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Los Bonos de confianza del Presidente

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En términos económicos los bonos son instrumentos financieros de deuda utilizados por entidades particulares y gubernamentales para financiar proyectos. Son emitidos por instituciones privadas o públicas, con el fin de recaudar capital, y con la promesa de devolverlo en su totalidad junto con los intereses. Un ejemplo de transacción de bonos se encuentra en la historia de la construcción del Costanera Center. Dado que Cencosud no contaba con los activos necesarios para financiar la operación desde su propia cuenta decidió emitir bonos para recaudar lo necesario para llevar a cabo el proyecto. Sin esos bonos Paulmann no podría haber construido el Costanera Center.

La efectividad de la gestión presidencial funciona de forma similar. En este paralelo alegórico el presidente emite bonos de confianza para lograr llevar a cabo sus proyectos, que van desde mensajes legislativos con quórum constitucional a políticas públicas de alcance local. Si el presidente tiene un alto nivel de confianza tiene en un alto nivel de apoyo para llevar a cabo sus proyectos. Si no tiene confianza no tiene apoyo. Una medición inicial de esta confianza se da en la elección en la que resulta electo. Si logra una alta votación, comienza su mandato con un alto nivel de confianza. Esto aumenta si además logra una mayoría legislativa en la contienda parlamentaria.

En Chile es difícil desmarcarse de la medición inicial. La Constitución política no permite que el presidente promedio comience su mandato con un alto apoyo. La mayoría de los presidentes desde el retorno de la democracia han sido electos con menos de 55% de los votos y con menos de 55% de apoyo en el poder legislativo. Los gobiernos que sí tuvieron la fortuna de tener este apoyo inicial han sido los que más avances relativos han logrado durante sus periodos. El gobierno de Patricio Aylwin y Eduardo Frei fueron los que tuvieron mayores facilidades para concretar sus programas. Tuvieron votaciones razonablemente buenas y mayorías legislativas relativamente altas.

Igual de importante es lo que sucede con la confianza en lo que resta de sus periodos. Esa confianza comúnmente se mide con índices de aprobación presidencial. Presientes que tienen altos niveles de aprobación presidencial tienen una mayor probabilidad de materializar sus proyectos que presidentes que tienen bajos niveles de aprobación presidencial. Aún cuando no tienen mayorías legislativas tienen una buena ventaja. Un buen ejemplo se dio durante el gobierno de Ricardo Lagos. Pese a haber sido electo con 51% de los votos y 50% del poder legislativo, logró importantes cambios constitucionales. Sin el 60% de aprobación es difícil imaginar que podría haber forzado la negociación.

En el otro extremo esta lo que ha sucedido con presidente de baja popularidad. Un ejemplo es el gobierno de Sebastián Piñera. Su baja popularidad en las encuestas de opinión pública han sido un permanente obstáculo para llevar a cabo proyectos. Entre los 7 ejes (crecimiento, empleo, seguridad ciudadana, educación, salud, pobreza, calidad de la democracia y reconstrucción) que Piñera propuso como primordiales en su gobierno, ha logrado–según mismas fuentes del gobierno–solo 2 (crecimiento y reconstrucción). En los restantes ejes ha tenido problemas de coordinación dentro de su propio sector o bien conflictos de alineación con parlamentarios de la Concertación.

Si Piñera fuera más popular no solo tendría mayor apoyo de los partidos de su coalición, pero una relación más liquida con los partidos de la oposición. Haber fluctuado entre 25% y 35% de aprobación le ha significado encontrar obstáculos hasta con el presidente de su partido (RN). Con un alto nivel de aprobación presidencial, Carlos Larraín no lo podría haber antagonizado en el debate sobre la reforma tributaria y las conversaciones sobre la reforma al sistema binominal. Asimismo, con un alto nivel de aprobación las criticas de la oposición sobre conflictos de interés y desprolijidad para llevar a cabo algunos proyectos como HidroAysén habrían sido menos agudas y reiteradas.

El argumento es claro. Hay cosas que no se pueden hacer con una aprobación presidencial baja. El gobierno de Piñera ha tenido problemas para entender ese hecho. Constantes declaraciones de voceros de La Monda han manifestando que los índices de popularidad no son rectores para el programa. Aunque algunos podrán argumentar que 2 de 7 ejes son más que en gobiernos anteriores, el alcance es diferente. Por ejemplo, la alta popularidad de Bachelet le permitió recuperarse del desastre del TranSantiago para poder seguir pasando mensajes legislativos en el Congreso durante sus últimos 2 años. Es difícil ver un repunte en la popularidad de Piñera, y por ende avances en lo que queda de su periodo.

El 39% de aprobación de Piñera en Febrero de 2013 (sin considerar las limitaciones metodológicas de la nueva encuesta Adimark) es alto comparado con lo que ha recibido el presidente en meses anteriores. Dado que el presidente naturalmente se torna menos preponderante en el último año de su cuatrienio y es improbable que logre pasar cualquier reforma de envergadura por el poder legislativo, el 39% es un buen punto de partida para enfocar su gestión en la continuidad de un segundo gobierno de la Alianza. La estrategia de La Moneda debería ser subir los bonos de confianza del Presidente para eventualmente traspasarlos al candidato que resulte electo en las primarias de su sector.

 

Cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010

Existen varias explicaciones sobre por qué Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Entre las más populares, dos libros publicados inmediatamente después de la elección. Uno llamado Radiografía de una Derrota, en que Eugenio Tironi relató como los problemas políticos endógenos que arrastraba la Concertación fueron un factor decisivo en su propia debacle electoral. Otro llamado La Estrella y el Arcoíris, en que Andrés Allamand y Marcela Cubillos argumentaron que las estrategias políticas de la centro-derecha fueron claves para desalojar a la centro-izquierda de La Moneda.

Yo ofrecí una tercera versión. En mi tesis de máster llamado The 2009/2010 Presidential Election in Chile, propuse un explicación desde un punto de vista más académico. Mediante un análisis a los resultados de encuestas encontré que se cumplieron dos condiciones (cada una necesaria, y juntas suficientes) para su victoria. Primero, una división dentro de la centro-izquierda (que finalmente llevó a la Concertación a perder el control del votante mediano). Y segundo, una campaña estratégicamente coherente y mediáticamente potente de la Alianza (que finalmente permitió a Piñera parecer un agente de cambio necesario).

Los tres ejemplos mencionados arriba son mucho más largos, detallados y complejos de lo esbozado aquí. El punto es que existen varias explicaciones de por qué Piñera ganó la elección, pero muy poco sobre cómo ganó la elección. La respuesta a esta paradoja es simple. Para saber por qué ganó solamente necesitamos fijar condiciones necesarias y suficientes. Por ejemplo, para Tironi la condición suficiente fue la desorganización de la Concertación, para Allamand y Cubillos la condición suficiente fue el trabajo de campaña de la Alianza, para mi la condición suficiente fue cuando ambas condiciones necesarias concordaron.

Explicar cómo ganó Piñera, por otro lado, implica otro tipo de razonamiento. Mientras que por qué es una pregunta sobre resultados, cómo es una pregunta sobre procesos. Por eso, en vez de fijar condiciones necesarias y suficientes para entender un resultado en particular, es crucial observar el patrón de hechos políticos y electorales que determinan el proceso que antecede al resultado. En esencia, es necesario medir el impacto de los candidatos sobre la opinión pública durante los meses de campaña. En ese sentido, las encuestas son la mejor forma para aproximarse a variaciones en preferencias electorales.

Pero utilizar encuestas para este objetivo no es tan simple. El problema es que hay muchas, todas con diferentes índices de intención de voto dependiendo de sus respectivas encuestadoras, fechas de trabajo de campo y número de encuestados. Una solución es la aproximación metodológica de Tresquintos (detalles aquí y aquí) para convertir el ruido inevitable que generan encuestas en una señal. Este método, diseñado para cualquier elección, produce un indicador único de intención de voto para cada día de campaña. La interpretación del indicador diario es la historia de cómo Piñera ganó la elección de 2009/2010.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la primera vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 12 de diciembre de 2009–un día antes de la elección. La gráfica muestra que Piñera nunca tuvo menos de 40% de apoyo. A partir de mayo de 2009, al menos, fue el candidato favorito. La gráfica también muestra que Frei fue bajando su intención de voto a medida que se acercó el 13 de diciembre. Esto se explica por la irrupción de los dos candidatos de centro-izquierda en la carrera, particularmente por la de Enríquez-Ominami, quien obtuvo su alza más brusca en las encuestas en mayo de 2009.

La gráfica que sigue esta hecha en base a la gráfica de arriba. Pero además ofrece un intervalo de credibilidad, que permite establecer el rango de probables indicadores de voto para cada uno de los candidatos. El cuadro muestra que Piñera fue el candidato más constante y coherente. Siempre se mantuvo en una intención de voto entre 40% y 45%. Frei y Enríquez-Ominami tuvieron más altos y bajos. Esto se puede explicar por la alta tensión entre ambas candidaturas masivamente transmitida por los medios de comunicación. Por su parte, Arrate solo despegó en los últimos tres meses, cuando se dio a conocer en los debates.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la segunda vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 16 de enero de 2010–un día antes de la elección. Similar a los pronósticos de primera vuelta, muestra que las encuestas siempre proyectaron que Piñera iba ganar en segunda vuelta. Con algunos altos y bajos, siempre estuvo entre 50% y 60% de las preferencias. Por su parte, Frei siempre estuvo entre 40% y 50% de las preferencias. Es importante notar que la variación se redujo a medida que se acercó la elección. El peak/valle de julio es por la campaña de Enríquez-Ominami para inscribir su candidatura.

La última gráfica muestra de mejor manera las variaciones en la intención de voto. Muestra que la única vez que fue plausible que Frei podría haber ganado en segunda vuelta fue a comienzos de junio. Aún así, es improbable que haya sido una intención de voto real–más bien un efecto de no tener encuestas en esos días (por ende aumenta la incertidumbre). Lo que sí es claro es que la atención a la inscripción de la candidatura de Enríquez-Ominami perjudico de sobremanera a la campaña de Frei, y de paso benefició a Piñera. También es nítido que tras la primera vuelta, el margen en la intención de voto entre ambos se estrechó.

Estas gráficas cuentan la historia de cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Los patrones de intención de voto desde mayo de 2009 hasta diciembre de 2009 (para primera vuelta), y enero de 2010 (para segunda vuelta), muestran al menos dos cosas interesantes. Una es que la elección de Piñera nunca estuvo en peligro. En más de alguna ocasión se especuló que Frei podría vencer a Piñera en segunda vuelta. Sobre todo en el caso en que Enríquez-Ominami y Arrate llamarán a votar por él. Pero la tendencia diaria muestra lo contrario. Frei estuvo mucho más cerca de obtener 45% que de obtener 50,1%.

Los patrones también validan que la división de la centro-izquierda fue fatidica para el desempeño de Frei. Si bien las gráficas solo muestran tendencias a partir de mayo de 2009, encuestas anteriores muestran que Frei marcaba por sobre el 40% (incluso más que Piñera en un par de ocasiones). Fue solo tras el inicio de la campaña por conseguir firmas de Enríquez-Ominami (en marzo de 2009) y la victoria en las primarias del Juntos Podemos Más de Arrate (en abril de 2009) que Frei comenzó a descender. Y fue tras la inscripción definitiva de las candidaturas (en septiembre de 2009) que se estancó bajo 30%.

El desenlace de Piñera

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Todos los gobiernos se dividen en tres periodos. Uno de instalación, uno de gestión y uno de desenlace. Si el periodo de instalación es breve permite que el periodo de gestión sea extenso. Este fue el caso en los sexenios de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos, que gracias a contar con estructuras de gobierno pre-existentes se pudieron instalar relativamente rápido y enfocar la mayor parte de los seis años en la gestión. El cuatrienio de Michelle Bachelet también tuvo un periodo de instalación breve, lo que le permitió gozar de un periodo largo de gestión a pesar de los cuatro años de su mandato.

Ninguno de los tres, sin embargo, pudo escapar del desenlace prematuro de sus gobiernos. Si bien todos contaron con periodos de instalación cortos y periodos de gestión largos, el ocaso de sus gobiernos comenzó alrededor de un año y medio antes de la elección presidencial respectiva. El desenlace de Frei Ruiz-Tagle comenzó cuando Lagos renunció a su cartera en julio de 1998 para levantar su candidatura presidencial. El desenlace de Lagos comenzó cuando Soledad Alvear y Bachelet renunciaron a sus carteras en septiembre de 2004 para levantar sus respectivas candidaturas presidenciales.

En estos aspectos el gobierno de Sebastián Piñera será completamente inverso a los gobiernos precedentes.

En retrospectiva veremos que Piñera tuvo un periodo de instalación largo. Es evidente que un costo de la alternancia se facture al comienzo de la administración debutante. Un recambio completo de gobierno inevitablemente retrasa la gestión. A diferencia de los presidentes anteriores, que literalmente se traspasaban las planillas de funcionarios, Piñera tuvo que diseñar un nuevo sistema gubernamental compatible con las estructuras de poder de su sector. Además, la gestión fue especialmente postpuesta durante su primer año, para dedicar buena parte del año a la reconstrucción.

Pero también veremos que Piñera tuvo un periodo de gestión corto. Problemas políticos dominaron su segundo año. En 2011 el gobierno utilizó negligencias de la administración anterior y el efecto del terremoto como pretextos para justificar retrasos en gestión. Además, el segundo piso no enfatizó lo suficiente la importancia de tener un alto nivel de aprobación presidencial, por lo que no lo pudieron usar como un instrumento para forzar negociaciones legislativas a su favor. Si bien se enviaron y se despacharon bastantes proyectos de ley, fueron significativamente menos que en gobiernos anteriores.

El día después de las elecciones municipales el foco político dejará de ser el gobierno de Piñera. Los resultados de las municipales serán lo que desencadene el proceso de selección de candidatos presidenciales. Generando una suerte de pato cojo, todos estarán más preocupados del próximo gobierno que del gobierno actual. Será especialmente evidente cuando dos de los ministros con mejor aprobación y mayor reconocimiento abandonen el gabinete para iniciar sus propias campañas presidenciales. Cuando Laurence Golborne y Andrés Allamand renuncien a sus cargos, el gobierno entrará en su fase final.

Es probable que durante el desenlace del gobierno de Piñera se produzcan resultados. Pero la mayor parte de los avances serán solo promesas de políticas públicas que serán fácilmente confundidas con propaganda. Aunque la línea nueva del metro y el puente sobre el canal de Chacao son obras necesarias y viables, su anuncio viene en un momento en que solo es posible un diseño parcial. Aunque sean proyectos ideados durante la administración actual serán responsabilidad, y por ende mérito, de gobiernos posteriores. Todo indica que Piñera se tendrá que resignar con lo que ya ha hecho.

Bachelet 2013 y la Sobrevivencia de la Concertación

Desde que Michelle Bachelet dejó La Moneda en 2010, ha sido la figura pública con mayor adhesión en las encuestas de opinión pública. También ha liderado los sondeos entre los potenciales candidatos para la próxima elección presidencial. El bajo nivel de rechazo y el alto nivel de apoyo ha llevado a un sector dentro de la Concertación a pedir su pronta nominación como la abanderada de la coalición para las elecciones de 2013.

El sector que plantea nominar a Bachelet cuanto antes descarta negociar con candidatos independientes y descolgados–Andrés Velasco y Marco Enríquez-Ominami. Buscan nominar a un candidato militante del cual exigen un gobierno sustentado en lealtades partidarias. Al nominar a Bachelet desde las elites, la Concertación evita la amenaza de fraccionar a los votantes de cara a una potencial segunda vuelta y potenciar a los partidos de su coalición.

Otro sector plantea nominar un candidato militante de la Concertación, pero por medio de primarias. Estos apuntan a renovar las cúpulas de líderes al permitir a todos los militantes que quieran levantar una candidatura. Dentro de este grupo también hay quienes apoyan incluir a independientes y descolgados en la nómina. Al establecer primarias, abiertas o cerradas, la coalición vincula a los aspirantes a apoyar al candidato único.

Si bien los dos sectores incluyen estrategias diferentes para lidiar con la candidatura de Bachelet, ambas representan una amenaza a la sobrevivencia de la Concertación. El primer sector propone reiterar el error de la Concertación en 2009, cuando al nominar a Frei implícitamente impulsaron la candidatura de Enríquez-Ominami. El segundo sector propone homologar el peso de Bachelet al de candidatos que no tienen apoyo en las encuestas (e.g. Claudio Orrego, Carolina Tohá).

El factor común de ambas estrategias es usar a Bachelet como punto de referencia. Si bien es algo inevitable, dado sus altos índices de apoyo en las encuestas, se está consolidando como un factor divisor por sobre uno unificador. Es probable que Bachelet sea parte del problema más que parte de la solución. Mientras Bachelet no manifieste su intención de levantar o declinar una candidatura en 2013, seguirán los conflictos intra-coalicionales.

El Efecto de Movilizaciones Ciudadanas sobre Resultados Electorales

En este artículo ofrezco una introspección a los potenciales efectos de las recientes movilizaciones ciudadanas sobre los resultados electorales de la Alianza en las elecciones municipales de 2012 y las elecciones legislativas de 2013.

Comienzo con las siguientes premisas:

  • El problema es la composición administrativa de La Moneda.
  • El efecto del problema son las movilizaciones ciudadanas.
  • El indicador de la magnitud del efecto es el nivel de aprobación presidencial.

1. El Problema

El problema es la composición administrativa de La Moneda. Ningún gobierno en la historia de Chile ha tenido tantos ministros independientes como la administración de Piñera. En lo que va del gobierno, ya han ejercido 12 ministros independientes. Como referencia, en los cuatro años del gobierno de Aylwin solo hubo 2 ministros independientes, en los seis años del gobierno de Frei solo hubo 5, en los seis años del gobierno de Lagos solo hubo 2, en los cuatro años de Bachelet solo hubo 4.

Esta composición de intereses heterogéneos ha provocado un relato difuso y personalista. Difuso porque con 12 ministros independientes, difícilmente pueden haber objetivos y convicciones ideológicas en común. La militancia partidista juega un rol crucial en circunscribir la homogeneidad de valores, convicciones y objetivos. Personalista porque el objetivo de Piñera al nominar ministros independientes es empoderar a cada ministro para administrar su cartera con total autoridad y relativa independencia. Coordinación inter-ministerial es clave para establecer el denominador común del gobierno.

2. El Efecto

Al intentar fortalecer los ministerios, Piñera debilitó al gobierno. Empoderó a los ministros para decidir con excesiva autonomía la dirección de sus carteras. Inevitablemente esto se transformó en una baja coordinación inter-ministerial, donde una política pública puede parecer razonable desde un despacho, pero contraproducentes desde otro. Por ejemplo, recudir las cotizaciones de salud en 7% para jubilados puede parecer razonable para los ministros de Salud y Economía, pero inviable para el Secretario General de la Presidencia.

Esta baja coordinación ha incentivado a pequeños grupos organizados a convocar movilizaciones ciudadanas masivas (e.g., Barracones, electricidad en Magallanes, HidroAysén). Si el gobierno hubiese estado informado e interconectado podría haber anticipado el efecto de implementar sus políticas públicas. Por eso, contario a lo que se piensa, las movilizaciones no son en contra de un gobierno de derecha, son en contra de un gobierno débil (Roberto Méndez equivocadamente sostuvo que una parte importante de los chilenos le irrita que la derecha esté gobernando).

Si este problema persiste, lo más seguro es que la Alianza sufra una masacre electoral en las urnas. Desde mi punto de vista, esto aún es evitable. La Alianza sigue siendo la coalición favorita para ganar en 2012. Por primera enfrenta una elección desde La Moneda; el despliegue en terreno no tiene precedentes. Pero el éxito dependerá de la reestructuración del gobierno. Si Piñera logra subir su aprobación sobre 50% (es decir, logra fortalecer el gobierno) tiene una buena oportunidad de ganar en 2012 y 2013.

Esto último se desprende de las siguientes premisas:

  • Para que la Alianza tenga un buen rendimiento en las elecciones municipales de 2012, Piñera necesita estabilizar su porcentaje de apoyo presidencial sobre 50%. (En un artículo académico encontré que el rendimiento electoral de la Alianza está directamente relacionado con los procesos políticos nacionales).
  • Para que la Alianza tenga un buen rendimiento en las elecciones legislativas de 2013, es crucial que tenga un buen rendimiento en las elecciones municipales de 2012. (En el mismo artículo académico encontré que los resultados de una elección municipal predicen de forma certera los resultados de la siguiente elección de diputados).

3. Planteamiento del Problema

Entonces la pregunta es:

  • ¿Qué tiene que hacer Piñera para estabilizar su porcentaje de apoyo sobre 50%?

4. La Respuesta

Cuando Piñera recibió 36% en la encuesta Adimark de Mayo 2011, sostuve que un cambio estructural era crucial para fortalecer el gobierno (ver aquí). Argumenté que la composición heterogénea del gabinete perjudicaba la coordinación inter-ministerial, y por ende debilitaba al gobierno frente a sus interlocutores. Recomendé que un cambio de gabinete sería la única forma de corregir el problema (ver aquí).

Sugerí dos alternativas. Una que proponía un cambio de gabinete sectorial; para mostrar la voluntad del gobierno para reparar problemas específicos que estaban creando problemas de gobernabilidad de corto plazo (e.g., no poder pasar proyectos claves en el Congreso). Otra que proponía un cambio de gabinete político; para integrar conducción real en la agenda, y así evitar potencial inestabilidad ciudadana y política en lo que resta del gobierno (entre ellos, movilizaciones masivas).

Desde entonces el problema se ha agravado. El problema ya no es no poder pasar ciertos proyectos claves en el congreso. El problema es que las movilizaciones se puedan instalar como una herramienta ciudadana de largo plazo. Por eso, un cambio de gabinete sectorial parece ser insuficiente. Para enfrentar los próximos dos años en La Moneda, Piñera debe replantear la estrategia del gobierno. Debe haber un cambio de gabinete sectorial y un cambio de gabinete político.

  1. Cambio Sectorial. Los ministerios de Educación y Medio Ambiente son las carteras más criticadas de La Moneda. Inevitablemente, para evitar movilizaciones, Piñera tendrá que hacer concesiones a los respectivos grupos de presión. Por ejemplo, en el caso de educación, no parece existir una salida que no implique negociar con los estudiantes. Luego de negociar, La Moneda se verá debilitada si el ministro que perdió poder permanece en el poder. Por eso, tras entregar las respectivas concesiones, la mejor forma de fortalecer La Moneda es reemplazar a los ministros debilitados con ministros nuevos.
  2. Cambio Político. Interior, SEGPRES y SEGGOB son los ministerios que han fallado en entregar estabilidad, gobernabilidad y trascendencia al gobierno. Los errores no forzados del gobierno son producto de la falta de coordinación en La Moneda, entre La Moneda y el Congreso y entre La Moneda y la gente. Estas tareas son responsabilidad directa de Hinzpeter, Larroulet y Von Baer. Su permanencia en el poder inevitablemente implica una alta probabilidad de que se repita.

5. El Resultado

Estos cambios en La Moneda son necesarios para el éxito del gobierno en lo que resta de su periodo, y para las prospectivas electorales de la Alianza en las elecciones de 2012 y 2013. Se necesita una solución estructural a un problema estructural. Retrasar este cambio solo puede agravar las consecuencias del problema (más movilizaciones y un mayor declive en la aprobación presidencial). La Alianza está en una situación privilegiada para ganar elecciones. No usar la oportunidad para reafirmar su condición de favorito frente a la Concertación puede repercutir negativamente en su desempeño electoral en las legislativas y presidenciales de 2013.

Cambio de Gabinete: ¿Cuándo y Quiénes?

Previo a la publicación de la encuesta Adimark (Mayo 2011) publiqué un artículo donde especulé sobre las repercusiones que tendría el sondeo sobre el gobierno. Allí expliqué que el cambio de gabinete era condicional del porcentaje de apoyo de la encuesta. Sostuve que si obtenía más de 40 puntos un cambio de gabinete no era necesario; sí obtenía entre 40 y 35 puntos tendría que hacer un cambio sectorial; y si obtenía menos de 40 puntos tendría que hacer un cambio político.

Obtuvo 36.

Sigo pensando que el cambio de gabinete es necesario. ¿Cuándo? Piñera tiene 2 opciones, ambas con ventajas y desventajas.

  1. Lo antes posible. Frente a la encuesta de Mayo, es obvio que algo no anda bien en el gobierno, y todos lo saben. El sostenido declive no es sorpresa y no es difícil identificar dónde esta el problema. En mi artículo pasado sostuve que es un problema político pero solucionable de forma sectorial. Contrario a la escéptica actitud con el cual el gobierno ha evitado referirse a las encuestas vocería (“no se gobierna mirando encuestas”), acusar recibo de la voz del pueblo le vendría hacer bien. Una pronta solución podría convencer a la gente que Piñera entiende el problema. En este sentido, postergar un cambio de gabinete podría ahondar la sensación de que Piñera no está en contacto con realidad del país. Inevitablemente se reflejaría en las próximas encuestas, llevando a Piñera a un nuevo récord en las encuestas.
  2. Después de la encuesta CEP de Junio-Julio. La tendencia en la opinión pública no va cambiar radicalmente. Sobre todo de un mes a otro. Los resultados presentados por Adimark son reflejo de la variación mensual, y están altamente correlacionados con los resultados de otras encuestas. La encuesta CEP confirmará el débil momento del gobierno. Tomar la decisión de rotar ministros del gabinete después de la encuesta CEP sin duda robustecería la opinión conformada tras los resultados de Adimark. Pero, decidir qué ministros cambiar no es una decisión que se debe hacer mirando el pulso público. Por el contario, Piñera sólo lograra revertir la tendencia si logra solucionar problemas de fondo que solo el puede identificar.

Me tiendo a inclinar por la primera opción. Piñera sabe donde le aprieta el zapato. No necesita esperar otra encuesta para confirmar que las piezas que no están funcionando no están funcionando. Ahora bien, más importante de cuándo se tome la decisión, es qué decisión tomar. En lo que sigue me refiero a tres opciones que tiene Piñera para efectuar el cambio de gabinete.

  1. Un cambio político. Lo que no esta funcionando en el gobierno es el manejo político. La inexperiencia de no gobernar le esta pasando la cuenta. La inhabilidad de Piñera para alinear a los partidos de su coalición (donde las zancaídas entre power players de la Alianza han significativamente reducido la capacidad de gobernar), ha impedido que el gobierno conecte su programa político con el programa político de las élites de los partidos. Esto ha impedido a Piñera y su equipo cercano (segundo piso) tomar decisiones que cuentan con respaldo transversal de la coalición.También ha estrechado la distancia de negociación entre la Alianza y la Concertación, ahondando la incapacidad del gobierno para alcanzar acuerdos. Una solución a este problema es reemplazar los ministros que hasta ahora han tomado las decisiones políticas del gobierno, Rodrigo Hinzpeter, Ena von Baer y Cristián Larroulet.
  2. Un cambio sectorial. Mientras un cambio político ayudaría a reorganizar la estrategia del gobierno, no solucionaría problemas inmediatos. El efecto de tener un mal manejo político se ha manifestado en malas decisiones (completamente evitables) en ciertos sectores de la administración pública. Esto tiene un efecto directo en la evaluación del jefe de cada cartera. Por ejemplo, la sensacional discusión pública por el post-natal terminó afectando a la Ministra de la Comisión Nacional de la Mujer, Carolina Schmidt; HidroAysén le paso la cuenta a la ministra de la Comisión Nacional de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez; las marchas de estudiantes y apoderados forzaron la estrepitosa caída del ministro de Educación, Joaquín Lavín. Estos ministros, junto a otros que han sido incapaces de entregar resultados concretos (entre ellos Hernán de Solminihac de Obras Públicas y Jaime Mañalich de Salud) son opciones claras para dejar La Moneda. Un cambio en uno o más de estos sectores apuntaría a neutralizar — al menos momentáneamente — la critica de grupos organizados en contra de la estructura burocrática del gobierno.
  3. Enroque ministerial. La naturaleza política del problema de Piñera es un reflejo de la mala estrategia política del gobierno, no de la capacidad individual de los ministros. Sin duda que los ministros son profesionales capaces de llevar a cabo las tareas que se le han encomendado. Por eso (y compromisos personales del presidente con ciertos ministros (Andrés Allamand y Evelyn Matthei), Piñera podría apuntar decidir rotar a ministros entre carteras, de forma de no afectar el balance de poder dentro de La Moneda. Por ejemplo, Allamand podría enrocar con Hinzpeter (defensa por interior).

En conclusión, el cambio de gabinete es necesario y mientras antes suceda mejor. Creo que el mejor tipo de cambio de gabinete sería uno donde Piñera reemplace ministros sectoriales por caras frescas que vienen del mundo de lo partidos (no el mundo empresarial). Reciclar caras viejas o traer a gente del poder legislativo (podría llegar el primo del Presidente, el Senador UDI Andrés Chadwick a vocería), solo reforzaría la endogamia política del cual todos los chilenos estan manifiestamente hartos. En cambio, al reemplazar ministros sectoriales Piñera podría reservar el cambio de ministros políticos para una potencial baja en la CEP. Si Piñera cambia a los ministros políticos ahora, y sigue cayendo en encuestas, no tendrá excusas que dar.

La Moneda y los Caza-Bachelet

A partir de la semana 23-29 de mayo 2011 La Moneda unilateralmente tomó la iniciativa de resusitar a Bachelet en la arena pública. Mi tesis es que Piñera quiere matar dos pájaros de un tiro:

  1. Empatar con la Concertación en HidroAysén. La lógica tras esto es que mientras Piñera sea visto por la gente al mismo nivel de Bachelet, lo que hace Piñera no esta mal. El mensaje es que al ser HA producto de la institucionalidad, la culpa es tanto de Bachelet como de Piñera. Incluso si HA finalmente se detiene, Piñera podrá enfatizar que su gobierno logró detener un proyecto desastroso que fue diseñado durante el gobierno de Bachelet. A corto plazo esto tiene el objetivo de levantar los índices de opinión pública, dado que la gente comprenderá que el gobierno de Piñera no tiene culpa en el desastre de HA.
  2. Deteriorar la candidatura presidencial de Bachelet 2013. Michelle Bachelet es la candidata de la Concertación para la elección presidencial de 2013. Del listado de potenciales candidatos, es Bachelet quien obtiene la mayor aprobación entre la gente. También es ella quien genera mayor transversalidad entre las élites de la Concertación. Salvo algunos escollos en la primera mitad de su cuatrienio (e.g., revolución de los pinguinos, Transantiago), tampoco tiene flancos abiertos para ser atacada por la oposición. Hasta HA no hay evidencia que su aprobación haya estado en declive. A largo plazo esto tiene el objetivo de relativamente fortalecer  al candidato presidencial de la Alianza en 2013.

2 introspecciones:

  • Lograr este objetivo es solo posible por medio de los caza-Bachelet (políticos de la Alianza enfocados en criticar el gobierno de Bachelet). Si bien no es la primera vez que despegan, es la primera vez que despegan desde La Moneda. La vez anterior los caza-Bachelet despegaron del congreso (liderados por el diputado Gustavo Hasbún) con el Caso ONGs y las supuestas negligencias del terremoto en la mira. Esta vez los caza-Bachelet despegaron de La Moneda (liderados por la ministra Ena von Baer) y determinados a darle a Bachelet. Al venir directamente desde La Moneda, las indicaciones son evidencia de que parte del beneficio de pegarle a Bachelet es levantar la aprobación de Piñera.
  • Ahora bien, debo admitir que creo que para La Moneda es más importante el segundo objetivo. Principalmente por la forma en que Bachelet salió al debate. Si el gobierno de Piñera no se habría encontrado con los problemas de HA, Bachelet no sería tema hoy día. Pero fue una inflexión clave para comenzar a deteriorar las prospectivas de Bachelet para 2013. (Es más, intuyo que La Moneda nunca esperó que sus acusaciones contra el HA bajo el gobierno de la Concertación tomaría tanto vuelo). Esto es evidencia de que Piñera también esta jugando un juego paralelo con la Alianza, donde parte de las estrategia para confrontar a la Concertación es a corto plazo (y beneficia a Piñera y RN), pero la otra parte es a largo plazo (y beneficia a la UDI). Por eso, buena parte de la presión para que La Moneda critique a Bachelet viene desde la UDI.