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Primarias de la Concertación: ¿Más Democracia?

El Domingo 1 de Abril se celebrarán las primarias entre los pre-candidatos a alcalde de la Concertación. Los ganadores serán proclamados candidatos oficiales de la coalición para las elecciones municipales del 28 de Octubre de 2012. Estos ganadores se sumarán a los candidatos ya designados.

De las 345 comunas en el país, en 149 se elegirá un candidato mediante primarias, mientras que en 196 será designado por las cúpulas. En las 149 comunas que se disputaran primarias habrán 98 DC, 84 PS, 74 PPD, y 44 PRSD; además, habrán 52 candidatos independientes que competirán en 48 comunas.

En las 196 comunas restantes (de candidatos designados), habrán alcaldes que estarán buscando la reelección, candidatos que serán directamente nombrados por las cúpulas, o bien candidatos que quieran competir en comunas donde ningún otro candidato asociado a la Concertación quiera competir.

Esto se contrasta drásticamente con el camino que escogió la Alianza para nominar a sus propios candidatos: de las 345 comunas, en 196 los candidatos serán designados directamente por las cúpulas (salvo en 15 que se definirán por encuestas), mientras que en 149 el partido titular mantendrá su cupo.

Ahora bien, aunque las primarias en la Concertación generen una sensación de mayor democracia, hay un importante caveat que hacer. Si bien pueden ser consideradas un auténtico avance democrático inter-coalicional, también pueden ser consideradas un paso obligado–tras el revés que sufrió tras las primarias truchas de 2009.

Además, si bien las 149 primarias para definir alcaldes en la Concertación conforman un mecanismo más democrático que las 15 encuestas para definir alcaldes en la Alianza, una mirada más crítica marca otra realidad. Mientras que la Alianza decide reasignar el cupo al partido titular en 149 comunas, la Concertación lo hace en 196.

La falta de regulación permite a la Concertación usar las primarias como estrategia política. A diferencia de lo que veremos el Domingo 1 de Abril, las primarias deberían ser obligatorias, nacionales, abiertas, simultaneas y vinculantes. Es la única forma en que la clase política se comporte de forma realmente democrática.

Reforma al Sistema Electoral

Desde el retorno a la democracia en 1990, han habido al menos 13 proyectos destinados a cambiar el sistema electoral. De ellos 11 han sido rechazados, removidos o archivados y 2 están en trámite. Cabe destacar que ambos proyectos en trámite (Boletín 7417-07 y Boletín 8178-06) son los únicos en que han participado al menos un miembro de la Alianza.

Abajo, la lista de boletines más importantes, el objetivo central de cada proyecto y sus respectivos autores.

Patricio Aylwin (1990-1994):

Boletín 721-07 (09.06.1992 – 09.07.1997). Aumentar el número de diputados de 120 a 124. Autores: Ruíz (PDC), Vodanovic (PS), Ortíz (RN) y Calderón (PS).

Eduardo Frei (1994-2000):

Boletín 720-07 (09.06.1992 – 09.07.1997). Para la Cámara, se elimina la disposición que fija el número de diputados en 120 y establece que la ley determinará los distritos para su elección. Para el Senado, establece que cada región constituirá una circunscripción senatorial y que la ley determinará cuantos senadores elige cada región. Autor: Mensaje.

Boletín 1328-07 (18.08.1994 – 09.07.1997). Reforma constitucional que modifica la composición del Parlamento, estableciendo que la Cámara se compone de 120 miembros elegidos en votación directa por los distritos electorales que establezca la ley, eligiéndose dos o más diputados por distrito. En el caso del Senado, plantea se integre por 47 miembros, elegidos por circunscripciones senatoriales. Cada una debe elegir al menos dos senadores. Autor: Mensaje.

Boletín 2028-07 (22.05.1995 – 15.05.1997). Propone reforma constitucional, estableciendo que en las elecciones parlamentarias se use un sistema de representación proporcional. Se mantiene el número de 120 diputados. Cada región constituye un distrito y el número a elegir depende de su población. Senado se compone de 47 miembros, elegidos en votación directa nacional. Autores: José Antonio Viera-Gallo (PS), Armando Arancibia (PS) y Fanny Pollarolo (PS).

Boletín 2119-06 (04.10.1997 – 09.06.1998). Reforma la Ley 18.700, estableciendo para la elección de la Cámara de Diputados un sistema de representación proporcional (d’Hondt). Cambia el número de distritos, proponiendo que sean 30. Cada uno elegirá como mínimo 2 diputados, mientras los cupos restantes se distribuirán entre los distritos de acuerdo al porcentaje de electores de cada distrito. Autor: Mensaje.

Ricardo Lagos (2000-2006):

Boletín 2511-07 (13.06.2000 – 06.07.2006). Plantea modificar la Constitución, estableciendo que la Cámara de Diputados esté compuesta por 140 miembros. Ellos serían elegidos por los distritos que establezca la ley, no pudiendo ninguno de ellos elegir a menos de dos ni más de siete. A los 38 senadores electos a través del sistema binominal, agrega se elijan 12 senadores nacionales elegidos en una circunscripción nacional única que comprende todo el territorio (elimina así los senadores designados). Autores: Francisco Huenchumilla (PDC), Ignacio Walker (PDC) y Sergio Elgueta (PDC).

Boletín 4061-07 (20.12.2005 – 08.03.2006). Reforma constitucional que introduce el sistema de representación proporcional para elección de diputados y senadores. Suprime la norma constitucional que fija en 120 el número de diputados. La ley deberá establecer el sistema electoral concreto. Autor: Mensaje.

Boletín 3976-06 (13.09.2005 – 04.09.2008). Modifica ley 18.700 estableciendo se agreguen 30 nuevos cargos de diputados y sobre la base de los votos obtenidos por cada lista en la elección (sistema de compensación). Aumenta en 10 el número de Senadores, que también se determinan de acuerdo a la proporción de votos que cada lista obtiene a nivel nacional. Para determinar los diputados y senadores electos en este sistema paralelo se proclama a los candidatos que obtengan la votación proporcional más alta de su lista ordenada porcentualmente a nivel nacional de mayor a menor , excluidos los electos a través del sistema binominal. Autor: Gabriel Ascencio (PDC).

Boletín 4027-06 (19.10.2005 – 22.04.2010). Propone una reconfiguración de los distritos para la elección de diputados y de las circunscripciones para la elección de senadores que establece la ley 18.700. De acuerdo a la propuesta serían 24 los distritos, eligiendo cada uno cinco diputados. En el caso de Senado, cada región constituiría una circunscripción senatorial. Tres regiones elegirían seis senadores cada una, otras cinco escogerían cuatro y otras dos tendrían tres y dos sólo dos senadores. Reformula mecanismo de asignación de escaños, estableciendo que serían electos a los candidatos que dentro de cada lista hayan obtenido las primeras mayorías en cada distrito o región. Autores: Rafael Moreno (PDC), Hosain Sabag (PDC), Andrés Zaldívar (PDC) y Adolfo Zaldívar (PDC).

Michelle Bachelet (2006-2010):

Boletín 4245-07 (15.06.2006 – 10.04.2007). Sobre la base de la propuesta de la Comisión Boeninger, plantea modificación constitucional para incluir en el texto una norma que establece que en las elecciones de parlamentarios se utilice un sistema de representación proporcional. Elimina de la constitución el número 120 que fija los miembros de la Cámara de Diputados. Establece que la ley puede crear mecanismos para incentivar la participación política de las mujeres. Autor: Mensaje.

Boletín 4968-07 (10.04.2007 – 09.07.2008). Suprime la norma que establece en 120 el número de diputados. Autor: Mensaje.

Sebastián Piñera (2010-2014):

Boletín 7417-07 (06.01.2011 – en trámite). Incorpora 12 senadores, a través de seis nuevas circunscripciones, y agrega 30 cupos a la Cámara, elegidos a través de un sistema proporcional. Autor: Pedro Araya (PRI), Gabriel Ascencio (PDC), Pepe Auth (PPD), Jorge Burgos (PDC), Felipe Harboe (PPD), Gustavo Hasbún (UDI), Nicolás Monckeberg (RN), Alberto Robles (PRSD), Marcelo Schilling (PS), Guillermo Teillier (PC).

Boletín 8178-06 (31.01.2012 – en trámite). En el caso de elecciones de Parlamentarios, el Tribunal proclamará elegidos Senadores o Diputados a los candidatos o candidatas que individualmente obtengan las dos más altas mayorías totales de votos. Autor: Carlos Bianchi (IND), Carlos Cantero (IND), Antonio Horvath (RN).

Para más información, ver: Cámara de Diputados, Senado.

El Sistema Electoral Uninominal

El sistema electoral binominal no se ha reemplazado porque no ha existido la intención de hacerlo en el Congreso. Si bien la Concertación ha estado a favor de un cambio desde 1989, la Alianza se ha opuesto fehacientemente. Mientras los partidos de la Concertación han enfatizado en la necesidad de aumentar la proporcionalidad del sistema, los partidos de la Alianza han insistido en mantenerlo para reforzar la estabilidad de la democracia. En definitiva, ha sido un juego suma-zero que ha tendido hacia el status-quo.

Esto cambió en Enero de 2012, cuando un grupo de legisladores de RN manifestó su disposición de votar a favor de un nuevo sistema electoral. La suma de sus votos con los de la Concertación permite—por primera vez—alcanzar el quórum calificado para hacer cambios a la Constitución. Sin embargo, tener la disposición es solo el comienzo. Existen varias propuestas sobre la mesa (e.g., el binominal corregido, el uninominal, el proporcional, el mixto paralelo y el mixto compensatorio), entre las cuales no hay consenso.

Dado que intentos de reforma anterior han fracasado por el veto de la Alianza, no debiera sorprender que no exista un acuerdo pero igual se lleve a cabo la reforma. Para evitar enfrentar otro veto-player (que podría ser la UDI), es natural que la Concertación decida apoyar casi cualquier alternativa de sistema electoral (salvo el binominal corregido). Incluso uno que no tenga un objetivo de proporcionalidad. Entre las propuestas mencionadas, uno que RN podría querer potenciar, y que a la vez satisfaga a la Concertación, es el sistema uninominal.

El sistema uninominal (o mayoritario) ha tenido buenos resultados en 2 de los países con mayor tradición democrática del mundo, Estados Unidos y Reino Unido. Principalmente porque es simple (el candidato con más votos gana), pero también porque es justo (todos las unidades electorales representan la misma cantidad de gente). Un sistema uninominal, además, fuerza que existan mayorías. La teoría de partidos políticos muestra que a medida que baja la magnitud del distrito, disminuye la cantidad de partidos.

Una critica central al sistema uninominal es que no esta de acorde con la naturaleza multipartidista del sistema político chileno. Y que al construir incentivos institucionales mayoritarios se reprimen las demandas de partidos pequeños. Sin embargo, dado que el sistema uninominal necesariamente implica un redistritaje, el número de escaños a repartir debería aumentar, permitiendo que cada partido lleve candidatos donde enfrente mejores probabilidades de ganar. Por ejemplo, el PRI podrían ganar en varios distritos del norte.

Es más, si bien los sistemas uninominales tienden a reducir el número de partidos, no necesariamente reducen el número de coaliciones. Incluso podría solidificar a los partidos existentes. Si aumenta la cantidad de distritos, naturalmente incrementa la cantidad de candidatos. (Mi propuesta es que se elijan 160 diputados que representen alrededor de 100,000 personas, y 53 senadores que representen alrededor de 300,000 personas). En cual caso los partidos tienen un incentivo adicional para permanecer vigentes.

En definitiva, el sistema uninominal refuerza la estabilidad que existe mediante elecciones simples y justas. Incentiva la formación de grandes mayorías, pero respeta la proporcionalidad a nivel local. En el caso chileno, bien podría mantener las coaliciones que existen hoy, o podrían incentivar nuevas coaliciones. De hecho, el sistema uninominal en sistemas multipartidistas permite la flexibilidad en la formación de gobiernos. Por ejemplo, aumenta la posibilidad que los partidos de centro busquen lugares comunes en su propia coalición.

La Caída de RN

Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente están juntos porque se necesitan, no porque lo quieren. Si compitiendo individualmente podrían obtener como mínimo las cuotas de poder que obtienen compitiendo en conjunto, se pondría fin a la Alianza por Chile.

Por ser una coalición necesaria, la distribución interna de poder a menudo acaba en negociaciones arduas y complicadas, que rara vez dejan satisfechas a ambas partes. Porque lo que le conviene a uno, no necesariamente le conviene al otro. Sin embargo, han decidido permanecer juntos durante las últimas dos décadas.

El origen de ésta paradoja está en la formación de la coalición en 1989, tras el retorno a la democracia. Si bien un clivaje ideológico agrupó a los partidos que se opusieron al gobierno militar en una coalición, y a los que estuvieron a favor en otra coalición, han sido las reglas electorales las que las han perpetuado.

Por un lado, las reglas de elecciones presidenciales dan por vencedor al candidato que logre más de 50% de los votos. Esto ha llevado a que los partidos busquen agruparse en coaliciones para obtener una mayoría que de otra forma sería imposible.

Por otro lado, las reglas de elecciones legislativas otorgan 2 escaños a la lista más votada si logra doblar en votos a la segunda lista más votada. Esta ha llevado que los partidos busquen agruparse en coaliciones para intentar doblar a la otra coalición, o bien para evitar el doblaje en contra.

En un comienzo, RN fue el partido más poderoso dentro de la Alianza. Se impuso a la UDI en todas las elecciones que siguieron el retorno a la democracia, lo que le permitió ser el controlador de las decisiones dentro de la coalición y preservar el poder al auto-designarse la mayoría de los cupos electorales.

En 2000 esta situación se revirtió. Si bien fue en gran parte debido a los constantes conflictos entre la UDI y RN, tres hechos específicos destacan como los responsables en el cambio en el balance de poder, donde la UDI finalmente reemplazó a RN como el partido más grande de la coalición.

El primer hecho lo protagonizaron Sebastián Piñera y Evelyn Matthei en 1993. En la batalla por la candidatura presidencial, el espionaje telefónico a una conversación de Piñera (Piñeragate) derrumbó la esperanza de ambos. Finalmente Matthei renunció a RN y se sumó a la UDI.

El segundo hecho se dio en el marco de las convenciones presidenciales de la Alianza el mismo año, cuando RN levantó a Manuel Feliú como candidato, pero las élites de la UDI unilateralmente decidieron reemplazarlo con un candidato de su propio sector: Arturo Alessandri Besa.

El tercer hecho se dio en las elecciones senatoriales de 1997, cuando la “campaña de las drogas” de Carlos Bombal (UDI) amartilló la de Andrés Allamand (RN) en Santiago Oriente. El ímpetu de la victoria llevó a que Joaquín Lavín (UDI), alcalde de Santiago, se auto-proclamara el candidato presidencial de 1999.

El exitoso–y sorpresivo–rendimiento de Lavín en las elecciones presidenciales de 1999 fue el principio de la caída definitiva de RN. La potente campaña de Lavín fue usada por la UDI como la inspiración para movilizar a todos los votantes de la derecha tras su causa.

En 2000, el mismo año que la segunda vuelta presidencial, la UDI por primera vez logró obtener más votos que RN en una elección. El hecho marcó el final del liderazgo de RN. En 2001, 2004, 2005, 2008 y 2009 la UDI fue el partido más votado de la Alianza.

El poder en la Alianza suma-zero. Cuando un partido obtiene poder, es a costo del otro. Y la historia muestra que el poder ha sido sistemáticamente transferido desde RN hacia la UDI. Sin un cambio significativo a las reglas electorales, RN está condenado a permanecer como el partido más pequeño de la derecha.

El Factor Bachelet

La compleja situación política por la cual pasa la Concertación es representativa de su dificultad para respaldar un candidato presidencial único para 2013. Hasta el momento se barajan alrededor de 11 nombres: Ignacio Walker, Claudio Orrego, Ximena Rincón, Soledad Alvear, Michelle Bachelet, Fulvio Rossi, Osvaldo Andrade, Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá, Guido Girardi y José Antonio Gómez. La principal dificultad ha sido decidir el método de selección del candidato único. Mientras algunos piden nominar de forma directa a Bachelet, otros piden fijar primarias.

La nominación directa tiene la ventaja de unificar a todos los partidos tras la popular figura de Bachelet. Sus partidarios esperan que esta estrategia se consolide como una especie de blindaje a las críticas de la Alianza. Además permite construir una ofensiva poderosa en los últimos años del gobierno de Piñera. Pero tiene la desventaja de abrir un flanco para que candidatos dentro–o fuera–de la coalición compitan por fuera. En el peor de los casos podría repetirse lo de 2009, cuando las élites decidieron nominar a Frei como candidato, indirectamente potenciando la candidatura de Marco Enríquez-Ominami.

Por estas razones ciertos sectores dentro de la Concertación han pedido fijar primarias. Algunos han pedido primarias abiertas, aceptando incluir a candidatos que no militan en los partidos de la coalición. Esto permitiría la entrada de Enríquez-Ominami y Andrés Velasco en la boleta. Otros han pedido primarias cerradas, justamente para prevenir la entrada de independientes y descolgados. En ambos casos los resultados difieren substancialmente. Por ejemplo, el número de candidatos aumenta considerablemente en primarias abiertas respecto a primarias cerradas.

Pero para determinar el mejor método de selección del candidato presidencial, es importante saber cuáles son las intenciones de Bachelet. En un artículo anterior argumenté que su silencio es un factor divisor. Mientras no manifieste su intención de aceptar o rechazar una candidatura, persistirán los problemas intra-coalicionales. Dado que el escenario cambia dramáticamente dependiendo de su disposición, es difícil ver que se pueda tomar una decisión antes de que ella hable. El siguiente cuadro muestra la alta probabilidad de que Bachelet sea la candidata única en 2013.

Si bien es altamente probable que Bachelet sea la candidata única de 2013, si decide no competir también logra influir en la selección del candidato presidencial. Principalmente porque fuerza primarias. Es difícil concebir un escenario donde los partidos de la Concertación concuerden en nominar un candidato único que no sea Bachelet. Ninguno de los 10 nombres restantes recoge el apoyo transversal que obtiene Bachelet. Además, si las primarias son vinculantes, logran evitar potenciales candidaturas paralelas por fuera.

Si Bachelet decide no competir, y las primarias son abiertas mi intuición es que Enríquez-Ominami y Velasco tienen una alta probabilidad de ganar. En un artículo anterior anticipé que el clivaje de 2013 sería uno de sistema/anti-sistema, lo cual es mejor representado por candidatos descolgados e independientes. Entre ambos, me parece que los votantes pueden favorecer a Enríquez-Ominami, dado que Velasco compite contra los militantes de la Concertación. Mientras Enríquez-Ominami cuenta con un voto duro dentro de algunos sectores, el apoyo de Velasco está en un estado incipiente.

Por otro lado, si Bachelet decide no competir, y las primarias son cerradas mi intuición es que disminuirá el número de candidatos. En vez de que cada partido nomine a cada uno de los potenciales candidatos como un pre-candidato, cada partido nominará a su militante más competitivo. En este caso, especulo que Walker tiene una ventaja sobre Tohá y Gómez. Principalmente porque tiene mayor apoyo en los sectores moderados, los cuales son más y por ende tienen una mayor probabilidad de votar en primarias voluntarias.

En definitiva, todo depende de Bachelet. Mientras Bachelet no hable, las elites de la Concertación no podrán decidir qué tipo de selección de candidato presidencial utilizarán para 2013. En el escenario que Bachelet decide competir, la evidencia apunta a que será la preferida tanto por las elites como por los ciudadanos que decidan votar en primarias. En el escenario que Bachelet decide no competir, la evidencia apunta a que Enríquez-Ominami o Walker serán los favoritos.

Bachelet 2013 y la Sobrevivencia de la Concertación

Desde que Michelle Bachelet dejó La Moneda en 2010, ha sido la figura pública con mayor adhesión en las encuestas de opinión pública. También ha liderado los sondeos entre los potenciales candidatos para la próxima elección presidencial. El bajo nivel de rechazo y el alto nivel de apoyo ha llevado a un sector dentro de la Concertación a pedir su pronta nominación como la abanderada de la coalición para las elecciones de 2013.

El sector que plantea nominar a Bachelet cuanto antes descarta negociar con candidatos independientes y descolgados–Andrés Velasco y Marco Enríquez-Ominami. Buscan nominar a un candidato militante del cual exigen un gobierno sustentado en lealtades partidarias. Al nominar a Bachelet desde las elites, la Concertación evita la amenaza de fraccionar a los votantes de cara a una potencial segunda vuelta y potenciar a los partidos de su coalición.

Otro sector plantea nominar un candidato militante de la Concertación, pero por medio de primarias. Estos apuntan a renovar las cúpulas de líderes al permitir a todos los militantes que quieran levantar una candidatura. Dentro de este grupo también hay quienes apoyan incluir a independientes y descolgados en la nómina. Al establecer primarias, abiertas o cerradas, la coalición vincula a los aspirantes a apoyar al candidato único.

Si bien los dos sectores incluyen estrategias diferentes para lidiar con la candidatura de Bachelet, ambas representan una amenaza a la sobrevivencia de la Concertación. El primer sector propone reiterar el error de la Concertación en 2009, cuando al nominar a Frei implícitamente impulsaron la candidatura de Enríquez-Ominami. El segundo sector propone homologar el peso de Bachelet al de candidatos que no tienen apoyo en las encuestas (e.g. Claudio Orrego, Carolina Tohá).

El factor común de ambas estrategias es usar a Bachelet como punto de referencia. Si bien es algo inevitable, dado sus altos índices de apoyo en las encuestas, se está consolidando como un factor divisor por sobre uno unificador. Es probable que Bachelet sea parte del problema más que parte de la solución. Mientras Bachelet no manifieste su intención de levantar o declinar una candidatura en 2013, seguirán los conflictos intra-coalicionales.

Reforma Electoral Gradual: Mala Estrategia

La semana pasada ProyectAmérica (PA) y el Centro Democracia y Comunidad (CDC) presentaron su propuesta de reforma electoral. El objetivo general de la propuesta es instalar la igualdad del voto, mejorar la representatividad, fortalecer la gobernabilidad y aumentar la competencia. A primera vista la propuesta parece ser un aporte positivo y un proyecto políticamente viable. Responde a los criterios básicos exigidos por los partidos de la Alianza, y apunta a mejorar los aspectos del sistema electoral que han sido constantemente criticados por la Concertación desde los noventas.

Pero una mirada más crítica nos muestra todo lo contrario. La propuesta tiene tantos problemas de viabilidad como de finalidad.

El primer problema es la estrategia de dos fases que propone para lograr su objetivo:

La primera fase considera el término del binominal por la vía de aumentar el número de escaños y el número de candidatos en base a una proporcionalidad de base regional, sin redistritaje. La segunda fase considera un nuevo cálculo de las proporciones exactas de los distritos a través de un redistritaje basado en el Censo de 2012, que deberá ser elaborado antes de la elección parlamentaria de 2017.

El problema con esta estrategia es que lo más probable es que la reforma se detenga tras implementar la primera fase. En un artículo anterior mostré que dentro de los partidos de la Alianza, solo RN estaba dispuesto a negociar cambios al sistema binominal. Pero el cambio más drástico propuesto por RN es solo aumentar el número de legisladores electos por distrito y circunscripción. Esto es consistente con la primera fase propuesta por PA y el CDC. De hecho demasiado consistente. Tanto la propuesta de RN como la de PA y el CDC proponen aumentar el número de diputados electos en 30 (de 120 a 150) y el número de senadores electos en 12 (de 38 a 50). Es decir, tras la primera fase, es difícil esperar que los partidos de la Alianza estén dispuestos a continuar la reforma propuesta en la segunda fase. Cuestiono seriamente la viabilidad de una reforma electoral que en su primera fase permita a la Alianza entregar el 100% de su oferta.

Este cuestionamiento es aun más nitido al mirar la disposición política de los partidos al momento de reemplazar el sistema binominal. En un artículo anterior mostré que la probabilidad de ver un proyecto de reforma electoral que incluya un sistema proporcional pasar por el Congreso es muy baja. En mi simulación de una votación de 5 proyectos de reformas electorales (sistema binominal corregido, sistema mayoritario, sistema mixto compensatorio, sistema mixto paralelo, sistema proporcional) encontré que solo pasaría un sistema binominal corregido o un sistema mayoritario. Dado que la primera fase de la propuesta de PA y el CDC es solo una corrección al sistema binominal, es natural anticipar que sea aceptada por los partidos de la Alianza (al menos RN). Es decir, dentro del rango de propuestas a reformas al sistema electoral, los partidos de la Alianza no estarían dispuestos a apoyar un proyecto que contemple representación proporcional de cualquier tipo.

El segundo problema es sobre la segunda fase propuesta por PA y el CDC. Si bien estoy de acuerdo con que el sistema binominal es poco competitivo y poco proporcional y que es necesario un redistritaje y una compensación territorial adecuada, creo que el método propuesto en el proyecto no es el mejor. Tal vez es el más viable, porque implica menos cambios (y por ende menos escollos improvistos al momento de legislar), pero no es el mejor para incorporar más competencia y proporcionalidad en el sistema. De hecho, el único gran cambio de esta propuesta es redistritar de acuerdo al censo de 2012. Eso implicaría que cada distrito y circunscripción estarían eligiendo un número de legisladores proporcional al tamaño de su población, relativo al resto de las unidades electorales en el país. Adoptar esta reforma implica omitir otros métodos de lograr lo mismo (más competencia y más proporcionalidad) pero de mejor manera.

Por ejemplo, en vez de mantener la fórmula electoral d’Hondt (que es actualmente usado para elecciones legislativas y de concejales), se podría contemplar adoptar la fórmula electoral Sainte-Laguë. Ambas son fórmulas (de método de promedio mayor) utilizadas en sistemas donde compiten múltiples partidos en múltiples listas por múltiples escaños. La diferencia es que mientras la fórmula d’Hondt usa como divisor números enteros de forma continua (1, 2, 3, 4, etc), la fórmula Sainte-Laguë usa como divisor solo números impares (1, 3, 5, 7, etc). El efecto es que el primero favorece a los partidos más grandes, mientras que el segundo es estrictamente proporcional. Incluso con múltiples partidos compitiendo en el sistema, es probable que bajo la fórmula d’Hondt el partido con la mayoría de votantes obtenga al menos la mitad de los escaños. Mi punto es que si el objetivo de la reforma electoral es aumentar la proporcionalidad se podrían contemplar métodos alternativos para distribuir los escaños.

Mi problema con la propuesta de PA y el CDC es tanto su viabilidad como su finalidad. Es poco viable que el proyecto pase por ambas fases. Lo más probable es que se logre aprobar la primera fase de aumentar el número de legisladores electos, y que previo a pasar a la segunda fase se congele de forma indefinida. Además, si la intención de PA y CDC es incorporar más competencia y proporcionalidad al sistema sugiero buscar alternativas a la fórmula electoral d’Hondt. Sainte-Laguë es mi favorita, pero existen otras que se insertarían bien dentro de la realidad chilena, como los de método de resto menor Hare quota, Droop quota o Imperiali quota. O si se decide mantener la fórmula actual, bien se podría considerar la viabilidad de crear una lista nacional para corregir las distorsiones que provoca.

Mi propuesta se aleja bastante de la de PA y CDC. En un artículo anterior argumenté que una reforma electoral gradual es una mala estrategia para un sistema de partidos congelado. Lo más probable es que proyectos de reforma electoral gradual se estaquen de forma permanente en el Congreso. Desde mi perspectiva, creo que una reforma electoral debe incluir todas las reformas que alguna vez se piensen hacer. Es decir, el proyecto de reforma electoral debe ser definitivo e inclusivo. Debe comprender el tipo de sistema (uninominal, binominal, proporcional), el método de registro (inscripción automática, inscripción voluntaria), las carácter del voto (voto voluntario, voto obligatorio), los aspectos geográficos (mantener distritos actuales, redistritar) y el número de legisladores a elegir. Avanzar hacia una reforma electoral de forma gradual no ha sido una buena estrategia en los últimos 20 años. Sería mucho más fructífero para la democracia ver los enclaves autoritarios eliminados de una buena vez.

La Irrelevancia Política del Crecimiento Económico

Teorías electorales muestran que hay una asociación entre la situación económica de un individuo y su intención de voto. Cuando una economía esta en recesión, los votantes tienden a castigar al gobierno titular en las urnas. Cuando una economía esta en un ciclo de alto crecimiento, los votantes tienden a premiar al gobierno titular en las urnas. Esta teoría es directamente aplicable al periodo que cae entre una elección y otra. Cuando hay leves shocks a la economía (e.g., alza en el precio del pan, o la bencina), los ciudadanos usan las encuestas para manifestar su bienestar o su descontento.

El siguiente gráfico muestra esta asociación.



El gráfico muestra que a medida que aumenta el crecimiento económico, aumenta la aprobación presidencial. Salvo casos específicos (Aylwin 1990, Frei 1994 y Bachelet 2009), existe una tendencia lineal entre las dos variables. Mientras los outliers de Aylwin y Frei están relacionados con la etapa de luna de miel que gozan los presidentes al recién inaugurar su periodos, el outlier de Bachelet esta relacionado con la particular cercanía de la Presidenta con los ciudadanos. Es decir, fuera de casos extremos, lo normal es que un buen ciclo económico conlleve a una alta aprobación presidencial.

Piñera es una excepción a esta teoría. El celebrado crecimiento económico de 2010 hizo poco para ayudar a Piñera en las encuestas. Mientras Chile pasa por un ciclo económico relativamente bueno, en comparación con la crisis económica mundial y con los periodos presidenciales anteriores, la popularidad del Presidente sigue bajando en las encuestas. La explicación directamente racional es que la teoría electoral es inversa para Piñera. Es decir, mientras mejor este la economía, mayor va ser la tendencia de los ciudadanos de castigar al Presidente.

Esto no puede ser cierto. Entonces, ¿por qué el crecimiento económico es políticamente irrelevante para Piñera?

Mi intuición es que si bien la economía es una variable fundamental para explicar popularidad presidencial, en el gobierno de Piñera hay variables más importantes. Esto es consistente con la evidencia. De hecho, el grueso de la variación de la aprobación presidencial se puede explicar por fenómenos políticos o sociales–no asociados a la economía. El rescate de los mineros, el mediático conflicto con Marcelo Bielsa, las protestas de HidroAysén y las marchas de los estudiantes por la educación han sido los principales determinantes de los ciudadanos a la hora de evaluar a Piñera.

El problema del gobierno es la incapacidad de detectar este problema. No importa lo bien que la economía este, Piñera seguirá siendo castigado por los ciudadanos si no corrige otras áreas de su administración. La personalidad empresarial del Presidente y la incapacidad de definir el objetivo central del cuatrienio de la Alianza están tras los bajos índices en las encuestas. La poco empatía del Presidente con la gente ha forjado una brecha entre el gobierno y los ciudadanos difícil de conectar. Y mientras la derecha no pueda definir su misión presidencial, difícilmente serán reconocidos por la gente como un buen gobierno.

Las continuas fallas logísticas del segundo piso y la manifiesta descoordinación entre La Moneda y la planilla parlamentaria de la Alianza son las principales causas de este problema. Mientras Piñera no re-estructure la forma de identificar los escollos en su camino, y no logre establecer un objetivo común con la disidencia de RN y la UDI, sus índices de popularidad seguirán cayendo. A un año de las elecciones municipales, el efecto de seguir con la misma estrategia podría ser devastadora. Perder en las elecciones locales es el primer paso para que la Concertación se posicione como la alternativa menos mala.

Una Coalición en Crisis

La administración de Sebastián Piñera tiene un problema notorio, cuando se trata de gobernar en coalición. En este artículo postulo que:

  • La ‘Coalición por el Cambio’ es una coalición legislativa, no una coalición de gobierno. (Las coaliciones legislativas son aquellas donde los partidos votan sistemáticamente de forma coordinada; las coaliciones de gobierno son aquellas que reparten las carteras del gobierno de forma relativamente proporcional a su peso en el poder legislativo).

Lo situación óptima sería que cada coalición de gobierno fuera la misma que la coalición legislativa. Los potenciales efectos negativos de no tener esta alianza son los siguientes:

  1. Baja coordinación entre la presidencia y el congreso, que conlleva a estancamiento legislativo.
  2. Tensión entre los partidos de la coalición, que conlleva a una baja en las encuestas de opinión pública.
  3. Crisis constitucional, donde la legitimidad del Presidente es cuestionada.

Una forma de evitar—o revertir—estos efectos negativos es:

  • Homogenizar la composición del gabinete con la composición del Congreso.

Formación de Coaliciones

En la mayoría de las democracias, los partidos políticos compiten para acceder al poder legislativo (Congreso), para acceder al poder ejecutivo (gobierno), y para influir en el curso económico, social y político del país por medio de políticas públicas. En base a estos tres objetivos, la literatura que explica la formación de coaliciones se puede organizar en torno a tres enfoques.

  1. Modelos basados ​​en los intereses de los partidos. En esta línea se supone que los partidos son actores racionales que buscan por sobre todas las cosas aumentar su cantidad de escaños. Por eso, si electoralmente le conviene, los partidos buscan agruparse en coaliciones.
  2. Modelos basados en las ideologías de los partidos. En esta línea se supone que los partidos son actores ideológicos que buscan maximizar la influencia de sus políticas públicas. Por eso, los partidos buscan agruparse en coaliciones solo con otros partidos que tienen similares intereses ideológicos.
  3. Modelos basados en reglas institucionales. En esta línea se supone que los partidos responden a las ‘reglas del juego’. Es decir, dependiendo de las reglas electorales, los partidos buscaran competir por si solos o en coaliciones.

En Chile, podemos explicar la formación de coaliciones con una combinación de los tres enfoques. Por ejemplo, cuando los partidos de oposición a Pinochet se organizaron para la elección de 1989, determinaron a priori que juntos obtendrían una mayor cantidad de votos que separados. Pero además, las elites de los partidos decidieron que solo partidos con ideologías similares podrían participar.

Estos incentivos a formar una coalición se vieron reforzados por la particularidad de las reglas electorales. En elecciones presidenciales (donde se necesita 50%+1 de los votos), se determinó que ningún partido podría ganar una elección de forma independiente. En elecciones legislativas (concurrentes a presidenciales), se determinó que los partidos tendrían una mejor oportunidad conservando la misma coalición que usaran en las presidenciales.

La Concertación

Tras formarse en 1989, la Concertación pasó de ser una coalición electoral a una coalición legislativa y de gobierno. Por lo general los legisladores de la Concertación votan en la misma dirección y con la misma intensidad. Salvo algunas excepciones (Andrés Zaldívar y Fernando Flores, por ejemplo) es evidente que la Concertación se ha solidificado como bloque en el Congreso.

A la vez, también logró reflejar de forma proporcional la composición de sus partidos en el Congreso en los gabinetes de sus gobiernos. El Partido Demócrata Cristiano (PDC) siempre tuvo más carteras que el resto de los partidos de la coalición, por ser el partido con más escaños. Fue seguido por el Partido Socialista (PS), el Partido por la Democracia (PPD) y el Partido Radical (PRSD):

  • Patricio Aylwin (1990-1994) tuvo un gabinete de 21 personas. La composición del primer gabinete fue la siguiente: {10 PDC/6 PS/1 PPD/2 PRSD/2 Independientes}. En total pasaron 27 ministros. Hubo 1 cambio de gabinete.
  • Eduardo Frei (1994-2000) tuvo un gabinete de 21 personas. La composición del primer gabinete fue la siguiente: {10 PDC/4 PS/3 PPD/1 PRSD/3 Independientes}. En total pasaron 54 ministros. Hubo 4 cambios de gabinete.
  • Ricardo Lagos (2000-2006) tuvo un gabinete de 21 personas. La composición del primer gabinete fue la siguiente: {10 PDC/5 PS/4 PPD/2 PRSD/0 Independientes}. En total pasaron 53 ministros. Hubo 3 cambios de gabinete.
  • Michelle Bachelet (2006-2010) tuvo un gabinete de 22 personas. La composición del primer gabinete fue la siguiente: {7 PDC/5 PS/5 PPD/1 PRSD/4 Independientes}. En total pasaron 46 ministros. Hubo 4 cambios de gabinete.

La Coalición por el Cambio

Piñera no ha podido replicar este modelo exitoso de coalición. Mientras ha contado con una coalición en el poder legislativo, no ha gobernado con una coalición en el ejecutivo. La composición de sus gabinetes muestra el cambio de modelo:

  • Sebastián Piñera (2010- ) tiene un gabinete de 22 personas. La composición de su primer gabinete fue la siguiente: {13 Independientes/4 RN/4 UDI/1 PDC}. La composición de su segundo gabinete fue la siguiente: {12 Independientes/5 RN/5 UDI}. La composición de su tercer gabinete fue la siguiente: {10 Independientes/6 RN/6 UDI}.

En vez de reflejar la fuerza de su coalición en La Moneda, Piñera decidió confeccionar un gobierno personalista. Decidió ignorar el hecho que la UDI y RN son los partidos con más escaños de la coalición en el Congreso. Al privilegiar ministros independientes en el gabinete, Piñera creó una serie de problemas por goteo.

Un problema ha sido el lento avance en el frente legislativo. Desde su inauguración, Piñera no ha logrado pasar proyectos de Ley trascendentes para su administración. Las constantes rencillas entre la UDI y RN durante el primer año de gobierno, permitieron a la Concertación lucrar políticamente.

Otro problema ha sido la descoordinación en el gobierno. El gabinete—compuesto mayoritariamente por ministros independientes provenientes del sector privado—ha chocado con los intereses de las élites de la coalición. La composición homogénea de los gabinetes de la Concertación exitosamente canalizaron las diferencias por jerarquías partidarias.

El efecto de estos dos últimos problemas ha contribuido a una baja paulatina en la opinión pública. Al ver poco progreso en el legislativo y descoordinación en el ejecutivo, la gente ha castigado la política en general y a la coalición titular en particular. Una consecuencia grave de no solucionar estos problemas es una potencial crisis constitucional, donde el Presidente puede perder su legitimidad ante la gente.

Analistas políticos han reiterado que a La Moneda le falta peso político. Sin embargo es importante clarificar que esto no significa ‘que hacen faltan políticos con mayor habilidad para hacer política’. Significa que ‘hace falta un gabinete coordinado con gente que proviene de los partidos políticos’.

Si bien la entrada de Allamand, Matthei, Chadwick y Longueira al gabinete es un paso en la dirección correcta, también puede ahondar los problemas de no tener un gabinete políticamente alineado. Una disputa de poder, entre ministros independientes y ministros políticos podría desprestigiar aún más la poca sensibilidad de Piñera de gobernar sin el afecto de los partidos.

Elecciones Municipales 2012: ¿Cuántas Listas?

Las elecciones municipales van a ser más complejas de lo que inicialmente anticipé (ver aquí). Tanto la Alianza, como la Concertación están evaluando dividirse, y llevar dos listas a la elección. En este artículo analizo los determinantes de la competencia electoral, y especulo sobre los resultados electorales en cada uno de los cuatro escenarios posibles.

1. La Concertación lleva 1 lista; la Alianza lleva 1 lista.

Este escenario se dio en la elección municipal de 2004. Tras una reforma a la Ley Constitucional de municipalidades, por primera vez se votó por alcaldes y concejales en cédulas separadas. A diferencia de las elecciones de 1996 y 2000, los alcaldes fueron electos por mayoría simple. En concejales, sin embargo, se mantuvo el sistema antiguo, utilizando un sistema electoral proporcional con cifra repartidora d’Hondt.

En la elección de 2004 participaron 5 listas:

  1. Juntos Podemos Más (5,8% alcaldes, 9,8% concejales)
  2. Alianza (38,7% alcaldes, 37,6% concejales)
  3. Concertación (44,8% alcaldes, 47,8% concejales)
  4. Nueva Alternativa Independiente (0,3% alcalde, 0,6% concejales)
  5. Nueva Fuerza Regional (0,6% alcalde, 0,6% concejales)

El efecto mecánico del nuevo sistema fue:

  • Permitir la entrada de una tercera fuerza. En 2000 la suma del porcentaje de votos entre la Alianza y la Concertación fue de 98%; en 2004 fue de 83%.
  • Permitir la entrada de candidatos independientes. En 2000 fueron electos 3 alcaldes independientes; en 2004 fueron electos 32.

Si ambas coaliciones llevan una lista cada una en 2012, el peligro es que se repita el resultado de 2004, donde la tercera fuerza y los independientes lograron aumentar su votación a costa de la elección directa de alcaldes.

A diferencia de 2004, sin embargo, en 2012 la amenaza será mayor. En 2012 la amenaza serán los 3 “partidos bisagras” (CH1, PRO y PRI) que se alimentan de los votos del centro del espectro ideológico. Esto afecta a la Alianza y a la Concertación por igual.

La única solución para controlar a estas terceras fuerzas es que las coaliciones recojan sus demandas de antemano. En términos prácticos esto significa que la Alianza tendría que ceder cupos a CH1 (y tal vez al PRI), y la Concertación tendría que ceder cupos al PRO (y tal vez al PRI).

2. La Concertación lleva 2 listas; la Alianza lleva 1 lista.

Para controlar por los efectos mecánicos de la elección separada de alcaldes y concejales, la Concertación decidió dividirse en dos listas en 2008. La lógica tras esta estrategia fue que al presentar dos listas se podría ampliar al doble la planilla de candidatos, e incluir candidaturas de fuerzas regionales e independientes fuera de pacto que podrían potencialmente quitarle votos.

Esto funcionó, en parte. A la elección de 2008 fueron 6 listas:

  1. Por un Chile Limpio (4% alcaldes, 7,5% concejales)
  2. La Fuerza del Norte (0,4% alcaldes, 0,58% concejales)
  3. Concertación Democrática (28,7% alcaldes, 27,8% concejales)
  4. Juntos Podemos Más (6,3% alcaldes, 9,1% concejales)
  5. Alianza (40,6% alcaldes, 36% concejales)
  6. Concertación Progresista (9,7% alcaldes, 17,2% concejales)

Con esta distribución de votos la Concertación perdió su primera elección desde 1989, obteniendo 2,1% menos que la Alianza en votos. Sin embargo, las élites de la Concertación argumentaron que la debacle podría haber sido mayor si no se habrían dividido en las dos listas.

En un artículo publicado por los expertos electorales del PS (Hernán García) y del PPD (Pepe Auth), se argumentó que al acoger candidaturas de terceras fuerzas en las dos listas de concejales (entraron 995 candidatos independientes) se evitó una fuga importante de votos (ver aquí).

La diferencia en el rendimiento de los alcaldes independientes con los concejales independientes es la base de este razonamiento. Mientras que los alcaldes independientes obtuvieron 10,2%, los concejales independientes solo obtuvieron 1,6%. Es decir, se infiere que si los concejales independientes habrían ido por otra lista, habrían sumado cerca de 9% de los votos, afectando directamente a la Concertación.

Este razonamiento, sin embargo, tiene importantes limitaciones. Primero, es contrafactual; no podemos saber si los candidatos a concejal independientes se les habría ofrecido entrar en otra lista, y no podemos saber si habrían optado por entrar a esa lista si habría existido la oportunidad. Segundo, es irracional; si los independientes no habrían entrado a una lista, no habrían podido sumar la misma cantidad de votos, y por ende no habrían constituido una amenaza.

Por eso, me parece que la mejor opción de la Concertación–con miras a la elección de 2008–habría sido ofrecer cupos a tanto los concejales independientes como a los alcaldes independientes. Si verdaderamente habrían querido neutralizar la amenaza de terceras fuerzas y candidatos independientes, habrían incluido en su planilla a todas las potenciales amenazas.

La división de la Concertación en 2008 funcionó mejor como instrumento redistributivo de poder que como instrumento para ganar la elección. La división de listas funcionó para satisfacer la demanda de los partidos más pequeños (el PPD y el PRSD) de obtener más cupos. Pero también sirvió para que los partidos grandes (el PDC y el PS) pudieran revindicarse frente a su amplia base de militantes al entregarle más candidaturas.

Sin embargo, como la Concertación perdió la elección de alcaldes, y redujo su votación en concejales, podemos sostener que dividir la coalición en dos listas fue una pésima estrategia para ganar las elecciones. La razón de la división fue tratar de aumentar los cupos de cada partido, y la excusa fue tratar de evitar una fuga de votos hacia tercera fuerzas.

Si en 2012 la Concertación pretende llevar dos listas debe corregir este error. La amenaza ya no es sólo la lista del JPM, que se alimenta de votos hacia la izquierda ideológica de la coalición. En 2012 se suma la amenaza del JPM el PRO y el PRI, quienes se alimentan de votos hacia el centro ideológico de la coalición.

Para llevar dos listas–y tener una prospectiva decente de ganar la elección–la Concertación debe incluir a las terceras fuerzas en sus listas de alcaldes y concejales. La amenaza del JPM se puede canalizar por medio de pactos por omisión, pero la amenaza del PRO y el PRI solo se puede canalizar por medio de cupos por dentro la lista. Si el PRI y el PRO deciden ir en una lista soberana, la Concertación se enfrenta a una amenaza electoral mayor a la de 2004 o la de 2008.

3. La Concertación lleva 1 lista; la Alianza lleva 2 listas.

Esta es una alternativa que los expertos electorales de la Alianza están estudiando (ver nota). La única forma de que la Alianza pueda obtener un mejor retorno electoral al llevar dos listas es si la Concertación decide llevar una. Si esto sucede, significa que la demanda de candidaturas del PRO y el PRI no habrán sido satisfechas por el sistema.

Al no entrar en la lista de la Concertación, el PRO y el PRI buscaran una de tres alternativas:

  1. Unilateralmente buscar un acuerdo de pacto por omisión con la Concertación
  2. Ir en una lista soberana para captar votantes descontentos de la Alianza y la Concertación
  3. Negociar cupos con la Alianza para llevar candidatos independientes por su lista.

De estas tres alternativas, la menos probable es la primera. Dado que la Concertación va alcanzar un pacto por omisión con la lista del JPM, y ya tendrán que dividirse los “pocos” cupos entre los 4 partidos en su lista única, no querrán comprometer más alcaldías, y solo ofrecerán algunos cupos al PRO y el PRI en su lista de concejales. Esto será naturalmente rechazado por el PRO y el PRI, que saben que constituyen una amenaza mayor compitiendo en una lista soberana.

Si la Alianza se quiere dividir en dos listas, será por el mismo razonamiento que se dividió la Concertación en 2008. Por eso, es crucial que si la Alianza decide llevar dos listas en 2012 deberá aprender de los errores de la Concertación en 2008. Para ganar en 2012 necesitara tener una planilla lo suficientemente competitiva para derrocar la lista única de la Concertación. Y la única forma de hacerlo por medio de dos listas es reclutando candidatos que representan una amenaza: candidatos independientes, del PRO, el PRI y CH1, entre otros.

4. La Concertación lleva 2 listas, la Alianza lleva 2 listas.

Un cuarto escenario es que ambas coaliciones se dividan en dos listas. En este caso la disputa de las coaliciones por ganar genera la incertidumbre natural de una elección sin precedentes. Algunas de las consideraciones que podrían inclinar la balanza hacia a un lado u otro son las siguientes:

  • Si la Alianza logra negociar con el PRI y/o el PRO
  • La cantidad y el lugar de los cupos que la Alianza le da a independientes fuera de pacto
  • Si la Concertación logra negociar con el PRI y/o el PRO
  • La cantidad y el lugar de los cupos que la Concertación le da a independientes fuera de pacto

Mi impresión es que la coalición que logre captar al PRI y el PRO va tener una ventaja importante sobre la otra coalición. La elección presidencial de 2009 mostró que una parte importante de gente esta dispuesta a votar por candidatos que están fuera de las grandes coaliciones. Esta es una demanda que las coaliciones no han logrado absorber en la democracia-entre-elecciones. Captar votos por medio del discurso del PRI y el PRO significa sumar una votación que de otra manera es un voto en contra.

En cambio, si la Alianza y la Concertación deciden dividir su coalición en 2 listas (y la Concertación pacta por omisión con JPM; y la Alianza incluye a CH1), y deciden no incluir al PRI y al PRO en sus respectivos pactos, se enfrentan a perder una parte importante de votos. En 2012 los que inclinarán la balanza (tal como en 2008) serán los que están fuera de las grandes coaliciones, pero en mayor magnitud que en cualquier elección previa. Pues son estos los partidos que capitalizarán en las urnas el descontento con el sistema.