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Pronósticos electorales para Chile

Este es el primer intento serio para hacer un pronóstico de una elección presidencial en Chile. Nunca antes se ha tratado de construir un instrumento para predecir resultados electorales antes que ocurran. Es un esfuerzo por tratar de entender lo que sucede en los meses previos a que se lleve a cabo una determinada elección. Es un experimento en tiempo real que intenta monitorear patrones y tendencias en las preferencias electorales de los chilenos.

Hay que partir por lo que ya existe. Hasta el momento, hay una notable colección de literatura retrospectiva sobre comportamiento electoral. Académicos como David Altman, Alfredo Joignant, Carlos Huneeus, Miguel Ángel López, Mauricio Morales, Patricio Navia y Samuel Valenzuela entre otros han disectado el sistema político para explicarnos por qué unos ganan y otros pierden. Yo mismo escribí mi tesis de Máster sobre la elección de 2009/2010.

Pero explicar resultados electorales en retrospectiva es una cosa, explicarlos antes que ocurran es otra cosa. Y en lo segundo, hay muy poco escrito. Hasta ahora, simplemente se han usado resultados de encuestas de manera descriptiva. Por ejemplo, es común que asesores de candidatos presidenciales dependan únicamente de encuestas para diseñar los itinerarios de sus candidatos. Sin encuestas, no tendrían cómo elegir las mejores estrategias para sus jefes.

Pero este proceso tiene un problema fundamental. Las encuestas se equivocan. En estos casos los candidatos quedan a ciegas. Y si los puntos de referencia están mal, es imposible que los candidatos ganen sus batallas. Ejemplos sobran. Uno es Zalaquett en 2012, quien esperaba ganar en Santiago por un amplio margen de votos. Si hubiera sabido que la carrera era más competitiva, de seguro habría apurado el trote para capturar esos pocos votos que le faltaron para ganar.

Un segundo problema es la falta de puntos de referencia. Si las encuestadoras deciden no hacer encuestas los candidatos simplemente no tienen puntos de referencia. Obviamente cualquier candidatura seria tiene encuestas privadas, pero su utilidad es mayor cuando son públicas, y se puede medir su efecto en la gente. En esencia, el argumento aquí es que cuando pasa mucho tiempo entre encuestas, aumenta la probabilidad que candidatos tomen malas decisiones.

La idea, entonces, es corregir estos errores, por medio de un modelo con puntos de referencia correctos para cada día por la duración de un ciclo electoral. El objetivo es usar las encuestas que sí se publican para crear pronósticos y simulaciones electorales sin sesgos. Si tomamos las encuestas en su estado natural esto es prácticamente imposible. El Cuadro 1 muestra este escenario, con resultados de encuestas que se hicieron entre Mayo y Diciembre de 2009.

El Cuadro 1 muestra mucho ruido y poca señal. Si bien se ven una tendencia general, es porque los 4 candidatos que compitieron en esa elección ya estaban inscritos. Monitorear preferencias electorales antes que los candidatos se inscriban puede ser caótico. Para separar el ruido de la señal, se debe trazar tendencias. Una forma de hacer esto se muestra en el Cuadro 2. Es lo que hacen, entre otros, los grandes conglomerados de medios.

El problema con el Cuadro 2 es que se presume que todas las encuestas son iguales. Simplemente se conecta una encuesta con la siguiente. Mi argumento, por el contrario, es que lo primero que se debe hacer es distinguir las buenas encuestas (las que entregan mucha señal y poco ruido) de las malas encuestas (las que entregan mucho ruido y poca señal). Para lograr esto, se debe ponderar a las encuestas buenas con un peso significativamente más alto.

Esa es la premisa fundamental de pronósticos electorales. Para ayudar a explicar los que se hacen en Tresquintos, voy a usar el ciclo electoral de 2009. Sin embargo, me remito a ideas centrales. En otros artículos, como los enlaces en la página de Preguntas Frecuentes, explico detalles. (Lo que sigue puede ser largo, y en partes complejo. Se presume que el lector tiene conocimiento avanzado de estadística frequentista, y una noción básica de estadística bayesiana).

El primer paso, entonces, es recolectar la información que se va utilizar. En este caso, toda la información que se necesita viene de encuestas. Del caudal que se publica en los medios, se registran solo aquellas que reportan (1) las fechas de trabajo de campo, (2) la metodología de investigación y (3) el número de personas encuestadas. Una vez que se cuenta con esta información, se puebla una base de datos. En forma gráfica, sería similar a lo que muestra el Cuadro 1.

El segundo paso es ponderar cada una de las encuestas de acuerdo a su peso en el grupo. Se presume que algunas encuestas entregan más y mejor información que otras. La idea es identificar y premiar a esas encuestas. Para esto se usan los datos recolectados en el primer paso. Una encuesta tiene un alto peso si (1) se hizo relativamente cerca de la elección, (2) la encuestadora de la cuál proviene tiene una buena reputación, y (3) tiene un alto número de personas encuestadas.

Para calcular el peso temporal, se utiliza un período de semi-desintegración. Este es el lapso de tiempo que se considera antes que la encuesta se empieza a desintegrar, o bien comienza a perder capacidad predictiva. Para calcular el peso de la encuestadora se utiliza el ranking de encuestas, explicado en detalle aquí. Finalmente, para calcular el peso según el número de encuestados, simplemente se estima el margen de error con una confianza de 95%.

El resultado se muestra en el Cuadro 3. El gráfico muestra lo que habría sido el pronóstico el 13 de Diciembre de 2009, si solo habría tomado en cuenta la ponderación del paso 2. Es decir, no se gráfica lo que reporta cada encuesta, más bien lo que se estima que reportaría cada encuesta si no tuviera sesgos. Por eso, la línea del Cuadro 3 es diferente a línea del Cuadro 2. No solo es un mejor indicador, pero reporta una estimación de intención de voto día a día.

El tercer paso es reducir el error que pueda tener el pronóstico del paso 2. Para eso utilizo una lógica distinta. Pasó de inferencias frequentistas a inferencias bayesianas. La idea tras esto es determinar la incertidumbre asociada a los pronósticos. La inferencia frequentista solo nos permite saber la probabilidad de estar en lo correcto si tenemos suficiente información. Es decir, si nuestro N es grande podemos establecer la probabilidad de rechazar inferencias correctas (falsos positivos).

Pero muchas veces la estadística frequentista rechaza falsos positivos (o aprueba verdaderos negativos), sencillamente porque no contiene puntos de referencia reales. La estadística bayesiana, en cambio, inserta probabilidades anteriores (o a prioris) dentro de las inferencias. Expresa la probabilidad condicional de un evento A dado B en términos de la distribución de la probabilidad condicional del evento B dado A y la distribución de probabilidad marginal de sólo A.

Bajando lo anterior a la elección de 2009, significa que por medio de inferencias bayesianas (utilizando información previa), evalúo la probabilidad de que mi pronóstico este mal. Es decir, en el modelo especifico neutralizar tendencias que no tienen fundamento. Esto sucede, por ejemplo, cuando una encuesta mala publica un resultado que en promedio es muy alto o muy bajo. El paso 4 es simular el paso 3, 100,000 veces. El Cuadro 4 muestra el resultado.

El paso final es simplemente interpretar los datos. Aquí hago una diferencia semántica  entre un pronóstico y una simulación. El pronóstico responde la pregunta “¿quién ganaría la elección si fuera hoy día?”. La simulación, en cambio, responde la pregunta “¿quién ganaría la elección si fuera el 13 de Diciembre de 2009?” Los ínidces al final de las líneas del Cuadro 4 son prónosticos para el 13 de diciembre, por lo tanto son una simulación.

Es importante notar que la última encuesta para la primera vuelta fue el 9 de Diciembre. Si se habría simulado la elección el 9 de Diciembre, habría sido un pronóstico. Pero como se busca predecir 4 días sin encuestas, es una simulación. Notar también que la área sombreada simboliza el margen de error. A medida que pasan más días sin encuestas, la área sombreada aumenta. Si se habría simulado la elección el 15 de Noviembre, el área sombreado sería más grande.

La simulación es bastante acertada. Para Piñera el pronóstico fue 43,7% (en realidad fue 44,1%), para Frei el pronóstico fue 28,3% (en realidad fue 29,6%), para Enríquez-Ominami el pronóstico fue 22,6% (en realidad fue 20,1%), para Arrate el pronóstico fue 5,8% (en realidad fue 6,2%). Es decir, todos los pronósticos estuvieron dentro, o a alrededor, de 1% del resultado final–mucho mejor que cualquier encuestadora.

Si miramos la distribución de probabilidades de voto para cada candidato usando la misma información, obtenemos lo que se muestra en el Cuadro 5. Allí vemos la probabilidad de voto para cada candidato. El eje horizontal es la probabilidad de obtener la votación que aparece en el eje vertical. Las barras tienen un ancho de 1%, y sumadas por cada candidato suman 100%. Por ejemplo, el 13 de diciembre Arrate tuvo una probabilidad de 50% de obtener entre 5% y 6% de los votos.

Lo más interesante del Cuadro 5 son las probabilidades que tienen candidatos de empatar. Era evidente que Piñera iba obtener la mayoría relativa, y Arrate iba obtener la minoría relativa. La verdadera batalla estuvo entre Frei y Enríquez-Ominami. La distribución de resultados muestra la probabilidad de empates. La suma de las barras que se traslapan muestra esto. En este caso, de 100 elecciones, Frei y Enríquez-Ominami habrían empatado en 10 ocasiones.

Esto es solo parte de la potencialidad de los pronósticos. Los resultados que vemos arriba demuestran que el modelo estuvo calibrado casi a la precisión. Es decir, es probable que las estimaciones hechas durante todo el periodo de campaña (entre Mayo y Diciembre de 2009, en este caso) también estén calibrados. Esto significa que los pronósticos hechos aquí entregan más y mejor información que cualquier encuestadora por sí sola.

Los modelos fueron desarrollados junto a Stefan Bauchowitz. La manipulación de los datos y los cálculos estadísticos para las pronósticos se hicieron usando R. Para usuarios de MacOS X, se puede bajar aquí. Las estimaciones de probabilidades para las simulaciones se hicieron usando BUGS. Para usuarios de MacOS X, se puede bajar aquí. Más información sobre los modelos y el procesamiento de datos aquí. Para preguntas frecuentes, pinchar aquí.

Un llamado de alerta democrático

Esta es la transcripción de una carta que firmé, junto a 79 otros académicos, actores sociales y líderes de opinión pidiendo más y mejor democracia para el sistema político de Chile. Fue publicada en El Dínamo, el Lunes 12 de Noviembre de 2012.

Los abajo firmantes manifestamos nuestra más profunda alarma y preocupación por los serios problemas que se han generado en el último proceso electoral municipal asociados con la elaboración del padrón, el sistema de conteo y la posterior información de resultados. Un aspecto esencial de la democracia moderna es el voto, y el procedimiento a través del cual se materializa la recolección de las preferencias ciudadanas debe dar garantías de neutralidad, confianza, certidumbre y transparencia. Es de allí de donde emana la legitimidad del poder político. Al verse cuestionado el proceso electoral municipal se pone en entredicho este aspecto básico del ejercicio democrático.

De acuerdo a datos comparados en América Latina (LAPOP desde 2005), Chile ocupa los primeros lugares del ranking regional de acuerdo a los niveles de confianza en los tribunales electorales, siendo superado por Uruguay, Costa Rica y México. Si bien es cierto que la crisis de confianza ha azotado a las instituciones representativas y especialmente a los partidos políticos, el Tribunal Electoral, como institución neutral, había quedado al margen de esa crisis. Los chilenos, hasta ahora, seguíamos confiando en la labor de nuestro Tribunal y en la transparencia y eficiencia de sus funciones. En otras palabras, nuestro Tribunal Electoral era uno de los pocos bastiones de confianza institucional que aún persistían en el país. Desafortunadamente, creemos que esta confianza se verá deprimida en subsiguientes mediciones dado todos los problemas que se han reportado. Esto es grave para la democracia, pues no sólo se pone en entredicho la eficiencia de una institución, sino que también la transparencia de su funcionamiento.

Los cuestionamientos que han surgido a partir del último proceso electoral se refieren a:

a. Elaboración del padrón. Se detectaron problemas asociados a la actualización del padrón a partir de la información entregada por el Registro Civil: inclusión de personas fallecidas en la última versión del padrón que no necesariamente fallecieron fuera de Chile; exposición de datos personales durante el proceso de información a la ciudadanía; inadecuada información agregada respecto del universo de inscritos por mesa y municipio, entre otros.

b. Procedimiento eleccionario. Se detectaron varias caídas del sistema online de información sobre locales y mesas de votación; no pocas inconsistencias al informar de mesas y recintos donde debían presentarse vocales de mesa; bajos niveles de información a la ciudadanía respecto de los cambios legales del nuevo sistema de inscripción automática y voto voluntario; ausencia de una política gubernamental para facilitar la concurrencia a votar (transporte público gratuito en grandes centros urbanos); y una limitada campaña cívica del gobierno destacando la importancia del sufragio, entre otros.

c. Sistema de conteo de votos. Se constataron importantes deficiencias en la información sobre el conteo de votos, incluyendo la inconsistencia entre los resultados de elecciones de alcaldes y concejales aún no resuelta, y que se reflejó en el tardío conteo de más de un millón de votos; problemas en más de una decena de comunas respecto del conteo de votos incluyendo acusaciones de fraude; descoordinaciones entre SERVEL y el Ministerio del Interior a la hora de definir responsabilidades por estas deficiencias, entre otros.

d. Información sobre resultados electorales. El sistema de información sobre resultados electorales ha sido claramente deficitario. Una de las decisiones más contradictorias consistió en “bajar” el sitio www.elecciones.gov.cl, anulando cualquier posibilidad de ver resultados electorales incluso en elecciones previas. Luego, este sitio redireccionaba hacia la página del Servel, que sólo tenía un archivo en formato PDF con el listado de todos los candidatos a alcalde y concejal con su respectivo número de votos. El problema, es que ese mismo archivo no identificaba a los candidatos electos. Lo más razonable era, por cierto, subir un archivo Excel con los resultados para procesarlos de manera más directa y amable para los usuarios. Este aspecto, que puede sonar muy sofisticado, es decisivo, ya que constituye un severo problema para contabilizar los votos, y para garantizar por parte de la comunidad académica, partidos, actores sociales y las mismas candidaturas la confianza que puede ser depositada en las cifras. También se denunció la reducción del personal técnico del Ministerio del Interior para llevar a cabo este proceso eleccionario.

Resulta imprescindible que las autoridades públicas adopten medidas lo más prontamente para resolver los problemas derivados de la pasada elección, tomando todas las previsiones para que estas situaciones no se repitan en las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales que se desarrollarán en 12 meses más. Es urgente recuperar la confianza social en el sistema de votaciones y escrutinios de modo de no dañar la credibilidad en el sistema democrático.

De lo anterior depende la legitimidad de nuestros gobernantes y representantes, y por consiguiente el buen funcionamiento de esta forma de coexistencia colectiva civilizada que conocemos como la democracia.

Fue firmada por: Francisco Albornoz, Manuel Alcántara, Pamela Allan San Juan, Vianka Aliaga, Francisco Báez, Jaime Baeza, Mauro Basaure, Susana Basis, Angela Boitano, Kenneth Bunker, Axel Callis, Sixto Carrasco, Lidia Casas, Rossana Castiglioni, Paulina Chávez, Florencio Ceballos, Alejandro Corvalán, Javier Couso, Renato Cristi, Joaquín de Cea, Maite de Cea, Gonzalo Delamaza, Francisco Javier Díaz, José Luis Diaz, Carlos Durán, Eduardo Engel, Camila Erazo, María Cristina Escudero, María Ignacia Fernández, Claudio Fuentes S., Manuel Gárate, Manuel Antonio Garretón, Luis Garrido, María C. Godoy, Carolina Guerra, Claudia Heiss, Paulo Hidalgo, Daniel Hojman, José Jara, Alfredo Joignant, Carmen Lisboa, Paulina Lizama, Juan Pablo Luna, Miguel Angel López, Antoine Maillet, José Marimán, Roberto Méndez, María Teresa Marshall, María Pía Martin, Jorge Manzi, Roberto Mardones, Marcelo Mella, Sergio Molina M., Pablo Monje, Mauricio Morales, Patricio Navia, Alvaro Neira, Bernardita Ocampo, Juan de Dios Ortúzar, Rodrigo Osorio, Marcela Otaegui, Pilar Palacios, William Porath, Marcelo Ramírez V., Paula Repetto, Sebastián Ríos, Verónica Romero, Paula Sáez, Claudia Sanhueza, Julio Rojas, Fernando Rosenblatt, Maria Laura Tagina, Boris Toismlav, Sergio Toro, Elisabeth Simbürger, Marla Solari, Olga Ulianova, Luis Vargas, Samuel Valenzuela, Sebastián Valenzuela, Augusto Varas, Francisco Vega, Angela Vergara, Eugenio Vergara, María José Vega, Miguel Villa, Mario Waissbluth.

Abstención en las elecciones municipales de 2012

Este artículo es un aporte de Mauricio Morales, Director del Observatorio Político-Electoral de la Universidad Diego Portales.

Debido a la implementación del voto voluntario, la participación electoral cayó significativamente. Más allá de los posibles errores del padrón electoral donde se incluía  personas fallecidas y chilenos residentes en el exterior, la participación se desplomó en más  de 15 puntos. Si en 2008 votó alrededor del 58% de todas las personas en edad de votar, en 2012 el porcentaje apenas superó el 41%. Si en 2008 el número de votos válidamente emitidos fue de 6.362.130 votos, en 2012 esa cifra descendió a 5.261.069 según cifras  preliminares. De acuerdo a los votos válidamente emitidos (excluyendo nulos y blancos), la participación decreció del 52,5% en 2008 al 39,3% en 2012.

Pare leer el resto del informe, pinchar aquí.

 

Cinco a cero

Por Mauricio Morales. Publicado en La Tercera.

Sorprendente, por decir lo menos. Una paliza para ser más exacto. Estos resultados representan un gobierno deteriorado y en el ocaso de su período. La pérdida de alcaldías y el desangramiento interno de la Coalición contrastan con los números alegres de la Concertación. Subió considerablemente su número de alcaldes (podría alcanzar las 170, mientras que en 2008 obtuvo 147) y recuperó su votación en concejales. La Coalición, en tanto, vio perder comunas emblemáticas, destacando, ciertamente, Providencia, Santiago y Concepción.

La Concertación ganó esta serie por 5 a 0. Ganó en número de alcaldes y concejales, al mismo tiempo que superó a la Alianza en el porcentaje de votos para ambas elecciones. El quinto punto, quizás el más importante, corresponde a la población gobernada. En 2008 la Alianza gobernó  al 57% y la Concertación al 38% de los chilenos. En 2012, estos valores se invirtieron. La Concertación gobierna al 49,5% y la Alianza el 35,7%. Si bien la Coalición mantiene predominio en las 10 comunas más grandes (ganó 7 de 10), la Concertación estrecha distancia en las 20 comunas con mayor número de habitantes. Si en 2008 la Coalición obtuvo 13 de las 20 comunas más grandes, en estas elecciones bajó a 10. En tanto, la Concertación, que obtuvo cinco alcaldías (de las 20 más grandes) en 2008, subió a siete en 2012. La Coalición de gobierno, en tanto, no tiene mucho que celebrar. Esta elección de medio término casi dilapida las posibilidades de que gane las siguientes presidenciales.

El partido que sorpresivamente subió en el tamaño de alcaldías ganadas fue la DC. Todos los pronósticos indicaban una caída aún más significativa respecto a 2008. Venía de perder 40 alcaldías entre 2004 y 2008. Ahora se recupera y retoma centros urbanos importantes como Concepción, Curicó, y también La Reina. Esto abrirá el apetito de sus precandidatos incluido el presidente del partido, Ignacio Walker. Tal situación también se reproduce para la elección de concejales, donde el pacto DC-PS supera ampliamente al pacto Por un Chile Justo. La Concertación retoma el mando en la Región Metropolitana y comienza a activar sus bases electorales de cara a las presidenciales del 2013.

Para la Coalición, en tanto, esta elección es casi de despedida. Fue un paréntesis que comenzó como auspicioso con rescate de los mineros incluido, pero que terminó por rendirse ante una ciudadanía movilizada y un presidente que no pudo revertir su imagen pública. Ni siquiera un gabinete popular y con buenas evaluaciones para sus ministros pudo contrarrestar el rechazo al presidente. Hoy el gobierno está pagando las consecuencias. La UDI es el gran derrotado y sólo aspira a mirar el balcón que adorna el Ministerio de Obras Públicas.

La mala noticia para la democracia es el porcentaje de participación. Es la caída más significativa en estos 20 años de democracia. Muchos anticipamos que el voto voluntario generaría este problema. Dicho y hecho. Hoy estamos hablando de alrededor de 5,6 millones de electores (sólo 42%), 1,4 millón menos que en las municipales de 2008. Los que pensaron la reforma deberán replantear este nocivo régimen electoral y, junto con ello, mejorar la oferta de partidos y candidatos en las subsiguientes elecciones.

Las sorpresas de las municipales van a beneficiar a la Concertación

Publicado en El Mostrador

Todos ganan en elecciones municipales, hasta cuando pierden. En 2004, cuando la Concertación prácticamente dobló a la Alianza en alcaldes electos, Joaquín Lavín atenuó la derrota al celebrar que habían ganado “la madre de todas las batallas, Santiago”. En 2008, cuando la Alianza superó por primera vez a la Concertación en porcentaje de votos para alcaldes, Pepe Auth sostuvo que “las dos listas fueron un muro de contención para una verdadera derrota”.

Para proclamar un solo ganador, hay que fijar un estándar antes que ocurra la elección. En una columna anterior propuse que el ganador de la próxima elección municipal sería la coalición que ganara en más de los cinco siguientes criterios: (1) porcentaje de votos para alcaldes, (2) elegir el mayor número de alcaldes, (3) porcentaje de votos para concejales, (4) elegir el mayor número de concejales, y (5) elegir más alcaldes en las 10 comunas más emblemáticas.

Usando éste estándar se dejan fuera interpretaciones relativas, y se observan solo resultados absolutos. No pueden haber dos ganadores. En otra columna demostré que si se extrapolan tendencias de elecciones municipales anteriores, la Alianza debería obtener más votos en alcaldes y elegir más alcaldes en las 10 comunas más emblemáticas, mientras que la Concertación debería obtener más votos en concejales y elegir más concejales.

Parte de este pronóstico estuvo basado en el hecho que la Alianza viene mejorando su votación en cada elección municipal desde 2004. Una segunda parte de este pronóstico estuvo basado en el hecho que la Concertación está en su peor momento político desde 1989. Y una tercera parte de este pronóstico estuvo basado en el hecho que por primera vez la Alianza podría capitalizar sobre estas tendencias al competir como la coalición oficialista.

Ahora bien, tendencias no explican el resultado de elecciones por sí solas. Suceden demasiadas cosas entre una elección municipal y otra para sostener que las preferencias electorales no cambian. Para no ir más lejos, la elección de 2009 quebró todas las tradiciones electorales que se repetían desde 1989. Por primera vez la Alianza eligió al presidente, y por primera vez la Concertación perdió la mayoría en la Cámara de Diputados.

Otra diferencia con 2008 son las nuevas leyes electorales, los cuales, según algunos, distorsionarán patrones pre-existentes. Esto es en parte verdad, pues las leyes electorales efectivamente determinan el comportamiento de los electores. Pero en parte es falso, pues no necesariamente cambian la distribución de preferencias electorales. En este caso, la inscripción automática con voto voluntario solo profundizará las preferencias existentes.

Gonzalo Contreras et al. encuentran que el principal efecto de la inscripción automática con voto voluntario será una menor participación electoral. Pero que también que causará una polarización de las campañas, lo cual incrementará la participación de votantes de izquierda y derecha en desmedro de los de centro. Esto significa que votará menos gente, pero que se solidificarán las preferencias por la Alianza y la Concertación.

Tomando en cuenta que pueden suceder cosas entre el pronóstico y la elección, mantengo mi pronóstico sobre los resultados generales (los primeros 4 criterios), pero creo que pueden haber sorpresas a nivel particular (el quinto criterio). Ergo, sigo anticipando que la Alianza va tener más votos en alcaldes y tal vez incluso un mayor número de alcaldes electos también, pero pueden haber sorpresas en las 10 comunas más emblemáticas.

Y esto solo puede favorecer a la Concertación.

De las 10 comunas, 8 pertenecen a la Alianza, 1 pertenece a la Concertación y 1 a la alcaldesa independiente Marcela Hernando. Y dado que por defecto se espera que los titulares retengan su comuna, la Concertación puede sorprender en las 7 comunas donde los alcaldes de la Alianza van a la re-elección. En este sentido, ganadores en Maipú y Puente Alto no son sorpresas, pues los alcaldes titulares no van a re-elección, dejando la competencia abierta.

Según mi pronóstico, la Alianza probablemente obtendría entre 5 y 6 comunas, la Concertación probablemente obtendría entre 2 y 3 comunas, y los independientes obtendrían 1 comuna. Ahora bien, si suponemos que pueden haber sorpresas a favor de la Concertación, lo más probable es que sean en comunas donde tenga buenos recursos invertidos o un candidato ampliamente conocido. En principio, esto es posible en Santiago y en La Florida.

Supongamos que la Concertación sorprende, y gana en Santiago y en La Florida.

Esto implicaría que la Alianza mantendría sus dos comunas seguras (Viña del Mar y Las Condes) y la que se inclina a su favor (Valparaíso), y la Concertación ganaría en las dos comunas nuevas del grupo (Temuco y San Bernardo) y daría dos sorpresas (Santiago y La Florida). Además, dos comunas (Maipú y Puente Alto) irían–casi al azar–una para cada coalición. La otra comuna (Antofagasta) irremediablemente irá para la candidata independiente de la Concertación.

Miremos, entonces, con más detención lo que pasa en Santiago y en La Florida.

Por un lado, Santiago parece ser una batalla competitiva porque ambos candidatos tienen un porcentaje de apoyo alto, muy similar. Mientras que Pablo Zalaquett (UDI) obtiene alrededor de 38%, Carolina Tohá (PPD) obtiene alrededor de 37%. Un empate estadísticamente técnico que cobra sentido al observar elecciones previas. En 2004 y 2008 los votos se repartieron de forma pareja entre la centro-derecha y la centro-izquierda.

En comparación, La Florida parece ser una batalla menos competitiva. Las encuestas señalan que el alcalde designado Rodolfo Carter (UDI) aventaja al ex alcalde de la comuna Gonzalo Duarte (PDC) por 42% a 25%. Incluso, si Duarte recuperará terreno, la historia no juega a su favor. Cuando fue electo alcalde en 1996 ganó por 151 votos, para luego perder su intento de re-elección en 2000 por 7,879 votos.

Todo apunta a que entre las 10 comunas más importantes del país, solo en Santiago puede haber una sorpresa. (Pues Maipú y Puente Alto son comunas abiertas que pueden ir para cualquier lado, y Antofagasta es de la candidata independiente de la Concertación). Naturalmente cualquiera victoria de la Concertación en una de las otras comunas sería una sorpresa igual de oportuna. Pero más que mérito de la Concertación sería un fracaso de la Alianza.

El efecto del pacto PPD-PRSD-PC sobre el resultado electoral de Concejales 2012

Este artículo es un aporte de Mauricio Morales, Director del Observatorio Político-Electoral de la Universidad Diego Portales, y Felipe Barrueto y Gonzalo Contreras, miembros del Observatorio Político-Electoral de la Universidad Diego Portales.

En la edición del jueves 26 de abril de 2012 (páginas 28 y 29), el diario La Segunda publicó los resultados de un estudio realizado por la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo (UDD) sobre los efectos electorales del pacto PPD-PRSD-PC. Se sostiene que el PC aumentaría en un 40% su representación de concejales, pasando de 79 a 110. En tanto, las listas más perjudicadas serían las de la Concertación Democrática (PDC-PS) y la Alianza, que verían disminuida su representación en 35 y 25 concejales aproximadamente. Finalmente, el PPD y el PRSD aumentarían su representación en 39 concejales.

Este análisis, si bien apunta en la dirección correcta, presenta una serie de imprecisiones que obstaculizan una interpretación más fina de los resultados. Nuestras simulaciones arrojan valores distintos a los del estudio de la UDD. Esto, probablemente, obedezca a que aplicamos la fórmula electoral en todas sus etapas identificando, incluso, el concejal en ejercicio que eventualmente perdería su escaño. Tal como dicta la norma, calculamos la repartición de escaños no sólo por lista, sino que también por subpacto y luego por candidato. Esto puede explicar algunas disonancias entre nuestro estudio y el de la UDD.

Antes de mostrar nuestros resultados, puntualizamos que las simulaciones tienen serias limitaciones que impiden una proyección general. Estamos trabajando con datos del pasado (en este caso de 2008) y, sobre ellos, realizamos estimaciones con configuraciones coalicionales diferentes. En consecuencia, no hacemos un pronóstico de resultados, sino que solamente mostramos cómo cambiaría la representación por partido de acuerdo a la nueva coalición entre PPD-PRSD y el PC.

Consideraciones metodológicas

  • El pacto electoral entre PPD-PRSD-PC no incluye al resto de los partidos que constituyeron la lista del Juntos Podemos en 2008. Por tanto, es incorrecto sumar toda la votación del Juntos Podemos a esta nueva lista. El PC obtuvo 45 escaños, a los que se suman 14 que corresponden a independientes que compitieron en el subpacto del PC (incluyendo los independientes que compitieron como PC-Izquierda Cristiana). Entonces, no es que el PC aporte 79 escaños como dice el estudio UDD, sino que sólo 59. Esta imprecisión metodológica hace que, de entrada, nuestros resultados difieran de manera significativa.
  • El estudio de la UDD tampoco es preciso en señalar el método utilizado para asignar los escaños. En el sistema electoral que se aplica para elegir concejales, se utiliza la repartición proporcional con fórmula d’Hont. Esto implica una repartición en tres niveles. Primero, en la listas. Luego de haber identificado el número de escaños que corresponde a cada lista, se hace idéntico cálculo con los subpactos que integran cada lista. El tercer paso consiste en identificar a los candidatos ganadores dentro de cada subpacto según un criterio de mayoría. De no seguir al pie de la letra lo que señala la ley sobre votaciones y escrutinios, cualquier simulación electoral estará errada (artículos 124 y 125, Ley 18.695).
  • El estudio, por ejemplo, señala que en la comuna de Buin la Alianza perdería un concejal (sin siquiera mencionar el partido). Esto es así en caso de que se sumara completamente al Juntos Podemos en la nueva coalición con el PPD-PRSD, pues al hacerlo sólo con el PC los resultados no cambian en comparación a 2008. Esto se produce porque el PC tiene un porcentaje similar al PH (3,47% y 3,7% respectivamente). Idéntica situación se produce en Concón y Estación Central, donde el estudio UDD señala que el PDC perdería un escaño, cuestión que se produce sólo si se añade al PH en la nueva coalición PPD-PRSD-PC, cosa que ya sabemos, es errada.
  • El estudio sostiene que en Cerro Navia el PRI perdería su escaño. Seguramente, para llegar a este resultado el estudio no sólo sumó la votación del PH, sino que también a los independientes del PH (un independiente del PH obtuvo 619 votos, 1,19%). Al recalcular el peso de la lista PPD-PRSD sólo con los votos del PC y sus independientes, en Cerro Navia no se producen cambios al menos en la simulación.
  • Respecto a la identificación de los perdedores, sospechamos que hay algunos errores de cálculo al asignar escaños por partido o por subpacto. Por ejemplo, el estudio UDD señala que en Ancud perdería un independiente del PDC, cuando en realidad lo haría un PS. En esta comuna el subpacto PDC-independientes obtuvo un 26,42% incluyendo, por cierto y como debe ser, al independiente del partido, Soledad Moreno (con un 12,08%). Con esta votación, en 2008 el subpacto PDC-independientes obtuvo 2 escaños. El subpacto PS-independientes, en tanto, totalizó en 2008 un 18,03%, con lo que obtuvo dos escaños. Al realizar la simulación teniendo en frente a la lista PPD-PRSD-PC, la lista de la Concertación Democrática perdería un escaño, pasando de 4 a 3. El perdedor, dada la repartición por subpacto, es el PS. El actual concejal Manuel Muñoz Andrade (que obtuvo 1227 votos correspondientes al 7,15%), sería el derrotado.
  • El estudio de la UDD identifica 70 comunas con cambios en la composición o repartición de escaños. Nuestro trabajo, por su parte, reporta 93. De estas 70 comunas del estudio UDD, nuestro diagnóstico coincide en sólo 36. De las 34 restantes (donde no coincidimos con el estudio UDD), 24 son contabilizadas con cambio por la UDD cuando en realidad no lo hay. En las otras 10 comunas, los perdedores están incorrectamente asignados. De estos 10, hay 4 concejales identificados como PRI, que en realidad son independientes del pacto Por un Chile Limpio.

Las principales conclusiones de este estudio son las siguientes:

  1. Los cambios en términos de representación (número de concejales/escaños) se da en 93 comunas. Estas comunas representan aproximadamente el 30% de los votantes.
  2. La coalición que perdería más escaños sería la Coalición por el Cambio (28). Dentro de esta lista, el partido o subpacto que más pierde sería RN (18 escaños).
  3. La segunda coalición más dañada sería la Concertación Democrática (25 escaños). El PDC perdería 10 y el PS 18. El PS pierde escaños en comunas grandes como Copiapó, Curicó, La Cisterna y Valparaíso.
  4. El partido que más gana es el PC, pasando de 59 escaños en 2008 a 88 en 2012. También se verían beneficiados el PPD (25 escaños adicionales) y el PRSD (12 escaños adicionales).
  5. El PH perdería el 45% de sus concejales, pasando de 20 en 2008 a sólo 11 en 2012. El PH es el que más pierde en términos relativos.

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Primarias en la Concertación: Participación y Resultados

Este artículo es un aporte de Mauricio Morales, Director del Observatorio Político-Electoral de la Universidad Diego Portales.

Las recientes elecciones primarias municipales de la Concertación poco tienen que ver con las primarias presidenciales que implementó en 2009. En lugar de cerrarse a la ciudadanía, la Concertación asumió el riesgo de medirse en las urnas. Claro, la participación sólo llegó a poco más de 313 mil electores que, en la práctica, representan alrededor del 10% de los votantes de las 141 comunas donde hubo elecciones. Esto, utilizando como base los votos válidamente emitidos en la última elección de diputados 2009. Estas comunas, de acuerdo al total nacional, representan a casi la mitad de los electores (47,1% para ser más exactos). En consecuencia, fueron primarias de amplio alcance y donde los partidos decidieron asumir una cuota de riesgo. Incluso, siendo algo más puntillosos, en estas comunas la Concertación obtuvo alrededor de 1 millón 350 mil votos en la pasada elección de diputados 2009. Por tanto, esos 313 mil votantes que participaron en la primaria municipal de este año representan algo así como el 23% de la masa electoral total de la Concertación en esas comunas.

Como las primarias en Chile no están institucionalizadas, naturalmente se generan algunos vicios. Por ejemplo, el hecho de que muchos candidatos expliquen sus derrotas debido a la intervención de votantes (no militantes) de otros partidos. El argumento es que estos electores respaldan al candidato más débil con el fin de que a su coalición le sea más fácil derrotarlos en octubre. Si en Chile las primarias fuesen simultáneas, este problema dejaría de existir. Lo segundo tiene que ver con los “picados”. Es decir, aquellos candidatos que pierden pero que, al mismo tiempo, niegan su apoyo al vencedor o cuestionan su triunfo. Acá las primarias tienen un verdadero efecto “boomerang”, pues el ganador sale debilitado y no fortalecido. Si las primarias fuesen estrictamente vinculantes, seguramente este problema podría tener alguna solución. En tercer lugar, está la cobertura de prensa. Cuesta encontrar noticias positivas en torno a las recientes primarias de la Concertación. Se suele priorizar el hecho de que participó poca gente, que hubo acarreo, conflictos, denuncias y que, por tanto, las primarias no habrían hecho más que reproducir los vicios de la política. Si las primarias estuviesen debidamente reguladas y fuesen obligatorias para todos los partidos, probablemente la cobertura de prensa sería distinta.

Estos aspectos negativos que destacan en la agenda de los medios de comunicación no hacen más que profundizar la mala imagen de los políticos. Si los candidatos se eligen a puertas cerradas, se les acusa de elitistas, encapsulados y actuando de espaldas a la ciudadanía. Si los candidatos se eligen de manera abierta y participativa, se subrayan los vicios y no las virtudes del proceso. Creo que el mensaje, en definitiva, es que las primarias pasan a ser un proceso irrelevante. Mi postura es totalmente opuesta. Las primarias de la Concertación fueron organizadas y financiadas por los partidos. Se implementaron en 141 comunas que, en términos de votantes, representan casi la mitad de la población. Eso, al menos, demuestra un esfuerzo y voluntad por escapar de la crisis de confianza en que se encuentra la ex-coalición de gobierno.

El documento adjunto se organiza en tres partes. La primera parte estudia la participación electoral en las 141 comunas donde hubo elecciones primarias, subrayando que la participación fue sustantivamente más alta en las comunas pequeñas. Paralelamente, se plantea que si bien la participación es más alta cuando compite un incumbente, esa participación cae cuando el incumbente gana por un amplio margen. Es decir, si el incumbente se enfrenta a un desafiante débil, la participación será baja pues la masa de votantes sólo corresponderá a aquellos electores movilizados por el incumbente. En cambio, si hay más competencia entre el incumbente y alguno de los desafiantes (incluyendo la probabilidad de que el incumbente sea derrotado), la movilización no sólo correrá por cuenta del incumbente, sino que también por parte del desafiante, elevando así la participación electoral.

La segunda parte tiene como objetivo puntualizar el riesgo que corrió cada partido de la Concertación en estas elecciones. Es decir, cuántas comunas en las que obtuvo la alcaldía en 2008 fueron llevadas a primarias y, de ellas, cuál fue su magnitud en términos de número de votantes. Así, no sólo me preocupo del total de comunas puestas en riesgo, sino que también de su peso relativo (tamaño).
La tercera parte analiza los resultados de cada partido tanto de acuerdo al número de comunas obtenido como de su relevancia en términos de número de votantes. Todos estos resultados se basan en el tercer informe publicado en el sitio oficial de las primarias de la Concertación (www.primariasmunicipales2012.cl).

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Una Reforma Electoral Mediocre

La semana pasada me invitaron a firmar una carta apoyando la inscripción automática. La firmé y fue publicada en El Mercurio y en El Dínamo. El objetivo de la carta fue presionar a la clase política para formalizar el traspaso de la antigua forma de registro electoral (inscripción voluntaria) a la nueva forma de registro electoral (inscripción automática). Entre las 108 personas quienes firmaron la carta, hubo quienes la apoyaron pensando en el voto obligatorio y quienes la apoyaron pensando en el voto voluntario.

En una carta de réplica, Mauricio Morales argumentó que cualquier tipo de apoyo a una inscripción automática sería por defecto un apoyo al voto voluntario:

… los firmantes omiten el artículo 15 de la Constitución (actualizada a octubre de 2009): “En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y voluntario”. Es decir, que en caso de regir la inscripción automática, el voto será voluntario.

Morales tiene razón. En el fondo, la carta es un apoyo a la inscripción automática con voto voluntario (IAVV). Es decir, no hay forma alguna en que los firmantes que apoyan la inscripción automática con voto obligatorio (entre ellos yo) tengan la posibilidad de ver su preferencia de registro electoral materializarse. Al menos que exista una segunda reforma constitucional al artículo 15 (lo cual es altamente improbable), el voto en las próximas elecciones será voluntario.

Sin embargo, sabiendo esto de antemano, decidí firmar la carta de todos modos. Principalmente porque apoyo la inscripción automática en cualquier caso. Mientras creo que voto obligatorio sería su mejor combinación, también porque creo que el voto voluntario podría ser bueno bajo el sistema electoral actual. Un registro electoral de IAVV bajo el sistema binominal incorporaría un algo de incertidumbre a elecciones altamente predecibles.

Pero al largo plazo la IAVV no es una solución viable. Simples estudios de patrones de voto permitirán a los candidatos sistematizar sus campañas, lo que eventualmente volverá a estancar el sistema político. Es decir, un voto voluntario puede hacer poco para permanentemente instalar competencia en las elecciones. La combinación entre voto voluntario y sistema binominal tiene sentido a corto plazo, pero no logra resolver los problemas de fondo.

Si realmente existe un debate genuino sobre una reforma al sistema electoral, es importante tomar en cuenta todos los aspectos de la reforma. Es común ver errores de policy makers al reformar políticas de manera gradual. Muchas veces las etapas de los proyectos no son compatibles entre sí. Lo mismo sucede con la implementación de sistemas electorales. Es crucial tomar en cuenta todas las características y combinaciones para determinar sus potenciales efectos.

Por eso es imperativo que cualquier proyecto de reforma electoral revise con atención toda combinación de reglas electorales. Ya existe un debate sobre el efecto de la IAVV sobre el binominal. Pero no existe un debate de su compatibilidad con otros tipos de sistema electoral. ¿Cuál es el efecto de la IAVV sobre un sistema uninominal? ¿Cuál es el efecto de la IAVV sobre un sistema proporcional?

No tomar en cuenta el efecto del método de registro electoral es en todo sentido contraproducente.

Mi propuesta es que la IAVV se condicione al sistema binominal, por ahora. Y cuando la clase política finalmente decida (si es que decide) cambiar el sistema electoral, recién se discuta cuál es la forma de registro más compatible con el sistema-a-adoptar. Soy partidario de otorgarle más competencia al binominal por medio de la implementación de la IAVV, siempre y cuando se vuelva a discutir el método de registro al momento de la reforma electoral permanente.

Entonces, desde mi punto de vista, el cambio transitorio implica adoptar la IAVV para todas las elecciones que se lleven a cabo bajo el actual sistema binominal. Asimismo, el cambio permanente implicar volver a discutir el método de registro.

Lo más probable, sin embargo, es que la reforma sea una mediocre. Es improbable que los legisladores estén dispuestos a modificar la ley electoral dos veces consecutivas, aunque objetivamente sea la mejor forma (dado las condiciones) de potenciar la calidad de la democracia. En cambio, sí van a estar dispuestos a legislar para ganar pequeñas batallas en la opinión pública. Aprobar la IAVV de forma transitoria tiene sentido; instalarlo como el método permanente no.

Replica a “Salvemos la Democracia: ¡Inscripción Automática Ahora!”

Esta es la transcripción de una carta de replica de Mauricio Morales, a una carta que firmé (y que fue publicada en El Mercurio y en El Dínamo) junto a 107 otros académicos, actores sociales y líderes de opinión apoyando la inscripción automática para votar en elecciones de Chile. La recibí directamente de Morales por e-mail, el Miércoles 19 de Octubre de 2011.

En una declaración firmada por una serie de académicos y personeros del mundo público el día 17 de octubre de 2011 y expuesta en el diario electrónico El Dínamo (www.eldinamo.cl), se alega a favor de la inscripción automática en los registros electorales de todos los chilenos de 18 años y más. Estoy plenamente de acuerdo con la medida, no así con la información suministrada y el enfoque analítico de la declaración.

En primer lugar, la declaración es imprecisa al señalar que “en la Constitución existe la inscripción automática desde abril de 2009, pero en la práctica seguimos teniendo la obligación de inscribirnos en un registro disponible en ciertos lugares, en ciertos días y cierto horario” (El destacado es mío). Si bien la Ley Nº 20.337 publicada en el Diario Oficial el 4 de abril de 2009 instituye la inscripción automática y el voto voluntario, no es cierto que hoy los chilenos (sin que entre aún en vigencia la inscripción automática) tengamos la obligación de inscribirnos. En el régimen electoral previo, es decir, sin inscripción automática, dicha obligación era inexistente. La inscripción, en consecuencia, era voluntaria. Si la inscripción hubiese sido obligatoria, jamás tendríamos un volumen de más de 4 millones de no inscritos.

En segundo lugar, la discusión respecto a la obligatoriedad o voluntariedad del voto está intrínsecamente relacionada con el tipo de inscripción. Es imposible apoyar la inscripción automática sin tener posición en torno a si el voto será obligatorio o voluntario. Es como aceptar una oferta de viaje sin saber cuál será su destino. Ahora bien, los firmantes omiten el artículo 15 de la Constitución (actualizada a octubre de 2009): “En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y voluntario”. Es decir, que en caso de regir la inscripción automática, el voto será voluntario. Las dos condiciones (inscripción automática y voto voluntario) están presentes en la reforma. Apoyar hoy la inscripción automática, también implica respaldar el voto voluntario.

Personalmente, creo que un sistema que combine inscripción automática y voto voluntario es mejor que un régimen electoral con inscripción y voto prácticamente voluntarios (como el que existía previo a la reforma debido a la baja aplicabilidad de sanciones para los inscritos que no votaban y que tampoco daban aviso oportuno a Carabineros). Con inscripción automática y voto voluntario los ciudadanos podrán decidir hasta última hora si van o no a votar y, adicionalmente, dicha decisión será acompañada por la efervescencia de las campañas electorales, cuestión imposible con el sistema de inscripción voluntaria donde los registros cerraban antes que los candidatos desplegaran plenamente sus campañas. Quiero subrayar, eso sí, que el mejor régimen electoral para Chile es el de inscripción automática y voto obligatorio. Generalmente, en los sistemas de voto voluntario hay menos participación y/o las desigualdades económicas se transforman en desigualdades políticas, pues los más ricos tienden a votar más que los pobres. Sobre el primer punto se dirá que las encuestas muestran una alta predisposición a votar con voto voluntario. El problema es que estamos frente a una simulación (del dicho al hecho hay mucho trecho). No obstante, si más gente está dispuesta a votar con inscripción automática y voto voluntario, lo que se nos dice es que ese régimen electoral es mejor que un sistema de inscripción y voto prácticamente voluntarios. Entonces, podemos suponer que la participación con un sistema de inscripción automática y voto obligatorio sería aún mayor. Esto sería saludable para la democracia siempre y cuando se combine con un sistema electoral que estimule la competencia. De nada sirve modificar el régimen electoral si los índices de competencia política se mantienen inalterables. Incluso, esto puede ser venenoso para la democracia. Es decir, un sistema sin competencia y donde sea voluntario asistir a las urnas. Pocos irán a votar. Sobre lo segundo, alguien podrá discutir que los ricos siempre han votado más que los pobres. Al menos eso es lo que se desprende de análisis agregados a nivel comunal y de encuestas de opinión. El punto está en lo siguiente. Si tenemos claro que este problema ya se produce con un régimen de inscripción voluntaria y voto también prácticamente voluntario, entonces lo que debiésemos hacer es implementar una reforma que corrija dicho problema, no que lo agudice. Suponemos que la combinación de inscripción automática y voto voluntario no corregirá el problema. Por tanto, la solución pasa por otro camino que ya parece cerrado: voto obligatorio.

En tercer lugar, creo que es discutible uno de los supuestos de la declaración en torno a que los no inscritos se comportarían políticamente distinto a los inscritos. De acuerdo a los firmantes, el hecho de que los no inscritos voten generaría mayor incertidumbre en la elección y, por tanto, los partidos tendrían cierto resquemor a respaldar la inscripción automática debido al ingreso de nuevos votantes. En consecuencia, el hecho de bloquear la inscripción automática sería una señal de mezquinos cálculos electoralistas por parte de dirigentes y asesores partidarios. Todos ellos estarían pensando en arrastrar más agua a su molino y no, necesariamente, en buscar el mejor régimen electoral para Chile. El punto está en lo siguiente. Como muestra un estudio de 2008 realizado por uno de los firmantes (Patricio Navia), los inscritos y no inscritos tienen predisposiciones políticas similares particularmente en términos de identificación ideológica, cuestión que se reproduce para datos más actualizados. En algunas encuestas, eso sí, los no inscritos aparecen levemente más cargados hacia la izquierda, pero con mayores niveles de desafección con partidos y coaliciones. Si bien la discusión está abierta sobre este punto considerando los últimos acontecimientos sociopolíticos que involucran a jóvenes, no está demás subrayar que la entrada de nuevos votantes no es, necesariamente, una amenaza para los partidos vigentes. Claro, genera mayor incertidumbre, pero mientras no se modifiquen las reglas del juego (sistema electoral), probablemente los cambios no sean tan visibles.

En definitiva, me parece del todo razonable presionar por la aplicación de la inscripción automática. Pero hay que ser honestos en señalar que dicha presión también implica aceptar el voto voluntario. Junto a este debate, ciertamente, habría que reflotar la discusión en torno al cambio del sistema electoral. Me encantaría que más firmantes pudieran clamar por ese cambio que, de concretarse, sí podría hacer variar dos dimensiones claves de la democracia: participación y competencia.