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Los Bonos de confianza del Presidente

Publicado en El Mostrador

En términos económicos los bonos son instrumentos financieros de deuda utilizados por entidades particulares y gubernamentales para financiar proyectos. Son emitidos por instituciones privadas o públicas, con el fin de recaudar capital, y con la promesa de devolverlo en su totalidad junto con los intereses. Un ejemplo de transacción de bonos se encuentra en la historia de la construcción del Costanera Center. Dado que Cencosud no contaba con los activos necesarios para financiar la operación desde su propia cuenta decidió emitir bonos para recaudar lo necesario para llevar a cabo el proyecto. Sin esos bonos Paulmann no podría haber construido el Costanera Center.

La efectividad de la gestión presidencial funciona de forma similar. En este paralelo alegórico el presidente emite bonos de confianza para lograr llevar a cabo sus proyectos, que van desde mensajes legislativos con quórum constitucional a políticas públicas de alcance local. Si el presidente tiene un alto nivel de confianza tiene en un alto nivel de apoyo para llevar a cabo sus proyectos. Si no tiene confianza no tiene apoyo. Una medición inicial de esta confianza se da en la elección en la que resulta electo. Si logra una alta votación, comienza su mandato con un alto nivel de confianza. Esto aumenta si además logra una mayoría legislativa en la contienda parlamentaria.

En Chile es difícil desmarcarse de la medición inicial. La Constitución política no permite que el presidente promedio comience su mandato con un alto apoyo. La mayoría de los presidentes desde el retorno de la democracia han sido electos con menos de 55% de los votos y con menos de 55% de apoyo en el poder legislativo. Los gobiernos que sí tuvieron la fortuna de tener este apoyo inicial han sido los que más avances relativos han logrado durante sus periodos. El gobierno de Patricio Aylwin y Eduardo Frei fueron los que tuvieron mayores facilidades para concretar sus programas. Tuvieron votaciones razonablemente buenas y mayorías legislativas relativamente altas.

Igual de importante es lo que sucede con la confianza en lo que resta de sus periodos. Esa confianza comúnmente se mide con índices de aprobación presidencial. Presientes que tienen altos niveles de aprobación presidencial tienen una mayor probabilidad de materializar sus proyectos que presidentes que tienen bajos niveles de aprobación presidencial. Aún cuando no tienen mayorías legislativas tienen una buena ventaja. Un buen ejemplo se dio durante el gobierno de Ricardo Lagos. Pese a haber sido electo con 51% de los votos y 50% del poder legislativo, logró importantes cambios constitucionales. Sin el 60% de aprobación es difícil imaginar que podría haber forzado la negociación.

En el otro extremo esta lo que ha sucedido con presidente de baja popularidad. Un ejemplo es el gobierno de Sebastián Piñera. Su baja popularidad en las encuestas de opinión pública han sido un permanente obstáculo para llevar a cabo proyectos. Entre los 7 ejes (crecimiento, empleo, seguridad ciudadana, educación, salud, pobreza, calidad de la democracia y reconstrucción) que Piñera propuso como primordiales en su gobierno, ha logrado–según mismas fuentes del gobierno–solo 2 (crecimiento y reconstrucción). En los restantes ejes ha tenido problemas de coordinación dentro de su propio sector o bien conflictos de alineación con parlamentarios de la Concertación.

Si Piñera fuera más popular no solo tendría mayor apoyo de los partidos de su coalición, pero una relación más liquida con los partidos de la oposición. Haber fluctuado entre 25% y 35% de aprobación le ha significado encontrar obstáculos hasta con el presidente de su partido (RN). Con un alto nivel de aprobación presidencial, Carlos Larraín no lo podría haber antagonizado en el debate sobre la reforma tributaria y las conversaciones sobre la reforma al sistema binominal. Asimismo, con un alto nivel de aprobación las criticas de la oposición sobre conflictos de interés y desprolijidad para llevar a cabo algunos proyectos como HidroAysén habrían sido menos agudas y reiteradas.

El argumento es claro. Hay cosas que no se pueden hacer con una aprobación presidencial baja. El gobierno de Piñera ha tenido problemas para entender ese hecho. Constantes declaraciones de voceros de La Monda han manifestando que los índices de popularidad no son rectores para el programa. Aunque algunos podrán argumentar que 2 de 7 ejes son más que en gobiernos anteriores, el alcance es diferente. Por ejemplo, la alta popularidad de Bachelet le permitió recuperarse del desastre del TranSantiago para poder seguir pasando mensajes legislativos en el Congreso durante sus últimos 2 años. Es difícil ver un repunte en la popularidad de Piñera, y por ende avances en lo que queda de su periodo.

El 39% de aprobación de Piñera en Febrero de 2013 (sin considerar las limitaciones metodológicas de la nueva encuesta Adimark) es alto comparado con lo que ha recibido el presidente en meses anteriores. Dado que el presidente naturalmente se torna menos preponderante en el último año de su cuatrienio y es improbable que logre pasar cualquier reforma de envergadura por el poder legislativo, el 39% es un buen punto de partida para enfocar su gestión en la continuidad de un segundo gobierno de la Alianza. La estrategia de La Moneda debería ser subir los bonos de confianza del Presidente para eventualmente traspasarlos al candidato que resulte electo en las primarias de su sector.

 

El resplado que Adimark le da a Piñera

Publicado en La Tercera

Si observamos índices de aprobación presidencial entre 2010 y 2012 vemos que Piñera ha ido de muy popular a poco popular. En 2010, obtuvo un promedio de 57% de aprobación, y un 29% de desaprobación. La buena nota se revirtió en 2011 cuando su popularidad bajó considerablemente a 35% y su rechazo prácticamente se duplicó, llegando a 57%. En 2012 se consolidó la tendencia a la baja, con un promedio de 32% de aprobación y un promedio de 59% de rechazo. La primera medición de 2013 (en Febrero) quebró esta la tendencia, con un alza significativa en aprobación presidencial y una baja sustantiva en rechazo, llegando a 38% y 51% respectivamente.

Parece una buena noticia para el gobierno, en términos comparativos. Sin embargo, el problema es que no son índices comparables. Adimark, la encuestadora que use para generar los promedios anteriores, suspendió sus encuestas en Octubre de 2012 para reformular el método mediante el cual recopila sus datos. La principal modificación fue incorporar a usuarios de telefonía celular a la muestra. Esto fue impulsado por el bajo retorno de respuestas que se recibían a través de las encuestas hechas con telefonía fija. De este modo, a la muestra original de 2,1 millones de hogares se sumaron 5,7 millones de celulares, llegando a un total de 7,8 millones de contactos.

Si bien es un paso en la dirección correcta, es un paso complejo. Hay varios problemas asociados a utilizar telefonía fija para hacer encuestas. Por ejemplo, con telefonía fija la muestra es siempre la misma. Es decir, en la serie 2006-2012 siempre se usó el mismo tipo de encuestado, el dueño o dueña de hogar. Al incorporar telefonía celular a la muestra cambió el tipo de encuestado. El universo nuevo es diferente al universo anterior. El problema es que no existe evidencia concluyente sobre si la gente que utiliza telefonía fija es igual a la gente que usa telefonía celular. Intuitivamente, deberían ser los mismos, pero no sería una sorpresa si hay un sesgo entre sus preferencias políticas.

Otro problema esta en la duplicidad de resultados al combinar ambas muestras. Si suponemos que en cada hogar de la muestra de telefonía fija (los 2,1 millones de hogares) viven alrededor de cuatro personas en promedio (es decir 8,4 millones de personas), es altamente probable que una de esas personas también figure en la muestra de telefonía celular (los 5,7 millones de usuarios). Es decir, existe la probabilidad (aunque sea baja) que en la misma encuesta se llame a la misma persona 2 o más veces. Si bien, es difícil pensar que esa persona responda la encuesta 2 o más veces, si personas del mismo hogar responden se quiebra la representatividad que se busca obtener en encuestas netamente de telefonía fija.

El cambio en la metodología de Adimark responde a una demanda legitima. Pero los dos ejemplos anteriores son evidencia que aún queda mucho camino por recorrer antes que la encuesta efectivamente se renueve en un instrumento sin sesgos (si es que eso existe). Esto es algo que Adimark debería admitir y vociferar. Declarar que la encuesta de Febrero de 2013 es comparable con encuestas hechas en la serie 2006-2012 no es verdad. Todas las conclusiones comparativas que se pueden hacer entre la encuesta de 2013 y las encuestas de 2006-2012 son igual de válidas que las conclusiones comparativas que se hacer entre Adimark y otras encuestadoras, como la CEP.

La presentación gráfica de la encuesta sugiere que sí se pueden comparar. En las laminas de la presentación se muestran líneas puntiagudas entre los meses que Adimark no realizó la encuesta (ver aquí). Las líneas son sencillamente un enlace entre la encuesta de Septiembre de 2012 (teléfonos fijos) y la encuesta de Febrero de 2013 (teléfonos fijos y teléfonos celulares). Esto conlleva un efecto político importante. Dado que Piñera obtuvo alzas significativas en todas las áreas (salvo medio ambiente, salud y seguridad ciudadana), se sugiere que ha mejorado continuamente. Algo que los partidos del oficialismo sin duda usarán para sostener que durante los últimos 5 meses ha habido un alza permanente.

Más importante que rechazar o aceptar la nueva metodología de Adimark, es destacar que el nuevo índice de aprobación presidencial le da un respaldo importante a la gestión de Piñera. Dado que la imagen de aprobación presidencial es lo que al final del día queda, una leve mejoría en popularidad significa mucho en gobernabilidad. Si bien el 39% no es comparable con encuestas anteriores, sí se puede argumentar que es un comienzo auspicioso para el último año de gobierno. La Moneda tiene una oportunidad única para usar la encuesta para fortalecer la probabilidad que Piñera tiene de pasar proyectos de ley antes de la elección de Noviembre, y de ese modo subir la vara de su legado.

 

Comprobando y Derribando Mitos con la CEP

Publicado en La Tercera

Al analizar una sola encuesta no se puede distinguir el ruido de la señal. Un analista puede escoger entre todas las preguntas para solo enfocarse en las respuestas que más le convienen. Al final, mirar una sola encuesta conlleva a un puñado de interpretaciones contradictorias hechas mirando los mismos datos. Por el contrario, cuando un analista observa la tendencia en una serie de encuestas, se puede distinguir la señal del ruido. Observar un grupo grande de encuestas permite contextualizar la magnitud de cambios políticos, como variaciones en aprobación presidencial o en los índices de intención de voto.

La encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) hecha en Noviembre-Diciembre 2012 se publica en un momento donde es imperativo medir variaciones en la intención de voto. Con solo 10 meses de por medio, la CEP publicada en Enero de 2013 entrega una señal de los posibles resultados para la elección presidencial de Noviembre de 2013. Tres áreas son de especial interés para anticipar resultados. Primero, la magnitud de la ventaja de Bachelet sobre el resto de los candidatos. Segundo, la magnitud de la diferencia entre Allamand y Golborne. Tercero, la magnitud del avance relativo del tercer candidato.

Variaciones en las magnitudes de estos índices permiten comprobar o derribar algunos mitos. Un primer mito es que Bachelet bajaría significativamente su intención de voto una vez que se desatará la carrera. Esto tiene sentido bajo el contexto que obtiene menos publicidad diaria que el resto de los pre-candidatos. Un segundo mito es que Allamand lograría superar a Golborne. Esto tiene sentido porque como militante de un partido (RN) logra mayor apoyo territorial para hacer campaña y darse a conocer. Un tercer mito es que Enríquez-Ominami bajaría su intención de voto. Esto tiene sentido con la alta oferta de candidatos.

Para comenzar, los resultados de la CEP muestran que Bachelet no baja de forma significativamente su intención de voto. Se mantiene la tendencia en que Bachelet es la favorita para ganar las elecciones de 2013. Al contestar la pregunta “¿quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile?” Bachelet obtiene 49%. Un índice similar al 50% que obtuvo en Julio-Agosto de 2012, y al 51% en Abril de 2012. Es decir, la coyuntura política y electoral que sucede en Chile mientras ella permanece en Estados Unidos no determina su intención de voto. En otras palabras, esto significa que su estrategia de silencio ha sido un éxito.

Los resultados de la CEP también muestran que Allamand no logra superar a Golborne. En la pregunta “¿quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile?” no hay sorpresas. En Abril de 2012 fue 7% para Golborne y 2% para Allamand. En Julio-Agosto de 2012 fue 9% para Golborne y 2% para Allamand. Desde la renuncia de ambos como ministros, la diferencia no ha variado. En Noviembre-Diciembre de 2012, Golborne obtuvo 11% y Allamand obtuvo 5%. Allamand solo gana terreno en las  primarias de la Alianza. Aún así, Golborne sigue arriba con 28% (sube 2%) contra Allamand con 15% (sube 7%).

Finalmente, los resultados de la CEP muestran que Enríquez-Ominami no baja su intención de voto. Sigue siendo el tercer candidato más competitivo. En Abril de 2012 obtuvo 2%, y en Julio-Agosto de 2012 obtuvo 4%. En el último sondeo de Noviembre-Diciembre de 2012, obtuvo 4%. Es decir, el ingreso de más candidatos a la carrera no ha tenido un efecto sobre su intención de voto. Si bien Enríquez-Ominami no logra superar a Velasco, es poco relevante dado que este último va a primarias dentro de la Concertación. Lo relevante es que sí supera a Jocelyn-Holt y Parisi, que son rivales directos para ser el candidato bisagra.

CasenGate

Publicado en La Tercera

Los gobiernos tienen un incentivo para no intervenir en encuestas de caracterización socioeconómica, pues si lo hacen no pueden asignar los recursos de forma eficiente. Por eso, por lo general, si es que existe algún tipo de intervención, es en la forma de leer los resultados de la encuesta, donde solo se distorsiona el mensaje. El gobierno de Piñera, específicamente el ministerio de Desarrollo Social, intervino en ambas. Intervino en la encuesta, e intervino la forma en que se comunicaron los resultados. Erróneamente incluyó en una de sus preguntas un bono extraordinario como ingreso regular, y erróneamente comparó los resultados de la encuesta de 2011 con la de 2009.

Estas dos cosas convirtieron la publicación de la encuesta Casen en un escándalo político de dimensión nacional, un verdadero CasenGate. Surgen dos preguntas, entonces, sobre los extraordinarios hechos que llevaron a la Casen a convertirse en un CasenGate. Primero ¿por qué el gobierno celebró los resultados de la encuesta, presumiblemente sabiendo que las inferencias estadísticas que estaban haciendo eran erróneas? Y segundo ¿por qué el gobierno no se retractó cuando se le acusó de irregularidades, presumiblemente pudiendo bajar el costo político de convertir a la Casen en un CasenGate? La respuesta a estas preguntas se esconde en la cadena de hechos que transcurrieron desde el 20 de Julio.

El día 20 de Julio se dieron a conocer los resultados de la encuesta Casen 2011. Los resultados mostraron que Piñera había logrado reducir la pobreza e indigencia. En solo dos años de gobierno, los ministros Felipe Kast (de Mideplan) y Joaquín Lavín (de Desarrollo Social) habían logrado sacar a 99.000 personas de la pobreza (de 15,1% a 14,4%) y a 148.000 personas de la indigencia (de 3,7% a 2,8%). Las implicancias sociales y políticas no se hicieron esperar. Primero, que un gobierno de centro-derecha sí puede reducir la pobreza, a pesar de lo que opina la centro-izquierda. Y segundo, que el gobierno de Piñera sí está consiguiendo resultados importantes, a pesar de su baja popularidad.

La reacción de la oposición no se hizo esperar. El tono del debate lo pusieron ONGs, como la Fundación para la Superación de la Pobreza, que cuestionaron la forma en que se mide pobreza, pero validaron los resultados de la encuesta. Jaime Quintana, el presidente del PPD, atacó la forma en que se normalmente se mide pobreza y manifestó la urgencia de tener estudios complementarios. Gabriel Silber, el jefe de la bancada de diputados de la DC, se enfocó en mostrar que la encuesta estaba obsoleta. Clarisa Hardy y Paula Quintana, titulares de Mideplan durante el gobierno de Michelle Bachelet, cuestionaron que aún no se actualizara la línea de pobreza.

En general las criticas respondieron a un ataque político premeditado, que el gobierno naturalmente esperaba. Ni lo detractores más críticos del gobierno sorprendieron. (Los economistas de la Fundación SOL solo pidieron seguir mejorando las condiciones sociales). La contra-respuesta del gobierno, probablemente preparada con anterioridad a la publicación de la encuesta, se entregó estratégicamente. Mientras que las criticas políticas las manejaron Andrés Chadwick y Pablo Longueira, las criticas técnicas y sociales las manejaron Felipe Larraín y Joaquin Lavín. La defensa fue fácil. Solo tuvieron que defender la encuesta (y la CEPAL) y entregar un plan para seguir reduciendo la pobreza.

El problema se desató el 14 de Agosto, en un seminario convocado por la CEP. Dante Contreras, Director del Departamento de Economía de la Universidad de Chile, levantó algunas preguntas sobre la encuesta. Dos días después Andrés Velasco extendió la critica. Aquí, el debate se tornó técnico. Ambos advirtieron que podría haber un sesgo al no entregar el margen de error y al dividir la encuesta en dos muestras diferentes. Mientras que no entregar el margen de error podría responder a una estrategia para esconder que no hubo una diferencia significativa en niveles de pobreza, las dos muestras podrían responder a una estrategia para incorporar un bono en el sueldo regular.

El 18 de Agosto un grupo de 30 economistas encabezados por Eduardo Engel firmaron una carta exigiendo que el gobierno revelará tanto el margen de error de la encuesta como el razonamiento tras la división de la encuesta en dos muestras. El 19 de Agosto, en su espacio semanal en El Mercurio, Carlos Peña escribió una artículo titulado “¿Miente el Presidente sobre la Casen?”, basada en las preguntas levantadas por Dante Contreras, Andrés Velasco y Eduardo Engel. Allí implícitamente cuestionó si el gobierno intencionalmente distorsionó los resultados de la encuesta Casen para mostrar una reducción en la pobreza, cuando en realidad no la hubo.

El mismo 19 de Agosto, probablemente ‘dateada’ por fuentes de El Mercurio sobre el artículo de Peña, la sub-secretaria Soledad Arellano, escribió una columna respondiendo algunas de las preguntas de Peña. Durante el resto de la semana cartas fueron y volvieron entre Peña, y Lavín y Arellano. El problema parecía decantar, cuando el 31 de Agosto CIPER publicó un reportaje sobe el tema. La nota incentivó una respuesta de los técnicos que estuvieron a cargo de la encuesta, Juan Carlos Feres de la CEPAL y Andrés Hernando del MDS. (Coincidentemente ambos renunciaron a sus respectivos cargos, y dejaron sus trabajos el 31 de Agosto).

Como parte del equipo que implementó la encuesta, Hernando fue fundamental para entender lo que pasó con la Casen. Los detalles que entregó sobre el proceso, y razones de su renuncia respondieron más preguntas sobre lo que pasó con la Casen de los que contestaron Lavín o Arellano. Hernando dio a conocer dos hechos centrales para entender el debate sobre la encuesta Casen. Primero, que el gobierno midió la pobreza en 2011 con una pregunta que impide compararla con la pregunta que midió la pobreza en 2009, y (2) el gobierno no mensualizó el bono, lo que significó que en algunos casos se consideró el bono extraordinario de 10.000 pesos como un ingreso mensual normal.

En retrospectiva, puedo intentar responder las dos preguntas planteadas más arriba. En cuanto a la primera pregunta (¿por qué el gobierno celebró los resultados de la encuesta, presumiblemente sabiendo que las inferencias estadísticas que estaban haciendo eran erróneas?), es difícil saber con exactitud cuál fue la motivación del gobierno para celebrar sabiendo que no habría que hacerlo. (Controlando por los dos hechos centrales que dio a conocer Hernando, la pobreza no varío con respecto a 2009). Cualquier técnico estadístico con nociones básicas de metodología sabría que lo que se hizo estuvo mal. Por lo que no es un tema de ingenuidad, es una tema de intencionalidad.

Mi intuición es que el gobierno celebró los resultados, sabiendo que estaban mal inferidos, porque necesitaba presentar un avance. En sus dos años de gobierno ha tenido pocas políticas públicas emblemáticamente exitosas, y una reducción en la pobreza podría llenar ese espacio. Mostrar que un presidente de centro-derecha puede reducir pobreza en solo dos años es algo que permanece en la retina de los votantes. Hasta ahora el gobierno se ha esforzado en insistir que no es importante que el presidente sea popular mientras pueda lograr resultados. Lamentablemente, la insistencia ha opacado el sentido común.

Lo que trae la segunda pregunta (¿por qué el gobierno no se retractó cuando se le acusó de irregularidades, presumiblemente pudiendo bajar el costo político de convertir a la Casen en un CasenGate?). Aquí también es difícil saber con exactitud por qué el gobierno no admitió que habían problemas con la lectura de la encuesta. Tuvo al menos tres oportunidades claras de rectificarse. Primero, cuando se publicó la encuesta; podría haber admitido cambios metodológicos. Segundo, en el seminario organizado por la CEP; podría haber zanjado el tema. Tercero, tras la carta de los 30 economistas; cuando ya estaba claro que el tema iba implotar.

La presión de presentar resultados no sólo aprieta al gobierno de Piñera, aprieta a cualquier gobierno de 4 años sin re-elección. Por eso, Piñera y sus ministros deberían usar su tiempo en los medios para incentivar su re-elección en vez de presentar resultados de encuestas sesgadas. Deberían mostrar que es difícil reducir la pobreza en un cuatrienio, y que un segundo gobierno de la Alianza podría ayudar a conseguir el cambio anhelado. No solo es probable que la gente prefiera un gobierno honesto, pero también que un gobierno honesto pueda combatir de mejor manera la pobreza. Al fin y al cabo, la evidencia muestra que la pobreza se combate de manera más eficiente con planes de largo plazo.

CEP: Patrones Inquietantes

Publicado en La Tercera

La encuesta CEP muestra patrones inquietantes. Primero, que la aprobación presidencial se explica tanto por los atributos personales del presidente como por su falta de resultados. Segundo, las instituciones y los actores políticos siguen a la baja. Tercero, las presidenciales del 2013 están abiertas. Cuarto, la inscripción automática con voto voluntario fomenta la desigualdad.

1. Aprobación Presidencial

Cuando se analizan las causas en la variación de aprobación presidencial se observa el comortamiento  del individuo, su entorno, y la relación entre ambos.  La relación intuitiva es que los atributos personales del presidente determinen el entorno. Mientras que lo primero se considera como el método para conseguir resultados, lo segundo se considera los resultados en sí.

La encuesta CEP muestra que en ambas áreas el presidente falla. La baja aprobación presidencial (27%) se explica tanto por la imposibilidad de controlar los métodos como por la inhabilidad de entregar resultados. Por un lado, los atributos del Piñera van de mal en peor. A 73% de los encuestados le resulta lejano, 68% opina que ha actuado con debilidad, y a 63% no le da confianza.

Por otro lado, uno podría pensar que a pesar de los atributos personales del presidente se han logrado resultados. Pero no es el caso. Solo 20% opina que la situación económica del país esta buena. Más de la mitad de los encuestados (sobre 50%) opina que lo ha hecho muy mal o mal en el manejo de conflictos sociales, pobreza, delincuencia y educación.

2. Instituciones y Actores Políticos

La baja aprobación de Piñera también se puede entender como parte de un fenómeno nacional. En general, los chilenos están insatisfechos con la calidad de la política. Solo 17% de los encuestados opina que la democracia funciona muy bien o bien. A su vez, las instituciones políticas son las más desprestigiadas del país. Ni el Congreso ni los partidos logran superar el de 10% de confianza.

Esta tendencia es evidente en la caída de la aprobación de los actores políticos más influyentes. Los con mayores bajas son ex-presidentes (Bachelet, Lagos Escobar), senadores (Alvear, Girardi, Lagos Weber, Walker), ministros (Chadwick, Hinzpeter, Matthei), candidatos presidenciales (Enríquez-Ominami, Golborne, Orrego), y figuras de recambio (Tohá, Vallejo).

Mientras no se hagan cambios drásticos, los actores no van a tener incentivos a cambiar su comportamiento. Una de las principales soluciones, entonces, es modificar las reglas del juego. El cambio al sistema electoral es crucial en este sentido. Sin embargo, los políticos se han encargado de sacarlo de la agenda. Solo 49% opina que se debe cambiar–11% menos que en la encuesta anterior.

3. Presidenciales 2013

El número de candidatos presidenciales parece ser inconsistente con la ya formada opinión de la gente. Hay mucha oferta para tan poca demanda. De todos los candidatos (cerca de 15), solo uno logra obtener más de 10% de apoyo (Bachelet). Es decir, hay una brecha entre los actores políticos y la gente. Sus campañas simplemente no representan a los votantes.

En la Concertación esto es evidente. Si la Concertación llevara un candidato único, 46% opina que debería ser Bachelet. Su competidor más cercano es Velasco con solo 2%. Lo que pasa es claro. La gente no esta dispuesta a endosar a otro candidato mientras este Bachelet. Si Bachelet manifiesta públicamente que no buscará la re-elección, sus  preferencias se distribuirán entre el resto.

En la Alianza el problema es más profundo. Con tres precandidatos trabajando en La Moneda (Allamand, Golborne y Longuiera), ninguno ha podido levantar una campaña seria contra Bachelet. Solo Golborne es competitivo, pero aun así podría perder en primera vuelta. Algo que explica esta situación es su asociación con un presidente y un gobierno que parece evitar a toda costa ser popular.

4. Inscripción Automática y Voto Voluntario

Un último punto de interés son los patrones  electorales que podemos anticipar para la próxima elección municipal de 2012, y la legislativa y presidencial de 2013. La implementación de la inscripción automática y el voto voluntario tendrá un efecto sobre los resultados electorales. Solo ésta semana se publicó la lista de nuevos votantes. Nada más y nada menos que 5 millones de personas.

Uno de sus efectos está en la forma de hacer encuestas. Ya no se le pregunta al encuestado si esta registrado para votar. Esto reduce el sesgo que causa mirar sub-muestras para estimar intención de voto. Pero introduce un sesgo dado que no sabemos cuántos del padrón efectivamente irán a votar. Si bien La Moneda prevé un aumento con respecto a 2008, es probable que sea lo contrario.

Es más, no solo es probable que vote menos gente, pero también que la gente que vote sea una muestra distorsionada de la distribución socio-económica. Las preferencias de las minorías estarán sobre-representadas. Entre los que pertenecen a un nivel socioeconómico alto, 85% declara que irá a votar. Entre los que pertenecen a un nivel socio-económico bajo, solo 52% lo hará.

Aprobación Presidencial en Chile, 1990-2012

A partir de Julio de 2012, gráficos con tendencias de aprobación presidencial en Chile estarán disponibles en WikiTresquintos. Por ahora, un pequeño adelanto.

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Aylwin) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Frei) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Lagos) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Bachelet) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Piñera) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Aylwin) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Frei) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Lagos) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Bachelet) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Piñera) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (2006-2012) con datos de Adimark (ver en WikiTresquintos):


Gráfico sobre aprobación presidencial (Bachelet) con datos de Adimark (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Piñera) con datos de Adimark (ver en WikiTresquintos):

Comparación de Aprobación Presidencial: Adimark, CEP y CERC

Los siguientes gráficos muestran tendencias de aprobación presidencial en las tres encuestas más estables de Chile: Adimark, CEP y CERC.

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos del CEP (ver más en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos de CERC (ver más en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (2006-2012) con datos de Adimark (ver más en WikiTresquintos):


 

WikiTresquintos

A partir de Junio de 2012 las listas de candidatos a Alcalde en 2012, Diputado en 2013, Senador en 2013 y Presidente en 2013 estarán disponibles en el sitio WikiTresquintos. También se registrarán resultados de elecciones y se actualizarán periodicamente encuestas de aprobación presidencial y encuestas de intención de voto.

Puede vistar el sitio en: http://wiki.tresquintos.com/.

IPSOS: Metodología Sesgada

Publicado en La Tercera

Dado que estoy suscrito a las alertas de Google, el 29 de Noviembre me llegaron cerca de 10 e-mails informándome que IPSOS había publicado una nueva encuesta. Una de las principales preguntas de la encuesta–sobre la popularidad presidencial de Piñera–reportaba un 36,1% de aprobación y un 63,9% de desaprobación.

Esto fue una sorpresa, dado que el 24 de Noviembre me llegaron cerca de 10 e-mails informándome que Giro País-Subjetiva había publicado una nueva encuesta con resultados significativamente diferentes. En su encuesta reportaron que Piñera contaba con un 20% de aprobación y un 72% de desaprobación.

Esta diferencia de resultados es una advertencia para aquellos que basan sus inferencias en una sola encuesta. Para todos los que están suscritos a las alertas de Google, es un llamado a tener cautela al momento de elegir encuestas favoritas. En este caso particular, voy a comentar los resultados de IPSOS, que pienso que tiene más problemas metodológicos que Giro País-Subjetiva.

Principalmente por su diseño metodológico. Sus encuestas son vía web. Esto tiene dos problemas. Primero, no sabemos bien que significa vía web. No sabemos si la gente que contestó la encuesta entró a un sitio por voluntad propia para contestar la encuesta o si se les fue enviado vía e-mail para que contestaran. Segundo, no sabemos cómo se eligió a la gente para que contestara la encuesta.

Estas dos cosas no son triviales. Tienen efectos drásticos sobre los resultados de la encuesta. Por un lado, encuestas vía web tienen problemas para representar la la población en la muestra. Bajo la teoría de probabilidades, las encuestas deben ser aleatorias, para que toda la población tenga la misma probabilidad de contestar. Solo por principio, una encuesta vía web no es aleatoria.

Por otro lado, el margen de error es un estimador sesgado. En la presentación de la encuesta se sostiene que el margen de error “está basado” en la teoría de probabilidades. Pero dado que no sabemos si la encuesta fue aleatoria, no le podemos asignar un margen de error. Estratégicamente, IPSOS calculó el margen de error usando la fórmula para encuestas que son al azar.

Un margen de error con 95% confianza para una muestra colectada al azar, se calcula con la siguiente fórmula:

98 * n ^ (-.5)

En este caso, IPSOS entrevistó a 800 individuos, por lo cual el margen de error es 3,43%–confirmando que utilizaron este método. Pero no clarifican que su muestra está recolectada al azar!

Aún así, podemos comprobar que la encuesta no es al azar, porque generosamente muestran una tabla descriptiva de los datos demográficos de aquellos que contestaron la encuesta. En su muestra 58% es ABC1, cuando en el Censo es solo 6%. Además 54% son de la Región Metropolitana, cuando en el Censo es solo 40%.

Caveat emptor. Mi intuición es que la encuesta esta sesgada hacia Piñera. Creo que su aprobación verdadera es bastante más baja de lo que reporta la encuesta ISPOS. Por ejemplo, ya sabemos que ABC1 esta sesgado a aprobar a Piñera, lo cual distorsiona substancialmente los resultados. La aprobación real de Piñera, basado en lo que he revisado en la tendencia, está más cerca del 25%.

Causas y Consecuencias del 36%

La última encuesta Adimark (Mayo 2011) confirma el sostenido declive que esta experimentando la aprobación presidencial de Piñera. Comparado con la base de apoyo a Piñera (primera vuelta 2009), es una baja relativamente importante. Con eso de trasfondo, en esta columna exploro algunas de las causas y consecuencias de la diferencia en el apoyo a Piñera entre diciembre de 2009 y mayo de 2011:

¿Qué explica que Piñera haya bajado de 44% a 36%?

Para responder esta pregunta, partamos por un poco de teoría. Por lo general, cuando analizamos preferencias electorales, tomamos en cuenta 2 grupos de factores:

  • Factores de Largo Plazo. Por ejemplo: Sexo; mujeres pueden tener preferencias significativamente diferentes al de los hombres. Ubicación geográfica; personas que viven en sectores rurales pueden tener preferencias significativamente diferentes al de personas que viven en sectores urbanos. Educación; en la medida en que una persona es más educada, podría tener una mayor probabilidad de votar por un candidato X. Clase socio-económica; en la medida en que una persona tiene más recursos, podría tener una mayor probabilidad de votar por un candidato X. Identificación ideológica; en la medida que una persona se auto-identifica hacia un extremo, podría tener una mayor probabilidad de votar por el candidato más cercano a ese extremo.
  • Factores de Corto Plazo. Por lo general aquí se toman en cuenta la percepción retrospectiva, actual y futura sobre la situación económica personal y de país que tienen los individuos. A falta de datos a nivel individual, la inflación es un buen proxy. Por ejemplo, cuando la inflación es alta, votantes tienden a castigar al incumbente.

En un artículo académico que escribí sobre la elección de 2009, encontré que el patrón de apoyo a Piñera se basó en:

  1. hombres, quienes fueron dos veces más probables que las mujeres de votar por Piñera;
  2. los que se auto-identificaban ideológicamente con la derecha;
  3. los que pensaban que la situación económica del país se iba deteriorar en el futuro (se infiere que este grupo pensaba que un cambio de gobierno revertiría esta tendencia).
  4. No encontré tendencias significativas en otras variables (por ejemplo, no hubo una marcada diferencia de preferencia entre votantes urbanos y votantes rurales).

Una breve mirada a las encuestas de Adimark, entre Marzo 2010 y Mayo 2011 confirma que la base de apoyo (votantes duros) se ha mantenido constante en el tiempo. Es decir, el perfil de la gente que apoyó a Piñera en la primera vuelta de 2009 tiene el mismo perfil de la gente que apoya a Piñera hoy día.

El dilema es que es menos gente.

En 2009 Piñera recibió 44,06% de las preferencias, es decir 3.074.164 votos. Si suponemos que la encuesta de Adimark (Mayo 2011) es representativa, tenemos que Piñera sólo tendría 36% de las preferencias, es decir 2.511.915 votos (bajo la lógica del padrón y participación electoral de 2009). Es decir, durante los primeros 14 meses del gobierno de la Alianza, alrededor de 562,248 personas han decidido dejar de ser votantes duros de Piñera.

Comparativamente, las implicancias son graves. Con estas cifras, la cantidad de personas que ahora apoya a Piñera es similar a la cantidad de gente que en 2009 apoyó a Frei (2.065.061 votos), y son menos que la suma de la cantidad de gente que apoyó a Marco Enríquez-Ominami y Jorge Arrate (1.838.319 votos).

¿Qué explica que Piñera haya bajado de 44% a 39%?

Si suponemos que la popularidad de Piñera se mueve sobre la misma base que la de 2009, sobre el hecho que el porcentaje de apoyo no se mantiene estable (en 44%), podemos concluir que hay factores latentes (que no podemos observar directamente) influyendo en la preferencia de los votantes. En otras palabras, los factores nombrados arriba (de largo y corto plazo) no logran captar toda la variación en el apoyo a Piñera. Para corregir esto, debemos incluir factores que fluctúan mes a mes (e.g., 7% de jubilados, el AVC, HidroAysén, marchas educación) a la ecuación. Pues son hechos que determinan la desviación estándar (de la base) del apoyo de Piñera.

(Aquí no voy a analizar estos factores. En otros artículos me he referido extensamente sobre la influencia de factores variables sobre el apoyo a Piñera, ver aquí, aquí y aquí).

Me parece que es trascendente visualizar algunas de las implicancias para el futuro de Piñera y la Alianza bajo estos niveles de aprobación. Bajo este bajo nivel de popularidad, estimo que hay 3 factores a mirar:

  1. Gobernabilidad. Con 36% de apoyo, la ciudadanía sabe que Piñera tendrá que tranzar para avanzar. Durante los últimos meses, las marchas organizadas (y no organizadas) han forzado al gobierno a retractarse de decisiones tomadas (e.g., precio de la electricidad en Magallanes, central de Barrancones). Con un nivel inferior de apoyo, Piñera sabe que la voz de la gente tiene un importante valor en la mesa de negociación. Por eso, no será fácil impulsar proyectos emblemáticos de su gobierno — que en otros tiempos parecían viables. Ahora tendrá que gobernar mirando las repercusiones populares de sus políticas.
  2. Negociaciones electorales. Con 36% de apoyo, el partido del presidente (RN) pierde fuerza. En estas semanas los dos grandes partidos de la Alianza, RN y la UDI, están negociando las plantillas para las elecciones municipales de 2012. La UDI tendrá una clara ventaja sobre RN para impulsar algunas de sus candidaturas en comunas conflictivas. La UDI también tendrá un importante pie arriba para rechazar algunas de las reformas electorales que RN necesita (primarias para las presidenciales y un aumento en la cantidad de senadores).
  3. Elecciones municipales de 2012. Con 36% de apoyo, cualquier gobierno se enfrenta a una masacre electoral. Pero mi intuición es que las elecciones locales podrían dar vuelta el escenario actual, más que profundizar la crisis. En plena etapa de reconstrucción la Alianza podrá por primera vez hacer campaña desde La Moneda. Un buen resultado en las municipales de 2012, podría ser el punto de partida para la reelección de la Alianza en el poder en 2013. Pero para un buen desempeño en elecciones locales (igual o superior que en 2008) Piñera necesita subir su aprobación al menos a la base de 2009 (44%).