Archivos de la categoría Elección Presidencial 2017

Nueva Mayoría: entre Enríquez-Ominami y Velasco

Publicado en La Tercera

El éxito del gobierno depende en buena parte de la aprobación de sus principales proyectos. Particularmente la reforma tributaria, la reforma electoral y la reforma educacional. Pero también depende de la evaluación de la ciudadanía. Si las reformas no se aprueban en el Congreso, obviamente será un fracaso del gobierno. Pero si las reformas se aprueban en el Congreso, y la ciudadanía las evalúa como deficientes, también será un fracaso del gobierno. Dos candidatos presidenciales pretenden capitalizar sobre este potencial fracaso. Por un lado está Marco Enríquez-Ominami, quien flanquea a la coalición de gobierno por la izquierda, y por otro lado está Andrés Velasco, quien flanquea a la coalición de gobierno por el centro. Sus probabilidades de ser nominados candidatos en 2017 dependen netamente del nivel de éxito del gobierno.

El mejor escenario para la coalición de gobierno es que se apruebe las tres reformas. En este escenario, el gobierno no solo habrá reafirmado su legitimidad, sino que habrá dado un gran paso para prolongar su permanencia en el poder a un segundo periodo. Dado que las reformas conllevan transformaciones de largo aliento, el gobierno podrá apelar a la continuidad en el poder para consolidar la obra. El peor escenario para la coalición de gobierno es que no se apruebe ninguna de las reformas – o bien que se aprueben pero que sean mal evaluadas por la gente. En este escenario, el la coalición no solo perderá popularidad, sino que además enfrentará desafíos electorales imprevistos. A medida que el gobierno disminuya su popularidad, partidos y candidatos fuera del pacto tendrán mayor efectividad en posicionar sus ideas.

La prueba de fuego será la elección municipal de 2016. En octubre de ese año la gente evaluará la obra del gobierno en las urnas. Las reformas se habrán aprobado o se habrán rechazado y los votantes serán consientes de su efecto. Al mismo tiempo faltará un año para la elección presidencial de 2017, y la coalición de gobierno estará dibujando su estrategia de re-elección. Si las reformas tienen buena recepción, lo más probable es que la lista electoral de la coalición de gobierno obtengan un alto porcentaje de votos. Con ese antecedente, la presidenta podrá prácticamente nombrar a su sucesor a dedo. Si las reformas no tienen buena recepción, lo más probable es que su lista electoral obtengan un bajo porcentaje de votos. Con ese antecedente, candidatos fuera del pacto habrán ganado su primera gran batalla.

Bachelet podrá nominar a su sucesor o sucesora solo si tiene la legitimidad popular para hacerlo. Si las elecciones municipales son favorables para el gobierno, el candidato presidencial saldrá entre los militantes de los partidos de la coalición de gobierno. Nombres como Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá, Claudio Orrego y Ximena Rincón correrán con ventaja. Si las elecciones municipales no son favorables para el gobierno, nombres tradicionalmente asociados a la coalición perderán peso. En ese caso, el gobierno tendrá que optar entre obviar las criticas e insistir en uno de los suyos, o bien buscar a un candidato presidencial entre aquellos con ideas afines pero que se posicionan a una distancia sana de la desaprobación.

En el segundo caso, en que el gobierno es mal evaluado, dos nombres toman especial fuerza. Por un lado está Enríquez-Ominami, fundador del Partido Progresista. Su militancia histórica en el PS y su reciente y fehaciente oposición a la otrora Concertación lo consolidan como un candidato atractivo. El nombre del ex Diputado y candidato presidencial genera particular interés en el caso en que el gobierno no logra aprobar sus reformas, o bien logra aprobar sus reformas pero con evaluadas como insuficientes. En cualquiera de los dos casos la versatilidad de Enríquez-Ominami le permite aportar con la etiqueta de oposición pero con el elemento progresista que potencialmente estaría en demanda por los votantes. Sería una opción ideal, por ejemplo, si es que la promesa de promulgar una nueva Constitución finalmente no se cumple.

Por otro lado está Velasco, fundador de Fuerza Pública. Su independencia y oposición a la actual Nueva Mayoría lo convierten en un nombre llamativo. La opción del ex Ministro de Hacienda y pre candidato presidencial es particularmente fuerte en el caso en que el gobierno no logra aprobar sus reformas, o bien logra aprobar sus reformas pero son evaluadas como excesivas. En el primer caso, las credenciales técnicas de Velasco le permiten proponer un freno responsable a las propuestas de reformas estructurales de Bachelet; en el segundo caso, la tendencia centrista de Velasco le permite consolidarse como una alternativa ideal para aquellos que consideran que las reformas son necesarias pero no urgentes.

La diferencia entre Enríquez-Ominami y Velasco es nítida. El primero apela a un electorado progresista cercana a la izquierda y el segundo a un electorado liberal cercano al centro. Cualquiera de los dos podría ser el candidato presidencial de la Nueva Mayoría en 2017, siempre y cuando el gobierno reciba una evaluación deficiente y como consecuencia una baja votación en las municipales. De allí, ambos necesitan asegurar el apoyo de un partido de la coalición. Esta tarea es más sencilla para Enríquez-Ominami, quien debe forjar acuerdos con los dirigentes de su ex partido, mientras pacta primarias con el gobierno para las elecciones municipales. El camino de Velasco es más complejo. El independiente debe consolidar sus vínculos con la Democracia Cristiana, mientras endosa al gobierno en la tramitación de proyectos emblemáticos.