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Perder la elección pero mantener el status-quo

Publicado en La Tercera

La bajada de Laurence Golborne no es una sorpresa. Candidatos que ascienden rápido, caen rápido. Sobre todo aquellos que no tienen un historial en política. Pasar del mundo privado al mundo público no es fácil. Aumenta el nivel de exposición y sube la vara de transparencia. Eso le pasó a Golborne. Pasó de ser un empresario destacado a un experimento político. Por eso, la verdadera sorpresa es que la UDI lo decidiera apoyar desde el comienzo. Al nombrarlo candidato ignoraron una serie de factores y se saltaron varios puntos de control estándar para cualquier candidatura. Al pensar únicamente en índices de intención de voto obviaron todos los antecedentes que apuntaban a que era un candidato inestable.

Allamand vio la oportunidad y explotó esa debilidad. Al exponer la asociación de Golborne con Cencosud lo catalogó como el candidato de lucro, y al asociar su pasado con el retail lo inmortalizó como el candidato del abuso. Su critica fue tan efectiva que cuando se supo de sus intereses patrimoniales en Islas Vírgenes, no tuvo que agregar nada. El daño ya estaba hecho. Desde la UDI lo acusaron de hacer una campaña sistemática de descalificaciones infundadas. Una acusación insólita, pues Allamand hizo lo que haría cualquier político en su lugar, aprovechar la oportunidad de marcar diferencias con su contendor. Es, por ejemplo, lo que hizo la UDI y Lavín con Piñera en 2005. Por eso Allamand no fue más que un precipitante de un problema que la misma UDI creó.

La bajada de Golborne cambia el curso de la elección. Hasta hace pocos días era la única carta de la UDI. Antes que estallara el conflicto de Cencosud el partido no tenía un plan alternativo. Golborne fue la única persona que las cúpulas de la UDI divisaron como presidenciable en los últimos tres años. Más allá de rumores de una proclamación a favor de Longueira, fue el único candidato sondeado en las encuestas que aseguraba una victoria segura en primarias y competencia digna en primera vuelta. Sus prospectivas favorables contra Allamand en las primarias le aseguraban a la UDI que con él tendrían una oportunidad para ir a primera vuelta. Y con un candidato propio en primera vuelta, saldarían la deuda pendiente de RN de llevar al candidato favorito en dos elecciones contiguas.

Bajar a Golborne a esta altura es renunciar a primarias. Es prácticamente imposible que su reemplazo le pueda ganar a Allamand. Por eso, la UDI debería ir directo a primera vuelta con Longueira, pero con otro objetivo. La nueva estrategia sería perder la elección pero mantener el status quo. Longueira no va ganar la elección, no puede. Su nivel de rechazo es demasiado alto. En todas las encuestas del CEP figura como uno de los cinco políticos con mayor nivel de rechazo. Además, los recientes problemas descubiertos en el INE, entidad dependiente del Ministerio de Economía, solo abren un flanco para que otros candidatos, desde Allamand a Bachelet, puedan apuntar a criticarlo por su rol en el gabinete, ahondando aun más su nivel de rechazo.

La nominación de Longueira simplemente apunta a evitar una debacle mayor. Es una especie de seguro contra cambios reales. En muchos aspectos es una estrategia brillante, pues con su nominación la UDI apunta a movilizar a todo el flanco conservador que no estaba alineado con Golborne. No solo puede volver a re-encantar a aquellos que nunca comulgaron con Golborne, pero puede conquistar a aquellos que encuentran a Allamand muy blando y tibio para enfrentar a Bachelet. Bajo voto voluntario, Longueira le asegura a la UDI que votantes de derecha que normalmente no acudirían a las urnas para votar por un independiente o un moderado, voten por la alternativa gremial. Pavimenta el camino entre los indecisos y los votantes seguros.

Con Longueira en primera vuelta, la UDI buscaría crear una especie de coattail effect, en donde apuntarían a que aquellos que voten por Longueira también voten por cada uno de los 39 diputados y 5 senadores que defienden sus escaños. En este sentido lo que buscaría la UDI sería prevenir que Bachelet alcanzara los 4/7 en la cámara y en el Senado que le permitirían hacer reformas constitucionales. Longueira podría arrastrar a suficientes votantes para mantener la minoría constitucional a su lado, perdiendo en algunos distritos pero ganando en otros. Sin embargo, llevar a Longueira también significa renunciar a la elección presidencial. Con Longueira y Allamand en primera vuelta lo probable es que se repita lo que le pasó a la Alianza en 2005 y a la Concertación en 2009.

Existen dos consecuencias políticas tras la caída de Golborne. La primera es que la elección presidencial va perder protagonismo a costa de la competencia legislativa. Con Longueira en carrera, la UDI va tratar de evitar los 10 doblajes en la cámara y 3 doblajes en el senado que le podrían permitir a Bachelet y a la oposición llevar a cabo importantes cambios constitucionales. La segunda conclusión es que va aumentar el clima de tensión entre RN y la UDI facilitándole el camino de Bachelet. Mientras que Allamand va tender a centrar su candidatura en apelar a los votantes medianos, Longueira va extremizar su candidatura para levantar un clima de “yo o el caos” para alejar votantes de centro. Bachelet va usar esa discordia para fortificar la impresión de que la Alianza no tiene futuro.

El Catch-22 de Gómez, Orrego y Velasco

Publicado en El Mostrador

La última encuesta de la UDP mostró que Bachelet no solo va ganar en la primaria de Junio, pero que además tiene probabilidades significativamente altas de triunfar en la elección de Noviembre. En el escenario en que se comparan todos los candidatos, Bachelet se impuso a su rival más competitivo (Golborne) por más de 30%. Lo realmente novedoso, sin embargo, fue conocer la magnitud de su ventaja en el escenario de primarias. Allí Bachelet obtuvo 76,2% frente al 7,5% de Velasco, el 2,7% de Orrego y el 0,9% de Gómez. Con esta evidencia en mano, parece ingenuo imaginar cualquier otro desenlace que una victoria para la ex-Presidenta. Por eso, no queda claro por qué sus adversarios de primarias insisten en competir.

Lo lógico sería que depusieran sus candidaturas frente al pronóstico electoral adverso. Por supuesto, algunos sostienen que no están en la carrera para ser electos, sino que para proponer ideas. Es el caso de Gómez, por ejemplo, quien entiende que solamente por medio de una campaña presidencial de alcance nacional puede dar a conocer las propuestas que contempla su programa. Pero aún así parece una estrategia contra-producente, pues probablemente pueda lograr su objetivo de forma más efectiva desde el senado en ocho años que desde su comando en seis meses. Lo mismo va para Orrego y Velasco, quienes probablemente tienen mejores prospectivas de influir en el aparato público si no compitieran en la primaria.

A esta altura parece ser un gesto heroico continuar en carrera contra Bachelet. Competir contra la candidatura más poderosa que ha sido registrada por encuestas de opinión pública desde 1990 es sin duda una decisión romántica. Disputar una elección conociendo de antemano las altas probabilidades de perder es sencillamente una reacción revolucionaria contra lo racional. Pues al antagonizar a Bachelet, Gómez, Orrego y Velasco no solo arriesgan perder, pero comprometen sus carreras políticas. Al debatir y contrariar a la ex Presidenta de forma pública arriesgan ser exiliados de futuros proyectos políticos. Un tema delicado, pues es probable que mientras más marquen su distancia del programa de Bachelet, más arriesgan ser blancos de represalias políticas.

La única manera de justificar su permanencia en la carrera es en el caso que tuvieran un objetivo que trascendiera la primaria. Y así parece ser. Pues, si los candidatos saben que van a perder, e insisten en realizar gastos millonarios en propaganda, es porque entienden sus candidaturas como inversiones a largo plazo. En esta línea, una alternativa presumible es que Gómez, Orrego y Velasco estén pensando más en 2017 que en 2013. Si esto es cierto, entonces conciben las primarias como un medio y no un fin. Lo ven como el primer paso en la ruta a su próxima nominación. Entienden que consolidarse como el candidato más competitivo contra Bachelet trae una recompensa. Un segundo lugar en la primaria fideliza una base de votantes crucial para enfrentar la próxima elección.

Ahora bien, permanecer en carrera también tiene un efecto indirecto importante para la legitimidad de la primaria. Bachelet necesita competencia para evitar un efecto similar al que causó la primaria de 2009. En ese año, muchos votantes castigaron a la Concertación por haber predicado ser una coalición democrática pero no haberlo practicado. Hacer primarias truchas otra vez iría en contra de toda la retórica que ha usado la oposición para limpiar su imagen. Sin primarias legitimas el ganador no tendría la autoridad moral para proclamarse el interprete de la gente. Realizar primarias truchas solo aportaría a ahuyentar votantes de la oposición hacia otras candidaturas. De pronto, Enríquez-Ominami terminaría recibiendo a varios votantes moderados insatisfechos con la Concertación.

Si los tres candidatos se bajaran de las primarias, la candidatura de la ex-Presidenta perdería fuerza. Pasaría de ser la candidata democráticamente electa por los simpatizantes de la centro izquierda a ser la candidata nominada por los presidentes de los partidos. Si no hay primarias en la oposición y sí hay primarias para escoger entre Allamand y Golborne, la Alianza podrá clamar con justa razón que su candidato presidencial fue electo de una forma más democrática que el candidato de la oposición. Es factible incluso que muchos de los votantes independientes moderados reticentes de votar por candidatos vinculados a la derecha dictatorial cambien de parecer al enterarse que la cadena de mando de la Concertación sigue igual de autoritaria que en 2009.

De este modo Gómez, Orrego y Velasco se encuentran en lo que Joseph Heller denomina un Catch-22: una situación problemática para lo que la única solución es negada por una circunstancia inherente al problema. No pueden retirarse e ir a primera vuelta contra Bachelet porque es probable que pierdan, pero es igual de probable que pierdan si permanecen en la carrera. Si no siguen en competencia deslegitiman la proclamación de Bachelet y podrían ser un precipitante de la derrota de la oposición. Si siguen en competencia hipotecan sus carreras políticas apostando todo para la próxima elección. Al parecer los candidatos buscaran un punto medio, donde trabajen para validar a Bachelet en la primaria, mientras se enfocan en sus candidaturas de 2017.

A pesar de que a Gómez le habría convenido buscar la re-elección, a Orrego le habría convenido optar por un escaño en el Congreso y que a Velasco le habría convenido ir directo a primera vuelta, todos se van a inmolar en primarias para que Bachelet resulte ganadora. A favor o en contra de lo que ella propone, los tres candidatos van a impulsar a la ex-Presidenta para que sea la primera persona en repetirse el plato desde Alessandri Palma. Aun sabiendo que es difícil que lleve a cabo reformas radicales, que su elección no simboliza un recambio generacional y que es continuarán las mismas practicas políticas, Gómez, Orrego y Velasco la van a apoyar igual. La verdadera competencia de la primaria será justamente entre ellos, en la lucha por el segundo lugar.

Las promesas vacías de Bachelet

Publicado en El Mostrador

Desde que Bachelet aceptó la nominación presidencial no ha parado de trabajar en su campaña. Sus colaboradores más cercanos ya levantaron un comando presidencial desde donde se han coordinado entrevistas en radio, papel y televisión sobre los principales ejes de su candidatura. Se ha pronunciado sobre los movimientos ciudadanos, los fracasos económicos del gobierno de Piñera y las asambleas constituyentes. Se ha manifestado a favor de realizar cambios significativos al sistema educacional, llevar a cabo una reforma tributaria y firmar una nueva constitución política. En poco más de dos semanas en el país, Bachelet ha hablado de todo.

El rango de temas que decidió tocar no es trivial. Pues es el primer paso de su nueva estrategia para repeler las reiteradas criticas al silencio que mantuvo durante los últimos tres años. Por medio de verdaderas cadenas nacionales de propaganda desde la radio Cooperativa, el semanario The Clinic y el canal de televisión TVN, la candidata dejó en claro que su intención es hablar sobre todo lo que le pregunten. Con esto detuvo en seco a quienes sugerían que no hablaría, y desechó la tesis de que iba llegar a primera vuelta sin proponer ideas. La estrategia no solo le dio un nuevo aire a su nombre, pero también una ventaja por sobre los demás para fijar el espíritu de la elección.

Al referirse a casi todos los temas entró al área chica de quienes ya llevan meses recorriendo el país. Con un mínimo nivel de esfuerzo Bachelet se adueñó de la cobertura presidencial. Su sobre exposición le permitió repetir con más fuerza lo que muchos de los candidatos de su mismo sector han propuesto y rechazar con más ruido lo que los candidatos del sector opositor le han criticado. Tanto las replicas como las criticas lograron un efecto anhelado para su campaña. Forzó que tanto sus adversarios de primarias como sus contrincantes de primera vuelta evaluarán en una especie de referéndum cada uno de sus dichos, permitiéndole fijar la agenda política del país.

Ahora bien, esta estrategia que permite repeler criticas y fijar agendas tiene un flanco vulnerable. Tiene que ver con el nivel de abstracción de su programa. Si bien Bachelet ha hablado bastante en lo general, ha hablado muy poco en lo particular. Tal vez porque sabe que mientras más detallada se vuelva, más criticas sustentables recibirá. Para evitar aquello ha usado la retórica en vez de la evidencia para convencer a los chilenos que voten por ella. Se ha enfocado más en transmitir lo que va estar en el programa, que a explicar cómo va llevar a cabo el programa. Pero, ¿por qué no evita potenciales criticas y simplemente explica en detalle cada una de las medidas qué propone?

Existen dos respuestas: (1) no sabe, o (2) no puede. La primera respuesta es plausible porque Bachelet recién comenzó a conformar los equipos de campaña para que desarrollen los ejes programáticos. Y una vez que estos equipos se condensen es probable que comiencen a surgir las explicaciones. La segunda respuesta es plausible porque Bachelet ya fue presidente y debería tener una mejor idea que cualquiera de los otros candidatos sobre lo que es posible y lo que no es posible hacer. Al evitar referirse a detalles específicos, da a entender que propone cosas imposibles. Independiente de cuál de las dos respuestas sea la correcta, no haber comenzado con explicaciones tiene un costo.

Los adversarios de primarias la criticarán de forma indirecta, al comenzar a entregar detalles de cómo van a llevar a cabo sus propios programas. Gómez, Orrego y Velasco marcarán la diferencia con Bachelet al referirse en detalle sobre los pasos que tomarán para llegar del punto A al punto B. Los contrincantes de primera vuelta serán aún más activos en la critica. Sugerirán que lo de Bachelet es populismo puro, pues al insinuar que no puede entregar lo que propone, simplemente está apuntando a gestar vínculos afectivos con la gente para conseguir sus votos. De ambos lados, los candidatos estarán generando la sensación de que Bachelet esta proponiendo promesas vacías.

La éxito de la candidatura de Bachelet dependerá de su capacidad de convencer a la gente que sus promesas son materializables. Sin una explicación creíble, sus propuestas no serán más que insumos para que el resto de los candidatos puedan singularizar su campaña como estéril. Si bien es verdad que existe un clamor popular para reformas, y Bachelet es quien mejor lo representa, la gente también entiende que hay caminos institucionalizados para lograr los cambios. Por eso, lo último que quieren son compromisos que terminen en nada. Bachelet debe encontrar la forma de hacer lo que propone y transmitirlo de manera clara y detallada para que los votantes continúen confiando en ella.

Listas de candidatos en 2013

Las listas de candidatos a diputado, senador y presidente en 2013 se están depurando y actualizando. Por mientras, en la barra lateral izquierda de este sitio podrán encontrar (1) el nombre de todos los candidatos presidenciales, (2) el nombre de todos los candidatos a senador, y (3) el nombre de los candidatos a diputado que competirán en los distritos más relevantes.

El escenario en que Allamand le gana a Golborne

Publicado en El Mostrador

Hasta el momento todo indica que Laurence Golborne es el candidato más competitivo para enfrentar a Michelle Bachelet en las elecciones presidenciales de 2013. En la mayoría de las simulaciones Golborne no solo gana en las primarias de su sector, pero también a los aspirantes de la oposición. Encuestas recientes muestran que en escenarios de primarias Golborne obtiene alrededor de 40% frente al 20% de Andrés Allamand. Y en escenarios de primera vuelta, que incluyen a Bachelet, Golborne obtiene alrededor de 13%–incluso superior a Allamand, que en escenarios similares solo alcanza el 6%.

Parte del éxito de Golborne se debe al endoso que obtuvo desde la UDI. Un hecho sorpresivo para algunos, dado que el partido tuvo que poner a militantes históricos del partido que aspiraban a la nominación–como Joaquín Lavín, Pablo Longueira y Evelyn Matthei, entre otros–en el congelador para apoyar una opción independiente. Lo normal habría sido que la UDI decidiera levantar a un miembro de su propia tienda, dado que en 2009 se cuadró tras el RN, Sebastián Piñera. Un hecho similar solo había ocurrido en 1993, cuando el partido decidió respaldar al senador independiente Arturo Alessandri.

La decisión inicial de apoyar a Golborne se fundamenta por la alta aprobación que obtuvo en el gabinete de Sebastián Piñera entre 2010 y 2012, producto de su oficio como Ministro de Minería (2010) en el cual tuvo su debut presidenciable tras el rescate de los 33 mineros, luego Biministro de Minería y Energía (2011), y finalmente como Ministro de Obras Públicas (2012). Frente a los índices de aprobación de Lavín, Longueira y Matthei, pareció un paso lógico para las cúpulas del partido, dado que la mala pasada de Lavín por Educación sumado a los altos índices de rechazo de Longueira y Matthei solo aseguraban una derrota.

Ahora bien, dado que Golborne no es militante UDI es evidente que su nominación por parte de la mesa responde más a la cercanía que tiene con los cánones económicos y preceptos empresariales que a la ideología política y valores morales que rigen al partido. Sus alianzas estratégicas con algunos de las empresas y empresarios más importantes del país son parte de lo que lo vuelve atractivo para el partido. Por ejemplo, tanto la UDI como Golborne sostienen que el sector privado es mucho más efectivo (y por ende necesario) que el sector público tanto para combatir pobreza como para superar desigualdad.

Caveat emptor, las razones que vuelven a Golborne atractivo para la UDI son las razones que lo podrían llevar a perder en las primarias. La breve intervención de Longueira en la contingencia es un indicio de aquello. Cuando sostuvo que la Alianza debería evadir las primarias e ir directo a la primera vuelta implicó que Golborne no es el mejor candidato de la UDI. Esto abre la posibilidad a un escenario en el cual Allamand le gana a Golborne. En este escenario–a estas alturas visto como improbable–Allamand le ganaría a Golborne en la disputa por el voto mediano de la Alianza en las primarias del 30 de Junio.

Si este escenario es real significa que hay un patrón en la opinión pública que aun no se ha revelado. Gráficamente, si situamos la adhesión de ambos candidatos en un plano cartesiano, donde se mide ‘popularidad’ y ‘tiempo’, el escenario sostiene que la línea de Golborne comienza más arriba (su adhesión comienza más alta), pero la línea de Allamand es más empinada (su adhesión aumenta más rápido). En la práctica esto significa que la línea que representa la adhesión a Allamand eventualmente se cruzará con la línea que representa la adhesión a Golborne. Longueira no solo piensa que esto es posible, sino que probable.

Hay tres teorías que podrían explicar este escenario. Una breve reseña a cada una de ellas ayudará a dilucidar la probabilidad de que Allamand pueda ganar las primarias. La primera teoría sostiene que los militantes de la UDI no están comprometidos con Golborne. Naturalmente prefieren a un candidato que milite en la UDI, que interprete la ideología política y practique los valores morales planteados por el partido. Por eso no solo les molesta su historial político, como su distancia con la derecha conservadora, pero también su historial personal, como su agnosticismo y matrimonio en segundas nupcias.

La segunda teoría sostiene que las cúpulas de la UDI no están convencidas con Golborne. Este es el caso, entre otros, de Longueira. Si bien sus palabras se han enmarcado dentro de una perspectiva institucionalista (por el bien del partido), también pueden ser interpretadas desde una perspectiva individualista (por el bien de él), donde la verdadera intención es forzar su propia nominación. Irrelevante de la motivación, Longueira no esta solo en la travesía. Otros históricos del partido no les agrada la llegada de un independiente. Sobre todo a un partido que tradicionalmente funciona en base a lealtades y jerarquías.

La tercera teoría sostiene que la mayor parte de los votantes de la derecha creen que la solución a los problemas políticos esta en personas con trayectorias políticas y no en personas con trayectorias empresariales. En este sentido el currículum que permitió a Golborne ser nominado por las cúpulas de UDI no es más que un escollo para ganar las primarias. Esto es especialmente peligroso para Golborne si la mayor parte de la gente que finalmente decide votar son votantes que tienen un sentido cívico más desarrollado, y por ende premia a candidatos reconocidos por su trayectoria.

Mientras más de estas tres teorías sean ciertas, más probable es que las líneas de adhesión a cada candidato se crucen antes de las primarias, y Allamand resulte ganador. Por lo mismo, la estrategia de su comando de campaña debería ser enfatizar en la autenticidad de cada una de las teorías. El trabajo del equipo político debe estar enfocado en aislar a los militantes UDI de Golborne, instalar la duda en las cúpulas UDI sobre la idoneidad de Golborne, y enfatizar en el carácter político de Allamand como un medio necesario para llevar a cabo el programa de gobierno que la Alianza finalmente presente como propuesta única.

Bachelet: Debates, Interpelaciones y Presidentes de los Partidos

Publicado en La Tercera

Son varias piezas las que se mueven con la proclamación de Michelle Bachelet. Son tres mis impresiones:

1. La calidad y frecuencia de las primarias de la Concertación será menor a lo anticipado

Durante su proclamación Bachelet fue enfática en sostener que la preocupación principal de su segunda campaña presidencial será la ciudadanía. En constantes viajes a través de Chile recogerá ideas y construirá su programa de gobierno. Entre líneas esto significa que el gran interlocutor de Bachelet serán los votantes y no los candidatos contrincantes. Naturalmente su condición de favorita le permite no debatir en todas las instancias que los otros candidatos lo quieran hacer. Pero también significa que la profundidad de los temas que se debatan en los pocos encuentros que se lleven a cabo será baja.

Por un lado es bueno para Bachelet. Si va ganar las primarias de cualquier forma, le conviene minimizar el número de asperezas que tenga con José Antonio Gómez, Claudio Orrego y Andrés Velasco. Mientras más rencillas se den al interior de la Concertación, más podrán capitalizar Andrés Allamand y Laurence Golborne. Por otro lado es malo para Bachelet. Principalmente porque si llevan a cabo debates de baja calidad será fácil para los candidatos que van por fuera del pacto criticar que las primarias están arregladas. Mientras menos competitivas sean las primarias, más podrá capitalizar Marco Enríquez-Ominami.

2. Los candidatos de la Alianza organizarán sus campañas en torno al programa de Bachelet

El problema de Allamand y Golborne es que si la elección fuera el próximo domingo perderían en primera vuelta. Porque es difícil que Bachelet quiera entrar a un debate con cualquier de los dos, tendrán que ser ellos quienes inicien el intercambio. Suponiendo que finalmente se llevarán a cabo las primarias, y solo uno de ellos pasará a primera vuelta, el ganador tendrá que asumir el rol  de interpelar a Bachelet. Una posición incomoda, pero inevitable. A partir de los planteamientos de Bachelet, el candidato único se verá forzado a forzar a plantearse a favor o en contra de cada una de las propuestas de Bachelet.

Supongamos que Bachelet levante cuatro grandes ejes: ‘Educación’, ‘Trabajo’, ‘Nueva Constitución’ e ‘Inclusión Social’. Obviamente cada uno de los ejes se escogió porque se consideró prioritario. Si Bachelet continúa como amplia favorita en las encuestas tras las primarias, será el ganador de la primaria de la Alianza el responsable de cuestionar a Bachelet en cada uno de los temas antes que pueda entablar sus propias propuestas. Por una parte puede ser positivo, si el discurso interpelativo es visto como constructivo. Por otra parte puede ser peligroso si interpelar a Bachelet sea visto como una serie de ataques gratuitos.

3. El eje de la campaña de Bachelet será en base a movilizaciones y enfocado en ciudadanos

La gran ausencia de la campaña de Bachelet serán los líderes nacionales de los partidos políticos de la Concertación. Tras las lecciones de la debacle electoral de 2009, sería un flaco favor si los presidentes de los partidos hacen campaña activamente por la ex presidenta. Por el contrario, Bachelet buscará establecer conexiones a nivel local con alcaldes, grupos de concejales y juntas de vecinos. Esto le permitirá adueñarse de las demandas de aquellos que piden más inclusión. Osvaldo Andrade, Ignacio Walker y Jaime Quintana se quedarán en sus sedes, mientras que Sadi Melo, Iván Fuentes y Teresa Váldes saldrán a las calles.

Ahora bien, el enfoque ciudadano que propone Bachelet significa recoger e implementar demandas de los ciudadanos, pero no necesariamente prescindir de la política tradicional. Si bien disminuirá la cantidad de minutos que reciban los presidentes de los partidos, no estarán completamente ausentes. De hecho, es probable que sean ellos quienes manejen el aspecto territorial de la campaña desde las sombras. Es imposible imaginar un escenario en que Bachelet haga campaña solo con voluntarios. Y es precisamente ese su talón de Aquiles, algo que tanto los candidatos de la Alianza como Enríquez-Ominami aprovecharán.

 

Los indecisos van a decidir la elección de 2013

Publicado en La Tercera

En las elecciones presidenciales de 1989, 1993, 1999, 2005 y 2009 los votantes duros fueron determinantes en los resultados. En las primeras cuatro elecciones, la Concertación solamente tuvo que asegurar que el candidato nominado pudiera obtener todos los votos a la derecha de la DC y unos pocos más de los desafectados de RN. Esto fue relativamente fácil, dado que el partido más radical a la izquierda del espectro ideológico, el PC, siempre decidió apoyar a la coalición de centro izquierda de cara a la segunda vuelta. Además, con promesas de gobiernos moderados, los estrategas de las campañas fácilmente pudieron convencer a votantes de derecha que no les convencía el candidato de la Alianza.

En 2009, la Alianza usó la misma estrategia a su favor. Aprovechando la mala selección del candidato de la Concertación, además de la potente campaña mediática de Piñera, las cúpulas de la Alianza lograron convencer a todo el electorado a la derecha de RN, más unos pocos desafectados de la DC, para elegir al primer presidente de derecha desde Alessandri en 1958. Hay que mencionar que si bien fue la misma estrategia de la Alianza en las elecciones previas a la de 2009, simplemente no había dado resultado. El clivaje democrático/autoritario forjado tras el gobierno militar dejó a la derecha con menos probabilidad de obtener retornos electorales en las presidenciales.

Tanto la estrategia de la Concertación en las primeras cuatro elecciones, como la de la Alianza en la última, fueron bastante sencillas de ejecutar. Principalmente porque bajo voto obligatorio los partidos sabían qué tipo de campañas tenían que hacer, y a dónde tenían que enfocarlas. Dado que los estrategas de los partidos poseían los padrones electorales, no solamente sabían dónde votaba la gente, y en que dirección tendían a votar, pero además sabían quiénes eran los que votaban y quiénes eran los que se abstenían. Esto les ayudó a enfocar la mayor parte de su energía y recursos en esos pocos votantes indecisos, en vez de perder ímpetu en convencer a los que ya estaban convencidos.

En la elección de 2013 la dinámica será distinta. Ya no hay información fidedigna de cuántos votantes acudirán a las urnas. La sorpresa en las municipales es el mejor ejemplo. Mientras que algunos estimaron que votaría más gente al ampliarse el padrón electoral, otros anticiparon que como en otras experiencias la participación bajaría a niveles históricos. Los segundos tuvieron razón. Las municipales de 2012 tuvieron la abstención más alta de elecciones democráticas recientes. La incertidumbre sobre quiénes votan y quienes no votan es de tal magnitud que los resultados de una encuesta reciente mostraron que alrededor de 40% declaro haberse abstenido, cuando en realidad fue cerca de 60%.

Los pronósticos de resultados de elecciones presidenciales de Tresquintos son una buena referencia para entender la importancia de los indecisos. En la simulación hecha el 1 de Febrero de 2013 la suma de todos los candidatos del escenario 1 de primera vuelta (con Allamand) suma 58%, y la suma de todos los candidatos del escenario 2 de primera vuelta (con Golborne) suma 64%. Lo que resta a 100% son los indecisos. Y a esta altura de la carrera hay muchos. Una parte importante de quienes contestan encuestas no sabe por quién va a votar. Esta tendencia es más marcada que en campañas anteriores, donde a esta distancia de la elección solo una pequeña parte permanecía indecisa.

A medida que se acerque la elección la proporción de individuos indecisos va a disminuir. Gran parte de esto se explica porque aun faltan muchas cosas por suceder. Entre esas cosas, la elección definitiva de los candidatos. Es solo natural que exista tal magnitud de indecisos si no está claro si Bachelet volverá o si finalmente será Allamand o Golborne el que represente a la Alianza. Al mirar los pronósticos de segunda vuelta de Tresquintos esto se hace evidente. Ambos candidatos de la Alianza aumentan significativamente su intención de voto contra Bachelet. Es decir, la baja votación de la derecha a esta altura se explica en gran medida porque no hay claridad quien será el candidato.

La importancia de los indecisos es evidente. Ahora, a diferencia de antes, los estrategas electorales deben salir a buscar una grupo de votantes que no comparten las mismas demandas. Los indecisos no son todos iguales, no son todos de centro. Por eso, el ganador de la elección será la coalición del candidato que sepa identificar mejor a los indecisos. Dado que no existen las mismas herramientas que en elecciones anteriores este proceso será más complejo. Pero, la evidencia muestra que la carrera recién comienza. Lejos de ofuscarse por una baja votación, los candidatos de derecha deberán ser pacientes y confiar que su apoyo vendrá solo tras las primarias de Junio, cuando disminuyan los indecisos.

Todos trabajan para Bachelet

Publicado en El Mostrador

Alan Keyes es un político afroamericano de Estados Unidos que fue candidato legislativo y presidencial un total de 6 veces en 20 años. Como militante del partido Republicano buscó ser electo como senador en 1988, 1992  y 2004, y como presidente en 1996, 2000 y 2008. Mientras que en las elecciones legislativas fue nombrado por su partido como parte de una estrategia electoral para tratar de derrocar a titulares que buscaban ser reelectos, en las elecciones presidenciales fue nominado por una facción minoritaria del partido que buscaba levantar temas valóricos que de lo contrario no serían tocados.

En ninguna de las 6 elecciones resultó electo. En las tres ocasiones en que optó por un escaño en el Senado su oponente demócrata  lo dobló en número de votos (incluyendo Obama, en 2004). Asimismo, en las tres ocasiones en que fue a las primarias presidenciales de su partido, nunca pudo sobrepasar el 5% de los votos. La evidencia apunta a que la estrategia de los que nominaron a Keyes una y otra vez nunca fue potenciar su elección. Si bien habría sido lo óptimo para el mismo Keyes, las cúpulas de su partido nunca lo habrían permitido. Más que trabajar para ganar, Keyes siempre estuvo trabajando para las élites.

Algo similar está sucediendo en Chile. La amplia ventaja de Bachelet en las encuestas sugiere que los candidatos están sirviendo los intereses de los partidos más que los propios. Incluso en la Alianza. La inhabilidad de Allamand y Golborne de consolidarse como una alternativa (según las encuestas) ha llevado a personeros de su misma coalición a proponer que el objetivo de la derecha debería ser trasladarse a ganar las elecciones legislativas. Tanto RN como la UDI están más interesados en levantar estrategias paralelas para mitigar la derrota (como evitar doblajes), que en potenciar a sus propios candidatos presidenciales.

En la Concertación la resistencia a Bachelet parece ser mayor. Las primarias en que competirán 4 candidatos parece ser una muestra de que al menos existe la intención de producir una alternativa. Sin embargo, una mirada más pausada a lo que pasa por dentro muestra que la resignación que existe al interior de la oposición es igual o mayor a la que existe al interior de la Alianza. Las cúpulas saben que Bachelet es la única persona capaz de ganar. Evidencia de aquello es que ni el PS ni el PPD levantaron un candidato propio. Sus presidentes, Andrade y Quintana, incluso han manifestado su desacuerdo con realizar primarias.

Para el PDC y el PRSD el razonamiento es distinto. Para los demócrata-cristianos es imperativo mostrar que la falange sigue viva. Su lenta pero constante decadencia electoral es parte de la razón. Pero más importante es la señal de hegemonía que deben mandar al resto de los partidos en su coalición. Dado que el sentimiento implícito de los militantes es que les toca gobernar a un DC, las cúpulas deben mostrar que tienen algún control en el proceso de selección. Para los radicales, en cambio, la nominación de Gómez es solo una estrategia para negociar cupos electorales. Con solo 6 de 138 escaños, deben mostrar vigencia.

Al final, todos trabajan para Bachelet. Lo que ocurre en las primarias de la DC es el mejor ejemplo. Las cúpulas del partido han dejado entrever su apoyo a Orrego por sobre Rincón. Un motivo es la áspera relación que Rincón lleva con la mesa del partido. Fue la única Senadora que no se cuadró con la bancada para votar a favor de la Ley de Pesca. Pero más importante, es el antagonismo que Rincón podría tener con Bachelet. Martínez, Alvear y otros históricos ven esto como una amenaza, dado que tras la eventual elección de Bachelet los más perjudicados serían aquellos que apoyaron a candidatos disidentes–en este caso, ellos.

Si Orrego gana las primarias de la DC la mitad del trabajo de Bachelet estará hecho. Esto significará que en las primarias de la Concertación la ex-mandataria tendría que enfrentar a (1) el ex-alcalde de Peñalolén, quien sería mucho más cooperativo a su causa que Rincón, (2) a Velasco, que como ex-ministro de Hacienda difícilmente podrá levantar criticas a su gestión como presidenta, y (3) a Gómez, quien incluso podría declinar su candidatura si se le ofrecen suficientes cupos legislativos. El resto del trabajo será lidiar con Enríquez-Ominami, que es el único que podría perjudicarla en la elección definitiva.

Como Keyes, los candidatos no están corriendo para ganar la elección. En especial los de la Concertación. Dado que sus probabilidades de triunfo son mínimos, todos tienen motivos ulteriores para permanecer en la carrera. Ya sea para maximizar el beneficio de sus partidos en un eventual gobierno de Bachelet, o bien para instalar temas que no estarían allí si ellos no fueran candidatos. Algunos incluso están planteando sus campañas para asumir un desafío en 2017. Pero como Keyes, probablemente nunca sean electos. Es probable que terminen trabajando para el partido, o el candidato de turno, una y otra vez.

 

Comprobando y Derribando Mitos con la CEP

Publicado en La Tercera

Al analizar una sola encuesta no se puede distinguir el ruido de la señal. Un analista puede escoger entre todas las preguntas para solo enfocarse en las respuestas que más le convienen. Al final, mirar una sola encuesta conlleva a un puñado de interpretaciones contradictorias hechas mirando los mismos datos. Por el contrario, cuando un analista observa la tendencia en una serie de encuestas, se puede distinguir la señal del ruido. Observar un grupo grande de encuestas permite contextualizar la magnitud de cambios políticos, como variaciones en aprobación presidencial o en los índices de intención de voto.

La encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) hecha en Noviembre-Diciembre 2012 se publica en un momento donde es imperativo medir variaciones en la intención de voto. Con solo 10 meses de por medio, la CEP publicada en Enero de 2013 entrega una señal de los posibles resultados para la elección presidencial de Noviembre de 2013. Tres áreas son de especial interés para anticipar resultados. Primero, la magnitud de la ventaja de Bachelet sobre el resto de los candidatos. Segundo, la magnitud de la diferencia entre Allamand y Golborne. Tercero, la magnitud del avance relativo del tercer candidato.

Variaciones en las magnitudes de estos índices permiten comprobar o derribar algunos mitos. Un primer mito es que Bachelet bajaría significativamente su intención de voto una vez que se desatará la carrera. Esto tiene sentido bajo el contexto que obtiene menos publicidad diaria que el resto de los pre-candidatos. Un segundo mito es que Allamand lograría superar a Golborne. Esto tiene sentido porque como militante de un partido (RN) logra mayor apoyo territorial para hacer campaña y darse a conocer. Un tercer mito es que Enríquez-Ominami bajaría su intención de voto. Esto tiene sentido con la alta oferta de candidatos.

Para comenzar, los resultados de la CEP muestran que Bachelet no baja de forma significativamente su intención de voto. Se mantiene la tendencia en que Bachelet es la favorita para ganar las elecciones de 2013. Al contestar la pregunta “¿quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile?” Bachelet obtiene 49%. Un índice similar al 50% que obtuvo en Julio-Agosto de 2012, y al 51% en Abril de 2012. Es decir, la coyuntura política y electoral que sucede en Chile mientras ella permanece en Estados Unidos no determina su intención de voto. En otras palabras, esto significa que su estrategia de silencio ha sido un éxito.

Los resultados de la CEP también muestran que Allamand no logra superar a Golborne. En la pregunta “¿quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile?” no hay sorpresas. En Abril de 2012 fue 7% para Golborne y 2% para Allamand. En Julio-Agosto de 2012 fue 9% para Golborne y 2% para Allamand. Desde la renuncia de ambos como ministros, la diferencia no ha variado. En Noviembre-Diciembre de 2012, Golborne obtuvo 11% y Allamand obtuvo 5%. Allamand solo gana terreno en las  primarias de la Alianza. Aún así, Golborne sigue arriba con 28% (sube 2%) contra Allamand con 15% (sube 7%).

Finalmente, los resultados de la CEP muestran que Enríquez-Ominami no baja su intención de voto. Sigue siendo el tercer candidato más competitivo. En Abril de 2012 obtuvo 2%, y en Julio-Agosto de 2012 obtuvo 4%. En el último sondeo de Noviembre-Diciembre de 2012, obtuvo 4%. Es decir, el ingreso de más candidatos a la carrera no ha tenido un efecto sobre su intención de voto. Si bien Enríquez-Ominami no logra superar a Velasco, es poco relevante dado que este último va a primarias dentro de la Concertación. Lo relevante es que sí supera a Jocelyn-Holt y Parisi, que son rivales directos para ser el candidato bisagra.

Allamand y Golborne contra Bachelet

Publicado en El Mostrador

Bachelet es favorita para ganar las elecciones presidenciales de 2013. Sin estar oficialmente en competencia, las encuestas de opinión pública muestran que la ex-presidenta tiene el camino pavimentado para conseguir la primera re-elección desde 1932. En escenarios de primarias, supera a su rival más cercano por 40%. En escenarios de primera vuelta, supera al candidato más competitivo por 30%. Y en escenarios de segunda vuelta, le gana al mejor subcampeón por 20%.

Esta evidencia parece indicar que la elección redunda. La victoria de Bachelet no solo pareciera estar predeterminada, pero también el margen de su victoria–tanto en las primarias como en las presidenciales. Naturalmente, hasta que no se declare candidata su ventaja disminuirá. Pero una victoria contundente en las primarias inevitablemente resultará en que los candidatos perdedores (Gómez, Orrego, Rincón y Velasco) se enfilen tras ella para repotenciar su candidatura.

Entonces, la verdadera pregunta sobre la elección presidencial de 2013 es si la derecha podrá minimizar los márgenes de victoria de Bachelet para (1) prevenir una derrota en primera vuelta, y (2) eventualmente tratar de ganar sobre el voto blando de centro en una segunda vuelta. Sin embargo, la baja aprobación del gobierno y la reciente derrota en las elecciones municipales son indicadores robustos que conseguir hasta el más simple de los objetivos será un escollo.

Hasta el momento la derecha ha creado más problemas que soluciones para conseguirlos. La lucha de poder entre el sector duro de la UDI para posicionar a Golborne y la mesa de RN para aumentar la intención de voto de Allamand, repercutió en que ambos candidatos buscarán diferenciarse con el fin de compartamentalizar preferencias a su respectivo favor. Una estrategia lógica para primarias, pero ineficiente según experiencias anteriores.

Pasó en la elección de 1989, cuándo Errázuriz enfrentó a Buchi. Si bien no fue determinante en el resultado de la elección, no hay duda que la división aportó a la victoria de Aylwin. También pasó en 2009/2010, cuando Enríquez-Ominami enfrentó a Frei. De nuevo, es imposible saber qué habría ocurrido con un solo candidato de centro izquierda. Pero es claro que sin Enríquez-Ominami en la carrera, la contienda contra Piñera habría sido mucho más competitiva.

La estrategia de dos candidatos en la elección de 2005/2006 también es un precedente negativo. En la primera vuelta la derecha obtuvo más votos que en la segunda vuelta (3,376,302 y 3,236,394, respectivamente). Similarmente, en la primera vuelta obtuvo un mayor porcentaje de votos válidos que en la segunda vuelta (48,62% y 46,50%, respectivamente). El argumento contrafáctico es que con un candidato–en vez de dos–la derecha habría ganado esa elección.

Si bien Allamand y Golborne y los términos bajo los cuales lanzaron sus candidaturas son substancialmente diferentes a Piñera y Lavín y los términos bajo los cuales lanzaron las suyas, la amenaza de dividir a la derecha es la misma. A medida que se acerca la elección, la probabilidad de compartimentalizar a su sector aumenta. Aun si ambos candidatos finalmente participan en las primarias de Junio, el daño ocasionado durante las campañas podría ser considerable.

Además, la derecha tendrá que lidiar con sus propios fantasmas. Tal como Enríquez-Ominami distorsionó la elección a favor de Piñera en 2009/2010, Parisi podría distorsionar la elección a favor de Bachelet en 2013. Si bien ahora concentra un bajo porcentaje de apoyo, rápidamente se podría convertir en el candidato de aquellos que no votaron por el ganador en las primarias de la derecha. Esa pequeña rebanada podría significar la victoria de Bachelet.

La alternativa a este devenir es que la derecha se encargue de implementar una campaña conjunta entre Allamand y Golborne. No significa diseñar una competencia llena de palos blancos y hombres de paja. Sí significa tomar las primarias como una instancia para redefinir los valores programáticos de un fututo gobierno de derecha. Y más que concordar en lo vinculante, se trata de ofrecer lo que la gente demanda: un poco de Allamand, un poco de Golborne.

Al fin y al cabo, Allamand y Golborne son más compatibles que Errázuriz y Buchi o que Lavín y Piñera. Incluso son más compatibles que Frei y Enríquez-Ominami, que parecían ser subsidiarios. Allamand y Golborne son complementarios. Mientras que el primero representa el poder inherente del sistema de partidos, el segundo representa el poder creativo del mundo empresarial. Promover una combinación de ambos es lo acertado.

Ofrecer un programa que contempla el binomio Allamand-Golborne es más potente que un programa que contempla tan solo a Allamand o tan solo a Golborne. Una administración donde Allamand es el jefe de gobierno y Golborne es el jefe de Estado sería la combinación óptima para muchos. Pues, refleja la interdependencia de lo político y lo técnico. Lamentablemente el sistema político chileno no provee una división de poderes para tener dos ejecutivos.

Pero la idea va en la dirección correcta. Es lo percibió el gobierno de Bachelet al combinar a ministros políticos como Pérez Yoma con ministros técnicos como Velasco. Y es lo que está haciendo el gobierno de Piñera desde 2011 al convocar a Allamand, Chadwick, Longueira y Matthei a La Moneda. Más allá de los beneficios de funcionalidad, la percepción de la gente cuando el gobierno no es completamente político o completamente técnico es considerablemente mejor.

Para Bachelet, ganarle a Allamand o a Golborne es casi indiferente. Si bien los márgenes de victoria serán más estrechos a medida que se acerque la elección, seguirán siendo amplios. Por eso, si la derecha presenta la misma estrategia de siempre va perder. La mejor apuesta para prevenir la victoria de Bachelet en primera vuelta es realizar una campaña constructiva. Y la mejor fórmula para ganar en segunda vuelta es combinar a Allamand y a Golborne en la oferta.