#Chile. Un balance negativo

Publicado en La Tercera

Hace tres años comenzaba el segundo gobierno de Bachelet. Para los partidarios de la coalición oficialista vendría el mejor cuatrienio desde el retorno a la democracia. Las reformas estructurales por fin parecían responder a las demandas de una izquierda que había sido opacada por los gobiernos de tercera vía de la Concertación y omitida por el gobierno liberal de Piñera. Y por casi un año esa esperanza se mantuvo intacta. La aprobación de la reforma tributaria, la reforma educacional, y la reforma electoral anunciaban que todo lo que vendría sería oro. El predicamento del ex ministro Pacheco a fines de Enero de 2015 lo confirmaba, cuando al inaugurar el nuevo huso de horario sarcásticamente declaró verano para siempre.

Pero no todo lo que brilla es oro. A comienzos de Febrero estalló el caso Caval. En retrospectiva, el punto de no retorno, pues sería el momento exacto en el cual el gobierno perdería el control de la agenda política. Junto al caso Caval, los casos Penta, SQM y algunos otros escándalos tangenciales aportarían, en un marco más amplio, al deterioro de la clase política. Mientras que el caso Caval le pegaría directamente a la popularidad de la Bachelet, el resto de los casos judiciales y escándalos políticos le pegarían directamente a la popularidad del gobierno y el Congreso. Al final del primer año del cuatrienio ya se formaba una tormenta perfecta lista para azotar a una clase política que a todas luces parecía no estar preparada.

Algunas cifras pueden ayudar a contextualizar la dramática caída de la Presidenta como consecuencia directa del caso Caval. Como referencia, antes del escándalo, y durante el primer año de gobierno, la aprobación presidencial fluctuó entre 60% y 40%, alcanzando 44% en el Enero de Pacheco. En el mes de Caval, Febrero, la aprobación de la Presidenta cayó bajó 40%, y solo un mes después, en Marzo de 2015, cayó a 31%–el desplome más estrepitoso en la historia de la encuesta. Dos meses después, en Mayo de 2015, la aprobación presidencial caería bajo el 30%. Eventualmente llegaría a caer bajo el 20%, fijando otro récord, al llegar al punto más bajo registrado por la encuesta desde su estreno en 2006.

A la clase política no le fue mejor. Los números muestran que el gobierno se hundió junto a su Presidenta. En el mes de Caval la aprobación del gobierno rápidamente cayó bajo el 40%, y en el mes siguiente, Marzo, bajó del 30%. Desde entonces ha fluctuado entre 23% y 17%. A su vez, la confianza en el poder legislativo también cayó significativamente. Los números son claros en mostrar que nunca antes el Senado y la Cámara de Diputados habían estado tan seriamente cuestionados. Si bien las instituciones políticas siempre han estado bajo un escrutinio público riguroso, fue en este cuatrienio, en este contexto político, en el cual tocaron fondo. Hoy tienen poco espacio para seguir cayendo.

Si los números fueran abstractos, las tendencias se podrían interpretar como caprichos de los ciudadanos. Pero la debacle ha tenido un efecto político notorio. Desde Febrero de 2015 que el gobierno y el Congreso no han logrado pasar reformas significativas. La caída en la popularidad de la Presidenta conllevó a un fraccionamiento de su coalición, impidiéndole controlar su mayoría legislativa. En el escenario contra-factual donde los casos mencionados arriba no ocurrieron, es probable que Bachelet habría mantenido su popularidad entre 60% y 40%, y desde allí podría haber comandado a su gobierno a buen puerto. Pero la reacción tardía, la mala gestión y los errores no-forzados le jugaron en contra.

Si bien los casos de financiamiento irregular fueron claves en hundir a la clase política, hubo una serie de momentos en que la Presidenta pudo tomar el timón y conducir a su gobierno lejos del iceberg. Pero ignoró todas las señales. Mencionar cada una de las omisiones amerita su propio espacio, pero se pueden mencionar algunas oportunidades perdidas a modo de ejemplo. Como haberle pedido la renuncia a su hijo el primer día del escándalo, antes de darle el lujo de dimitir desde La Moneda. O revisar con mayor detalle el currículum de sus ministros y subsecretarios, previo a sus nombramientos. O incluso haberlos removido a tiempo, antes de que se volvieran lastres.

El balance parcial del cuatrienio es negativo. Los presidentes se eligen para cumplir programas. Los gobiernos y los legisladores los acompañan para producir resultados. De los tres años en el poder, solo el primero fue bueno. Los otros dos se han caracterizado por una mezquindad política inédita, llenos de malas decisiones, poca colaboración, rencillas, juicios, destituciones, desafueros y abandonos. Si bien el contexto político ha presentado una serie de problemas nunca antes vistos, la reacción de las autoridades elegidas no ha estado a la altura para darle soluciones. La escasa autocritica y acción de la clase política es evidencia de aquello. Quizás por eso algunos partidos podrían de dejar de existir al no conseguir las firmas necesarias para el refichaje.

Un rayo de esperanza ilumina el último año del cuatrienio. Muchas de las críticas que hasta ahora se concentraban en la Presidenta se trasladarán a los candidatos presidenciales. Habrá menos tiempo para criticar al alicaído gobierno y más tiempo para comentar el incipiente ciclo electoral. La prioridad estará en mirar a quiénes compiten por el próximo mandato. Paradojalmente eso le podría dar la oportunidad al gobierno de completar algunas de sus promesas. Quizás lo que el gobierno necesita para actuar es precisamente esa descompresión. Esto podría ser positivo siempre y cuando no sigan los torpes tropiezos que hasta ahora han caracterizado la gestión de la Presidenta.

#Chile. Una carrera de dos caballos

Publicado en La Tercera

La última encuesta CEP muestra que la próxima elección presidencial será una carrera de dos caballos: Piñera y Guillier. La encuesta muestra que ambos suben en su intención de voto, y que el resto de los candidatos se estanca. La encuesta también muestra que la suma del alza de puntos entre Piñera y Guillier se asimila al porcentaje que abandona la categoría de no sabe/no responde. Es decir, Piñera y Guillier lograron convencer a una importante proporción de personas que antes no tenían un compromiso, mientras que el resto no convenció a nadie.

La CEP es reconocida como una encuesta que genera efectos políticos importantes. Tradicionalmente se le ha considerado como la instancia que hace o deshace candidaturas presidenciales. Probablemente por eso los candidatos se mueven tanto durante el trabajo de campo de la encuesta. Basta ver el aumento en el número de entrevistas, confesiones personales, y visitas a poblaciones olvidadas que hacen los candidatos en ese marco de tiempo para comprobar su influencia.

El último trabajo de terreno de la CEP no fue la excepción. Todos los candidatos relevantes se desplegaron para mostrar lo mejor de sí. Piñera, Guillier, Lagos y Ossandón todos dieron múltiples entrevistas en profundidad a los principales medios del país esperando obtener una recepción positiva en la ciudadanía. Solo ocurrió con los dos primeros. Los dos segundos se estacaron. Por eso la encuesta es tan lapidaria: muestra el resultado cuándo los candidatos se la jugaron con todo para aumentar su intención de voto.

Además, es relevante mencionar que otras encuestas son consistentes con la CEP. Para aquellos que reniegan de la veracidad y honestidad intelectual tras ésta encuesta, pueden pasar a mirar los resultados de otras tres encuestas que se hicieron en el mismo periodo de tiempo (Adimark, Cadem, y Cerc-Mori) solo para ver que muestran exactamente lo mismo: un aumento en el apoyo a los dos principales candidatos a costa del resto. Cuando la evidencia es consistente en esta dirección y magnitud necesariamente debe ser real.

Ahora es tiempo de definiciones. Será fácil para los dos que van arriba, pero no para el resto. Piñera y Guillier no tienen mucho que hacer. De hecho es recomendable no hacer nada cuando todo va viento en popa. Pero Lagos y Ossandón deberán reconsiderar las prospectivas de seguir en carrera. En particular deben pensar si su presencia en los medios es útil para sus propias ambiciones políticas y para las de sus propios sectores políticos. Mi intuición es que hacen más daño que bien al permanecer en carrera.

Lagos se tiene que bajar. Está comprobado que no aumenta en las encuestas. En el último año no ha logrado superarse. Consistentemente obtiene menos de 10% de apoyo, probablemente votantes duros, pero fácilmente absorbibles en un electorado volátil y heterogéneo. Permanecer en la carrera solo daña su propio legado y las prospectivas de poder de su coalición. No solo podría ser despachado vergonzosamente en primarias pero podría dividir a su sector en una forma similar a Enríquez-Ominami en 2009.

Ossandón tiene un poco más de espacio para actuar. Fue recién elegido senador en 2013, y estará vigente hasta al menos 2022. Si bien esta no es su única oportunidad para brillar, podría ocupar las luces para pavimentar el camino. Debe considerar el costo personal que implica pelear directamente con Piñera y si es más útil para su sector que se sume al barco ganador. Todo indica que es este no es su año, y que le conviene eventualmente negociar con Piñera para asegurar su cupo más adelante y apoyar a la mejor carta de la derecha.

#Chile. El estado de la carrera presidencial

Publicado en La Tercera

El día después de las elecciones municipales se desató la carrera presidencial. El escenario se intensificó con el comienzo del trabajo en terreno de la encuesta CEP, la bola de cristal para muchos candidatos. Varios de los que a estaban en carrera se empezaron a mover más, y varios de los que no se habían manifestado sinceraron su intención de estar en la papeleta. Es en este marco que es útil hacer un resumen de las posiciones en que corren los principales candidatos, además de mencionar algunas de sus principales fortalezas y debilidades.

Sebastián Piñera es quien lleva la delantera. Desde hace varios meses obtiene el doble de la intención de voto que la de su adversario más cercano. Alejandro Guillier está en el segundo lugar. Es la sorpresa de la carrera, considerando que a principios de este año no marcaba en las encuestas. Ricardo Lagos y Manuel José Ossandón disputan el tercer lugar codo a codo. Si bien el expresidente comenzó la carrera con mejor índice, de a poco se ha ido quedando atrás. Por su parte el Senador independiente, solo recientemente mostró avances significativos.

En un lejano quinto lugar se encuentran, irónicamente, el veterano Marco Enríquez-Ominami y el novato José Miguel Insulza. En este quinto lugar, además, se encuentran una serie de otros candidatos de relevo de las dos grandes coaliciones, empatados en un margen de error que incluye el cero de por medio. Entre ellos se encuentran los de Chile Vamos: Andrés Allamand, Francisco Chahuán, Alberto Espina, y Felipe Kast; y los de la Nueva Mayoría: Fernando Atria, y Jorge Tarud. También están los independientes Marcel Claude y José Antonio Kast.

En lo que resta de la carrera pueden pasar muchas cosas. Pero hay una que destaca como la más plausible: que los candidatos fuertes se aferren y los candidatos débiles se caigan. En este escenario los primeros cuatro corren con ventaja. Naturalmente, lo más lógico es que avancen los más fuertes: Piñera y Guillier. De hecho, esa es precisamente la tendencia que muestran las últimas encuestas: un acercamiento entre ambos a costa de los demás candidatos. Es decir, a medida que se acerca la elección la suma de apoyo para Piñera y Guillier incrementa.

El apoyo a Piñera se explica por un par de motivos. Primero, porque se perfila como un candidato con currículo. En su calidad de expresidente no debe pasar el colador de experiencia que los chilenos implícitamente le exigen a los candidatos. No por nada en todas las elecciones desde 2005 son los expresidentes o ex candidatos presidenciales los que dominan en las urnas. Pero además porque se plantea como una antítesis al actual gobierno. Ofrece resultados inmediatos en áreas que parecen estar desamparadas, como la economía o la seguridad.

El apoyo de Guillier se explica por otras razones. A diferencia de Piñera, no es un candidato tradicional, y por lo mismo recibe el apoyo de personas que sienten que los políticos tradicionales no logran dar con soluciones. En ese sentido, Guillier representa una porción no menor de personas que busca abrir un canal directo con el líder, sin necesariamente pasar por los partidos políticos. Su estilo de liderazgo se ha reforzado con su táctica de silencio, de intervenir en el debate solo cuando es estrictamente necesario.

Lagos y Ossandón son la antítesis de Guillier y Lagos, respectivamente. Lagos no crece a costa de Guillier precisamente porque es un político tradicional, y Ossandón no logra amenazar a Piñera porque no logra plantear una agenda política suficientemente clara. Si Lagos no comienza a innovar y separarse de la clase política, difícilmente podrá apelar a quienes hoy día apoyan a Guillier. A su vez, si Ossandón no logra registrar un programa de cuatro o cinco punto muy claros, tampoco podrá aspirar a desbancar a Piñera.

Si bien Piñera y Guillier corren con ventaja, hay una luz de esperanza para Lagos y Ossandón, visible en su cambio de estrategia en las últimas semanas. Por su parte Lagos ha abierto su candidatura a los medios, mostrándose más abierto que nunca antes, y dispuesto a conversar de forma más directa con la prensa menos tradicional sobre temas más sensibles. A su vez, Ossandón ha logrado conectar con un par de puntos al inaugurar su controversial agenda antinmigración. Esto le podría servir para ser finalmente detectado en el radar nacional.

Sobre el resto de los candidatos, aún hay poco. Principalmente porque la gente no los conoce, y como tal no han podido irrumpir en los medios con igual fuerza que los cuatro favoritos. Quizás con la excepción de Enríquez-Ominami e Insulza, la gente aún no sabe quiénes son y por ende no entienden el afán de sus candidaturas. Por lo mismo, la tarea de este grupo es incrementar su nivel de conocimiento. Esto podría desembocar en una serie de propuestas populistas, pero es la única manera de concretar su aspiración.

Muchos dicen que la encuesta CEP será la que sepultará o potenciará a los candidatos. Al menos es lo que ha pasado a esta altura en varios ciclos electorales anteriores. Y es probable que suceda una vez más. El rendimiento en la encuesta manda una potente señal a los inversionistas. Y dado que no se puede hacer una campaña sin plata, algunos tendrán que tomar decisiones. Para quienes muestren un aumento, será recién el primer gran paso. Podrán usar el avance para conseguir financiamiento y usarlo en los medios, que de seguro les darán mayor cobertura.

Si Piñera y Guillier se mantienen en la punta, con índices similares a los que han tenido hasta ahora, es probable que lleguen hasta el final. Si por el contario bajan en su intención de voto, se apretará la carrera, dándole mayor posibilidad a Lagos y Ossandón de intervenir, sujeto a que ellos también muestren un avance en su intención de voto. Solo si bajan los cuatro grandes candidatos podrán entrar la banca. Si bien es improbable, es posible. Lo cierto es que la última encuesta del año será relevante para todos quienes están en la carrera.

#Chile. La entrada de Guillier y la salida de Lagos

Publicado en La Tercera

La centroizquierda comenzó su búsqueda de candidatos presidenciales. En el papel, son varios los interesados. En la práctica, son solo dos los posibles. En la larga lista de presidenciables solo Lagos y Guillier corren con posibilidades para ser nominados, independiente de si es por medio de un proceso de primarias o si es por el infame dedazo. Sus presencias en los medios y en la agenda pública son indicios de la ventaja; sus números en las encuestas lo confirman. Ningún otro candidato en la coalición ha logrado despegar.

El candidato de la centroizquierda se va definir entre Lagos y Guillier. Inicialmente, la lógica apuntaba a que el expresidente se impondría. Primero, porque lleva más tiempo en la carrera, siendo mencionado desde al menos dos años. Segundo, porque tiene mayor capacidad política para aglutinar fuerzas tras su opción, teniendo llegada en casi todos los partidos del sector. En comparación, Guillier solo asomó como presidenciable este año con el humilde y exclusivo apoyo del Partido Radical.

Para sorpresa de muchos, el Senador ha desafiado la lógica. En vez de ser otro volador de luces en la contienda presidencial, se ha ido aferrando a medida que ha ido pasando el tiempo. En contraste a lo que se pensaba inicialmente, se ha ido amplificando la cantidad de gente dispuesta a apoyarlo a medida que se ha ido acercando la elección. En el mismo tiempo Lagos ha seguido estable en su opción. Lagos no tiene más apoyo ahora que hace un año. Entre todos los partidos de centroizquierda, solo ha logrado convencer a su propio partido.

Esta tendencia en los partidos de centroizquierda—al alza para Guillier y de estabilidad para Lagos—se refleja en las encuestas. Mientras que Lagos ha permanecido constante en su porcentaje de apoyo, Guillier ha ido en aumento. La encuesta Adimark de Octubre muestra que en los últimos dos meses Lagos no creció en intención de voto, siguiendo estancado en 5%, mientras que Guillier aumentó 10 puntos, pasando de 5% a 15%. Siguen siendo números preocupantes para el sector, pero de al menos indicativos de una tendencia potencialmente favorable.

La pregunta del millón es ¿qué va pasar? Una opción es que Lagos repunte y Guillier se baje a su favor. En este escenario tendría que ocurrir un pacto entre ambos, donde el Senador postergue su opción por cuatro años. Una segunda opción es que Lagos se baje repentinamente y Guillier quede solo en el primer lugar. En este escenario tendría que ocurrir una caída significativa en la popularidad del expresidente. Entre ambas opciones, me parece que la segunda es la más probable.

Sostengo lo anterior por varias razones. Primero, porque Guillier está a una distancia sana de ser identificado con la desprestigiada clase política. Si bien fue elegido parlamentario gracias a la lista de la Nueva Mayoría, la mayor parte de la gente lo identifica como independiente. Para ellos representa un outsider dispuesto a fiscalizar las suciedades inherentes de la política. En un futuro no muy lejano, para esa misma gente, será uno más de la clase política, tal como le ocurrió a Enríquez-Ominami entre 2009 y 2013.

Además de lo anterior, Guillier está en un momento perfecto para postular. En las elecciones simultáneas de 2017, al Senador no le tocará defender su escaño. Si es que finalmente postula a la presidencia y pierde, habrá ganado un importante capital político que podrá estrujar por los siguientes cuatro años como jefe de la oposición con miras a la elección de 2021. Esta es una situación similar a la que enfrenta Ossandón en su coalición, y por ende el mismo argumento que lo debiese convencer que su postulación debe ser ahora.

Una tercera razón que me conduce a pensar que la opción de Guillier finalmente se impondrá a la de Lagos es la inercia popular. La gente está más dispuesta a votar por Guillier que por Lagos. Dudo que el expresidente quiera ir a una primaria frente a un senador novato para perder. Para Lagos la reputación y el legado es todo. Perder en una elección de esa forma sería devastador para su carrera política y posiblemente una humillación lapidaria. En pocas palabras, si Lagos entra a una primaria con bajo apoyo popular, tiene mucho que perder y poco que ganar.

Las elites están cada vez más dispuestas a apoyar a Guillier. Las encuestas vienen cada vez más pesimistas para Lagos. La reciente señal política de Allende y la última encuesta Adimark no se pueden pasar por alto. Simbolizan la entrada de Guillier y la salida de Lagos para la elite y los votantes. La primera pregunta es cuánto se va aferrar Lagos a su candidatura, y la segunda pregunta es qué va hacer cuándo se baje. Mi intuición es que no va ser rápido pero va pasar eventualmente y que cuando pase será a favor de un tercer candidato.

#Chile. Un gesto necesario

Publicado en La Tercera

La presidenta finalmente hizo el anticipado cambio de gabinete. Como se esperaba, el ajuste estuvo más enfocado en solucionar problemas que en incorporar soluciones. Se hizo más para sacar peso muerto que para reclutar nuevos talentos. La salida de Javiera Blanco de Justicia y de Máximo Pacheco de Energía se explican por la necesidad de Bachelet de hacerle un gesto a dos de sus principales rivales: la oposición y el candidato presidencial de facto de su coalición, Ricardo Lagos. La salida de Víctor Osorio de Bienes Nacionales es trivial y, por lo tanto, irrelevante.

Lo óptimo hubiese sido hacer un cambio de gabinete puntual y constructivo. Es decir, un ajuste hecho a raíz de un diagnóstico interno sin presiones, enfocado en reclutar a ministros más preparados que los salientes para asumir los desafíos del momento. Pero en este cambio de gabinete, ocurrió todo lo contario. Fue tarde y forzado. Luego de meses de recibir presiones para hacer lo necesario, finalmente sucedió, pero los ministros que entraron no fueron necesariamente los mejores para asumir el desafío, solo los disponibles.

La salida de Blanco no necesita mayores explicaciones. Solo basta decir que, como cabeza de la cartera, estuvo a cargo, entre otros servicios: Gendarmería, Sename y del Registro Civil —tres instituciones significativamente cuestionadas durante su gestión. La salida de Pacheco, en cambio, sí amerita un análisis más detenido. Mi intuición es que el mismo ministro pidió salir, luego de los últimos traspiés de Bachelet. Pacheco probablemente sacó el mapa y la calculadora y vio que su mejor alternativa para seguir una carrera política no estaba en el gobierno.

La salida de Blanco y Pacheco sirven para ilustrar el balance de poder que existe entre una presidenta debilitada, sin control de la agenda política y sus principales rivales, los que la que critican y opacan. Bachelet se vio forzada a sacar a Blanco e impedida de retener a Pacheco. Ya no tiene el capital político para controlar quienes componen sus carteras. Bachelet se vio obligada a sacar a la ministra más fiel de su gabinete y maniatada de impedir la salida del ministro que más triunfos le ha dado en los últimos meses.

La presidenta se metió en este lío cuando no tomó las decisiones a tiempo. Luego de perder el control de la agenda política, perdió la capacidad de liderar en su mismo gobierno. Si hubiese sacado a Blanco en el momento indicado, el gobierno no estaría sufriendo la magnitud de los embates que ha tenido en las últimas semanas. Asimismo, si hubiese prevenido la brusca caída de su popularidad, no habría desatado indirectamente la carrera presidencial de Ricardo Lagos, que le ha significado solo problemas y dolores de cabeza.

La salida de Blanco responde a una especie de tregua con la oposición. Tuvo que pagar ese precio a cambio de permitir una elección local con la mayor normalidad posible. Con Blanco en la cartera, las críticas hubiesen seguido sumando. Algo similar pasó con Pacheco, quien salió solo para seguir en política. No pudo impedir su renuncia, pues el gobierno ya entró en su etapa final. Esta lamentable situación es indicativa de una clara derrota para Bachelet y su agenda progresista, y una victoria para Lagos y los gradualistas.

El domingo hay elecciones municipales, luego de las cuales se desatará la carrera presidencial. Este cambio de gabinete fue probablemente el último relevante en lo que queda del cuatrienio. Es improbable, pero posible, que haya otro ajuste ministerial. Eso dependerá de las ambiciones legislativas de los titulares. Por mientas la mejor prospectiva política de Bachelet es mantener a los titulares en su cargo. Si se ve obligada a hacer otro cambio de gabinete en Noviembre, podremos declarar como difuntos al gobierno y a su agenda refundacional.

#Chile. La madriguera del conejo

Publicado en El Mostrador

El papelón del Registro Civil y el Servel no dejó a nadie indiferente. Los efectos negativos son sustanciales y transversales. No solo infligen un daño político, sino que dañan a la democracia. No tener un padrón fidedigno significa, entre otras cosas, no poder calcular el número de concejales que corresponde elegir en cada comuna ni poder estimar los parámetros de financiamiento electoral que se les debe exigir a los candidatos.

Hubo suficiente tiempo para enmendar el papelón. Se dio aviso del error por primera vez en julio de este año, es decir, hace casi cuatro meses. La noticia se dio a conocer a través de varios medios de comunicación, así como también por uno de los miembros del comité ejecutivo del Servel. Varios analistas políticos reaccionamos en su momento y pedimos actuar para revertir la situación. El gobierno no le tomó el peso al asunto, y dejó pasar las semanas en vano. Decidió actuar recién hace dos días.

El gobierno dijo que la ley corta solucionaría el problema. Pero lo que envió al Congreso dejó mucho que desear. El principal problema fue que la ley no buscaba corregir el padrón, sino que simplemente buscaba habilitar a las personas erróneamente cambiadas de comuna para que pudiesen votar en el lugar correcto. Esto indirectamente significaba inflar el padrón para permitirles a algunos la posibilidad de votar en dos comunas a la vez. Teóricamente, podrían votar donde su voto valiese más.

Esta nueva ley implicaba poner en juego la legitimidad del proceso, pues de ser aprobada traería incluso más problemas que el error original. Qué pasaría, por ejemplo, si en una comuna afectaba por el error de Servel el ganador se imponía marginalmente al segundo lugar y el perdedor pedía la anulación de la elección argumentando que los votos que lo separaban del ganador eran menos que el número de votantes trasladados por error a la comuna.

Potencialmente, esta situación se podría dar a escala masiva.

Por lo anterior, la ley corta se bajó a favor del plan original de forzar a alrededor de medio millón de votantes a sufragar en una comuna que potencialmente no es la suya, en la cual probablemente no tienen información ni interés. La pregunta relevante, entonces, es: ¿por qué se decidió mandar una ley corta y bajarla al día siguiente? ¿Acaso el gobierno no reflexionó sobre lo que era lo correcto o, al menos, lo mejor para la gente? Estas dos preguntas nos mandan por la madriguera del conejo.

Hay muchas dudas sobre lo que pasó. En lo particular me parece interesante la forma en que presentaron los datos en la comisión del Congreso. El día lunes 17 se presentó una lista completa de comunas afectadas, detallando el número de votantes incorporados y el número de votantes retirados. Lo que no se presentó fue el número de votantes afectados por el cambio de domicilio involuntario. A final de cuentas, ese es la estadística de interés, pues con ese dato la situación sería fácilmente reversible.

Presumo que ese dato es el punto de tope en todo este episodio. Si el Registro Civil o el Servel pudiesen diferenciar a los votantes cambiados correctamente (los que pidieron cambio) de los votantes cambiados erróneamente (los que no pidieron cambio), sería tan sencillo como asignar a cada votante de vuelta a su lugar originario. Por eso es tan importante saber qué pasó en el proceso en que se perdió ese dato o se eliminó. Hasta ahora ninguna autoridad ha contestado esa pregunta.

Es posible que esa información surja en el futuro. De hecho, sería extraño si es que no se logra recuperar de alguna forma, pues tiene que existir en algún formato electrónico, al menos que la negligencia haya sido a propósito. Además, tener el dato desagregado es el eslabón necesario para reconstruir los eventos que se sucedieron para desencadenar en esta situación. Pero, hasta no tenerlo, los problemas no desaparecerán—se seguirá cuestionando el profesionalismo de todas las instituciones relacionadas con el papelón.

Qué duda cabe que hubo una operación política para esconder esta situación. Ni el Registro Civil ni el Servel quedarían bien parados si se supiera lo que realmente pasó con el padrón de votantes. Por eso la ley corta también buscaba servir en función de ganar tiempo mientras se corregía el error tras bambalinas. Presumiblemente el objetivo fue hacer lo mejor posible, sabiendo que era inverosímil implementar lo óptimo. Por eso también es posible que nunca se sepa con exactitud lo que pasó.

Con la legitimidad de la elección en duda, y el notorio deterioro del Registro Civil y el Servel en curso, solo queda identificar a los responsables y procesarlos debidamente. Quienes formaron parte de este lamentable episodio deben ser apartados de sus funciones. A su vez, el gobierno debe tomar las medidas para que algo así nunca más suceda. Esto significa partir por profesionalizar a ambos servicios en cuestión. Se necesita a mejores profesionales y técnicos en tareas de esta magnitud.

#Chile. El exabrupto de Fernández

Publicado en El Mostrador

El ministro del Interior Mario Fernández momentáneamente dejó de lado su trabajo como segundo en mando del gobierno para asumir un rol de analista electoral y activista político. Sostuvo que la próxima elección presidencial estaría entre Ricardo Lagos y Sebastián Piñera y que todo lo demás era fantasía, refiriéndose a Alejandro Guillier. El presidente del Partido Radical, Ernesto Velasco, rápidamente pidió la cabeza del ministro. Este nuevo choque en el oficialismo abre una nueva era de disputas intra-coalicionales.

Naturalmente, todos los ministros tienen un ojo puesto en las elecciones que vienen y, probablemente, ya tienen sus fichas en algún candidato. Pero hay razones por las cuales se les pide permanecer públicamente ajenos a este tipo de coyuntura. La primera es porque la gente podría asociar sus opiniones con la posición oficial del gobierno, lo que no siempre es el caso. La segunda es porque pueden involuntariamente cambiar el curso natural de la elección, especialmente cuando ocupan cargos políticos relevantes.

El exabrupto del ministro Fernández tropieza con ambos criterios. Por un lado, al favorecer a Lagos por sobre Guillier, inconscientemente instala la idea de que el expresidente es el candidato del gobierno. Pero esto no es ni debe ser así. El gobierno no tiene ni debe tener un candidato. El gobierno de todos los chilenos debe permanecer trabajando por todos los chilenos en el frente de políticas públicas y neutral frente a la carrera presidencial.

Por otro lado, al favorecer a Lagos por sobre Guillier, intencionalmente deja entrever que la posición de muchos políticos de carrera favorece al expresidente. En un momento en que la opción de Guillier se encuentra bajo el escrutinio público, esto es extremadamente relevante. El ministro no solo manifiesta su opinión, usa además su preferencia personal en público como instrumento de campaña. Muy por el contrario, debiese estar enfocado en su oficio y usando sus horas de oficina para hacer su trabajo.

Para la elite que aún no se decide entre los candidatos, la voz del ministro puede ser pivote para tomar una decisión. Sobre todo entre aquellos que buscan frenar el progresismo del gobierno. Asimismo, para votantes desinformados pero disciplinados, la opinión del ministro puede ser elemental para tomar un lado. Especialmente para aquellos que no siguen todos los detalles de la carrera presidencial pero que normalmente votan por un color político predeterminado.

Las palabras del ministro también inauguran una nueva era de disputas dentro de la Nueva Mayoría. Hasta ahora, la disputa ha sido principalmente entre progresistas-bacheletistas y gradualistas-laguistas, y ha estado circunscrita al escenario de las políticas públicas. Desde ahora, esta se amplía al escenario electoral. Las palabras de Fernández sirven para reforzar la noción de que la coalición está dividida y que él está al lado de los que cree que el gobierno ha sido excesivamente ambicioso.

Guillier puede haber sido el blanco de Fernández. Pero como candidato camaleón, fácilmente adaptable a la coyuntura por su falta de compromiso ideológico, puede ingeniosamente dar vuelta el escenario a su favor. El senador puede criticar la intromisión del ministro para anotarse un par de puntos. Basta asociar la actitud de Fernández con prácticas políticas de otrora para ganar unos cuantos adeptos entre los votantes desafectados.

La principal perjudicada es Bachelet. Vuelve a exponerse públicamente a una situación donde el segundo en la línea de sucesión aparece operando con una agenda personal. Si bien su gobierno ya pasó a un segundo plano con la explosión de la carrera presidencial, esta nueva era de disputas intra-coaliciones promete profundizar la crisis. La extensión de la disputa entre gradualistas y progresistas se puede transformar en algo incluso más frontal y público de lo que ha sido hasta ahora.

#Chile. Abstención obligatoria

Publicado en La Tercera

Por un error en el Registro Civil, y con la complicidad del Servicio Electoral, hasta 475 mil personas podrían dejar de votar en la próxima elección municipal. Por un traspié computacional, alrededor del 4% del padrón electoral no tendrá la opción de votar en la comuna en que vive. Esto no quiere decir que estas personas finalmente no votarán, pero definitivamente será un escollo más en una elección que ya se pronosticaba como la con participación más baja de la historia.

Los primeros indicios de un problema con el padrón fueron en la elección municipal de 2012. Hace cuatro años, el expresidente Salvador Allende apareció en la lista de habilitados para votar. Presumiblemente, el padrón estaba compuesto por miles de fallecidos más. Los órganos gubernamentales responsables aceptaron el error y se comprometieron a depurar el padrón para reflejar el número real de votantes habilitados. Sin embargo, los problemas persisten.

Los efectos de tener un padrón sucio son varios. Primero, no refleja el número total de votantes, lo que dificulta estimar la participación electoral. Sin saber cuál es el total real de personas habilitadas para votar, es imposible conocer la proporción de personas acuden a las urnas. Entre otras cosas, esto impide sacar balances sobre la percepción política de la gente. Por ejemplo, no se puede sostener con certidumbre si existe una crisis de representación o, si existe, cuál es su profundidad.

Más importante que lecturas políticas, tal vez, es el efecto real sobre la gente. Es un problema democrático que las personas no puedan votar en las comunas en donde viven. Si las personas no participan, no pueden ser escuchadas, y si no son escuchadas, no pueden ser representadas. Esto presenta un problema para la gente que busca que sus intereses sean representados en temas tan esenciales como la definición de impuestos, el acceso a salud y educación.

En el caso de las elecciones que vienen, habrá muchas personas que dejarán de ser representadas simplemente por los errores del Registro Civil y el Servel. Pero, sumado a la actual crisis política, es probable que la tasa de participación sea la más baja de la historia. Esta situación, tan evidente, debió alarmar a las autoridades y no lo hizo. Tuvieron cuatro años para eliminar a los fallecidos del padrón y no lo hicieron. Tuvieron varios meses para revertir el error computacional y tampoco lo realizaron.

Si las autoridades del Registro Civil y el Servel no son responsables, ¿quién lo es? Hasta ahora las cabezas de los dos órganos que pudieron prevenir o revertir los problemas han dado solo excusas. Han ilustrado la magnitud del problema por medio de distintas figuras y ejemplos, e incluso han buscado la responsabilidad en otros lados. Sin embargo, las explicaciones son difíciles de entender. Son precisamente ellos quienes deben asegurar que sus instituciones funcionen.

El gobierno pudo haber actuado antes. Tuvo varios años para prevenir el problema de fallecidos en el padrón y suficientes meses para revertir los cambios involuntarios de domicilio. El gobierno pudo haber asignado más recursos para depurar la lista de personas habilitadas para votar a cargo del Servel, así como presionado al poder legislativo para encontrar una solución pronta al error del Registro Civil. No hizo ninguna de las dos. Quizás subestimó la magnitud del problema.

Hoy, el gobierno tiene dos opciones. La primera es seguir en la misma línea y no hacer nada. Es decir, desviar responsabilidades y esperar a que la oposición no les caiga con todo su peso. La segunda es aceptar los errores como propios, identificar a los responsables y entablar sanciones. Entre los dos caminos, es preferible la segunda. Quizás sea tarde para cambiar el oscuro rumbo de la elección que se apronta, pero será una señal inequívoca de que lo mismo no ocurrirá nunca más.

#Chile. El camaleón político

Publicado en El Mostrador

Con la aprobación de la elección directa de intendentes en la Cámara Alta, el senador y candidato presidencial Alejandro Guillier ganó su primera gran batalla luego de que los dos ex Presidentes –y también candidatos presidenciales Ricardo Lagos y Sebastián Piñera– se opusieran públicamente al proyecto. El mensaje presidencial se aprobó contra todo pronóstico. Guillier no solo triunfó porque votó a favor del proyecto, también ganó por el riesgo que conllevaba perder. De haber perdido en la votación, los ganadores hubiesen sido Lagos y Piñera, sus rivales directos. Guillier hizo una apuesta arriesgada que pagaba mucho y ganó.

La aproximación de Guillier a esta votación revela bastante sobre su estrategia electoral. Para empezar, el periodista sabe que –para ser candidato presidencial– se necesitan luces y qué mejor que rivalizar con los peces gordos. Breves cuñas pueden llegar lejos en un escenario político presidencializado. El mejor ejemplo fue cuando Guillier capciosamente comparó a Lagos con O’Higgins, sugiriendo que el liderazgo del ex Presidente era arcaico y redundante. Algo similar ocurrió cuando comenzó su intervención en la votación del proyecto de intendentes mencionando lo catastrófico que resultó el Transantiago de Lagos.

Pero hay un lado político más profundo en la táctica de Guillier y tiene que ver con nunca quitar sin dar. Es así como se ha vuelto usual que el senador haya emparejado cada crítica con un elogio, incluso si ha significado tener que declararse un laguista. Esta ambigüedad se explica netamente por el instinto de supervivencia del candidato. Guillier sabe que es el segundo en la fila y solo va a ser candidato si logra desbancar a Lagos. Por ende, debe ser cuidadoso con no alienar a la base de votantes, que en gran medida es la misma que la del ex Mandatario. Si Guillier conduce una campaña negativa, terminará saboteando su propia popularidad.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Muchos han argumentado que la candidatura de Guillier es una nave vacía, un vehículo político popular pero sin ideas de fondo. Es comprensible, pues comparado con la larga lista de manuscritos de Lagos sobre ideas para un Chile del futuro, cualquiera queda chico. Y, en general, creo que la lectura es correcta y, salvo algunas exageraciones que buscan explicar la falta de ideas con la falta de experiencia del candidato, estoy de acuerdo. Mi contribución, en esta línea, sería solo agregar que es una estrategia compleja, ideada por el propio Guillier, con múltiples aristas que puede pagar mucho si la mantiene.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Esta táctica es particularmente eficiente para convencer a los desafectados y moderados, precisamente el nicho que Guillier debe explotar. Moverse fácilmente entre una idea y otra le permite distinguirse de la clase política. Guillier busca dar la impresión de que no está atado a cánones políticos tradicionales ni a dogmas ideológicos trasnochados. Es un candidato perfecto para los potenciales votantes que buscan a una persona que no es parte de la elite partidaria y para los que no están convencidos con los candidatos que han demostrado moverse solo por intereses económicos y políticos.

Guillier debe seguir en esta ruta por un tiempo. Su actitud pasiva-agresiva sirve para aserrucharle el piso a Lagos mientras asegura un cupo en las primarias de la coalición. Puede celebrar todas las victorias. Puede celebrar ser parte de la Concertación y de la Nueva Mayoría simultáneamente. Puede celebrar ser independiente y político a la vez. Puede celebrar los logros del Gobierno y los de la oposición al mismo tiempo. Puede hacer todo esto mientras sus índices de popularidad aumentan y mientras convence a los que no han pensado votar porque los otros candidatos están todos atrincherados.

Lo mejor que le puede pasar a Guillier es que Lagos se caiga por su propio peso. Si sigue con su estrategia ambigua, será el candidato mejor posicionado para hacer el reemplazo. Lagos difícilmente lo podrá detener, simplemente porque cualquier otra alternativa probablemente favorezca a Piñera. A la vez, Guillier podrá marcar diferencias con la clase política y el legado de la centroizquierda en la medida de lo necesario. Para los que privilegian el debate de ideas, este un escenario alarmante. Pero para los que les gusta ganar elecciones, es una estrategia perfecta. No hay nada mejor que un camaleón político para ganar una elección.

#Colombia. El plebiscito por la paz

Por Carlos Brando, Universidad de Los Andes

¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera? A esta pregunta podrán responder casi 35 millones de colombianos habilitados para votar el próximo domingo 2 de octubre. Tras el cierre de las negociaciones y la firma del acuerdo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el líder de la guerrilla de las FARC, será la voluntad del pueblo expresada en las urnas la que decida si el proceso avanza hacia su etapa de implementación y verificación (o no). La refrendación por la vía popular es una estrategia arriesgada del presidente que la juzga necesaria para imprimirle mayor legitimidad política.

Ahora, ¿es de verdad probable que Colombia pierda la paz en las urnas?

Transitar el camino plebiscitario implica sortear dos altos. Primero, la participación debe superar el umbral del 13% del censo electoral impuesto por la Corte Constitucional, es decir, 4,380,000 votos. Segundo, obviamente debe ganar el Sí. Por escasez de antecedentes pronosticar la participación ciudadana en este tipo de ejercicios es más difícil que hacerlo en elecciones presidenciales, legislativas o regionales. Por ejemplo, en las tres elecciones regionales  celebradas en 2007, 2011 y 2015 la participación fue de 56,9%, 57,1%, y 59,4%, respectivamente. Una variación baja. La trayectoria para los comicios legislativos también exhibe una variación modesta. Desde 43,6% en las de 2014 hasta 45,7% en 2006, pasando por 44,2% en 2010.

En el último plebiscito en el que votaron los colombianos en 1957 la participación fue abrumadora: 82%. La participación ciudadana más alta en la historia electoral del país. Lo hicieron en un contexto irreplicable, sin embargo, pues se decidía por otorgar el derecho al voto a la mujer (ésta a su vez podía votar), y además se le ponía punto final al gobierno militar optando por el regreso a una  democracia pactada.

Más recientemente, en 2003, durante el primer periodo del presidente Álvaro Uribe, los colombianos votaron un referendo con 16 preguntas que requerían un umbral del 25% cada una para su aprobación. Solamente una lo superó (25,1%).

La votación del domingo es diferente en cuanto no hay candidatos a elegir. Pocos de los más de 115,000 candidatos que se presentaron a los últimos comicios regionales movilizarán efectivamente a sus electores. Faltarán muchos de los incentivos y del ambiente que eleva la participación en las regiones: transporte gratis, almuerzo, banda musical. Otro ausente importante será la “mermelada”; el colombianismo con el que se conoce la movilización del voto clientelar.

El voto será libre. Se decidirá participar, y votar Sí o No, sin aparente compensación tangible, o inmediata.

El promedio de cuatro encuestas realizadas por Datexco en Septiembre arroja un 59,2% de participación. La encuesta de Ipsos (26 de septiembre) sugiere que definitivamente votará el 40%, y probablemente lo hará un 16% más. El sondeo de Gallup (20 septiembre) indica que el 32% definitivamente votará, y que probablemente lo hará otro 17,5%. Otra más hecha por Connecta (8 agosto) reporta el 52% de participación.

Aunque sorprenda al resto de terrícolas la victoria del Sí no será arrasadora. Si bien las encuestas dan al Sí por vencedor el margen se ha estrechado. Mientras la firma Gallup registraba los votantes por el No en julio en el 10%, para septiembre los ubica en el 32,4%. El sondeo más reciente de Datexco (26 septiembre) arroja 55% por el Sí y 36,6% por el No. Finalmente, para Ipsos, desde la primera semana de septiembre a la última, el Sí bajo del 72% al 66%, y el No subió del 28% al 34%.

En resumen, el umbral del 13% en la participación ciudadana para la aprobación del plebiscito será ampliamente superado. El Sí a la paz vencerá al No, aunque no con la holgura que se preveía hace pocos meses.