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El segundo lugar

Publicado en La Tercera

El triunfo de Bachelet en las primarias de la oposición el 30 de Junio es inevitable. La distancia que acarrea con el segundo lugar es irreversible. Las primarias de la oposición no servirán para elegir al ganador, servirán para propósitos alternativos. Primero, como una forma de mostrar que la oposición se ha reestructurado de acuerdo a demandas internas y ciudadanas. Aunque no sea una elección verdaderamente competitiva, es mejor que una nominación directa. Celebrar primarias evita excluir a candidatos que podrían amenazar a la coalición en la primera vuelta, y contiene la disciplina de los votantes en la segunda vuelta. Además, como voy a argumentar más abajo, servirán para encaminar al candidato presidencial de la oposición en 2017.

Las pocas encuestas que han medido participación e intención de voto en las primarias muestran una ventaja abrumadora de Bachelet. Adimark, ICCOM, Imaginacción, UDD-La Segunda y UDP muestran que la ex Presidenta obtendrá al menos 70% de los votos entre las personas habilitadas para votar en la primaria de la oposición. Estas mismas encuestas muestran que el segundo lugar se debatirá entre Orrego y Velasco, cada uno marcando entre 5% y 7%. En tres de cada cuatro encuestas Velasco supera a Orrego. Muy por debajo sigue Gómez, quien no logra sobrepasar la barrera del 3%. Si bien la distancia entre estos índices se volverá más estrecho a medida que se acerque la primaria, es difícil imaginar un escenario en que Bachelet no sea electa.

La verdadera competencia de las primarias de la oposición estará en la batalla por el segundo lugar. Algunos han argumentado que obtener la segunda mayoría de votos es importante porque el subcampeón podrá influir en el programa de Bachelet. Pero es un argumento falaz, pues el comando de Bachelet ya propuso los ejes de su campaña dejando poco espacio para incluir nuevos temas. Además, ninguno de los candidatos que se opuso a la candidatura de Bachelet se le premiará con voz y voto en el comando. Sería absurdo. Por el contrario, los únicos que participarán en la construcción del programa de Bachelet antes de la primera vuelta, son aquellos que la han apoyado desde el comienzo.

Mi argumento es que obtener el segundo lugar es un factor necesario para obtener la nominación presidencial de 2017. Esto no significa que salir segundo es un factor suficiente, solo significa que es un paso crucial en la dirección correcta. En corto, obtener el tercer lugar es, simbólicamente, una muerte política. Si Orrego obtiene el tercer lugar su partido lo va eliminar como presidenciable para futuras elecciones, pues todo indica que durante el próximo gobierno se abrirán caminos para que se incorporen nuevas generaciones al proceso de toma de decisiones. Un tercer lugar para Velasco es aún más categórico. Difícilmente será aceptado en un partido de la oposición con ese resultado. Tendría que continuar en su lucha desde fuera la coalición.

Obtener el segundo lugar necesariamente fuerza la deferencia de los partidos. Si bien no es un camino libre de escollos, es un camino al fin y al cabo. El segundo lugar podrá exigir, entre otras cosas, un lugar privilegiado en el gabinete de Bachelet, desde donde podría fácilmente permanecer en la palestra pública por el cuatrienio. De lo contrario, tendría que mantenerse vigente desde la banda de la cancha, una estrategia más arriesgada. Evidentemente esta segunda vía sería más fácil de recorrer para Orrego, quien ya milita en un partido existente. Velasco, en cambio, tendría que optar entre adherir a un movimiento o partido existente en la oposición o bien crear un nuevo referente que cuente con el visto bueno de Bachelet.

Orrego y Velasco saben que no ganarán la primaria. Hasta el momento hay poca evidencia para demostrar que han aceptado sus derrotas, dado que sus campañas siguen igual de enfocadas en maximizar la cantidad de votos que recibirán. Sin embargo, pronto habrá indicios de que su lucha se ha vuelto por el segundo lugar. En los debates televisados de la próxima semana, se verá que la verdadera rivalidad estará entre los candidato al segundo lugar. Mientras que Bachelet tendrá amplitud y libertad para desarrollar su discurso, Orrego y Velasco se enfocaran en los aspectos negativos de cada cual. A solo tres semanas de la primaria, buscarán descarnadamente demostrar que tienen mayores cualidades que el otro para ser el presidenciable de 2017.

El Catch-22 de Gómez, Orrego y Velasco

Publicado en El Mostrador

La última encuesta de la UDP mostró que Bachelet no solo va ganar en la primaria de Junio, pero que además tiene probabilidades significativamente altas de triunfar en la elección de Noviembre. En el escenario en que se comparan todos los candidatos, Bachelet se impuso a su rival más competitivo (Golborne) por más de 30%. Lo realmente novedoso, sin embargo, fue conocer la magnitud de su ventaja en el escenario de primarias. Allí Bachelet obtuvo 76,2% frente al 7,5% de Velasco, el 2,7% de Orrego y el 0,9% de Gómez. Con esta evidencia en mano, parece ingenuo imaginar cualquier otro desenlace que una victoria para la ex-Presidenta. Por eso, no queda claro por qué sus adversarios de primarias insisten en competir.

Lo lógico sería que depusieran sus candidaturas frente al pronóstico electoral adverso. Por supuesto, algunos sostienen que no están en la carrera para ser electos, sino que para proponer ideas. Es el caso de Gómez, por ejemplo, quien entiende que solamente por medio de una campaña presidencial de alcance nacional puede dar a conocer las propuestas que contempla su programa. Pero aún así parece una estrategia contra-producente, pues probablemente pueda lograr su objetivo de forma más efectiva desde el senado en ocho años que desde su comando en seis meses. Lo mismo va para Orrego y Velasco, quienes probablemente tienen mejores prospectivas de influir en el aparato público si no compitieran en la primaria.

A esta altura parece ser un gesto heroico continuar en carrera contra Bachelet. Competir contra la candidatura más poderosa que ha sido registrada por encuestas de opinión pública desde 1990 es sin duda una decisión romántica. Disputar una elección conociendo de antemano las altas probabilidades de perder es sencillamente una reacción revolucionaria contra lo racional. Pues al antagonizar a Bachelet, Gómez, Orrego y Velasco no solo arriesgan perder, pero comprometen sus carreras políticas. Al debatir y contrariar a la ex Presidenta de forma pública arriesgan ser exiliados de futuros proyectos políticos. Un tema delicado, pues es probable que mientras más marquen su distancia del programa de Bachelet, más arriesgan ser blancos de represalias políticas.

La única manera de justificar su permanencia en la carrera es en el caso que tuvieran un objetivo que trascendiera la primaria. Y así parece ser. Pues, si los candidatos saben que van a perder, e insisten en realizar gastos millonarios en propaganda, es porque entienden sus candidaturas como inversiones a largo plazo. En esta línea, una alternativa presumible es que Gómez, Orrego y Velasco estén pensando más en 2017 que en 2013. Si esto es cierto, entonces conciben las primarias como un medio y no un fin. Lo ven como el primer paso en la ruta a su próxima nominación. Entienden que consolidarse como el candidato más competitivo contra Bachelet trae una recompensa. Un segundo lugar en la primaria fideliza una base de votantes crucial para enfrentar la próxima elección.

Ahora bien, permanecer en carrera también tiene un efecto indirecto importante para la legitimidad de la primaria. Bachelet necesita competencia para evitar un efecto similar al que causó la primaria de 2009. En ese año, muchos votantes castigaron a la Concertación por haber predicado ser una coalición democrática pero no haberlo practicado. Hacer primarias truchas otra vez iría en contra de toda la retórica que ha usado la oposición para limpiar su imagen. Sin primarias legitimas el ganador no tendría la autoridad moral para proclamarse el interprete de la gente. Realizar primarias truchas solo aportaría a ahuyentar votantes de la oposición hacia otras candidaturas. De pronto, Enríquez-Ominami terminaría recibiendo a varios votantes moderados insatisfechos con la Concertación.

Si los tres candidatos se bajaran de las primarias, la candidatura de la ex-Presidenta perdería fuerza. Pasaría de ser la candidata democráticamente electa por los simpatizantes de la centro izquierda a ser la candidata nominada por los presidentes de los partidos. Si no hay primarias en la oposición y sí hay primarias para escoger entre Allamand y Golborne, la Alianza podrá clamar con justa razón que su candidato presidencial fue electo de una forma más democrática que el candidato de la oposición. Es factible incluso que muchos de los votantes independientes moderados reticentes de votar por candidatos vinculados a la derecha dictatorial cambien de parecer al enterarse que la cadena de mando de la Concertación sigue igual de autoritaria que en 2009.

De este modo Gómez, Orrego y Velasco se encuentran en lo que Joseph Heller denomina un Catch-22: una situación problemática para lo que la única solución es negada por una circunstancia inherente al problema. No pueden retirarse e ir a primera vuelta contra Bachelet porque es probable que pierdan, pero es igual de probable que pierdan si permanecen en la carrera. Si no siguen en competencia deslegitiman la proclamación de Bachelet y podrían ser un precipitante de la derrota de la oposición. Si siguen en competencia hipotecan sus carreras políticas apostando todo para la próxima elección. Al parecer los candidatos buscaran un punto medio, donde trabajen para validar a Bachelet en la primaria, mientras se enfocan en sus candidaturas de 2017.

A pesar de que a Gómez le habría convenido buscar la re-elección, a Orrego le habría convenido optar por un escaño en el Congreso y que a Velasco le habría convenido ir directo a primera vuelta, todos se van a inmolar en primarias para que Bachelet resulte ganadora. A favor o en contra de lo que ella propone, los tres candidatos van a impulsar a la ex-Presidenta para que sea la primera persona en repetirse el plato desde Alessandri Palma. Aun sabiendo que es difícil que lleve a cabo reformas radicales, que su elección no simboliza un recambio generacional y que es continuarán las mismas practicas políticas, Gómez, Orrego y Velasco la van a apoyar igual. La verdadera competencia de la primaria será justamente entre ellos, en la lucha por el segundo lugar.

Cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010

Existen varias explicaciones sobre por qué Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Entre las más populares, dos libros publicados inmediatamente después de la elección. Uno llamado Radiografía de una Derrota, en que Eugenio Tironi relató como los problemas políticos endógenos que arrastraba la Concertación fueron un factor decisivo en su propia debacle electoral. Otro llamado La Estrella y el Arcoíris, en que Andrés Allamand y Marcela Cubillos argumentaron que las estrategias políticas de la centro-derecha fueron claves para desalojar a la centro-izquierda de La Moneda.

Yo ofrecí una tercera versión. En mi tesis de máster llamado The 2009/2010 Presidential Election in Chile, propuse un explicación desde un punto de vista más académico. Mediante un análisis a los resultados de encuestas encontré que se cumplieron dos condiciones (cada una necesaria, y juntas suficientes) para su victoria. Primero, una división dentro de la centro-izquierda (que finalmente llevó a la Concertación a perder el control del votante mediano). Y segundo, una campaña estratégicamente coherente y mediáticamente potente de la Alianza (que finalmente permitió a Piñera parecer un agente de cambio necesario).

Los tres ejemplos mencionados arriba son mucho más largos, detallados y complejos de lo esbozado aquí. El punto es que existen varias explicaciones de por qué Piñera ganó la elección, pero muy poco sobre cómo ganó la elección. La respuesta a esta paradoja es simple. Para saber por qué ganó solamente necesitamos fijar condiciones necesarias y suficientes. Por ejemplo, para Tironi la condición suficiente fue la desorganización de la Concertación, para Allamand y Cubillos la condición suficiente fue el trabajo de campaña de la Alianza, para mi la condición suficiente fue cuando ambas condiciones necesarias concordaron.

Explicar cómo ganó Piñera, por otro lado, implica otro tipo de razonamiento. Mientras que por qué es una pregunta sobre resultados, cómo es una pregunta sobre procesos. Por eso, en vez de fijar condiciones necesarias y suficientes para entender un resultado en particular, es crucial observar el patrón de hechos políticos y electorales que determinan el proceso que antecede al resultado. En esencia, es necesario medir el impacto de los candidatos sobre la opinión pública durante los meses de campaña. En ese sentido, las encuestas son la mejor forma para aproximarse a variaciones en preferencias electorales.

Pero utilizar encuestas para este objetivo no es tan simple. El problema es que hay muchas, todas con diferentes índices de intención de voto dependiendo de sus respectivas encuestadoras, fechas de trabajo de campo y número de encuestados. Una solución es la aproximación metodológica de Tresquintos (detalles aquí y aquí) para convertir el ruido inevitable que generan encuestas en una señal. Este método, diseñado para cualquier elección, produce un indicador único de intención de voto para cada día de campaña. La interpretación del indicador diario es la historia de cómo Piñera ganó la elección de 2009/2010.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la primera vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 12 de diciembre de 2009–un día antes de la elección. La gráfica muestra que Piñera nunca tuvo menos de 40% de apoyo. A partir de mayo de 2009, al menos, fue el candidato favorito. La gráfica también muestra que Frei fue bajando su intención de voto a medida que se acercó el 13 de diciembre. Esto se explica por la irrupción de los dos candidatos de centro-izquierda en la carrera, particularmente por la de Enríquez-Ominami, quien obtuvo su alza más brusca en las encuestas en mayo de 2009.

La gráfica que sigue esta hecha en base a la gráfica de arriba. Pero además ofrece un intervalo de credibilidad, que permite establecer el rango de probables indicadores de voto para cada uno de los candidatos. El cuadro muestra que Piñera fue el candidato más constante y coherente. Siempre se mantuvo en una intención de voto entre 40% y 45%. Frei y Enríquez-Ominami tuvieron más altos y bajos. Esto se puede explicar por la alta tensión entre ambas candidaturas masivamente transmitida por los medios de comunicación. Por su parte, Arrate solo despegó en los últimos tres meses, cuando se dio a conocer en los debates.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la segunda vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 16 de enero de 2010–un día antes de la elección. Similar a los pronósticos de primera vuelta, muestra que las encuestas siempre proyectaron que Piñera iba ganar en segunda vuelta. Con algunos altos y bajos, siempre estuvo entre 50% y 60% de las preferencias. Por su parte, Frei siempre estuvo entre 40% y 50% de las preferencias. Es importante notar que la variación se redujo a medida que se acercó la elección. El peak/valle de julio es por la campaña de Enríquez-Ominami para inscribir su candidatura.

La última gráfica muestra de mejor manera las variaciones en la intención de voto. Muestra que la única vez que fue plausible que Frei podría haber ganado en segunda vuelta fue a comienzos de junio. Aún así, es improbable que haya sido una intención de voto real–más bien un efecto de no tener encuestas en esos días (por ende aumenta la incertidumbre). Lo que sí es claro es que la atención a la inscripción de la candidatura de Enríquez-Ominami perjudico de sobremanera a la campaña de Frei, y de paso benefició a Piñera. También es nítido que tras la primera vuelta, el margen en la intención de voto entre ambos se estrechó.

Estas gráficas cuentan la historia de cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Los patrones de intención de voto desde mayo de 2009 hasta diciembre de 2009 (para primera vuelta), y enero de 2010 (para segunda vuelta), muestran al menos dos cosas interesantes. Una es que la elección de Piñera nunca estuvo en peligro. En más de alguna ocasión se especuló que Frei podría vencer a Piñera en segunda vuelta. Sobre todo en el caso en que Enríquez-Ominami y Arrate llamarán a votar por él. Pero la tendencia diaria muestra lo contrario. Frei estuvo mucho más cerca de obtener 45% que de obtener 50,1%.

Los patrones también validan que la división de la centro-izquierda fue fatidica para el desempeño de Frei. Si bien las gráficas solo muestran tendencias a partir de mayo de 2009, encuestas anteriores muestran que Frei marcaba por sobre el 40% (incluso más que Piñera en un par de ocasiones). Fue solo tras el inicio de la campaña por conseguir firmas de Enríquez-Ominami (en marzo de 2009) y la victoria en las primarias del Juntos Podemos Más de Arrate (en abril de 2009) que Frei comenzó a descender. Y fue tras la inscripción definitiva de las candidaturas (en septiembre de 2009) que se estancó bajo 30%.

Ranking de Encuestas

El siguiente cuadro muestra el ranking de encuestas. Para ver cómo se construye el ranking, pinchar aquí. El ranking estará disponible permanentemente en la barra lateral. Además, será actualizado cada vez que se recopilen y se sistematizen datos nuevos.

Ranking de Encuestas

(actualización: para ver el Ranking de Encuestas 2.0, pinchar aquí.)

Con miras al proyecto de proyección electoral de tresquintos, he estado pensando en cómo usar las encuestas. Los que conocen el terreno de la opinión pública en Chile sabrán que no es nada de fácil.

Durante la campaña presidencial de 2009, hubo un par de sitios que intentó ponderar encuestas. El resultado fue –metodólogicamente– paupérrimo. Por un lado, el sitio TodoPolítica promedió el valor de la última encuesta con las tres anteriores. Así, con una aproximación lineal simple, ponderó las 4 encuestas para generar un indicador único. Por otro lado, el sitio Vota 2009 de La Tercera simplemente mostró el resultado de las encuestas una al lado de otra. Es decir, igualó la capacidad predictiva de todas las encuestas.

En ambos casos, fueron comparadas par a par las encuestas presenciales que entrevistaron a más de 1,000 personas con un márgen de error de 3.0%, con las encuestas telefónicas que entrevistaron a 600 personas con un márgen de error de 4.5%.

Denuevo, los que saben de encuestas en Chile, saben que ponderar encuestas es un proceso mucho más complejo. Primero, porque cada encuesta usa una metodología diferente. Las diferencias más significativas están en el tamaño de las muestras, en los márgenes de error, en las zonas sondeadas y en sus métodos de recopilacion de datos: si son encuestas presenciales o telefonicas, o si los entrevistados son seleccionados por cuota o de forma aleatoria, etc. Un segundo problema es que aún si pudiesemos igualar las encuestas 1 a 1, ¿cómo las ponderamos? ¿Qué criterio usamos para darle mayor peso a una encuesta por sobre otra? Es decir, ¿cómo usar los datos que están disponibles para comparar una encuesta con otra?

Estaba en ésta reflexión, cuando me cruzé con el aporte académico de Joseph Shipman (ver aquí). En su artículo, An Interval Measure of Election Poll Accuracy, Shipman repasa los principales métodos para comparar la destreza de encuestas. Para no entrar en un debate extremadamente técnico, sólo voy a mencionar que dentro de los métodos más usados –o bien, más válidos en el mundo académico– figura el método de Mollster, ideado en 1949.

De este modo, cualquier análisis electoral que incuya más de una encuesta debe ponderar los sondeos por su destreza. Debe existir un ranking donde las encuestas más predictivas tengan mayor valor a las encuestas menos predictivas. En lo que sigue de este post, voy a explicar cómo se puede construir un ranking usando el método de Mollster.

Para partir, necesitamos encuestadoras. En la siguiente lista, seleccioné todas las encuestas que sondearon intención de voto en la primera vuelta de la elección presidencial de 2009. Un total de 13 encuestas:

  • CEP
  • CERC
  • Direct Media
  • El Mercurio (Opina)
  • Gemines
  • Giro País (Subjetiva)
  • Imaginacción
  • IPSOS
  • La Segunda (UDD)
  • La Tercera
  • MORI
  • TNS-Time
  • ICSO-UDP

Antes de seguir, un breve comentario sobre la homologación de encuestas.  Tal como mencione más arriba, es imposible tomar las encuestas per se y promediarlas para crear un indicador único. Por eso necesitamos crear el ranking: sólo ahí estaemos en capacidad de sumar las encuestas ponderando por su capacidad predictiva.

Sin embargo, para crear el ranking, necesitamos un mínimo nivel de homogenidad entre las encuestas seleccionadas para compararlas con el fin de crear el ranking. El mayor problema en este ambito es equiparar las encuestas para que hablen el mismo idioma. Me explico, en sus predicciones la encuesta CERC excluye nulos, blancos y abstenciones. Es decir, la votación por los candidatos, en su encuesta, suma 100%. Las otras encuestas, en cambio, sí reportan nulos, blancos, abstenciones, por lo cual los votos válidos suman menos de 100%.

Por ese motivo, y para evitar levantar una discusión técnica –sobre si son mejores las encuestas metodológicamente rigurosas o bien las que no lo son pero siempre le apuntan–, tuve que normalizar los datos de todas las encuestas a 100%. Así, las encuestas están hablando el mismo idioma.

La siguiente tabla muestra la destreza de las encuestas chilenas en la elección de 2009. Siguiendo el método métrico de Mollster (n°5), uso un intervalo estimativo de error. Elegí este método para evitar entrar en una discusión teórcia sobre qué hacer con los encuestados que votan nulo, blanco o no saben. Siguiendo a Mollster, utilizo el intervalo diferencial entre los dos candidatos más votados, en éste caso Piñera y Frei. Es decir, mido la destreza de cada encuesta en base a su capacidad de predecir el diferencial real entre los dos candidatos más votados.

La tabla muestra que en general las encuestas en Chile tienen destreza para predecir resultados electorales (más allá de si son metodológicamente correctas). Del total de encuestas registradas entre 2008 y 2009, las encuestas fallaron en 3 puntos en promedio. Las encuestas predijieron que la diferencia entre Piñera y Frei iba ser de 18.18 puntos, cuando realmente fue de 14.45 puntos. Una diferencia de 3.73 puntos.

Naturalmente este márgen fue mayor para las encuestas de 2008, cuando los candidatos aún no estaban designados. En 2008, las encuestas fallaron por 15 puntos promedio. Sin embargo a medida que se acercó la elección, las encuestas se volvieron más certeras. Las encuestas registradas en 2009 sólo se equivocaron en 1.47 puntos promedio. Asimismo, las encuestas que sondearon intención de voto en el intervalo de 30 días previos a la elección, sólo se equivocaron en 1.37 puntos.

Ese es el panorama general. La evidencia muestra que las encuestas en Chile son buenas. Al menos operan dentro (o cerca)  del 3% de márgen de error que reportan.

Pero, el cuadro de arriba no nos dice nada sobre el rendimiento particular de cada encuesta. La siguiente tabla muestra la destreza de cada encuesta en base a su último sondeo. Este es el ranking de encuestas.

Caveat emptor. Al leer esta tabla hay que mantener en mente que algunas de las encuestas sondearon la elección por última vez con varios meses de anticipación. Por ejemplo, MORI sondeó intención de voto en la primera vuelta por última vez en Julio de 2009. TNS-Time lo hizo en Mayo de 2009. Sin embargo esto no significa que ambas encuestas están más abajo porque sondearon la elección con mucha anticipación. Mas bien estan abajo porque la última vez que sondearon se equivocaron más que el resto. Por ejemplo, Direct Media y Giro País (Subjetiva),  sondearon dentro del intervalo del último mes, y ellos están abajo en el ranking porque hicieron una mala predicción.

Cada encuesta sondea cuando quiere. Si MORI quiere sondear en Julio de 2009 para una elección de diciembre, su capacidad predictiva va ser naturalmente baja. En definitiva, una encuesta como MORI, tiene poca utilidad en predecir resultados electorales.

Vamos al grano. El ranking muestra varios índices. El primer índice muestra la predicción de cada encuesta. PREDICCION se refiere a la predicción de la determinada encuesta en cuanto al intervalo diferencial entre Piñera y Frei. Por ejemplo, en su último sondeo, La Segunda predijo que el intervalo iba ser de 14 puntos. El segundo índice muestra el error de la encuesta. ERROR FORZADO se refiere a la diferencia entre la predicción de la encuesta y el valor real. El error forzado de La Segunda es de 0.0045 porque la diferencia real fue de 14.45 (0.1445-0.1400=0.0045). En resumen, si ordenaramos las encuestas en base a ERROR FORZADO podemos ver qué tan lejos estuvo cada encuesta de la realidad. El tercer índice representa el promedio de error que tiene una encuesta en comparacion con el promedio de las demás (“+/-”). Mientras menor es este índice, mejor es la encuesta. La Segunda se equivoca en 0.3 puntos menos que el promedio del resto de las encuestas. Mientras mayor es este índice, peor es la encuesta. Giro País se equivoca en 0.25 puntos más que el promedio del resto de las encuestas.

En definitiva, las mejores encuestas de 2009 fueron La Segunda, CERC, El Mercurio (Opina), Imaginacción y ICSO-UDP. Esas encuestas tuvieron un menor error al promedio de las encuestas. CERC, IPSOS, Gemines y La Tercera fueron encuestas promedio. Finalmente, Giro País (Subjetiva), TNS-Time, Direct Media y MORI están al final del ranking. Esas encuestas se equivocaron significativamente más que lo que se equivocó el promedio de las encuestas.