un sistema proporcional?

No tomar en cuenta el efecto del método de registro electoral es en todo sentido contraproducente.

Mi propuesta es que la IAVV se condicione al sistema binominal, por ahora. Y cuando la clase política finalmente decida (si es que decide) cambiar el sistema electoral, recién se discuta cuál es la forma de registro más compatible con el sistema-a-adoptar. Soy partidario de otorgarle más competencia al binominal por medio de la implementación de la IAVV, siempre y cuando se vuelva a discutir el método de registro al momento de la reforma electoral permanente.

Entonces, desde mi punto de vista, el cambio transitorio implica adoptar la IAVV para todas las elecciones que se lleven a cabo bajo el actual sistema binominal. Asimismo, el cambio permanente implicar volver a discutir el método de registro.

Lo más probable, sin embargo, es que la reforma sea una mediocre. Es improbable que los legisladores estén dispuestos a modificar la ley electoral dos veces consecutivas, aunque objetivamente sea la mejor forma (dado las condiciones) de potenciar la calidad de la democracia. En cambio, sí van a estar dispuestos a legislar para ganar pequeñas batallas en la opinión pública. Aprobar la IAVV de forma transitoria tiene sentido; instalarlo como el método permanente no.

Replica a “Salvemos la Democracia: ¡Inscripción Automática Ahora!”

Esta es la transcripción de una carta de replica de Mauricio Morales, a una carta que firmé (y que fue publicada en El Mercurio y en El Dínamo) junto a 107 otros académicos, actores sociales y líderes de opinión apoyando la inscripción automática para votar en elecciones de Chile. La recibí directamente de Morales por e-mail, el Miércoles 19 de Octubre de 2011.

En una declaración firmada por una serie de académicos y personeros del mundo público el día 17 de octubre de 2011 y expuesta en el diario electrónico El Dínamo (www.eldinamo.cl), se alega a favor de la inscripción automática en los registros electorales de todos los chilenos de 18 años y más. Estoy plenamente de acuerdo con la medida, no así con la información suministrada y el enfoque analítico de la declaración.

En primer lugar, la declaración es imprecisa al señalar que “en la Constitución existe la inscripción automática desde abril de 2009, pero en la práctica seguimos teniendo la obligación de inscribirnos en un registro disponible en ciertos lugares, en ciertos días y cierto horario” (El destacado es mío). Si bien la Ley Nº 20.337 publicada en el Diario Oficial el 4 de abril de 2009 instituye la inscripción automática y el voto voluntario, no es cierto que hoy los chilenos (sin que entre aún en vigencia la inscripción automática) tengamos la obligación de inscribirnos. En el régimen electoral previo, es decir, sin inscripción automática, dicha obligación era inexistente. La inscripción, en consecuencia, era voluntaria. Si la inscripción hubiese sido obligatoria, jamás tendríamos un volumen de más de 4 millones de no inscritos.

En segundo lugar, la discusión respecto a la obligatoriedad o voluntariedad del voto está intrínsecamente relacionada con el tipo de inscripción. Es imposible apoyar la inscripción automática sin tener posición en torno a si el voto será obligatorio o voluntario. Es como aceptar una oferta de viaje sin saber cuál será su destino. Ahora bien, los firmantes omiten el artículo 15 de la Constitución (actualizada a octubre de 2009): “En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y voluntario”. Es decir, que en caso de regir la inscripción automática, el voto será voluntario. Las dos condiciones (inscripción automática y voto voluntario) están presentes en la reforma. Apoyar hoy la inscripción automática, también implica respaldar el voto voluntario.

Personalmente, creo que un sistema que combine inscripción automática y voto voluntario es mejor que un régimen electoral con inscripción y voto prácticamente voluntarios (como el que existía previo a la reforma debido a la baja aplicabilidad de sanciones para los inscritos que no votaban y que tampoco daban aviso oportuno a Carabineros). Con inscripción automática y voto voluntario los ciudadanos podrán decidir hasta última hora si van o no a votar y, adicionalmente, dicha decisión será acompañada por la efervescencia de las campañas electorales, cuestión imposible con el sistema de inscripción voluntaria donde los registros cerraban antes que los candidatos desplegaran plenamente sus campañas. Quiero subrayar, eso sí, que el mejor régimen electoral para Chile es el de inscripción automática y voto obligatorio. Generalmente, en los sistemas de voto voluntario hay menos participación y/o las desigualdades económicas se transforman en desigualdades políticas, pues los más ricos tienden a votar más que los pobres. Sobre el primer punto se dirá que las encuestas muestran una alta predisposición a votar con voto voluntario. El problema es que estamos frente a una simulación (del dicho al hecho hay mucho trecho). No obstante, si más gente está dispuesta a votar con inscripción automática y voto voluntario, lo que se nos dice es que ese régimen electoral es mejor que un sistema de inscripción y voto prácticamente voluntarios. Entonces, podemos suponer que la participación con un sistema de inscripción automática y voto obligatorio sería aún mayor. Esto sería saludable para la democracia siempre y cuando se combine con un sistema electoral que estimule la competencia. De nada sirve modificar el régimen electoral si los índices de competencia política se mantienen inalterables. Incluso, esto puede ser venenoso para la democracia. Es decir, un sistema sin competencia y donde sea voluntario asistir a las urnas. Pocos irán a votar. Sobre lo segundo, alguien podrá discutir que los ricos siempre han votado más que los pobres. Al menos eso es lo que se desprende de análisis agregados a nivel comunal y de encuestas de opinión. El punto está en lo siguiente. Si tenemos claro que este problema ya se produce con un régimen de inscripción voluntaria y voto también prácticamente voluntario, entonces lo que debiésemos hacer es implementar una reforma que corrija dicho problema, no que lo agudice. Suponemos que la combinación de inscripción automática y voto voluntario no corregirá el problema. Por tanto, la solución pasa por otro camino que ya parece cerrado: voto obligatorio.

En tercer lugar, creo que es discutible uno de los supuestos de la declaración en torno a que los no inscritos se comportarían políticamente distinto a los inscritos. De acuerdo a los firmantes, el hecho de que los no inscritos voten generaría mayor incertidumbre en la elección y, por tanto, los partidos tendrían cierto resquemor a respaldar la inscripción automática debido al ingreso de nuevos votantes. En consecuencia, el hecho de bloquear la inscripción automática sería una señal de mezquinos cálculos electoralistas por parte de dirigentes y asesores partidarios. Todos ellos estarían pensando en arrastrar más agua a su molino y no, necesariamente, en buscar el mejor régimen electoral para Chile. El punto está en lo siguiente. Como muestra un estudio de 2008 realizado por uno de los firmantes (Patricio Navia), los inscritos y no inscritos tienen predisposiciones políticas similares particularmente en términos de identificación ideológica, cuestión que se reproduce para datos más actualizados. En algunas encuestas, eso sí, los no inscritos aparecen levemente más cargados hacia la izquierda, pero con mayores niveles de desafección con partidos y coaliciones. Si bien la discusión está abierta sobre este punto considerando los últimos acontecimientos sociopolíticos que involucran a jóvenes, no está demás subrayar que la entrada de nuevos votantes no es, necesariamente, una amenaza para los partidos vigentes. Claro, genera mayor incertidumbre, pero mientras no se modifiquen las reglas del juego (sistema electoral), probablemente los cambios no sean tan visibles.

En definitiva, me parece del todo razonable presionar por la aplicación de la inscripción automática. Pero hay que ser honestos en señalar que dicha presión también implica aceptar el voto voluntario. Junto a este debate, ciertamente, habría que reflotar la discusión en torno al cambio del sistema electoral. Me encantaría que más firmantes pudieran clamar por ese cambio que, de concretarse, sí podría hacer variar dos dimensiones claves de la democracia: participación y competencia.