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El Catch-22 de Gómez, Orrego y Velasco

Publicado en El Mostrador

La última encuesta de la UDP mostró que Bachelet no solo va ganar en la primaria de Junio, pero que además tiene probabilidades significativamente altas de triunfar en la elección de Noviembre. En el escenario en que se comparan todos los candidatos, Bachelet se impuso a su rival más competitivo (Golborne) por más de 30%. Lo realmente novedoso, sin embargo, fue conocer la magnitud de su ventaja en el escenario de primarias. Allí Bachelet obtuvo 76,2% frente al 7,5% de Velasco, el 2,7% de Orrego y el 0,9% de Gómez. Con esta evidencia en mano, parece ingenuo imaginar cualquier otro desenlace que una victoria para la ex-Presidenta. Por eso, no queda claro por qué sus adversarios de primarias insisten en competir.

Lo lógico sería que depusieran sus candidaturas frente al pronóstico electoral adverso. Por supuesto, algunos sostienen que no están en la carrera para ser electos, sino que para proponer ideas. Es el caso de Gómez, por ejemplo, quien entiende que solamente por medio de una campaña presidencial de alcance nacional puede dar a conocer las propuestas que contempla su programa. Pero aún así parece una estrategia contra-producente, pues probablemente pueda lograr su objetivo de forma más efectiva desde el senado en ocho años que desde su comando en seis meses. Lo mismo va para Orrego y Velasco, quienes probablemente tienen mejores prospectivas de influir en el aparato público si no compitieran en la primaria.

A esta altura parece ser un gesto heroico continuar en carrera contra Bachelet. Competir contra la candidatura más poderosa que ha sido registrada por encuestas de opinión pública desde 1990 es sin duda una decisión romántica. Disputar una elección conociendo de antemano las altas probabilidades de perder es sencillamente una reacción revolucionaria contra lo racional. Pues al antagonizar a Bachelet, Gómez, Orrego y Velasco no solo arriesgan perder, pero comprometen sus carreras políticas. Al debatir y contrariar a la ex Presidenta de forma pública arriesgan ser exiliados de futuros proyectos políticos. Un tema delicado, pues es probable que mientras más marquen su distancia del programa de Bachelet, más arriesgan ser blancos de represalias políticas.

La única manera de justificar su permanencia en la carrera es en el caso que tuvieran un objetivo que trascendiera la primaria. Y así parece ser. Pues, si los candidatos saben que van a perder, e insisten en realizar gastos millonarios en propaganda, es porque entienden sus candidaturas como inversiones a largo plazo. En esta línea, una alternativa presumible es que Gómez, Orrego y Velasco estén pensando más en 2017 que en 2013. Si esto es cierto, entonces conciben las primarias como un medio y no un fin. Lo ven como el primer paso en la ruta a su próxima nominación. Entienden que consolidarse como el candidato más competitivo contra Bachelet trae una recompensa. Un segundo lugar en la primaria fideliza una base de votantes crucial para enfrentar la próxima elección.

Ahora bien, permanecer en carrera también tiene un efecto indirecto importante para la legitimidad de la primaria. Bachelet necesita competencia para evitar un efecto similar al que causó la primaria de 2009. En ese año, muchos votantes castigaron a la Concertación por haber predicado ser una coalición democrática pero no haberlo practicado. Hacer primarias truchas otra vez iría en contra de toda la retórica que ha usado la oposición para limpiar su imagen. Sin primarias legitimas el ganador no tendría la autoridad moral para proclamarse el interprete de la gente. Realizar primarias truchas solo aportaría a ahuyentar votantes de la oposición hacia otras candidaturas. De pronto, Enríquez-Ominami terminaría recibiendo a varios votantes moderados insatisfechos con la Concertación.

Si los tres candidatos se bajaran de las primarias, la candidatura de la ex-Presidenta perdería fuerza. Pasaría de ser la candidata democráticamente electa por los simpatizantes de la centro izquierda a ser la candidata nominada por los presidentes de los partidos. Si no hay primarias en la oposición y sí hay primarias para escoger entre Allamand y Golborne, la Alianza podrá clamar con justa razón que su candidato presidencial fue electo de una forma más democrática que el candidato de la oposición. Es factible incluso que muchos de los votantes independientes moderados reticentes de votar por candidatos vinculados a la derecha dictatorial cambien de parecer al enterarse que la cadena de mando de la Concertación sigue igual de autoritaria que en 2009.

De este modo Gómez, Orrego y Velasco se encuentran en lo que Joseph Heller denomina un Catch-22: una situación problemática para lo que la única solución es negada por una circunstancia inherente al problema. No pueden retirarse e ir a primera vuelta contra Bachelet porque es probable que pierdan, pero es igual de probable que pierdan si permanecen en la carrera. Si no siguen en competencia deslegitiman la proclamación de Bachelet y podrían ser un precipitante de la derrota de la oposición. Si siguen en competencia hipotecan sus carreras políticas apostando todo para la próxima elección. Al parecer los candidatos buscaran un punto medio, donde trabajen para validar a Bachelet en la primaria, mientras se enfocan en sus candidaturas de 2017.

A pesar de que a Gómez le habría convenido buscar la re-elección, a Orrego le habría convenido optar por un escaño en el Congreso y que a Velasco le habría convenido ir directo a primera vuelta, todos se van a inmolar en primarias para que Bachelet resulte ganadora. A favor o en contra de lo que ella propone, los tres candidatos van a impulsar a la ex-Presidenta para que sea la primera persona en repetirse el plato desde Alessandri Palma. Aun sabiendo que es difícil que lleve a cabo reformas radicales, que su elección no simboliza un recambio generacional y que es continuarán las mismas practicas políticas, Gómez, Orrego y Velasco la van a apoyar igual. La verdadera competencia de la primaria será justamente entre ellos, en la lucha por el segundo lugar.

Las promesas vacías de Bachelet

Publicado en El Mostrador

Desde que Bachelet aceptó la nominación presidencial no ha parado de trabajar en su campaña. Sus colaboradores más cercanos ya levantaron un comando presidencial desde donde se han coordinado entrevistas en radio, papel y televisión sobre los principales ejes de su candidatura. Se ha pronunciado sobre los movimientos ciudadanos, los fracasos económicos del gobierno de Piñera y las asambleas constituyentes. Se ha manifestado a favor de realizar cambios significativos al sistema educacional, llevar a cabo una reforma tributaria y firmar una nueva constitución política. En poco más de dos semanas en el país, Bachelet ha hablado de todo.

El rango de temas que decidió tocar no es trivial. Pues es el primer paso de su nueva estrategia para repeler las reiteradas criticas al silencio que mantuvo durante los últimos tres años. Por medio de verdaderas cadenas nacionales de propaganda desde la radio Cooperativa, el semanario The Clinic y el canal de televisión TVN, la candidata dejó en claro que su intención es hablar sobre todo lo que le pregunten. Con esto detuvo en seco a quienes sugerían que no hablaría, y desechó la tesis de que iba llegar a primera vuelta sin proponer ideas. La estrategia no solo le dio un nuevo aire a su nombre, pero también una ventaja por sobre los demás para fijar el espíritu de la elección.

Al referirse a casi todos los temas entró al área chica de quienes ya llevan meses recorriendo el país. Con un mínimo nivel de esfuerzo Bachelet se adueñó de la cobertura presidencial. Su sobre exposición le permitió repetir con más fuerza lo que muchos de los candidatos de su mismo sector han propuesto y rechazar con más ruido lo que los candidatos del sector opositor le han criticado. Tanto las replicas como las criticas lograron un efecto anhelado para su campaña. Forzó que tanto sus adversarios de primarias como sus contrincantes de primera vuelta evaluarán en una especie de referéndum cada uno de sus dichos, permitiéndole fijar la agenda política del país.

Ahora bien, esta estrategia que permite repeler criticas y fijar agendas tiene un flanco vulnerable. Tiene que ver con el nivel de abstracción de su programa. Si bien Bachelet ha hablado bastante en lo general, ha hablado muy poco en lo particular. Tal vez porque sabe que mientras más detallada se vuelva, más criticas sustentables recibirá. Para evitar aquello ha usado la retórica en vez de la evidencia para convencer a los chilenos que voten por ella. Se ha enfocado más en transmitir lo que va estar en el programa, que a explicar cómo va llevar a cabo el programa. Pero, ¿por qué no evita potenciales criticas y simplemente explica en detalle cada una de las medidas qué propone?

Existen dos respuestas: (1) no sabe, o (2) no puede. La primera respuesta es plausible porque Bachelet recién comenzó a conformar los equipos de campaña para que desarrollen los ejes programáticos. Y una vez que estos equipos se condensen es probable que comiencen a surgir las explicaciones. La segunda respuesta es plausible porque Bachelet ya fue presidente y debería tener una mejor idea que cualquiera de los otros candidatos sobre lo que es posible y lo que no es posible hacer. Al evitar referirse a detalles específicos, da a entender que propone cosas imposibles. Independiente de cuál de las dos respuestas sea la correcta, no haber comenzado con explicaciones tiene un costo.

Los adversarios de primarias la criticarán de forma indirecta, al comenzar a entregar detalles de cómo van a llevar a cabo sus propios programas. Gómez, Orrego y Velasco marcarán la diferencia con Bachelet al referirse en detalle sobre los pasos que tomarán para llegar del punto A al punto B. Los contrincantes de primera vuelta serán aún más activos en la critica. Sugerirán que lo de Bachelet es populismo puro, pues al insinuar que no puede entregar lo que propone, simplemente está apuntando a gestar vínculos afectivos con la gente para conseguir sus votos. De ambos lados, los candidatos estarán generando la sensación de que Bachelet esta proponiendo promesas vacías.

La éxito de la candidatura de Bachelet dependerá de su capacidad de convencer a la gente que sus promesas son materializables. Sin una explicación creíble, sus propuestas no serán más que insumos para que el resto de los candidatos puedan singularizar su campaña como estéril. Si bien es verdad que existe un clamor popular para reformas, y Bachelet es quien mejor lo representa, la gente también entiende que hay caminos institucionalizados para lograr los cambios. Por eso, lo último que quieren son compromisos que terminen en nada. Bachelet debe encontrar la forma de hacer lo que propone y transmitirlo de manera clara y detallada para que los votantes continúen confiando en ella.

Bachelet: Debates, Interpelaciones y Presidentes de los Partidos

Publicado en La Tercera

Son varias piezas las que se mueven con la proclamación de Michelle Bachelet. Son tres mis impresiones:

1. La calidad y frecuencia de las primarias de la Concertación será menor a lo anticipado

Durante su proclamación Bachelet fue enfática en sostener que la preocupación principal de su segunda campaña presidencial será la ciudadanía. En constantes viajes a través de Chile recogerá ideas y construirá su programa de gobierno. Entre líneas esto significa que el gran interlocutor de Bachelet serán los votantes y no los candidatos contrincantes. Naturalmente su condición de favorita le permite no debatir en todas las instancias que los otros candidatos lo quieran hacer. Pero también significa que la profundidad de los temas que se debatan en los pocos encuentros que se lleven a cabo será baja.

Por un lado es bueno para Bachelet. Si va ganar las primarias de cualquier forma, le conviene minimizar el número de asperezas que tenga con José Antonio Gómez, Claudio Orrego y Andrés Velasco. Mientras más rencillas se den al interior de la Concertación, más podrán capitalizar Andrés Allamand y Laurence Golborne. Por otro lado es malo para Bachelet. Principalmente porque si llevan a cabo debates de baja calidad será fácil para los candidatos que van por fuera del pacto criticar que las primarias están arregladas. Mientras menos competitivas sean las primarias, más podrá capitalizar Marco Enríquez-Ominami.

2. Los candidatos de la Alianza organizarán sus campañas en torno al programa de Bachelet

El problema de Allamand y Golborne es que si la elección fuera el próximo domingo perderían en primera vuelta. Porque es difícil que Bachelet quiera entrar a un debate con cualquier de los dos, tendrán que ser ellos quienes inicien el intercambio. Suponiendo que finalmente se llevarán a cabo las primarias, y solo uno de ellos pasará a primera vuelta, el ganador tendrá que asumir el rol  de interpelar a Bachelet. Una posición incomoda, pero inevitable. A partir de los planteamientos de Bachelet, el candidato único se verá forzado a forzar a plantearse a favor o en contra de cada una de las propuestas de Bachelet.

Supongamos que Bachelet levante cuatro grandes ejes: ‘Educación’, ‘Trabajo’, ‘Nueva Constitución’ e ‘Inclusión Social’. Obviamente cada uno de los ejes se escogió porque se consideró prioritario. Si Bachelet continúa como amplia favorita en las encuestas tras las primarias, será el ganador de la primaria de la Alianza el responsable de cuestionar a Bachelet en cada uno de los temas antes que pueda entablar sus propias propuestas. Por una parte puede ser positivo, si el discurso interpelativo es visto como constructivo. Por otra parte puede ser peligroso si interpelar a Bachelet sea visto como una serie de ataques gratuitos.

3. El eje de la campaña de Bachelet será en base a movilizaciones y enfocado en ciudadanos

La gran ausencia de la campaña de Bachelet serán los líderes nacionales de los partidos políticos de la Concertación. Tras las lecciones de la debacle electoral de 2009, sería un flaco favor si los presidentes de los partidos hacen campaña activamente por la ex presidenta. Por el contrario, Bachelet buscará establecer conexiones a nivel local con alcaldes, grupos de concejales y juntas de vecinos. Esto le permitirá adueñarse de las demandas de aquellos que piden más inclusión. Osvaldo Andrade, Ignacio Walker y Jaime Quintana se quedarán en sus sedes, mientras que Sadi Melo, Iván Fuentes y Teresa Váldes saldrán a las calles.

Ahora bien, el enfoque ciudadano que propone Bachelet significa recoger e implementar demandas de los ciudadanos, pero no necesariamente prescindir de la política tradicional. Si bien disminuirá la cantidad de minutos que reciban los presidentes de los partidos, no estarán completamente ausentes. De hecho, es probable que sean ellos quienes manejen el aspecto territorial de la campaña desde las sombras. Es imposible imaginar un escenario en que Bachelet haga campaña solo con voluntarios. Y es precisamente ese su talón de Aquiles, algo que tanto los candidatos de la Alianza como Enríquez-Ominami aprovecharán.

 

Todos trabajan para Bachelet

Publicado en El Mostrador

Alan Keyes es un político afroamericano de Estados Unidos que fue candidato legislativo y presidencial un total de 6 veces en 20 años. Como militante del partido Republicano buscó ser electo como senador en 1988, 1992  y 2004, y como presidente en 1996, 2000 y 2008. Mientras que en las elecciones legislativas fue nombrado por su partido como parte de una estrategia electoral para tratar de derrocar a titulares que buscaban ser reelectos, en las elecciones presidenciales fue nominado por una facción minoritaria del partido que buscaba levantar temas valóricos que de lo contrario no serían tocados.

En ninguna de las 6 elecciones resultó electo. En las tres ocasiones en que optó por un escaño en el Senado su oponente demócrata  lo dobló en número de votos (incluyendo Obama, en 2004). Asimismo, en las tres ocasiones en que fue a las primarias presidenciales de su partido, nunca pudo sobrepasar el 5% de los votos. La evidencia apunta a que la estrategia de los que nominaron a Keyes una y otra vez nunca fue potenciar su elección. Si bien habría sido lo óptimo para el mismo Keyes, las cúpulas de su partido nunca lo habrían permitido. Más que trabajar para ganar, Keyes siempre estuvo trabajando para las élites.

Algo similar está sucediendo en Chile. La amplia ventaja de Bachelet en las encuestas sugiere que los candidatos están sirviendo los intereses de los partidos más que los propios. Incluso en la Alianza. La inhabilidad de Allamand y Golborne de consolidarse como una alternativa (según las encuestas) ha llevado a personeros de su misma coalición a proponer que el objetivo de la derecha debería ser trasladarse a ganar las elecciones legislativas. Tanto RN como la UDI están más interesados en levantar estrategias paralelas para mitigar la derrota (como evitar doblajes), que en potenciar a sus propios candidatos presidenciales.

En la Concertación la resistencia a Bachelet parece ser mayor. Las primarias en que competirán 4 candidatos parece ser una muestra de que al menos existe la intención de producir una alternativa. Sin embargo, una mirada más pausada a lo que pasa por dentro muestra que la resignación que existe al interior de la oposición es igual o mayor a la que existe al interior de la Alianza. Las cúpulas saben que Bachelet es la única persona capaz de ganar. Evidencia de aquello es que ni el PS ni el PPD levantaron un candidato propio. Sus presidentes, Andrade y Quintana, incluso han manifestado su desacuerdo con realizar primarias.

Para el PDC y el PRSD el razonamiento es distinto. Para los demócrata-cristianos es imperativo mostrar que la falange sigue viva. Su lenta pero constante decadencia electoral es parte de la razón. Pero más importante es la señal de hegemonía que deben mandar al resto de los partidos en su coalición. Dado que el sentimiento implícito de los militantes es que les toca gobernar a un DC, las cúpulas deben mostrar que tienen algún control en el proceso de selección. Para los radicales, en cambio, la nominación de Gómez es solo una estrategia para negociar cupos electorales. Con solo 6 de 138 escaños, deben mostrar vigencia.

Al final, todos trabajan para Bachelet. Lo que ocurre en las primarias de la DC es el mejor ejemplo. Las cúpulas del partido han dejado entrever su apoyo a Orrego por sobre Rincón. Un motivo es la áspera relación que Rincón lleva con la mesa del partido. Fue la única Senadora que no se cuadró con la bancada para votar a favor de la Ley de Pesca. Pero más importante, es el antagonismo que Rincón podría tener con Bachelet. Martínez, Alvear y otros históricos ven esto como una amenaza, dado que tras la eventual elección de Bachelet los más perjudicados serían aquellos que apoyaron a candidatos disidentes–en este caso, ellos.

Si Orrego gana las primarias de la DC la mitad del trabajo de Bachelet estará hecho. Esto significará que en las primarias de la Concertación la ex-mandataria tendría que enfrentar a (1) el ex-alcalde de Peñalolén, quien sería mucho más cooperativo a su causa que Rincón, (2) a Velasco, que como ex-ministro de Hacienda difícilmente podrá levantar criticas a su gestión como presidenta, y (3) a Gómez, quien incluso podría declinar su candidatura si se le ofrecen suficientes cupos legislativos. El resto del trabajo será lidiar con Enríquez-Ominami, que es el único que podría perjudicarla en la elección definitiva.

Como Keyes, los candidatos no están corriendo para ganar la elección. En especial los de la Concertación. Dado que sus probabilidades de triunfo son mínimos, todos tienen motivos ulteriores para permanecer en la carrera. Ya sea para maximizar el beneficio de sus partidos en un eventual gobierno de Bachelet, o bien para instalar temas que no estarían allí si ellos no fueran candidatos. Algunos incluso están planteando sus campañas para asumir un desafío en 2017. Pero como Keyes, probablemente nunca sean electos. Es probable que terminen trabajando para el partido, o el candidato de turno, una y otra vez.

 

Comprobando y Derribando Mitos con la CEP

Publicado en La Tercera

Al analizar una sola encuesta no se puede distinguir el ruido de la señal. Un analista puede escoger entre todas las preguntas para solo enfocarse en las respuestas que más le convienen. Al final, mirar una sola encuesta conlleva a un puñado de interpretaciones contradictorias hechas mirando los mismos datos. Por el contrario, cuando un analista observa la tendencia en una serie de encuestas, se puede distinguir la señal del ruido. Observar un grupo grande de encuestas permite contextualizar la magnitud de cambios políticos, como variaciones en aprobación presidencial o en los índices de intención de voto.

La encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) hecha en Noviembre-Diciembre 2012 se publica en un momento donde es imperativo medir variaciones en la intención de voto. Con solo 10 meses de por medio, la CEP publicada en Enero de 2013 entrega una señal de los posibles resultados para la elección presidencial de Noviembre de 2013. Tres áreas son de especial interés para anticipar resultados. Primero, la magnitud de la ventaja de Bachelet sobre el resto de los candidatos. Segundo, la magnitud de la diferencia entre Allamand y Golborne. Tercero, la magnitud del avance relativo del tercer candidato.

Variaciones en las magnitudes de estos índices permiten comprobar o derribar algunos mitos. Un primer mito es que Bachelet bajaría significativamente su intención de voto una vez que se desatará la carrera. Esto tiene sentido bajo el contexto que obtiene menos publicidad diaria que el resto de los pre-candidatos. Un segundo mito es que Allamand lograría superar a Golborne. Esto tiene sentido porque como militante de un partido (RN) logra mayor apoyo territorial para hacer campaña y darse a conocer. Un tercer mito es que Enríquez-Ominami bajaría su intención de voto. Esto tiene sentido con la alta oferta de candidatos.

Para comenzar, los resultados de la CEP muestran que Bachelet no baja de forma significativamente su intención de voto. Se mantiene la tendencia en que Bachelet es la favorita para ganar las elecciones de 2013. Al contestar la pregunta “¿quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile?” Bachelet obtiene 49%. Un índice similar al 50% que obtuvo en Julio-Agosto de 2012, y al 51% en Abril de 2012. Es decir, la coyuntura política y electoral que sucede en Chile mientras ella permanece en Estados Unidos no determina su intención de voto. En otras palabras, esto significa que su estrategia de silencio ha sido un éxito.

Los resultados de la CEP también muestran que Allamand no logra superar a Golborne. En la pregunta “¿quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile?” no hay sorpresas. En Abril de 2012 fue 7% para Golborne y 2% para Allamand. En Julio-Agosto de 2012 fue 9% para Golborne y 2% para Allamand. Desde la renuncia de ambos como ministros, la diferencia no ha variado. En Noviembre-Diciembre de 2012, Golborne obtuvo 11% y Allamand obtuvo 5%. Allamand solo gana terreno en las  primarias de la Alianza. Aún así, Golborne sigue arriba con 28% (sube 2%) contra Allamand con 15% (sube 7%).

Finalmente, los resultados de la CEP muestran que Enríquez-Ominami no baja su intención de voto. Sigue siendo el tercer candidato más competitivo. En Abril de 2012 obtuvo 2%, y en Julio-Agosto de 2012 obtuvo 4%. En el último sondeo de Noviembre-Diciembre de 2012, obtuvo 4%. Es decir, el ingreso de más candidatos a la carrera no ha tenido un efecto sobre su intención de voto. Si bien Enríquez-Ominami no logra superar a Velasco, es poco relevante dado que este último va a primarias dentro de la Concertación. Lo relevante es que sí supera a Jocelyn-Holt y Parisi, que son rivales directos para ser el candidato bisagra.

Allamand y Golborne contra Bachelet

Publicado en El Mostrador

Bachelet es favorita para ganar las elecciones presidenciales de 2013. Sin estar oficialmente en competencia, las encuestas de opinión pública muestran que la ex-presidenta tiene el camino pavimentado para conseguir la primera re-elección desde 1932. En escenarios de primarias, supera a su rival más cercano por 40%. En escenarios de primera vuelta, supera al candidato más competitivo por 30%. Y en escenarios de segunda vuelta, le gana al mejor subcampeón por 20%.

Esta evidencia parece indicar que la elección redunda. La victoria de Bachelet no solo pareciera estar predeterminada, pero también el margen de su victoria–tanto en las primarias como en las presidenciales. Naturalmente, hasta que no se declare candidata su ventaja disminuirá. Pero una victoria contundente en las primarias inevitablemente resultará en que los candidatos perdedores (Gómez, Orrego, Rincón y Velasco) se enfilen tras ella para repotenciar su candidatura.

Entonces, la verdadera pregunta sobre la elección presidencial de 2013 es si la derecha podrá minimizar los márgenes de victoria de Bachelet para (1) prevenir una derrota en primera vuelta, y (2) eventualmente tratar de ganar sobre el voto blando de centro en una segunda vuelta. Sin embargo, la baja aprobación del gobierno y la reciente derrota en las elecciones municipales son indicadores robustos que conseguir hasta el más simple de los objetivos será un escollo.

Hasta el momento la derecha ha creado más problemas que soluciones para conseguirlos. La lucha de poder entre el sector duro de la UDI para posicionar a Golborne y la mesa de RN para aumentar la intención de voto de Allamand, repercutió en que ambos candidatos buscarán diferenciarse con el fin de compartamentalizar preferencias a su respectivo favor. Una estrategia lógica para primarias, pero ineficiente según experiencias anteriores.

Pasó en la elección de 1989, cuándo Errázuriz enfrentó a Buchi. Si bien no fue determinante en el resultado de la elección, no hay duda que la división aportó a la victoria de Aylwin. También pasó en 2009/2010, cuando Enríquez-Ominami enfrentó a Frei. De nuevo, es imposible saber qué habría ocurrido con un solo candidato de centro izquierda. Pero es claro que sin Enríquez-Ominami en la carrera, la contienda contra Piñera habría sido mucho más competitiva.

La estrategia de dos candidatos en la elección de 2005/2006 también es un precedente negativo. En la primera vuelta la derecha obtuvo más votos que en la segunda vuelta (3,376,302 y 3,236,394, respectivamente). Similarmente, en la primera vuelta obtuvo un mayor porcentaje de votos válidos que en la segunda vuelta (48,62% y 46,50%, respectivamente). El argumento contrafáctico es que con un candidato–en vez de dos–la derecha habría ganado esa elección.

Si bien Allamand y Golborne y los términos bajo los cuales lanzaron sus candidaturas son substancialmente diferentes a Piñera y Lavín y los términos bajo los cuales lanzaron las suyas, la amenaza de dividir a la derecha es la misma. A medida que se acerca la elección, la probabilidad de compartimentalizar a su sector aumenta. Aun si ambos candidatos finalmente participan en las primarias de Junio, el daño ocasionado durante las campañas podría ser considerable.

Además, la derecha tendrá que lidiar con sus propios fantasmas. Tal como Enríquez-Ominami distorsionó la elección a favor de Piñera en 2009/2010, Parisi podría distorsionar la elección a favor de Bachelet en 2013. Si bien ahora concentra un bajo porcentaje de apoyo, rápidamente se podría convertir en el candidato de aquellos que no votaron por el ganador en las primarias de la derecha. Esa pequeña rebanada podría significar la victoria de Bachelet.

La alternativa a este devenir es que la derecha se encargue de implementar una campaña conjunta entre Allamand y Golborne. No significa diseñar una competencia llena de palos blancos y hombres de paja. Sí significa tomar las primarias como una instancia para redefinir los valores programáticos de un fututo gobierno de derecha. Y más que concordar en lo vinculante, se trata de ofrecer lo que la gente demanda: un poco de Allamand, un poco de Golborne.

Al fin y al cabo, Allamand y Golborne son más compatibles que Errázuriz y Buchi o que Lavín y Piñera. Incluso son más compatibles que Frei y Enríquez-Ominami, que parecían ser subsidiarios. Allamand y Golborne son complementarios. Mientras que el primero representa el poder inherente del sistema de partidos, el segundo representa el poder creativo del mundo empresarial. Promover una combinación de ambos es lo acertado.

Ofrecer un programa que contempla el binomio Allamand-Golborne es más potente que un programa que contempla tan solo a Allamand o tan solo a Golborne. Una administración donde Allamand es el jefe de gobierno y Golborne es el jefe de Estado sería la combinación óptima para muchos. Pues, refleja la interdependencia de lo político y lo técnico. Lamentablemente el sistema político chileno no provee una división de poderes para tener dos ejecutivos.

Pero la idea va en la dirección correcta. Es lo percibió el gobierno de Bachelet al combinar a ministros políticos como Pérez Yoma con ministros técnicos como Velasco. Y es lo que está haciendo el gobierno de Piñera desde 2011 al convocar a Allamand, Chadwick, Longueira y Matthei a La Moneda. Más allá de los beneficios de funcionalidad, la percepción de la gente cuando el gobierno no es completamente político o completamente técnico es considerablemente mejor.

Para Bachelet, ganarle a Allamand o a Golborne es casi indiferente. Si bien los márgenes de victoria serán más estrechos a medida que se acerque la elección, seguirán siendo amplios. Por eso, si la derecha presenta la misma estrategia de siempre va perder. La mejor apuesta para prevenir la victoria de Bachelet en primera vuelta es realizar una campaña constructiva. Y la mejor fórmula para ganar en segunda vuelta es combinar a Allamand y a Golborne en la oferta.

CEP: Patrones Inquietantes

Publicado en La Tercera

La encuesta CEP muestra patrones inquietantes. Primero, que la aprobación presidencial se explica tanto por los atributos personales del presidente como por su falta de resultados. Segundo, las instituciones y los actores políticos siguen a la baja. Tercero, las presidenciales del 2013 están abiertas. Cuarto, la inscripción automática con voto voluntario fomenta la desigualdad.

1. Aprobación Presidencial

Cuando se analizan las causas en la variación de aprobación presidencial se observa el comortamiento  del individuo, su entorno, y la relación entre ambos.  La relación intuitiva es que los atributos personales del presidente determinen el entorno. Mientras que lo primero se considera como el método para conseguir resultados, lo segundo se considera los resultados en sí.

La encuesta CEP muestra que en ambas áreas el presidente falla. La baja aprobación presidencial (27%) se explica tanto por la imposibilidad de controlar los métodos como por la inhabilidad de entregar resultados. Por un lado, los atributos del Piñera van de mal en peor. A 73% de los encuestados le resulta lejano, 68% opina que ha actuado con debilidad, y a 63% no le da confianza.

Por otro lado, uno podría pensar que a pesar de los atributos personales del presidente se han logrado resultados. Pero no es el caso. Solo 20% opina que la situación económica del país esta buena. Más de la mitad de los encuestados (sobre 50%) opina que lo ha hecho muy mal o mal en el manejo de conflictos sociales, pobreza, delincuencia y educación.

2. Instituciones y Actores Políticos

La baja aprobación de Piñera también se puede entender como parte de un fenómeno nacional. En general, los chilenos están insatisfechos con la calidad de la política. Solo 17% de los encuestados opina que la democracia funciona muy bien o bien. A su vez, las instituciones políticas son las más desprestigiadas del país. Ni el Congreso ni los partidos logran superar el de 10% de confianza.

Esta tendencia es evidente en la caída de la aprobación de los actores políticos más influyentes. Los con mayores bajas son ex-presidentes (Bachelet, Lagos Escobar), senadores (Alvear, Girardi, Lagos Weber, Walker), ministros (Chadwick, Hinzpeter, Matthei), candidatos presidenciales (Enríquez-Ominami, Golborne, Orrego), y figuras de recambio (Tohá, Vallejo).

Mientras no se hagan cambios drásticos, los actores no van a tener incentivos a cambiar su comportamiento. Una de las principales soluciones, entonces, es modificar las reglas del juego. El cambio al sistema electoral es crucial en este sentido. Sin embargo, los políticos se han encargado de sacarlo de la agenda. Solo 49% opina que se debe cambiar–11% menos que en la encuesta anterior.

3. Presidenciales 2013

El número de candidatos presidenciales parece ser inconsistente con la ya formada opinión de la gente. Hay mucha oferta para tan poca demanda. De todos los candidatos (cerca de 15), solo uno logra obtener más de 10% de apoyo (Bachelet). Es decir, hay una brecha entre los actores políticos y la gente. Sus campañas simplemente no representan a los votantes.

En la Concertación esto es evidente. Si la Concertación llevara un candidato único, 46% opina que debería ser Bachelet. Su competidor más cercano es Velasco con solo 2%. Lo que pasa es claro. La gente no esta dispuesta a endosar a otro candidato mientras este Bachelet. Si Bachelet manifiesta públicamente que no buscará la re-elección, sus  preferencias se distribuirán entre el resto.

En la Alianza el problema es más profundo. Con tres precandidatos trabajando en La Moneda (Allamand, Golborne y Longuiera), ninguno ha podido levantar una campaña seria contra Bachelet. Solo Golborne es competitivo, pero aun así podría perder en primera vuelta. Algo que explica esta situación es su asociación con un presidente y un gobierno que parece evitar a toda costa ser popular.

4. Inscripción Automática y Voto Voluntario

Un último punto de interés son los patrones  electorales que podemos anticipar para la próxima elección municipal de 2012, y la legislativa y presidencial de 2013. La implementación de la inscripción automática y el voto voluntario tendrá un efecto sobre los resultados electorales. Solo ésta semana se publicó la lista de nuevos votantes. Nada más y nada menos que 5 millones de personas.

Uno de sus efectos está en la forma de hacer encuestas. Ya no se le pregunta al encuestado si esta registrado para votar. Esto reduce el sesgo que causa mirar sub-muestras para estimar intención de voto. Pero introduce un sesgo dado que no sabemos cuántos del padrón efectivamente irán a votar. Si bien La Moneda prevé un aumento con respecto a 2008, es probable que sea lo contrario.

Es más, no solo es probable que vote menos gente, pero también que la gente que vote sea una muestra distorsionada de la distribución socio-económica. Las preferencias de las minorías estarán sobre-representadas. Entre los que pertenecen a un nivel socioeconómico alto, 85% declara que irá a votar. Entre los que pertenecen a un nivel socio-económico bajo, solo 52% lo hará.

Objetivos y Estrategias de los Precandidatos Presidenciales

Publicado en La Tercera

El Lunes 9 de Julio se llevó a cabo el primer debate entre precandidatos a la presidencia. Participó el senador José Antonio Gómez (PRSD), el ex-diputado Tomás Jocelyn-Holt (apoyado por Chile Primero), el alcalde Claudio Orrego (DC), el economista y presentador de televisión Franco Parisi (independiente), la senadora Ximena Rincón (DC) y el ex-ministro de Hacienda Andrés Velasco (independiente). Solo faltó Marco Enríquez-Ominami (PRO)—quien declinó la invitación—, y los candidatos de la Alianza, Andrés Allamand (RN), Pablo Longueira (UDI) y Laurence Golborne (apoyado por la UDI)—quienes no han oficialmente inaugurado sus candidaturas—, para completar la nómina.

¿Quién ganó? ¿Quién perdió? ¿Por qué? Parece complejo rankear el desempeño de cada uno de los precandidatos en el debate. Hay varios métodos para hacerlo, y el que se elija probablemente determine de forma significativa el orden de los expositores en el ranking. Aún así, es posible. Lo importante—una vez elegido el método—es ser consistente, aplicarlo a todos por igual. Y en este caso, me parece que lo adecuado es evaluarlos en base a sus objetivos y estrategias. Por ejemplo, si el objetivo de un candidato en el debate es instalar un tema en la agenda, y por medio de su estrategia lo logra hacer, podemos considerar que tuvo un buen desempeño.

Algunos precandidatos pueden tener objetivos más ambiciosos que otros. En algunos casos pueden ser estrategias controversiales, incluso pueden parecer contraproducentes, pero al fin y al cabo responden a una lógica. Dado que solo los candidatos conocen con exactitud sus respectivos objetivos y estrategias, los que observamos solo nos resta especular sobre sus motivaciones. Aunque por definición especular dista de la realidad, observar el comportamiento de los candidatos explica bastante. Mientras tendencias en los temas que exponen revelan sus objetivos, los patrones en los argumentos que usan para sostener esos temas revelan sus estrategias.

Por ejemplo, el objetivo de Orrego es relativamente sencillo. Consolidarse como la figura de recambio de la Concertación. Con sus 46 años, es heraldo de la generación que viene a jubilar a los políticos concertacionistas pre-Piñera. Para lograr su objetivo debe mostrar que los desafíos que existen hoy son substancialmente diferentes a los que existían durante los gobiernos de la Concertación, y frente a aquello es imperativo que gente diferente venga a ofrecer soluciones. Su estrategia es mostrar que dentro de las potenciales alternativas, es él quién concita mayor consenso entre las elites, y a la vez es él quien está más preparado para asumir la tarea.

Rincón plantea una campaña similar. Al igual que Orrego, su objetivo es mostrar que puede representar el recambio que tanto anhela la Concertación. Pero para lograrlo debe tratar de diferenciarse de Orrego, quien no solo es el candidato más parecido a ella (principalmente porque milita en el mismo partido), pero también porque es el más popular entre las élites. Su estrategia es enfatizar su experiencia como Intendente y Senadora para levantar argumentos contra candidatos que no han tenido la experiencia política que ella ha tenido. Además, debe mostrar y usar su amplia red de contactos y lealtades para empezar a mover la piezas tras su posición.

Gómez, por el contrario, representa el lado más institucional de la Concertación. La parte más resistente al cambio, esa que tanto Orrego como Rincón buscan reemplazar. Encarna, junto a otros líderes de la Concertación, la garantía de un sistema político estable. Sin embargo, por la aparente incompatibilidad de su generación para responder las demandas ciudadanas, es difícil verlo ganar una potencial primaria. Más que compitiendo por la nominación, parece estar buscando mantener a su partido con vigencia. Si es el caso, su estrategia debe ser utilizar los debates para propagar ideas. Así, el candidato ganador estará obligado a internalizar la demanda ideológica del PRSD.

Jocelyn-Holt es el más nuevo de los precandidatos. Por ende, su objetivo es claro: entrar con bombos y platillos al circuito. En la etapa inicial de una campaña lo más importante es la publicidad. Para lograr su objetivo debe buscar instalar algunas selectas cuñas para que circulen en los medios. En esto se parece a Parisi, quien también lucha por un lugar en las encuestas de opinión pública. Pero, a diferencia de Jocelyn-Holt, Parisi viene de fuera del sistema. Por eso, su objetivo es más bien criticar solo a candidatos que vienen de dentro el sistema. Pero a la vez debe construir un discurso que de garantías de que en un eventual gobierno suyo pueda entregar gobernabilidad.

Finalmente, Velasco es quien tiene el objetivo más complejo. Como independiente debe criticar las fallas del sistema. Pero como ex ministro de Estado debe hacerse cargo de haber participado en lo que ahora critica. Si es exitoso en manejar ambos, puede ser aumentar exponencialmente en las encuestas. Sin embargo, corre un importante riesgo al identificarse tanto como pro-sistema como anti-sistema. Dado lo anterior, debe optar entre representar el sistema o luchar contra él. Su estrategia, entonces, varía según el camino que eliga. Si opta por ser pro-sistema debe elegir sus batallas para no ofender irreversiblemente a los que imponen las reglas de las primarias. En cambio, si es opta por ser anti-sistema, contra sentido disparar a rajatabla.

Tomando en cuenta lo anterior, me parece que el ranking de mejor a peor, en cuanto a lograr sus objetivos, es el siguiente: 1. Velasco, 2. Parisi, 3. Orrego, 4. Jocelyn-Holt, 5. Gómez y 6. Rincón. Los que figuran arriba en el ranking tuvieron una mejor estrategia para lograr su objetivo. Velasco eligió ser pro-sistema, pero con una connotación de criticas constructivas. Entre todos fue quien más destacó e hizo la diferencia entre él y otros independientes. Parisi logró hilar un discurso donde su critica a militantes parece una verdad absoluto. Esto solo puede consolidar su candidatura. Por su parte, Orrego logró instalar algunos temas claves, pero no fue constante a través del debate.

Los que figuran en la parte baja del ranking lograron con menor éxito su objetivo. Jocelyn-Holt logró instalar un par de criticas claves a Velasco, pero también levanta dudas sobre su capacidad de sostener más criticas en el tiempo, dado su cercanía con el sistema. A su vez, Gómez no pudo representar bien al PRSD, mimetizándose con la posición fáctica de la Concertación. Dado que fue precandidato en 2009, polémico por cierto, tampoco podemos esperar que sea uno de los más mediáticos, lo que sin duda reduce sus prospectivas. Finalmente Rincón no logró sorprender. Más que crear una alternativa a Orrego, parece estar estancándose como un palo blanco de la DC.

El Binomio Golborne-Allamand 2013

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Comenzó la carrera presidencial de 2013. Es altamente probable que entre los nombres de quienes ya han sido proclamados—o han sido autoproclamados—presidenciables, se encuentre el próximo presidente de la república. Es difícil pensar que un nuevo nombre se sumé a los ya más de 10 aspirantes a La Moneda. En vez de esperar hasta después de las elecciones municipales, como es tradición en Chile, los candidatos ya han puesto en marcha—algunos con más audacia que otros—sus campañas. Mientras que Bachelet y Golborne han sostenido sus candidaturas en el silencio, Enríquez-Ominami y Velasco han manifestado sus ambiciones a través de los medios. Mientras que Orrego y Allamand han insistido en sellar sus opciones con las elites de sus partidos, Rincón y Longueira han intentado apelar a las masas para materializar sus anhelos.

Aunque la masiva cantidad de candidatos recién proclamados insinúa que la carrera acaba de comenzar, las encuestas indican que es una carrera corrida. Los altos índices de apoyo a Bachelet en las encuestas sugieren que es improbable que cualquier candidato de la Concertación pueda interrumpir su nominación. O los candidatos están demasiado identificados con los partidos en un momento en que la política alcanza su peor evaluación (Alvear, Walker y Gómez), y por ende son poco atractivos para el electorado, o simplemente no tienen el apoyo de las cúpulas de sus propios partidos (Orrego, Rincón y Rossi), y probablemente sean obligados a bajar sus candidaturas mucho antes de la elección. Incluso con la clase política desacreditada y las elites celosas, ni los independientes (Enríquez-Ominami y Velasco) se logran consolidar como rivales serios.

La similitud entre los candidatos de la Concertación y los de la Alianza es notable; ninguno logra amenazar la victoria de Bachelet. Ni Allamand, el favorito de RN; ni Longueira, el favorito de la UDI; ni Golborne, el favorito del gobierno. Los datos son lapidarios. Bachelet gana en todas las encuestas que han medido intención de voto para la elección de 2013. De las 10 encuestas que han medido primera vuelta, incluyendo tanto a Bachelet como a Golborne, Bachelet obtiene en promedio 43% de las preferencias, mientras que Golborne obtiene 12%, Allamand obtiene 4,5% y Longueira obtiene 3%. Esta brecha es aun más escandalosa al proyectar el resultado de una eventual segunda vuelta. De las 7 encuestas que han medido a Bachelet contra Golborne, la ex-presidenta obtiene en promedio 59% de las preferencias, mientras que el ministro obtiene 39%.

Es probable que la condición de favorita de Bachelet no varíe en el tiempo. Hasta el momento no se ha declarado candidata y su alto porcentaje de aprobación no ha bajado. Ni el 27F o las posteriores comisiones investigadores han logrado reducir su intención de voto. Por eso es altamente probable que Bachelet se convierta en la candidata de la Concertación, sin siquiera haberlo solicitado. Ya sea mediante primarias o un dedazo de los presidentes de los partidos, será la gente la responsable de su nominación. Ahora bien, aunque las primarias son una estrategia arriesgada, asumiendo que los otros candidatos podrían levantar importantes criticas en contra de la ex-presidenta, el dedazo podría eclipsar las aspiraciones de cualquier candidato de la Concertación—incluso las de Bachelet—al conmemorar las primarias truchas de 2009.

Si bien la nominación de Bachelet es algo que la Alianza no puede evitar, sí puede contrarrestar sus efectos. De hecho la Alianza ha estratégicamente permitido, e incluso fomentado, el surgimiento de al menos tres candidaturas esperando que al menos una de ellas se vuelva suficientemente competitiva para derrocar a Bachelet. RN ha potenciado a Allamand, la UDI ha respaldado a Longueira, y el gobierno ha patrocinado a Golborne. Sin embargo, parece ser una estrategia contra-intuitiva, sabiendo que Bachelet le ganaría a cada uno de ellos en primera vuelta. Es más, probablemente sería fútil dado que cada vez que dos candidatos de la misma coalición han ido a la misma elección presidencial, su coalición ha perdido. Incluso bajar a dos de los tres candidatos y potenciar al tercero sería un problema, dado que Bachelet le ganaría a cualquiera de ellos en segunda vuelta.

Una tercera estrategia, no convencional en regímenes presidencialistas, sería potenciar a dos de las tres candidaturas. En éste caso, sería el de los dos candidatos favoritos. Esto tiene sentido, según las encuestas. Golborne debe ser el candidato porque es el favorito; es quien mayor probabilidad tiene de ganar a Bachelet. Además, es atractivo porque es independiente y salva providencialmente de una mala evaluación por ser estar fuera de la clase política. Allamand, en cambio, no puede ganar contra Bachelet. Pero sí puede jugar un rol clave. Dado que tiene el apoyo irrestricto de RN, está en el lugar propicio para forzar primarias con cualquier candidato de su coalición y manejar el escenario de acuerdo a la contingencia. En caso que su candidatura no tomara vuelo, podría proclamar la candidatura de Golborne al desechar su opción por RN.

Esta tercera estrategia tiene importantes implicancias electorales y políticas. Primero, el binomio Golborne-Allamand es más atractivo que cada candidato por sí solo. Por ende, la Alianza naturalmente tendría más probabilidades de elegir al próximo presidente si Golborne y Allamand cooperan, que si Golborne y Allamand se obstruyen. Además, la oferta de un candidato independiente ligado al mundo empresarial apoyado por un militante capaz de lograr acuerdos políticos representa una de las demandas más reiteradas que se le han hecho al gobierno de Piñera. Segundo, el binomio Golborne-Allamand implícitamente significa que el primero deberá hacer importantes concesiones políticas al segundo si es electo. Golborne probablemente tendría que ceder el control político a Allamand, dejándolo a cargo de la conducción interna del país. Una situación cómoda, tanto para la Alianza como para Allamand y Golborne.

Las Municipales y los Candidatos Presidenciales

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Los partidos que ganen las elecciones municipales tendrán la mejor opción de levantar al candidato presidencial dentro de sus respectivas coaliciones. Dado que los resultados electorales municipales son un predictor robusto de los resultados electorales presidenciales, los partidos ganadores no solo aspiran a presentar sus victorias como una credencial frente a las élites, pero amenazan tener un mejor rendimiento en primarias.

La mayoría de los estudios muestran que el voto municipal es un indicador clave para predecir el voto presidencial. La evidencia muestra que a nivel de comuna hay una alta correlación en la dirección (preferencia política por partido) e intensidad (votos emitidos) de los votos en ambas elecciones. Es decir, los ciudadanos tienden a votar por candidatos del mismo partido en elecciones diferentes. (Salvo en algunos casos donde existe un alto nivel de voto cruzado).

Por ejemplo, a medida que aumenta la probabilidad que un ciudadano vote por un candidato DC en las elecciones municipales, aumenta proporcionalmente la probabilidad que vote por un candidato DC en las elecciones presidenciales. En términos reales, mientras más votos obtienen los candidatos a Alcalde de la DC en 2012, más votos obtendrá el candidato presidencial de la DC en 2013. Esto se acentúa con el voto voluntario, donde los militantes son los que más participan.

Esto implícitamente sugiere que los partidos que tienen más candidatos controlan mejor las prospectivas y proyecciones electorales. En este caso la DC, la UDI y RN tienen una ventaja por sobre el resto de los partidos al contar con una mayor cantidad y dispersión de candidatos en sus respectivas listas. Por ejemplo, en la elección de Alcaldes de 2008 hubo 1,231 candidatos, de los cuales 136 fueron DC (11%), 129 fueron UDI (10,4%) y 121 fueron RN (9,8%).

Las amplias plantillas de candidatos de los tres partidos, determinaron significativamente sus respectivas estrategias para la elección presidencial de 2009. Los tres partidos relativamente más información que los otros partidos sobre sus prospectivas a nivel nacional. Dado que tuvieron más candidatos, su muestra fue más representativa de la población. Por ejemplo, en las primarias de entre Frei y Gómez en la 6ta y 7ta región, la DC siempre supo que iba a ganar.

Todo lo anterior apunta a que el paso más importante para definir el candidato de cada coalición se dará tras las elecciones municipales. Por ejemplo, cuando se dispute la nominación del candidato presidencial dentro de cada coalición, el partido con mejores resultados en 2012 naturalmente buscará implementar primarias, mientras que los otros partidos se verán forzados a buscar el consenso entre las élites.

Una excepción a esta regla se da con candidaturas personalizadas e independientes, que frecuentemente cuentan con apoyo transversal, autónomo a los partidos. Por ejemplo, de competir, es probable que Bachelet (PS) obtenga la nominación tanto por consenso como por primarias. También es probable que Enríquez-Ominami (ex PS) no consiga el consenso, pero sí los votos. Y es probable que Velasco (IND) no obtenga ni el consenso ni los votos.

Pero, en el caso que Bachelet no sea candidata, y Enríquez-Ominami y Velasco compitan por fuera de la Concertación, la nominación del nuevo candidato del pacto dependerá casi por completo en el resultado de las municipales. La pugna la DC (Walker, Orrego y Rincón) y el PPD (Lagos W., Tohá y Girardi), tendrá su primer–y tal vez último–round en Octubre de este año. El bando que tenga–o sepa presentar de mejor manera–los resultados, inevitablemente será favorito.