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La Caída de RN

Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente están juntos porque se necesitan, no porque lo quieren. Si compitiendo individualmente podrían obtener como mínimo las cuotas de poder que obtienen compitiendo en conjunto, se pondría fin a la Alianza por Chile.

Por ser una coalición necesaria, la distribución interna de poder a menudo acaba en negociaciones arduas y complicadas, que rara vez dejan satisfechas a ambas partes. Porque lo que le conviene a uno, no necesariamente le conviene al otro. Sin embargo, han decidido permanecer juntos durante las últimas dos décadas.

El origen de ésta paradoja está en la formación de la coalición en 1989, tras el retorno a la democracia. Si bien un clivaje ideológico agrupó a los partidos que se opusieron al gobierno militar en una coalición, y a los que estuvieron a favor en otra coalición, han sido las reglas electorales las que las han perpetuado.

Por un lado, las reglas de elecciones presidenciales dan por vencedor al candidato que logre más de 50% de los votos. Esto ha llevado a que los partidos busquen agruparse en coaliciones para obtener una mayoría que de otra forma sería imposible.

Por otro lado, las reglas de elecciones legislativas otorgan 2 escaños a la lista más votada si logra doblar en votos a la segunda lista más votada. Esta ha llevado que los partidos busquen agruparse en coaliciones para intentar doblar a la otra coalición, o bien para evitar el doblaje en contra.

En un comienzo, RN fue el partido más poderoso dentro de la Alianza. Se impuso a la UDI en todas las elecciones que siguieron el retorno a la democracia, lo que le permitió ser el controlador de las decisiones dentro de la coalición y preservar el poder al auto-designarse la mayoría de los cupos electorales.

En 2000 esta situación se revirtió. Si bien fue en gran parte debido a los constantes conflictos entre la UDI y RN, tres hechos específicos destacan como los responsables en el cambio en el balance de poder, donde la UDI finalmente reemplazó a RN como el partido más grande de la coalición.

El primer hecho lo protagonizaron Sebastián Piñera y Evelyn Matthei en 1993. En la batalla por la candidatura presidencial, el espionaje telefónico a una conversación de Piñera (Piñeragate) derrumbó la esperanza de ambos. Finalmente Matthei renunció a RN y se sumó a la UDI.

El segundo hecho se dio en el marco de las convenciones presidenciales de la Alianza el mismo año, cuando RN levantó a Manuel Feliú como candidato, pero las élites de la UDI unilateralmente decidieron reemplazarlo con un candidato de su propio sector: Arturo Alessandri Besa.

El tercer hecho se dio en las elecciones senatoriales de 1997, cuando la “campaña de las drogas” de Carlos Bombal (UDI) amartilló la de Andrés Allamand (RN) en Santiago Oriente. El ímpetu de la victoria llevó a que Joaquín Lavín (UDI), alcalde de Santiago, se auto-proclamara el candidato presidencial de 1999.

El exitoso–y sorpresivo–rendimiento de Lavín en las elecciones presidenciales de 1999 fue el principio de la caída definitiva de RN. La potente campaña de Lavín fue usada por la UDI como la inspiración para movilizar a todos los votantes de la derecha tras su causa.

En 2000, el mismo año que la segunda vuelta presidencial, la UDI por primera vez logró obtener más votos que RN en una elección. El hecho marcó el final del liderazgo de RN. En 2001, 2004, 2005, 2008 y 2009 la UDI fue el partido más votado de la Alianza.

El poder en la Alianza suma-zero. Cuando un partido obtiene poder, es a costo del otro. Y la historia muestra que el poder ha sido sistemáticamente transferido desde RN hacia la UDI. Sin un cambio significativo a las reglas electorales, RN está condenado a permanecer como el partido más pequeño de la derecha.

Candidatos Presidenciales Anti-Sistema

Hay una piscina con alrededor de 22 potenciales candidatos para ser electos a la presidencia en 2013 (ver aquí). Entre ellos se repiten sistemáticamente alrededor de 6 nombres en todas las encuestas. En la Alianza se repiten Laurence Golborne, Joaquín Lavín y Rodrigo Hinzpeter; en la Concertación se repiten Michelle Bachelet, Ricardo Lagos Weber y Carolina Tohá.

¿Cuáles de ellos serán los candidatos definitivos y por qué?

En el libro Radiografía de una Derrota, Eugenio Tironi argumenta que una campaña electoral exitosa esta compuesta por dos factores:

  1. Definir un clivaje que tenga sentido para los electores y permita poner en relieve y potenciar los atributos más positivos del candidato y de su coalición.
  2. Conseguir que ese clivaje sea el que domine la campaña y que los electores lo tengan en su mente al emitir su voto.

Este ha sido, al menos, el caso en Chile desde el plebiscito de 1988.

La primera campaña presidencial fue en 1989. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘democracia/autoritarismo’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/democracia’, mientras que la derecha se abanderó el tilde ‘derecha/autoritarismo’. Tras 17 años de régimen autoritario, Aylwin no tuvo mayores problemas para derrotar a Buichi.

La segunda campaña presidencial fue en 1993. En esta elección se mantuvo el clivaje de 1989. El balance, sin embargo, favoreció a la Concertación, que logró incorporar un componente de continuidad para ejecutar reformas pendientes (para cimentar instituciones políticas) y ampliar las inversiones extranjeras (para mejorar la capacidad competitiva de la economía).

La tercera campaña presidencial fue en 1999. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘continuidad/cambio’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/continuidad’, mientras que la Alianza se abanderó el tilde ‘derecha/cambio’. En esta elección la derecha abandonó el respaldo–que había dado en 1989 y 1993–al gobierno autoritario, y adoptó un concepto de cambio a su plataforma de campaña. Tras una década de la Concertación en el poder, la Alianza casi llegó a la presidencia con esta estrategia.

La cuarta campaña presidencial fue en 2005. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘cambio de liderazgo/cambio político’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/cambio de liderazgo’, mientras que la Alianza se abanderó el tilde derecha/cambio político. Dado que Lavín había herido mortalmente el clivaje ‘democracia/autoritarismo’ en 1999, la Concertación se vio forzada a cambiar su estrategia. El alza de Bachelet en las encuestas naturalmente ocupó el espacio de cambio de liderazgo y fue más potente que el mensaje de cambio político que proponía la derecha de Piñera y Lavín.

La quinta campaña presidencial fue en 2009. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘mejor gestión/cambio en el modelo’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/mejor gestión’, mientras que la Alianza se abanderó el tilde ‘derecha/cambio de modelo’. La Concertación se vio forzada a realizar una autocrítica a las redes de corrupción y burocracia que habían echado raíces durante sus gobiernos. Sin embargo, esta estrategia no fue suficiente para convencer a los votantes, quienes ya buscaban un cambio de modelo.

En todos estos casos (1989, 1993, 1999, 2005, 2009), la coalición que mejor definió el clivaje, y que lo transmitió de manera más efectiva a los votantes, ganó la elección. Esta tradición se repetirá en 2013. Por eso, es importante anticipar cuál será el clivaje, y cuál es el candidato mejor posicionado para transmitirlo a los votantes.

En 2009 ocurrió un hecho crucial para anticipar el clivaje de 2013: la irrupción de Marco Enríquez-Ominami. Su campaña transversal recogió votos de ambos lados del espectro ideológico, mostrando que hay una buena parte de los votantes que no esta votando en referencia al clivaje ‘izquierda/derecha’– ‘cambio de modelo/mejor gestión’. Este grupo de votantes–que bien pueden inclinar el resultado definitivo de la elección– esta enfocado a castigar a aquellos que provienen del sistema–político y económico–imperante.

Mi intuición es que la elección de 2013 tendrá un clivaje ‘izquierda/derecha’– ‘sistema/anti-sistema’. Principalmente porque existen problemas estructurales en el sistema político (leyes electorales) y en el sistema económico (financiamiento de educación y salud), que ninguna de las dos coaliciones ha logrado revertir.

A partir de la lista de potenciales candidatos presidenciales de tresquintos (ver aquí), compuse un gráfico que posiciona a los presidenciables en un clivaje ‘izquierda/derecha’–’sistema/anti-sistema’.

(Click en imagen para agrandar)

El eje ‘izquierda/derecha’ muestra el clásico posicionamiento de los candidatos de acuerdo a su distancia ideológica del centro. En la Alianza supongo que los candidatos de RN están más lejos del centro que los candidato de la UDI. En la Concertación supongo que el PDC es el partido más cercano al centro, seguido por el PRSD, el PPD y el PS. Si bien los candidatos están posicionados para reflejar esta escala en algunos casos existen candidatos que son más representativos de la coalición que de su partido (e.g. Bachelet).

El eje ‘sistema/anti-sistema’ muestra la diferencia entre aquellos que adhieren a al sistema y los que no adhieren al sistema. Es principalmente la diferencia entre militantes y no militantes, pero toma en cuenta aquellos que están en algún punto intermedio (representan un cambio en el sistema, siendo parte del sistema). A diferencia de la escala ideológica continua, el eje ‘sistema/anti-sistema’ es nominal y se divide en 3 categorías.

Los nombres en el primer tercio del gráfico (Longueira, Lavín, Allamand, Matthei, Golborne; Andrade, Lagos E., Gómez, Walker) son potenciales candidatos que militan en los partidos de la Alianza y la Concertacion. Son parte del sistema y no representan un cambio en la opinión de la gente.

Los nombres en segundo tercio del gráfico (Bachelet, Velasco, Golborne) son aquellos que si bien están dentro del sistema de partidos, no son sistemáticamente asociados con ellos. Bachelet fue electa por su capacidad de desmarcarse de los partidos, Velasco y Golborne son independientes que proyectan una imagen que rechaza la militancia tradicional.

Los nombres entre el primer tercio y el segundo tercio (Tohá, Orrego) son potenciales candidatos que representan una renovación generacional, pero por dentro del sistema. Mientras son símbolos de cambio, también son símbolos de continuidad–al ser lideres de sus respectivos partidos.

El nombre en el tercer tercio (Arrate) representa al potencial candidato del pacto Juntos Podemos Más. En este caso utilizo a Jorge Arrate para mostrar que el candidato de esa coalición tiene la misión de proponer un cambio radical en el sistema.

Finalmente, el nombre entre el segundo tercio y el tercer tercio (Enríquez-Ominami) es el de un candidato que viene del sistema, pero propone cambiarlo radicalmente. Representa un rechazo al sistema, no adhiere al sistema y no gobierna con los partidos.

Si el clivaje de la elección de 2013 es ‘sistema/anti-sistema’, la coalición que nomine un candidato que se acerque más a satisfacer esa demanda estará mejor posicionada para ganar. En este caso, el candidato idóneo de la Alianza es Golborne. Como candidato independiente (cercano a la UDI), representa una categoría de candidatos que no se han visto desde 1989 en la Alianza. Para la gente es atractivo la nominación de un candidato que venga de fuera del sistema para solucionar los problemas del sistema.

Los candidatos idóneos de la Concertación son Tohá, Orrego, Bachelet y Velasco. Si bien Tohá y Orrego representan un cambio generacional, no necesariamente representan un cambio al sistema. Bachelet proviene del mundo de los partidos, pero su reputación la coloca en un lugar que no es evaluado transversalmente con el de los partidos. Y Velasco, como independiente, representa una posición exógena al sistema (independiente de su postura ortodoxa sobre la economía). Por eso, podría consolidarse en una figura interesante para la gente.

Finalmente, Marco Enríquez-Ominami es un candidato que representa un cambio al sistema desde fuera del sistema. Pese a su paso por el PS, su postura en las elecciones de 2009 dejan en claro su voluntad de romper con el sistema imperante. Podría ser un candidato con alta votación, tanto por dentro de la Concertación como por fuera.

El Efecto de Movilizaciones Ciudadanas sobre Resultados Electorales

En este artículo ofrezco una introspección a los potenciales efectos de las recientes movilizaciones ciudadanas sobre los resultados electorales de la Alianza en las elecciones municipales de 2012 y las elecciones legislativas de 2013.

Comienzo con las siguientes premisas:

  • El problema es la composición administrativa de La Moneda.
  • El efecto del problema son las movilizaciones ciudadanas.
  • El indicador de la magnitud del efecto es el nivel de aprobación presidencial.

1. El Problema

El problema es la composición administrativa de La Moneda. Ningún gobierno en la historia de Chile ha tenido tantos ministros independientes como la administración de Piñera. En lo que va del gobierno, ya han ejercido 12 ministros independientes. Como referencia, en los cuatro años del gobierno de Aylwin solo hubo 2 ministros independientes, en los seis años del gobierno de Frei solo hubo 5, en los seis años del gobierno de Lagos solo hubo 2, en los cuatro años de Bachelet solo hubo 4.

Esta composición de intereses heterogéneos ha provocado un relato difuso y personalista. Difuso porque con 12 ministros independientes, difícilmente pueden haber objetivos y convicciones ideológicas en común. La militancia partidista juega un rol crucial en circunscribir la homogeneidad de valores, convicciones y objetivos. Personalista porque el objetivo de Piñera al nominar ministros independientes es empoderar a cada ministro para administrar su cartera con total autoridad y relativa independencia. Coordinación inter-ministerial es clave para establecer el denominador común del gobierno.

2. El Efecto

Al intentar fortalecer los ministerios, Piñera debilitó al gobierno. Empoderó a los ministros para decidir con excesiva autonomía la dirección de sus carteras. Inevitablemente esto se transformó en una baja coordinación inter-ministerial, donde una política pública puede parecer razonable desde un despacho, pero contraproducentes desde otro. Por ejemplo, recudir las cotizaciones de salud en 7% para jubilados puede parecer razonable para los ministros de Salud y Economía, pero inviable para el Secretario General de la Presidencia.

Esta baja coordinación ha incentivado a pequeños grupos organizados a convocar movilizaciones ciudadanas masivas (e.g., Barracones, electricidad en Magallanes, HidroAysén). Si el gobierno hubiese estado informado e interconectado podría haber anticipado el efecto de implementar sus políticas públicas. Por eso, contario a lo que se piensa, las movilizaciones no son en contra de un gobierno de derecha, son en contra de un gobierno débil (Roberto Méndez equivocadamente sostuvo que una parte importante de los chilenos le irrita que la derecha esté gobernando).

Si este problema persiste, lo más seguro es que la Alianza sufra una masacre electoral en las urnas. Desde mi punto de vista, esto aún es evitable. La Alianza sigue siendo la coalición favorita para ganar en 2012. Por primera enfrenta una elección desde La Moneda; el despliegue en terreno no tiene precedentes. Pero el éxito dependerá de la reestructuración del gobierno. Si Piñera logra subir su aprobación sobre 50% (es decir, logra fortalecer el gobierno) tiene una buena oportunidad de ganar en 2012 y 2013.

Esto último se desprende de las siguientes premisas:

  • Para que la Alianza tenga un buen rendimiento en las elecciones municipales de 2012, Piñera necesita estabilizar su porcentaje de apoyo presidencial sobre 50%. (En un artículo académico encontré que el rendimiento electoral de la Alianza está directamente relacionado con los procesos políticos nacionales).
  • Para que la Alianza tenga un buen rendimiento en las elecciones legislativas de 2013, es crucial que tenga un buen rendimiento en las elecciones municipales de 2012. (En el mismo artículo académico encontré que los resultados de una elección municipal predicen de forma certera los resultados de la siguiente elección de diputados).

3. Planteamiento del Problema

Entonces la pregunta es:

  • ¿Qué tiene que hacer Piñera para estabilizar su porcentaje de apoyo sobre 50%?

4. La Respuesta

Cuando Piñera recibió 36% en la encuesta Adimark de Mayo 2011, sostuve que un cambio estructural era crucial para fortalecer el gobierno (ver aquí). Argumenté que la composición heterogénea del gabinete perjudicaba la coordinación inter-ministerial, y por ende debilitaba al gobierno frente a sus interlocutores. Recomendé que un cambio de gabinete sería la única forma de corregir el problema (ver aquí).

Sugerí dos alternativas. Una que proponía un cambio de gabinete sectorial; para mostrar la voluntad del gobierno para reparar problemas específicos que estaban creando problemas de gobernabilidad de corto plazo (e.g., no poder pasar proyectos claves en el Congreso). Otra que proponía un cambio de gabinete político; para integrar conducción real en la agenda, y así evitar potencial inestabilidad ciudadana y política en lo que resta del gobierno (entre ellos, movilizaciones masivas).

Desde entonces el problema se ha agravado. El problema ya no es no poder pasar ciertos proyectos claves en el congreso. El problema es que las movilizaciones se puedan instalar como una herramienta ciudadana de largo plazo. Por eso, un cambio de gabinete sectorial parece ser insuficiente. Para enfrentar los próximos dos años en La Moneda, Piñera debe replantear la estrategia del gobierno. Debe haber un cambio de gabinete sectorial y un cambio de gabinete político.

  1. Cambio Sectorial. Los ministerios de Educación y Medio Ambiente son las carteras más criticadas de La Moneda. Inevitablemente, para evitar movilizaciones, Piñera tendrá que hacer concesiones a los respectivos grupos de presión. Por ejemplo, en el caso de educación, no parece existir una salida que no implique negociar con los estudiantes. Luego de negociar, La Moneda se verá debilitada si el ministro que perdió poder permanece en el poder. Por eso, tras entregar las respectivas concesiones, la mejor forma de fortalecer La Moneda es reemplazar a los ministros debilitados con ministros nuevos.
  2. Cambio Político. Interior, SEGPRES y SEGGOB son los ministerios que han fallado en entregar estabilidad, gobernabilidad y trascendencia al gobierno. Los errores no forzados del gobierno son producto de la falta de coordinación en La Moneda, entre La Moneda y el Congreso y entre La Moneda y la gente. Estas tareas son responsabilidad directa de Hinzpeter, Larroulet y Von Baer. Su permanencia en el poder inevitablemente implica una alta probabilidad de que se repita.

5. El Resultado

Estos cambios en La Moneda son necesarios para el éxito del gobierno en lo que resta de su periodo, y para las prospectivas electorales de la Alianza en las elecciones de 2012 y 2013. Se necesita una solución estructural a un problema estructural. Retrasar este cambio solo puede agravar las consecuencias del problema (más movilizaciones y un mayor declive en la aprobación presidencial). La Alianza está en una situación privilegiada para ganar elecciones. No usar la oportunidad para reafirmar su condición de favorito frente a la Concertación puede repercutir negativamente en su desempeño electoral en las legislativas y presidenciales de 2013.

¿Cambio de Gabinete?

Todos los dardos apuntan a un bajo índice de apoyo a Piñera en la encuesta Adimark de Mayo 2011. Tras 3 meses de un bajo apoyo en las encuestas, no hay duda que la contingencia esta afectando de sobremanera al gobierno. Esto no es más que un reflejo de la inhabilidad de La Moneda para producir resultados visibles. Por eso, el efecto de la encuesta de Mayo (2011) podría cambiar drásticamente el curso del gobierno.
 
Mi vaticinio es que podría haber un cambio de gabinete. Esta predicción está hecha en base a que hay ciertos ministros que no pueden salir del gabinete:
 
  • Andrés Allamand (entró a Defensa desde el Senado con un compromiso de seguir hasta el final del gobierno), Evelyn Matthei (entró a Trabajo desde el Senado con un compromiso de seguir hasta el final del gobierno), Laurence Golborne (tiene el nivel de aprobación más alto del gabinete), Joaquín Lavín (tiene el segundo nivel de aprobación más alto del gabinete), Felipe Larraín (es raro cambiar al ministro de Hacienda a mitad de gobierno), Alfredo Moreno (Relaciones Internacionales no es una cartera pólemica, y su cartera ha tenido la mejor aprobación sectorial en encuestas), José Antonio Galilea (Agricultura no es una cartera polemica), Felipe Kast (es protegido de la UDI), Felipe Bulnes (tiene una buena percepción en la opinión pública), Rodrigo Pérez (en Abril reemplazó a Magdalena Matte en Vivienda), Pedro Pablo Errázuriz (en Enero reemplazó a Felipe Morandé en Transporte).

Entre los ministros que quedan, podrían haber 2 tipos de cambio de gabinete, dependiendo del porcentaje de apoyo a Piñera en la encuesta:

  • Entre 35%-40%. La aprobación tendría continuidad en relación a meses pasados. En este caso Piñera tendría que la desición de reemplazar a los sectores de su gobierno que han estado bajo escrutinio público en los últimos meses. Aquí mi predicción es un cambio de gabinete sectorial. Podría salir María Ignacia Benítez de la Comisión Nacional de Medio Ambiente,  Carolina Schmidt del Servicio Nacional de la Mujer, Hernán de Solminihac de Obras Públicas o Jaime Mañalich de Salud.
  • Bajo 35%. La aprobación sería significativamente más baja en relación a meses pasados. En este caso Piñera tendría que tomar desiciones para reparar algo que un simple enroque de ciertos sectores de su gobierno no podría lograr. Aquí mi predicción es un cambio de gabinete político. Podría salir Rodrigo Hinzpeter de Interior, Cristian Larroulet de la Secretaría General de la Presidencia o Ena Von Baer de la Secretaría General de Gobierno.
 

Candidato Presidencial de la Alianza

En una columna publicada el 11.05.2011 en El Mercurio, Gonzalo Rojas implica que el candidato de la Alianza no debe ser electo por primarias:

A la Coalición, los plazos le corren paralelos. Debe gobernar y, al mismo tiempo, debe conseguir que sus seis eventuales candidatos puedan ofrecer un programa que mejore mucho lo presente. Y para que aquéllos se muestren, el mecanismo clave -contrariamente a como lo sugieren algunos dirigentes en ambos partidos oficialistas- no son las primarias.

Continúa la idea, pero denuevo deja en claro que primarias no son necesarias, y que lo mejor para la Alianza es escoger un candidato conocido por la gente:

El tema decisivo es primario también, pero en su sentido más propio: lo primario, lo primero, es que los chilenos sepamos quiénes son realmente las seis personas que podrían alcanzar esa nominación.

Estoy en contra de esta opinión. Precisamente porque creo que son las primarias las que deben ser el mecanismo por el cual se conoce a los candidatos. En mi visión, las primarias impulsan las probabilidades de que una coalición logre elegir a su candidato en la elección. Mientras más coordinada este una coalición, más difícil será ganarle. Las elecciones presidenciales pasadas respaldan esta opinión.

En las elecciones de 2005, por falta de coordinación la Alianza llevó dos candidatos (Joaquín Lavín y Sebastián Piñera) a las elecciones presidenciales. Aunque la suma de sus votos fue suficiente para derrotar a la candidata de la Concertación (Michelle Bachelet) en la primera ronda de las elecciones, la división de la Alianza llevó a la victoria de Bachelet en la segunda vuelta.

Este fue también el caso de las elecciones de 2009, cuando la Concertación decidió anti-democraticamente elegir a su candidato (Eduardo Frei), en lugar de celebrar primarias. (Las primarias en la VI y VII regiones fueron cualquier cosa menos democráticas). Esta decisión causó que dos militantes de la Concertación (Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami) a abandonar de la Concertación y persiguieran candidaturas propias. Aunque la suma de los votos entre los 3 ex-Concertación eran suficientes para derrotar al candidato de la Alianza (Sebastián Piñera) en la primera ronda de las elecciones, la división llevó a la victoria de Piñera en la segunda vuelta.

En otros países la necesidad de primarias esta asumida. En Estados Unidos el partido Repúblicano y el partido Demócrata celebran primarias en el transcurso de un año precio a la elección definitiva, donde cada parte lleva al menos 7 candidatos de los suyos para debatir entre si. Las primarias son nacionales (y federales: se celebran en cada Estado) y el pre-candidato que gana es proclamado candidato oficial con el respaldo de los candidatos perdedores.

En Argentina las primarias usualmente no ocurrían, por lo que una Ley  aprobada en 2010 estipula que los partidos deben competir en primarias nacionales para poder designar a sus candidatos para las elecciones generales (ver Ley N º 26.571, art. N º 20). Además, los partidos que pretenden fusionarse con otros partidos en coaliciones deberán hacerlo antes de la elección primaria, no después. Si esta ley se habría promulgado para la elección de 2002, el Partido Justicialista (PJ) habría tenido un candidato en lugar de tres (Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá) para la elección presidencial, y seguramente habría arrasado en la primera ronda.

El punto es que las primarias–voluntarias o no–son una forma de maximizar la coordinación dentro de coaliciones (o partidos).  Por un lado el simple hecho de establecer primarias le suben los bonos a las coaliciones. Pero si las élites de una coalición establecen primarias de forma anticipada (antes que se les pida desde abajo),  esa coalición logrará sumar votantes blandos (indecisos, nulos y blancos) antes que lo pueda hacer la coalición opositora. Al involucrar a la gente en la toma de decisiones, las colaciones reparten cuotas de poder que difícilmente serán transables con el otro bando.

En un país donde la clase política que tiene serios problemas de credibilidad, primarias son necesarias. Pero sobre todo para la Alianza, donde el Presidente incumbente ha demostrado que los conflictos de interés tienen repercusiones graves en la opinión pública. Contrario a la opinión de Rojas, pienso que la Alianza tiene mayores probabilidades de reelegirse en La Moneda si abre la posibilidad a que la gente participe en el proceso de toma de decisiones.

Es más, creo que la coalición que establezca primarias nacionales, abiertas y vinculantes tendrá una ventaja sustantiva en la carrera de 2013.

Primera Vuelta

Abajo muestro algunos gráficos que denotan la magnitud de la competencia electoral en las primeras vueltas presidenciales. Me enfoco exclusivamente en el diferencial entre los dos candidatos más competitivos de cada elección: 1989 (Aylwin vs. Buichi), 1993 (Frei vs. Alessandri), 1999 (Lagos vs. Lavín), 2005 (Bachelet vs. Piñera) y 2009 (Frei vs. Piñera).

Las comunas donde gana el candidato de la Concertación están marcadas en azul, las comunas donde gana el candidato de la Alianza están marcadas en Rojo. Los números representan el porcentaje por el cual ganó el candidato en esa comuna. Hay algunas comunas marcadas con un “x“, porque al momento de la elección no existían como unidades electorales. Hay otras marcadas con “0“, porque la diferencia entre los dos candidatos fue menor a 1%.

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CEP: Piñera, Concertación y Renovación Generacional

La encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) es la más creíble y representativa de los sondeos de opinión pública en Chile. En su primera versión de 2010, la CEP entrega varias pistas que ayudan a entender cómo los chilenos han reaccionado a las estrategias que ha llevado a cabo la administración de Piñera en sus primeros tres meses de gobierno. En general, la evidencia muestra que la política chilena va de mal en peor. Tres tendencias apuntan a esto. Primero, la encuesta muestra que el Presidente no ha logrado tomar las riendas del país; su popularidad es la más baja desde el retorno de la democracia. Segundo, la encuesta muestra que la oposición no se ha logrado consolidar como un contrapeso de importancia; la Concertación figura como una de las peores oposiciones de las últimas dos décadas. Tercero, la encuesta muestra que el recambio generacional no existe; la mayoría de los encuestados prefieren a un político conocido que a un político por conocer.

Lo más notorio de la encuesta es que Piñera es el jefe de Estado que inicia su mandato con menor respaldo desde el retorno a la democracia. En 1990, Patricio Aylwin logró un 73% de apoyo. En 1994, Eduardo Frei logró un 50%. En 2000, Ricardo Lagos logró un 49%, y en 2006, Michelle Bachelet logró un 46%. Todos por sobre el 45% de apoyo que recibió el actual mandatario. Varios temas postulan a ser las variables indicativas. Entre ellos, el alza en el valor de los pasajes Transantiago, los conflictos de interés de CHV y LAN, las polémicas populares con la selección chilena y el terremoto de Febrero. No cabe duda que la poca habilidad política para manejar estas situaciones ha llevado a Piñera a recibir el segundo nivel de desaprobación más alto (29%) en el debut de sondeos a mandatarios. El acierto de Piñera en rechazar el tema del indulto parece sugerir la pauta más adecuada para revertir el declive. Mientras Piñera evite debatir temas puntuales intrascendentes y logre instalar en la agenda la importancia de la perspectiva institucional de Estado, su popularidad tenderá a homologarse con el de los presidentes de la Concertación.

Una segunda tendencia es el declive paulatino de la popularidad de la Concertación. Desde la infame derrota electoral de Frei en segunda vuelta, han renunciado los presidentes de los partidos, han habido reuniones estratégicas, incluso se han escrito libros para intentar revitalizar la vetusta y oxidada coalición. Nada ha servido. Los datos son lapidarios. El nivel de aprobación de la Concertación, en comparación a la encuesta anterior, bajó de 49% a 29%. Además, sólo el 48% de los que se identificaron como simpatizantes de centro-izquierda o izquierda, aprueban de la labor de la Concertación; un porcentaje bastante bajo en comparación con los simpatizantes de centro-derecha o derecha, quienes en un 81% apoyan a la Coalición por el Cambio. Si bien para muchos Bachelet parece ser la carta bajo la manga de la Concertación, de nada servirá si la oposición no se logra coordinar y realinear como bloque. Tal como la popularidad de Bachelet no fue transferible a Frei en 2009, tampoco lo será en las elecciones de 2012 y 2013. En tanto la Concertación no desarrolle una estrategia conjunta y unidireccional, estará poniendo en jaque su oportunidad de volver a gobernar.

Finalmente, la encuesta también sostiene que los encargados del recambio generacional no están haciendo su pega. La gente ignora la presencia de una nueva camada de políticos. Lejos de representar un recambio en el sistema político, las dos personas mejor evaluadas son dos políticos consolidados: Michelle Bachelet y Joaquín Lavín. A cuatro meses de haber dejado la presidencia, Bachelet se mantiene como la figura más importante de la Concertación, con un 58% de las menciones. Asimismo, el dos veces candidato presidencial y actual ministro de Educación, se impone con un 28% de las respuestas espontáneas cuando se excluye al Presidente. Bachelet y Lavín también lideran el ranking de políticos mejor evaluados, con un 85% y 57% respectivamente. A su vez, los representantes de la renovación política no aportan en revertir este status-quo. Mientras Marco Enríquez-Ominami y Ricardo Lagos Weber fueron los que sufrieron las caídas más significativas en popularidad, Carolina Tohá recibió apenas un 1% de reconocimiento como una figura importante dentro de la Concertación.

Estas tres tendencias advierten que la política chilena cae en picada. La baja popularidad del Presidente sugiere que hay una grave desconexión de la clase gobernante con la gente. Por una razón u otra el gobierno no ha logrado acertar en sus políticas. Si a esto le sumamos la incapacidad de la Concertación para realinearse, se produce un vacío de poder en el cual ninguna de las dos fuerzas más representativas del país logra empoderarse desde la presidencia o desde la oposición. Por último, la permanencia en la escena de gente asociada con la política tradicional muestra que poco y nada han podido hacer las nuevas generaciones para gestar la renovación generacional.

Primer Sondeo de Piñera

Cuando Sebastián Piñera fue electo Presidente, implícitamente aceptó las reglas del juego. Cuando entró a la presidencia con sólo la mitad de la gente a su favor 51,6%, sabía que no iba ser un gobierno fácil. Hoy, la encuesta de opinión pública Adimark muestra cómo la gente ha reaccionado frente a su primer mes de gobierno.

Destacan tres puntos.

Primero, el terremoto cambió drásticamente las prioridades establecidas en la campaña. La magnitud de la destrucción forzó a Piñera retrasar el plan inicial del gobierno. Los temas ejes de la campaña, salud, empleo y delincuencia han sido los más golpeados por esta decisión. Hay un inmenso letargo en el avance de estos ítemes, que refleja el descontento de la gente. Durante los años de Lagos y Bachelet en el poder, la Coalición por el Cambio abogó fuertemente por un cambio drástico al sistema de salud. Hasta el momento no ha habido una mejoría, ni señales de una intención de hacerlo. Por su parte el empleo también fue un bastión de batalla de la campaña, ofreciendo generar miles de trabajos durante el cuatrienio. Hasta el momento se han perdido más empleos que recuperado. Finalmente, frente a la delincuencia el gobierno de Piñera ha sido nefasto. Si bien la mitad de la gente aprueba, también es uno de los ítemes con más desaprobación (40%). Piñera debe retomar con fuerza su plan inicial de gobierno y comenzar a llevar a cabo sus promesas. Un gobierno tiene la obligación democrática de poder hacer más de una cosa a la vez. En éste caso, el gobierno debe trabajar en la urgencia del post-terremoto mientras mejora los índices de salud, empleo y delincuencia.

Segundo, Lavín, quien ha sido el principal contendor de Piñera dentro de la Coalición por el Cambio desde 1999, sigue siendo una piedra en el zapato. No sólo ha sido quien ha acaparado todas las miradas mediáticas en la última semana (por el cumplimiento de la meta educacional post-terremoto), sino que su cartera es la segunda mejor evaluada en la encuesta. Asimismo, Lavín es reconocido como el ministro con mayor aprobación dentro del gabinete. Todo esto apunta a que Piñera está perdiendo protagonismo. Durante los gobiernos de la Concertación un secretario de Estado nunca fue mejor evaluado que el Presidente. Salvo el caso de Andrés Velasco en el gobierno de Bachelet, los ministros siempre estuvieron igual o bajo el rendimiento popular del Presidente. Piñera debe recuperar el protagonismo y confianza de la gente mostrando que es él quien maneja el barco.

Tercero, los conflictos de interés se están transformado en el principal contendor de Piñera. De todos los ítemes en que fue evaluado el presidente, la corrupción dentro de los organismos del Estado es lo que más preocupa. Es el ítem donde menos gente aprueba de Piñera (37%), y a la vez más gente desaprueba (41%). Naturalmente relacionado con este indicador negativo esta el conflicto por la venta de LAN y Chilevisión, las designaciones ejecutivas de personas por cuoteo político, y los nombramientos para ocupar cargos de alto calibre para gente con conflictos de interés para hacerlo. Piñera debe vender Chilevisión, y debe desistir de nombrar a gente con conflictos de interés en el sector público. Si bien combatir la corrupción es una tarea transversal y a largo plazo, es una promesa difícil de olvidar que la gente va exigir cumplir.

En base a ésta encuesta, Piñera tiene tres desafíos. Primero, demostrar que puede llevar a cabo sus promesas de campaña, y que el cambio que prometió la Coalición por el Cambio es mejor que la continuidad que representaba la Concertación. Segundo, deberá restituir su liderazgo dentro del gobierno. Si bien no se puede negar que Piñera ha acaparado las cámaras en el primer mes de gobierno, no siempre ha sido por razones positivas. Piñera necesita ser evaluado –en la misma escala– mejor que su gabinete para demostrar que él es quien lleva las riendas del gobierno. Tercero, deberá evitar los conflictos de interés a toda costa. Sabiendo que ha sido su talón de Aquiles desde su ingreso al sector público, deberá dejar de lado la política entre 4 paredes para evitar una estigmatización negativa. Fallar en cualquiera de estos desafíos bien le puede costar la re-elección a la Coalición por el Cambio en 2013.