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#Chile. El futuro de la DC en la Nueva Mayoría

Publicado en La Tercera

El conflicto político en la Nueva Mayoría no ha pasado inadvertido. La serie de hechos que han generado desavenencia entre los partidos progresistas de la coalición y el partido demócrata cristiano han llevado a Bachelet a emitir una declaración inusual negando la crisis y a Walker a convocar un consejo nacional extraordinario para tratar el tema. Lo que está en juego es la continuidad de la coalición. Una alternativa es que la DC permanezca en la coalición y otra es que la DC abandone la coalición. La decisión de la DC naturalmente dependerá de los incentivos. Solo permanecerá en la coalición si los factores convergentes tienen mayor peso que los factores divergentes.

Hasta el momento, todo indica que el conflicto es serio. Al menos uno de los más importantes de los últimos años. La primera pista de aquello está implícito en la actitud de Bachelet. Al emitir una declaración sobre el conflicto rompe con su tradicional estilo de tomar distancia de los problemas partidarios. Si la Presidenta no pensara que el conflicto fuera serio, no habría intervenido. La segunda pista está explicita en la estrategia de Walker. Al convocar a un consejo nacional extraordinario envía una fuerte señal política. Si el presidente de la DC no considerara que el conflicto fuera serio no habría utilizado un mecanismo normalmente reputado como un recurso de emergencia.

Una interpretación empática de lo anterior es que tanto Bachelet como Walker buscan limar asperezas. Esto tiene sentido porque existe una dependencia mutua entre ambas partes. Bachelet necesita a la DC para aprobar las reformas que prometió llevar a cabo en su campaña presidencial, y Walker necesita al gobierno para mantener a su partido en la primera línea. Pero también tiene sentido porque ambas partes saben que la unión hace la fuerza. Un relación sólida maximiza la probabilidad de perpetuarse en el poder. Si no cooperan estratégicamente, no solo bajan las posibilidades de pasar el programa legislativo, sino que también disminuyen la probabilidades de reelegirse en la próxima elección.

Mientras que Bachelet y Walker aseguran tener una intención genuina de mantener la coalición con vida, hay dos factores que sugieren que podría ocurrir lo contrario.

Por un lado, el acuerdo programático entre el progresismo de la Nueva Mayoría y la DC se podría acabar si continúan las discordias. Decisiones del gobierno, como mantener al embajador Contreras en su cargo, y actitudes de la DC, como votar en contra de penalizar el lucro en la educación con cárcel, solo sugieren que existen importantes diferencias de forma y fondo. A juzgar por la relación que han llevado en los últimos meses, no es difícil anticipar que escalarán los conflictos en lo que queda de gobierno, tanto en temas relacionados a la coyuntura (ej. la designación de cargos públicos), como en temas relacionados a la estructura (ej. la tramitación de la reforma constitucional).

Por otro lado, el acuerdo electoral entre el progresismo de la Nueva Mayoría y la DC se podría quebrar si se aprueba el proyecto de reemplazo al sistema binominal. Bajo el nuevo régimen electoral la DC podría encontrar los argumentos que necesita para abandonar la coalición y volver a sus raíces — cerca del centro y lejos de la izquierda. El aumento en el número de escaños inevitablemente bajará las barreras de entrada y como consecuencia fraccionará el sistema de partidos. En ese escenario, no es osado adelantar que la DC evaluará seriamente la opción de seguir un camino propio. Sobre todo si observa que puede optimizar su porcentaje de votos y escaños.

Es temprano para anticipar si la DC buscará permanecer en la coalición o decidirá seguir un camino propio, pues aun no está claro si los factores convergentes (estrategias para legislar y ganar elecciones) tienen mayor peso que los factores divergentes (diferencias de forma y fondo, e incentivos electorales). Por eso, lo adecuado es presumir inercia: por ahora, todo seguirá igual. La DC solo encontrará razones necesarias para romper relaciones con los otros partidos de la coalición si se profundizan las diferencias programáticas de forma y fondo que hoy la asechan. Y solo tendrá razones suficientes para desertar si el nuevo sistema electoral le permite seguir siendo uno de los partidos más grandes del país.

#Chile. Concertación al gabinete

Publicado en La Tercera

La semana pasada el ex presidente Ricardo Lagos insinuó que existe una notoria carencia de cooperación económica entre el gobierno y el sector privado. Sus dichos no pasaron desapercibidos en el gobierno. Esta semana el operador político Gutenberg Martínez sugirió que la DC debe levantar un candidato presidencial propio cuanto antes. Sus dichos tampoco pasaron inadvertidos en La Moneda. Tanto Lagos como Martínez implícitamente critican a Bachelet y su programa de gobierno. Mientras Lagos insinúa que la agenda económica debe ser más cooperativa, Martínez sugiere que la conducción política debe ser más moderada.

Las criticas de Lagos y Martínez presagian un quiebre en la centroizquierda. Los dichos de ambos personeros apuntan a que hay un conjunto de personas dentro de la coalición que no se siente cómoda con la agenda económica y conducción política del gobierno. Mientras que el primero advierte que las políticas económicas progresistas del gobierno podrían dañar la economía, el segundo insinúa que la estrategia legislativa radicalizada podría polarizar el sistema de partidos. Tanto Lagos como Martínez apuntan a revivir a la Concertación. Para ambos el modelo cooperativo y moderado de la Concertación es superior al modelo progresista y radical de la Nueva Mayoría.

En el contexto económico actual, un quiebre en la centroizquierda podría ser fatal. Pues la estanflación (simultaneidad del alza de precios, aumento del desempleo y estancamiento económico) podría herir de muerte al gobierno. Las encuestas ya muestran un rechazo de la ciudadanía a la reforma tributaria. Esto, sumado a la pasividad de los empresarios, podría convertir la crisis económica en una crisis política. Una opción del gobierno para evitar esa crisis es abandonar la ruta progresista de la Nueva Mayoría para retomar la senda moderada de la Concertación. Aquello necesariamente implica renunciar a la agenda económica expansionista y retomar el diálogo con los empresarios.

El reciente anuncio del Ministro de Hacienda –de tender puentes con los privados– sugiere que esta será la nueva ruta. Pero la pregunta importante es si la moderación en la conducción económica será suficiente para revertir la estanflación y prevenir sus potenciales efectos políticos. Por una parte, el diálogo promete restituir la relación del gobierno con los empresarios. Pero por otra, si no hay medidas concretas –como una revisión a la reforma tributaria– será una estrategia fútil. Todo depende de la rigidez del gobierno, de cuánto está dispuesto a ceder. Si es poco –como lo ha sido hasta ahora– la situación económica sólo promete propagarse al sistema político.

Una alternativa es adoptar una conducción política más moderada, en línea con lo que sugiere Martínez. Esto no significa potenciar a un candidato presidencial de la DC, simplemente implica mostrar una señal de mesura. Un cambio de gabinete que favorezca a la DC y al sector más moderado de la izquierda serviría para tales efectos; un cambio de gabinete que reemplace a ministros progresistas de la Nueva Mayoría por ministros moderados de la Concertación. Es un recurso probado, pues el gobierno de Piñera tuvo que hacer un enroque similar. Sólo pudo producir resultados después de reclutar a Allamand, Chadwick, Longueira y Matthei.

Un cambio de gabinete serviría para complementar la decisión de tender puentes con el empresariado. Si Bachelet sólo toma medidas económicas, no detendrá el problema. Pues el origen del problema es político, no económico. Un cambio de gabinete generaría garantías desde el sector político para el empresariado. Si las personas a cargo de conducir las reformas tienen una agenda progresista, en contra de los intereses del sector privado, será difícil revertir la situación económica. El gobierno debe considerar reemplazar a los ministros que no han estado a la altura del conflicto. Sobre todo a aquellos que han estado encargados de la transformaciones más progresistas y radicales.