#Chile. El exabrupto de Fernández

Publicado en El Mostrador

El ministro del Interior Mario Fernández momentáneamente dejó de lado su trabajo como segundo en mando del gobierno para asumir un rol de analista electoral y activista político. Sostuvo que la próxima elección presidencial estaría entre Ricardo Lagos y Sebastián Piñera y que todo lo demás era fantasía, refiriéndose a Alejandro Guillier. El presidente del Partido Radical, Ernesto Velasco, rápidamente pidió la cabeza del ministro. Este nuevo choque en el oficialismo abre una nueva era de disputas intra-coalicionales.

Naturalmente, todos los ministros tienen un ojo puesto en las elecciones que vienen y, probablemente, ya tienen sus fichas en algún candidato. Pero hay razones por las cuales se les pide permanecer públicamente ajenos a este tipo de coyuntura. La primera es porque la gente podría asociar sus opiniones con la posición oficial del gobierno, lo que no siempre es el caso. La segunda es porque pueden involuntariamente cambiar el curso natural de la elección, especialmente cuando ocupan cargos políticos relevantes.

El exabrupto del ministro Fernández tropieza con ambos criterios. Por un lado, al favorecer a Lagos por sobre Guillier, inconscientemente instala la idea de que el expresidente es el candidato del gobierno. Pero esto no es ni debe ser así. El gobierno no tiene ni debe tener un candidato. El gobierno de todos los chilenos debe permanecer trabajando por todos los chilenos en el frente de políticas públicas y neutral frente a la carrera presidencial.

Por otro lado, al favorecer a Lagos por sobre Guillier, intencionalmente deja entrever que la posición de muchos políticos de carrera favorece al expresidente. En un momento en que la opción de Guillier se encuentra bajo el escrutinio público, esto es extremadamente relevante. El ministro no solo manifiesta su opinión, usa además su preferencia personal en público como instrumento de campaña. Muy por el contrario, debiese estar enfocado en su oficio y usando sus horas de oficina para hacer su trabajo.

Para la elite que aún no se decide entre los candidatos, la voz del ministro puede ser pivote para tomar una decisión. Sobre todo entre aquellos que buscan frenar el progresismo del gobierno. Asimismo, para votantes desinformados pero disciplinados, la opinión del ministro puede ser elemental para tomar un lado. Especialmente para aquellos que no siguen todos los detalles de la carrera presidencial pero que normalmente votan por un color político predeterminado.

Las palabras del ministro también inauguran una nueva era de disputas dentro de la Nueva Mayoría. Hasta ahora, la disputa ha sido principalmente entre progresistas-bacheletistas y gradualistas-laguistas, y ha estado circunscrita al escenario de las políticas públicas. Desde ahora, esta se amplía al escenario electoral. Las palabras de Fernández sirven para reforzar la noción de que la coalición está dividida y que él está al lado de los que cree que el gobierno ha sido excesivamente ambicioso.

Guillier puede haber sido el blanco de Fernández. Pero como candidato camaleón, fácilmente adaptable a la coyuntura por su falta de compromiso ideológico, puede ingeniosamente dar vuelta el escenario a su favor. El senador puede criticar la intromisión del ministro para anotarse un par de puntos. Basta asociar la actitud de Fernández con prácticas políticas de otrora para ganar unos cuantos adeptos entre los votantes desafectados.

La principal perjudicada es Bachelet. Vuelve a exponerse públicamente a una situación donde el segundo en la línea de sucesión aparece operando con una agenda personal. Si bien su gobierno ya pasó a un segundo plano con la explosión de la carrera presidencial, esta nueva era de disputas intra-coaliciones promete profundizar la crisis. La extensión de la disputa entre gradualistas y progresistas se puede transformar en algo incluso más frontal y público de lo que ha sido hasta ahora.

#Chile. Abstención obligatoria

Publicado en La Tercera

Por un error en el Registro Civil, y con la complicidad del Servicio Electoral, hasta 475 mil personas podrían dejar de votar en la próxima elección municipal. Por un traspié computacional, alrededor del 4% del padrón electoral no tendrá la opción de votar en la comuna en que vive. Esto no quiere decir que estas personas finalmente no votarán, pero definitivamente será un escollo más en una elección que ya se pronosticaba como la con participación más baja de la historia.

Los primeros indicios de un problema con el padrón fueron en la elección municipal de 2012. Hace cuatro años, el expresidente Salvador Allende apareció en la lista de habilitados para votar. Presumiblemente, el padrón estaba compuesto por miles de fallecidos más. Los órganos gubernamentales responsables aceptaron el error y se comprometieron a depurar el padrón para reflejar el número real de votantes habilitados. Sin embargo, los problemas persisten.

Los efectos de tener un padrón sucio son varios. Primero, no refleja el número total de votantes, lo que dificulta estimar la participación electoral. Sin saber cuál es el total real de personas habilitadas para votar, es imposible conocer la proporción de personas acuden a las urnas. Entre otras cosas, esto impide sacar balances sobre la percepción política de la gente. Por ejemplo, no se puede sostener con certidumbre si existe una crisis de representación o, si existe, cuál es su profundidad.

Más importante que lecturas políticas, tal vez, es el efecto real sobre la gente. Es un problema democrático que las personas no puedan votar en las comunas en donde viven. Si las personas no participan, no pueden ser escuchadas, y si no son escuchadas, no pueden ser representadas. Esto presenta un problema para la gente que busca que sus intereses sean representados en temas tan esenciales como la definición de impuestos, el acceso a salud y educación.

En el caso de las elecciones que vienen, habrá muchas personas que dejarán de ser representadas simplemente por los errores del Registro Civil y el Servel. Pero, sumado a la actual crisis política, es probable que la tasa de participación sea la más baja de la historia. Esta situación, tan evidente, debió alarmar a las autoridades y no lo hizo. Tuvieron cuatro años para eliminar a los fallecidos del padrón y no lo hicieron. Tuvieron varios meses para revertir el error computacional y tampoco lo realizaron.

Si las autoridades del Registro Civil y el Servel no son responsables, ¿quién lo es? Hasta ahora las cabezas de los dos órganos que pudieron prevenir o revertir los problemas han dado solo excusas. Han ilustrado la magnitud del problema por medio de distintas figuras y ejemplos, e incluso han buscado la responsabilidad en otros lados. Sin embargo, las explicaciones son difíciles de entender. Son precisamente ellos quienes deben asegurar que sus instituciones funcionen.

El gobierno pudo haber actuado antes. Tuvo varios años para prevenir el problema de fallecidos en el padrón y suficientes meses para revertir los cambios involuntarios de domicilio. El gobierno pudo haber asignado más recursos para depurar la lista de personas habilitadas para votar a cargo del Servel, así como presionado al poder legislativo para encontrar una solución pronta al error del Registro Civil. No hizo ninguna de las dos. Quizás subestimó la magnitud del problema.

Hoy, el gobierno tiene dos opciones. La primera es seguir en la misma línea y no hacer nada. Es decir, desviar responsabilidades y esperar a que la oposición no les caiga con todo su peso. La segunda es aceptar los errores como propios, identificar a los responsables y entablar sanciones. Entre los dos caminos, es preferible la segunda. Quizás sea tarde para cambiar el oscuro rumbo de la elección que se apronta, pero será una señal inequívoca de que lo mismo no ocurrirá nunca más.

#Chile. El camaleón político

Publicado en El Mostrador

Con la aprobación de la elección directa de intendentes en la Cámara Alta, el senador y candidato presidencial Alejandro Guillier ganó su primera gran batalla luego de que los dos ex Presidentes –y también candidatos presidenciales Ricardo Lagos y Sebastián Piñera– se opusieran públicamente al proyecto. El mensaje presidencial se aprobó contra todo pronóstico. Guillier no solo triunfó porque votó a favor del proyecto, también ganó por el riesgo que conllevaba perder. De haber perdido en la votación, los ganadores hubiesen sido Lagos y Piñera, sus rivales directos. Guillier hizo una apuesta arriesgada que pagaba mucho y ganó.

La aproximación de Guillier a esta votación revela bastante sobre su estrategia electoral. Para empezar, el periodista sabe que –para ser candidato presidencial– se necesitan luces y qué mejor que rivalizar con los peces gordos. Breves cuñas pueden llegar lejos en un escenario político presidencializado. El mejor ejemplo fue cuando Guillier capciosamente comparó a Lagos con O’Higgins, sugiriendo que el liderazgo del ex Presidente era arcaico y redundante. Algo similar ocurrió cuando comenzó su intervención en la votación del proyecto de intendentes mencionando lo catastrófico que resultó el Transantiago de Lagos.

Pero hay un lado político más profundo en la táctica de Guillier y tiene que ver con nunca quitar sin dar. Es así como se ha vuelto usual que el senador haya emparejado cada crítica con un elogio, incluso si ha significado tener que declararse un laguista. Esta ambigüedad se explica netamente por el instinto de supervivencia del candidato. Guillier sabe que es el segundo en la fila y solo va a ser candidato si logra desbancar a Lagos. Por ende, debe ser cuidadoso con no alienar a la base de votantes, que en gran medida es la misma que la del ex Mandatario. Si Guillier conduce una campaña negativa, terminará saboteando su propia popularidad.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Muchos han argumentado que la candidatura de Guillier es una nave vacía, un vehículo político popular pero sin ideas de fondo. Es comprensible, pues comparado con la larga lista de manuscritos de Lagos sobre ideas para un Chile del futuro, cualquiera queda chico. Y, en general, creo que la lectura es correcta y, salvo algunas exageraciones que buscan explicar la falta de ideas con la falta de experiencia del candidato, estoy de acuerdo. Mi contribución, en esta línea, sería solo agregar que es una estrategia compleja, ideada por el propio Guillier, con múltiples aristas que puede pagar mucho si la mantiene.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Esta táctica es particularmente eficiente para convencer a los desafectados y moderados, precisamente el nicho que Guillier debe explotar. Moverse fácilmente entre una idea y otra le permite distinguirse de la clase política. Guillier busca dar la impresión de que no está atado a cánones políticos tradicionales ni a dogmas ideológicos trasnochados. Es un candidato perfecto para los potenciales votantes que buscan a una persona que no es parte de la elite partidaria y para los que no están convencidos con los candidatos que han demostrado moverse solo por intereses económicos y políticos.

Guillier debe seguir en esta ruta por un tiempo. Su actitud pasiva-agresiva sirve para aserrucharle el piso a Lagos mientras asegura un cupo en las primarias de la coalición. Puede celebrar todas las victorias. Puede celebrar ser parte de la Concertación y de la Nueva Mayoría simultáneamente. Puede celebrar ser independiente y político a la vez. Puede celebrar los logros del Gobierno y los de la oposición al mismo tiempo. Puede hacer todo esto mientras sus índices de popularidad aumentan y mientras convence a los que no han pensado votar porque los otros candidatos están todos atrincherados.

Lo mejor que le puede pasar a Guillier es que Lagos se caiga por su propio peso. Si sigue con su estrategia ambigua, será el candidato mejor posicionado para hacer el reemplazo. Lagos difícilmente lo podrá detener, simplemente porque cualquier otra alternativa probablemente favorezca a Piñera. A la vez, Guillier podrá marcar diferencias con la clase política y el legado de la centroizquierda en la medida de lo necesario. Para los que privilegian el debate de ideas, este un escenario alarmante. Pero para los que les gusta ganar elecciones, es una estrategia perfecta. No hay nada mejor que un camaleón político para ganar una elección.

#Colombia. El plebiscito por la paz

Por Carlos Brando, Universidad de Los Andes

¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera? A esta pregunta podrán responder casi 35 millones de colombianos habilitados para votar el próximo domingo 2 de octubre. Tras el cierre de las negociaciones y la firma del acuerdo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el líder de la guerrilla de las FARC, será la voluntad del pueblo expresada en las urnas la que decida si el proceso avanza hacia su etapa de implementación y verificación (o no). La refrendación por la vía popular es una estrategia arriesgada del presidente que la juzga necesaria para imprimirle mayor legitimidad política.

Ahora, ¿es de verdad probable que Colombia pierda la paz en las urnas?

Transitar el camino plebiscitario implica sortear dos altos. Primero, la participación debe superar el umbral del 13% del censo electoral impuesto por la Corte Constitucional, es decir, 4,380,000 votos. Segundo, obviamente debe ganar el Sí. Por escasez de antecedentes pronosticar la participación ciudadana en este tipo de ejercicios es más difícil que hacerlo en elecciones presidenciales, legislativas o regionales. Por ejemplo, en las tres elecciones regionales  celebradas en 2007, 2011 y 2015 la participación fue de 56,9%, 57,1%, y 59,4%, respectivamente. Una variación baja. La trayectoria para los comicios legislativos también exhibe una variación modesta. Desde 43,6% en las de 2014 hasta 45,7% en 2006, pasando por 44,2% en 2010.

En el último plebiscito en el que votaron los colombianos en 1957 la participación fue abrumadora: 82%. La participación ciudadana más alta en la historia electoral del país. Lo hicieron en un contexto irreplicable, sin embargo, pues se decidía por otorgar el derecho al voto a la mujer (ésta a su vez podía votar), y además se le ponía punto final al gobierno militar optando por el regreso a una  democracia pactada.

Más recientemente, en 2003, durante el primer periodo del presidente Álvaro Uribe, los colombianos votaron un referendo con 16 preguntas que requerían un umbral del 25% cada una para su aprobación. Solamente una lo superó (25,1%).

La votación del domingo es diferente en cuanto no hay candidatos a elegir. Pocos de los más de 115,000 candidatos que se presentaron a los últimos comicios regionales movilizarán efectivamente a sus electores. Faltarán muchos de los incentivos y del ambiente que eleva la participación en las regiones: transporte gratis, almuerzo, banda musical. Otro ausente importante será la “mermelada”; el colombianismo con el que se conoce la movilización del voto clientelar.

El voto será libre. Se decidirá participar, y votar Sí o No, sin aparente compensación tangible, o inmediata.

El promedio de cuatro encuestas realizadas por Datexco en Septiembre arroja un 59,2% de participación. La encuesta de Ipsos (26 de septiembre) sugiere que definitivamente votará el 40%, y probablemente lo hará un 16% más. El sondeo de Gallup (20 septiembre) indica que el 32% definitivamente votará, y que probablemente lo hará otro 17,5%. Otra más hecha por Connecta (8 agosto) reporta el 52% de participación.

Aunque sorprenda al resto de terrícolas la victoria del Sí no será arrasadora. Si bien las encuestas dan al Sí por vencedor el margen se ha estrechado. Mientras la firma Gallup registraba los votantes por el No en julio en el 10%, para septiembre los ubica en el 32,4%. El sondeo más reciente de Datexco (26 septiembre) arroja 55% por el Sí y 36,6% por el No. Finalmente, para Ipsos, desde la primera semana de septiembre a la última, el Sí bajo del 72% al 66%, y el No subió del 28% al 34%.

En resumen, el umbral del 13% en la participación ciudadana para la aprobación del plebiscito será ampliamente superado. El Sí a la paz vencerá al No, aunque no con la holgura que se preveía hace pocos meses.

#Chile. La contraofensiva de los gradualistas

Publicado en El Mostrador

En la última semana Andrés Zaldívar, Edmundo Pérez Yoma, Belisario Velasco y Jorge Burgos han usado los medios para criticar a la Presidenta y al Gobierno. No es casualidad que todos ellos sean ex ministros del Interior y militantes de la Democracia Cristiana. Por una parte, son todos los que pueden hablar, pues Rodrigo Peñailillo está desaparecido en acción y Mario Fernández está en ejercicio. Pero, además, todos ellos representan al partido que se ha mostrado más incómodo en el Gobierno.

Ahora bien, la pregunta es por qué hablan ahora y cuál es el objetivo de hacerlo. A mi modo de ver, la estrategia de los ex jefes de gabinete parece ser clara y divisible en dos partes: una que busca revitalizar el espacio gradualista en la centroizquierda, y otra que busca maximizar la probabilidad de llevar un candidato propio como abanderado único en la próxima elección presidencial. La primera tiene que ver con revivir a la Concertación, y la segunda con tener que izar un referente de ella como candidato.

Todo comenzó en la primera parte del Gobierno de Bachelet, cuando los sectores más conservadores de la Nueva Mayoría, particularmente la DC, se comenzaron a preocupar con la velocidad con que las reformas comenzaron a ser aprobadas; notoriamente la tributaria, la educacional y la electoral. Si bien en un inicio ellos mismos habían apoyado las reformas, a poco andar se dieron cuenta de que eran demasiado drásticas para su gusto. Como respuesta activaron un plan de ataque con el objetivo de revivir la gradualidad que exitosamente encarnó la Concertación por dos décadas.

Al poco andar, sin embargo, el Gobierno se encontró con otro problema. Tras solo un año en el cargo, el líder político de los gradualistas renunció. La salida de Burgos anunció una nueva tormenta. Pero esta vez los problemas no vendrían por razones ideológicas o económicas, sino por razones políticas. La salida de Burgos se explica por su falta de voluntad para coordinar una coalición de Gobierno que reúne a dos partidos extremos y centrífugos bajo el mismo techo. Burgos usó la renuncia para hacer un punto político.El ataque dio resultados. Bachelet removió a tres de sus cuatro mosqueteros progresistas y los reemplazó con conocidos gradualistas. Entre ellos destacó la entrada de Burgos y Valdés y la salida de Peñailillo y Arenas. Bajo el lema “realismo sin renuncia”, Bachelet les mandó una señal al sistema político y los mercados financieros. Les dijo que el Gobierno aflojaría el tranco. El cambio de gabinete recibió el visto bueno de varios políticos de primera línea y el beneplácito del empresariado. La victoria de los gradualistas le sirvió al Gobierno para estabilizarse.

Esta última contraofensiva de los gradualistas tuvo como objeto subrayar que el Gobierno es demasiado progresista para el país y que hay otras alternativas mejores. Las recientes entrevistas de Lagos y Burgos a dos medios distintos de circulación nacional son cualquier cosa menos improvisadas. Se dan tras una serie de reuniones entre ambos y apuntan a solo una cosa: reconquistar el espacio de centroizquierda gradualista que, a su modo de ver, le dio tantos frutos al país. La idea de ellos es capitalizar sobre el mal desempeño de Bachelet. Mientras peor le vaya a la Presidenta, mejor les va ir a ellos.

Mientras Bachelet siga tropezando con pequeñas decisiones políticas y no logré reactivar la economía, los únicos beneficiados serán los gradualistas. El contraste será nítido. Buscarán hacer contrapuntos en temas tan mundanos como profesionalismo político y estabilidad económica. Su cálculo es que, con los progresistas en el suelo, ellos serán la única alternativa viable para reencarrilar al país. Obviamente vendrá con el gancho de que uno de ellos será el que tendrá que estar a la cabeza de la tarea. Hasta ahora es Lagos. Pero en caso de emergencia hay una larga lista de disponibles, comenzando por el propio Burgos.

Nada garantiza el éxito de los gradualistas. Hasta ahora corren con ventaja porque su máximo exponente figura arriba en las encuestas y es quien mejor se compara con el principal referente de la oposición. Pero queda tiempo todavía. Los gradualistas aún tienen que probarse en un par de áreas. Por ejemplo, tienen que mostrar que pueden integrar tanto las reformas que están en curso, como la reforma constitucional, como incorporar las nuevas demandas sociales, como la reforma previsional.

El contrataque gradualista solo tendrá éxito si Bachelet no logra repuntar. No es posible garantizar el éxito del Gobierno y de los gradualistas a la vez. Por eso, los gradualistas deben estar dispuestos a quemar parte de la nave para salvarla. Algo que le podrá parecer contraintuitivo a algunos, pero lejos de ser una novedad en política. Los gradualistas deberán proceder con suficiente cautela para no alienar a los progresistas, que finalmente serán los encargados de decidir la elección si la coalición de centroizquierda llega dividida.

#Chile. La salida de Javiera Blanco

Publicado en La Tercera

La Ministra Javiera Blanco está en problemas. Ayer enfrentó una interpelación por su responsabilidad en las irregularidades de Gendarmería y su rol en la crisis del Sename. Aunque es posible que la Ministra no sea directamente responsable de lo que se le imputa, tampoco ha hecho lo suficiente como para revertir la opinión de quienes la acusan. En Gendarmería solo ha agravado el conflicto con sus interlocutores, y en el Sename no ha sido capaz de ofrecer una salida coherente y consistente.

Fue una interpelación necesaria. Hubo preguntas y respuestas que urgían. Incluso pareció ser una interpelación más merecida que cualquiera de las cuatro anteriores. Sobre todo porque se trató un tema particularmente delicado; niños fallecidos bajo la custodia del Estado. En un futuro sería útil evaluar el evento en un marco técnico, institucional y multipartidario con óptica de largo plazo. Pero por ahora me parece necesario explorar si la permanencia de Blanco en el gabinete tiene algún efecto sobre el gobierno.

Mi intuición es que sí, la permanencia de Blanco daña al gobierno. Irrelevante de la responsabilidad de la Ministra en lo que se le imputa, la decisión de mantenerla en el gabinete es un problema para la administración de Bachelet. Las últimas semanas han estado notoriamente marcadas por cuestionamientos a la Ministra. Lo anterior le ha impedido al gobierno poner otros temas sobre la mesa y manejar la agenda política del país. Por lo pronto, se ha hablado más sobre Blanco que sobre los niños.

Las encuestas muestran una evidente erosión en la popularidad de la Presidenta y el gabinete. Sólo esta semana la encuesta Cadem mostró a ambos caer a su mínimo histórico. No hay evidencia de causalidad, pero intuyo que existe. Los errores políticos de la Presidenta en las últimas semanas la han perjudicado tanto a ella como a su gabinete. Esta idea se robustece si sumamos a la ecuación el hecho de que la encuesta Adimark ha sido consistente en mostrar a la Ministra Blanco como la menos popular del gabinete.

Varios académicos y expertos de la plaza ya han avanzado esta línea de cuestionamientos. En contraste, pocos han ofrecido contra argumentos de peso. Los que sí lo han hecho se han enfocado más en criticar el sistema que en identificar la responsabilidad política de Bachelet y sus potenciales consecuencias. Pero esta posición es cada vez más minoritaria. Ni los políticos de la propia Nueva Mayoría se suben a esa micro. De hecho, los presidentes de los partidos de la coalición de gobierno incluso se han manifestado a favor de un cambio de gabinete.

La salida de Blanco es un paso lógico, racional. Aunque algunos argumentan que un enroque a otra cartera sería la solución óptima, me parece que repetir una estrategia anterior que evidentemente fracasó es una mala idea. Cuando Bachelet movió a Blanco de Trabajo a Justicia le salvó el pellejo. Hacer lo mismo otra vez es un error. A estas alturas, Blanco debe salir porque daña a la Presidenta y el gabinete. Quizás si Bachelet hubiese actuado antes la Ministra se estaría reivindicando en otra cartera. Pero ya es tarde, la única alternativa es la remoción.

Después de la interpelación el gobierno queda relativamente debilitado. Nunca es positivo ser cuestionado cuando se está en el poder. Pero podría ser peor. Con una acusación constitucional a la vuelta de la esquina, la Presidenta debe actuar. Si alguna vez hubo un gallito, ya se perdió. La pauta está escrita, y dice que Blanco debe salir. Mantenerla solo ahondará los cuestionamientos. Si la Ministra permanece en el gabinete, tanto la Presidenta como los demás ministros serán objetos de críticas continuas—la mayoría de ellas lógicas y racionales.

Este es un momento de quiebre natural. Hay que aprovecharlo para hacer cambios. Bachelet puede usar la excusa del ajuste técnico, para compensar desequilibrios pendientes. O puede argumentar que el cambio de gabinete ocurre para facilitar la decisión de los ministros que tienen ambiciones electorales. Todo esto es entendible. Incluso deseable. La única aprensión es que debió ocurrir antes. Hacerlo después de una interpelación y ad portas de una acusación constitucional solo ilustra lo confundido que están los estrategas de La Moneda.

Amistad no debe ser una determinante a la hora de hacer cambios de gabinete. Bachelet perfectamente puede mantener a Blanco, pero arriesga aumentar el escrúpulo popular. La Presidenta puede mover a la Ministra a otra cartera, pero eso no va solucionar el problema político de fondo. A veces es mejor dejarse llevar que resistir. Particularmente cuando es evidente que hay un conflicto real. Humildad y vínculo con el medio son dos características que hoy día brillan por su ausencia.

#Chile. El dilema del ministro sin alternativa

Publicado en La Segunda

La reforma previsional está madrugando. Es el tema del momento. Sin embargo, quedan muchas dudas sobre el curso que tomará. No hay ni un liderazgo claro ni una propuesta concreta para reemplazar el actual sistema de AFP.

Aunque Luis Mesina se ha asomado como el principal agente tras la demanda popular, el foco de atención más importante está puesto en la clase política. La pregunta es quién va tomar el tema. Entre las variadas alternativas que ofrece la fauna nacional, destaca el esfuerzo de la bancada legislativa de la DC.

Pero además de la DC, pocos se han acercado. Razones sobran. Primero, porque la clase política están cuestionada. Hoy, mostrarse como defensor del pueblo es ser hipócrita. Otra razón es que buena parte de los políticos están de acuerdo con las AFP. No sufren las mismas consecuencias que los chilenos de a pie.

Uno que debe tomar la batuta es el Ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés. Como titular del gobierno de turno y jefe de las arcas fiscales, no lo puede ignorar. No será fácil. Hasta ahora, la única solución a los problemas inducidos por las AFP parecen ser una inyección de platas púbicas.

Sin embargo, Valdés ha repetido hasta el cansancio que no es posible. Ya desestimó la idea de hacer una segunda reforma tributaria para resolver los problemas de la reforma educacional. Y ya dejó entrever que es imposible conseguir recursos adicionales para pasar a un sistema mixto o de reparto en el corto plazo.

El desafío de Valdés es tomar el tema y proponer soluciones. Debe al menos insistir en instalar una mesa de dialogo. Debe mostrar que el gobierno escucha a la gente, y que a pesar de las complejidades, siempre existen soluciones. Con una presidenta abatida y un gobierno alicaído, cerrarle la puerta en la cara a la gente no es una alternativa.

#Chile. La ruta de la reforma previsional

Publicado en El Dínamo

rprevisional

Hace pocos días casi un millón de personas se movilizaron en cuarenta ciudades para pedir una reforma al sistema previsional. Bajo el lema No Mas AFPs, la marcha unió a personas mayoritariamente de clase media y baja de todos los colores políticos para terminar con un sistema de pensiones catalogado como injusto e ilegitimo.

La marcha despierta memorias de la movilización estudiantil de 2011. En ese segundo año del gobierno de Piñera los estudiantes se unieron para pedir un cambio al sistema educacional. Después de un par de meses de marchas de alcance nacional la demanda se transformó en una propuesta clara y concisa de política pública.

Hoy las marchas por una reforma previsional se encuentran en un estado incipiente, pero es probable que avancen hacia una propuesta política pública, tal como lo hicieron las demandas de las movilizaciones por la educación. Pero para ello se deben dar al menos dos condiciones. Primero, un líder que lleve la bandera, y segundo, una demanda clara y concisa.

En las movilizaciones por la reforma educacional fueron los líderes de las federaciones universitarias quienes portaron las banderas. En 2011, Giorgio Jackson y Camila Vallejo se transformaron en las voces del movimiento, unificando y matizando las distintas posiciones. Fueron ellos quienes pasaron pasaron en limpio las ideas que dieron vida a las demandas.

Mientras las marchas por una reforma previsional no logren traspasar sus ideas en un liderazgo único capaz de canalizar y comunicar una demanda única, no habrá avances. No es suficiente pedir un cambio. Debe haber una articulación política del grupo de presión y debe existir una propuesta alternativa clara, lista para ser tomada por algún grupo político existente.

Las demandas articuladas en las marchas de 2011 tuvieron éxito porque fueron lo suficientemente precisos para que un candidato presidencial los pudiera recoger. En ese caso, Bachelet prácticamente se adueño de la causa, tomando de forma casi integra las demandas de la calle. Su programa de gobierno prácticamente plagió las demandas de los estudiantes.

Mientras no exista una alternativa única, de consenso para una reforma previsional, ningún candidato presidencial se va arriesgar. La tarea del líder de la demanda previsional debe tomar un lado. No es suficiente pedir un cambio. No es suficiente abrir el debate. Debe optar entre pedir una reforma hacia un sistema mixto o uno de reparto y comprometerse.

Si el líder de No Mas AFPs quiere tener éxito en su lucha debe ir más allá de la protesta. Debe presentar evidencia que hay un sistema mejor que el actual, y conseguir el apoyo de la calle. Solo entonces un candidato presidencial podrá sentir que hay peso tras la causa, y tomarlo como bandera propia para la próxima elección presidencial.

Si el líder de la marcha no logra encausar el debate hacia una demanda específica, pasará lo que ha pasado en todas las elecciones anteriores: será solo un tema más. En las últimas tres elecciones, la reforma previsional ha sido parte del debate, pero nunca de forma central. Nadie se ha dado el trabajo de proponer una alternativa de consenso.

#Chile. Vientos de cambio en la UDI

Publicado en El Mostrador

UDI

La sorpresiva bajada de Francisco de la Maza a favor de Joaquín Lavín en Las Condes asombró a todos. Desde integrantes de la directiva del partido hasta los votantes de la comuna. Fue una movida ejecutada a último minuto, que para muchos representó una jugada estratégica para matar a dos pájaros de un tiro. Primero, usar a de la Maza para ocupar el cupo presidencial del partido con miras a la elección de 2017, que hasta ahora estaba vacante. Y segundo, ocupar a Lavín para mantener al viejo valuarte vigente, además de asegurar el dominio de la comuna.

Mi intuición, en contraste, es que la operación fue bastante más sucia e improvisada de lo que parece. Dudo que fue una movida manejada a nivel de partido. De hecho, me parece que si se hubiese conferido para tomar una decisión al respecto lo más probable es que se hubiese rechazado la idea. Ni la mesa del partido, ni los socios de la coalición la hubiesen avalado. Primero, porque de la Maza no tiene el apoyo explícito de ninguna facción de la UDI, y segundo porque ante su salida RN hubiese pedido el cupo.

Sin perjuicio de lo anterior, la movida tiene una serie de efectos, que sin duda son importantes explorar, como por ejemplo lo que la entrada de un nuevo candidato presidencial significa para la carrera electoral en la derecha, o lo que implica reciclar a un símbolo del partido entre gallos y medianoche. Ya habrá tiempo y espacio para tratar esos temas. Por ahora, parece mucho más importante analizar lo que representa este cambio para el partido. Una tesis es que está ocurriendo una reestructuración mayor, que definirá los tiempos que vienen.

La histórica división del partido entre la UDI empresarial (liderada por Jovino Novoa) y la UDI popular (liderada por Pablo Longuiera) está en su ocaso. El control político ejercido por los apóstoles de Jaime Guzmán (Andrés Chadwick y Juan Antonio Coloma, además de los dos anteriores), está a la deriva. Mientras que Novoa y Longuera desfilan por tribunales, Chadwick está alejado del partido e involucrado en la campaña presidencial de Sebastián Piñera, y Coloma sigue como el único con cargo político relevante pero con menos influencia que nunca antes.

Otros representantes de la UDI empresarial se encuentran igual de cuestionados que su líder (como Carlos Bombal, Jaime Orpis, y Ernesto Silva), o alejados de las cúpulas de poder (como Cristián Larroulet, Evelyn Matthei, y Manfredo Mayol). Asimismo, otros representantes de la UDI popular siguen en el poder pero cuestionados por su rol en financiamiento irregular (como Iván Moreira) o aislados y sin influencia real sobre la dirección del partido (como Víctor Perez, y Jacqueline van Rysselberghe).

Una tercera facción en la UDI, más o menos similar al tercerismo del PS, dedicada a representar los valores históricos del partido y a resolver conflictos entre las dos otras facciones, hubiese sido una buena opción para capitalizar el poder si no fuera por que su líder histórico José Antonio Kast renunciará al partido hace solo dos meses. La disputa de poder entre los coroneles y Kast simplemente no dio más, obligando a Kast a dar un paso al costado, luego de correctamente diagnosticar que la única manera de ganar influencia sería por fuera del partido.

Aquí es importante clarificar que las luchas internas son suficientemente recientes para no tener un efecto significativo sobre los resultados electorales de la próxima elección municipal. Aunque el partido se encuentre en un armageddon interno, puede seguir ganando elecciones. Pues, sigue siendo el partido más grande del país, con una maquinaria electoral aceitada y pronta para conseguir votos. El efecto de la lucha interna, más bien, es una que va terminar por definir quién va ocupar los espacios de poder en los próximos años.

Está situación ha sido anticipada por dos personas claves. Por una parte, de la Maza, quien precisamente surge como candidato presidencial por el vacío de poder causado por la caída de las tres facciones históricas. La apuesta de de la Maza es justamente conformar un nuevo movimiento dentro del partido. Una opción es hacerse cargo de los militantes terceristas abandonados por Kast. Como un lobo solitario, sin claras vinculaciones a otros rostros del partido, es un candidato perfecto para liderar a los más apolíticos del partido.

Otra persona clave que se alza en esta rencilla interna es Jaime Bellolio. Criado bajo el alero de Kast, tradicionalmente ha sido identificado como parte del tercerismo. Sin embargo, desde su elección como diputado (en el cupo distrital de Kast) ha brillado con sus propias luces como figura de recambio. No solo suena fuerte como el próximo timonel del partido, pero además tiene una serie de figuras internas que lo potencian. Entre ellos destacan los diputados María Jose Hoffman, Javier Macaya, Arturo Squella, y Felipe Ward entre otros.

El futuro de la UDI se debate entre de la Maza y Bellolio. El segundo corre con ventaja por la masa critica que tiene a sus espaldas. Pero el primero es candidato presidencial, y una figura que no concita mayor rechazo. Si Bellolio apoya la candidatura de de la Maza estará haciendo lo mejor para su partido, pero estará postergando su propia opción. Si Bellolio no apoya a de la Maza, estará estresando a su partido en el corto plazo, pero asegurando su entrada a los círculos de mando en un futuro cercano. Soplan vientos de cambio en la UDI.

#Chile. Trigo y cizaña en la derecha

Publicado en La Tercera

Los partidos de Chile Vamos parecen estar más preocupados por la nominación del candidato presidencial que de las elecciones municipales. Una serie de movidas en corta sucesión es evidencia de aquello. A la evidente candidatura de Sebastián Piñera, se sumaron la del ex UDI José Antonio Kast, y la del ex RN Manuel José Ossandón. A ellos se suman las probables candidaturas de los RN Andrés Allamand, Francisco Chahuán, y Alberto Espina, quienes han estado menos activos, pero no por eso menos disponibles. A su vez, el timonel de Evópoli, Felipe Kast, pide cancha.

Para algunos es positivo tener a tantas personas disponibles para la tarea. Lo interpretan como una señal de diversidad en la derecha, que simboliza el amplio espectro de potenciales votantes que pueden llegar a ser escuchados y representados. También lo interpretan como un símbolo de competencia en la coalición, que sugiere que al final del proceso el mejor de la serie de candidatos será el único elegido. Sin embargo, ambos anhelos no son más que ficción. La verdad es que no hay ni tanta diversidad ni tanta competencia en la derecha ni entre los candidatos.

Piñera, Allamand, y Espina son de la misma línea dentro de RN. Fundaron la Patrulla Juvenil en los noventa, e inauguraron la línea liberal en el partido. Su esfuerzo, sin embargo, ha sido largamente cuestionado, pues en los hechos operan dentro de un marco tan conservador como el de la UDI. Esto ha quedado en especial relieve tras la irrupción de Amplitud. La nueva geografía del sistema de partidos desplazó a RN a la derecha. Este hecho político traslada a la otrora patrulla juvenil a un lugar que tradicionalmente ocupó Ossandón en RN, y mucho más cerca al que representaba Kast en la UDI.

Un observador desinformado podría pensar que todos están en carrera porque todos tienen posibilidades. Eso no es así. No todos tienen las mismas prospectivas de convertirse en el candidato definitivo. La verdad, es que Piñera domina en las encuestas. Está a un distancia sana de Ossandón, que asoma como el segundo en el concurso de popularidad.La diferencia entre ambos es menor a la distancia entre ellos dos y los otros cuatro. Allamand, Chahuán, Espina, y los dos Kast rara vez destacan con índices de apoyo que les podrían servir como crédito para una cuenta presidenciable.

En esta línea tener a siete candidatos parece ser un exceso, visto en la luz de una contienda en que todos ofrecen un producto similar, pero que sólo uno o dos corren con posibilidades reales. Una serie de efectos negativos surgen en este complejo escenario. Entre ellos, una es especialmente peligrosa, pues es la que define la prospectiva de volver al poder. Esta es la salida forzada de candidatos ante el bloqueo de las elites. La consecuencia es el fraccionamiento y desintegración de la coalición antes de la primera vuelta, facilitándole la elección al rival más fuerte.

La renuncia de Ossandón y Kast alimentan este escenario. Aunque si se les ofrece primarias probablemente participarían, hay probabilidades reales de que vayan directo a primera vuelta de cualquier modo. El recuerdo del papelón de 2005 es demasiado reciente como para olvidarlo. En esa ocasión Piñera y el UDI Joaquín Lavín decidieron ir juntos a primera vuelta. Fue la peor de todas las ideas. Aunque sumaron más votos que Bachelet en la primera vuelta, no lograron fidelidad el voto de cara a la segunda vuelta. La división entre ambos en la campaña les costó la elección.

Las elites de Chile Vamos deben evitar este escenario a toda costa. Aunque Piñera es el candidato favorito, si se le protege con exceso, la coalición pueden terminar en una situación aun peor de la que se encuentra hoy. Si el presidente de RN, Cristián Monckeberg, busca blindar a Piñera porque es quien figura más alto en las encuestas, va terminar por desgranar su base de votantes. En cambio, si consigue comprometer a todos los candidatos a someterse a primarias vinculantes, asegura por lo bajo una campaña potente y unitaria. Un candidato de consenso es sin duda la mejor alternativa.

Si lo anterior no queda claro, hay que pensarlo desde la perspectiva del rival directo, la Nueva Mayoría. Al sucesor de Bachelet le conviene enfrentar una derecha dividida. Si no hay primarias, o hay primarias parciales, habrán dos candidatos de la derecha en la primera vuelta más preocupados de pasar a segunda vuelta que de ganar la elección. En esta eventualidad se enfrascarán en una campaña negativa — en el contexto del voto voluntario — llamando a no votar por el otro. Si bien podrán conseguir ganancias marginales, en la suma sólo le estarán pavimentado el camino al rival, como en 2005.

Chile Vamos debe tomar determinaciones. La reciente renuncia de Ossandón es una señal de que falta disciplina partidaria y una visión cooperativa en la coalición. Los presidentes de los partidos tienen la obligación de fijar primarias para todos los candidatos sin ninguna excepción. Es una tarea compleja, pues Piñera busca asegurar su nominación sin tener que enfrentar al resto, y Ossandón amenaza ir a primera vuelta si es que no hay primarias. Pero es una tarea necesaria, pues de lo contrario la derecha podría hipotecar su alternativa de volver al poder.

Si Chile Vamos está más preocupado de la carrera presidencial que de las municipales, debe al menos mostrar avances. Lo primero que debe hacer es prevenir una potencial debacle electoral. Debe establecer primarias obligatorias para todos los candidatos con un mínimo nivel de apoyo en las encuestas. El peor resultado posible no es que no vaya Piñera, es que vaya Piñera y Ossandón (y posiblemente Kast) al mismo tiempo. La tarea urgente es separar el trigo de la cizaña. Luego, divisar el método por el cuál lograrán llevar una candidatura única, amplia, y vigorosa a la primera vuelta.