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#Colombia. El plebiscito por la paz

Por Carlos Brando, Universidad de Los Andes

¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera? A esta pregunta podrán responder casi 35 millones de colombianos habilitados para votar el próximo domingo 2 de octubre. Tras el cierre de las negociaciones y la firma del acuerdo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el líder de la guerrilla de las FARC, será la voluntad del pueblo expresada en las urnas la que decida si el proceso avanza hacia su etapa de implementación y verificación (o no). La refrendación por la vía popular es una estrategia arriesgada del presidente que la juzga necesaria para imprimirle mayor legitimidad política.

Ahora, ¿es de verdad probable que Colombia pierda la paz en las urnas?

Transitar el camino plebiscitario implica sortear dos altos. Primero, la participación debe superar el umbral del 13% del censo electoral impuesto por la Corte Constitucional, es decir, 4,380,000 votos. Segundo, obviamente debe ganar el Sí. Por escasez de antecedentes pronosticar la participación ciudadana en este tipo de ejercicios es más difícil que hacerlo en elecciones presidenciales, legislativas o regionales. Por ejemplo, en las tres elecciones regionales  celebradas en 2007, 2011 y 2015 la participación fue de 56,9%, 57,1%, y 59,4%, respectivamente. Una variación baja. La trayectoria para los comicios legislativos también exhibe una variación modesta. Desde 43,6% en las de 2014 hasta 45,7% en 2006, pasando por 44,2% en 2010.

En el último plebiscito en el que votaron los colombianos en 1957 la participación fue abrumadora: 82%. La participación ciudadana más alta en la historia electoral del país. Lo hicieron en un contexto irreplicable, sin embargo, pues se decidía por otorgar el derecho al voto a la mujer (ésta a su vez podía votar), y además se le ponía punto final al gobierno militar optando por el regreso a una  democracia pactada.

Más recientemente, en 2003, durante el primer periodo del presidente Álvaro Uribe, los colombianos votaron un referendo con 16 preguntas que requerían un umbral del 25% cada una para su aprobación. Solamente una lo superó (25,1%).

La votación del domingo es diferente en cuanto no hay candidatos a elegir. Pocos de los más de 115,000 candidatos que se presentaron a los últimos comicios regionales movilizarán efectivamente a sus electores. Faltarán muchos de los incentivos y del ambiente que eleva la participación en las regiones: transporte gratis, almuerzo, banda musical. Otro ausente importante será la “mermelada”; el colombianismo con el que se conoce la movilización del voto clientelar.

El voto será libre. Se decidirá participar, y votar Sí o No, sin aparente compensación tangible, o inmediata.

El promedio de cuatro encuestas realizadas por Datexco en Septiembre arroja un 59,2% de participación. La encuesta de Ipsos (26 de septiembre) sugiere que definitivamente votará el 40%, y probablemente lo hará un 16% más. El sondeo de Gallup (20 septiembre) indica que el 32% definitivamente votará, y que probablemente lo hará otro 17,5%. Otra más hecha por Connecta (8 agosto) reporta el 52% de participación.

Aunque sorprenda al resto de terrícolas la victoria del Sí no será arrasadora. Si bien las encuestas dan al Sí por vencedor el margen se ha estrechado. Mientras la firma Gallup registraba los votantes por el No en julio en el 10%, para septiembre los ubica en el 32,4%. El sondeo más reciente de Datexco (26 septiembre) arroja 55% por el Sí y 36,6% por el No. Finalmente, para Ipsos, desde la primera semana de septiembre a la última, el Sí bajo del 72% al 66%, y el No subió del 28% al 34%.

En resumen, el umbral del 13% en la participación ciudadana para la aprobación del plebiscito será ampliamente superado. El Sí a la paz vencerá al No, aunque no con la holgura que se preveía hace pocos meses.

#Colombia. Elecciones Locales: El Fin de una Era

Treinta y tres millones de colombianos tendrán opción de votar en las elecciones locales el próximo 25 de octubre. Con más de 114,000 candidatos aspirando liderar municipios y departamentos desde gobernaciones, alcaldías municipales, asambleas departamentales, concejos, y juntas de acción local, estas elecciones batirán los records de participación de candidatos inscritos. Los comicios, sin embargo, revisten de mayor interés por otras razones. Primero, porque la reconfiguración de poderes políticos locales influirá las posiciones de los colombianos frente a los acuerdos de paz que se logren con la guerrilla de FARC en La Habana, acuerdos que deberán ser refrendados mediante un mecanismo representativo/participativo – aun por establecer. Y segundo, debido a la alta probabilidad de que las votaciones marquen un nuevo ciclo electoral.

Tres fenómenos en desarrollo prometen alterar el orden político vigente: el debilitamiento de la izquierda, el encumbramiento del partido Cambio Radical, y el debut del uribismo a nivel local.

La izquierda recibirá un revés enorme de perder la alcaldía de Bogotá tras 12 años de gobierno consecutivo. Dos tipos de evidencia le auguran unos comicios complicados. Primero, una tendencia decreciente del respaldo capitalino después de la contundente victoria de 2003, cuando el principal partido de izquierda, el Polo Democrático Alternativo, obtuvo el 46.3% de los votos. En 2007, el Polo volvió a ganar, si bien con una votación menor, 43.7%, mientras que en 2011, el movimiento Progresistas del actual burgomaestre, Gustavo Petro, retuvo el despacho con apenas el 32.2% de los sufragios. Según encuestas recientes la destorcida continúa, al punto que esta vez habrá relevo en el Palacio de Liévano. La candidata del Polo para la alcaldía de Bogotá, Clara López, no figura como favorita en la intención de voto de ninguna de las encuestas realizadas durante las últimas 10 semanas – ni tampoco como segunda. Además, la alianza de López con el alcalde Petro no sumará votos de opinión. Petro tiene un 57% de imagen desfavorable entre los bogotanos (Ipsos 01/08/2015), y el 64% de éstos desaprueban su gestión (Gallup 01/07/2015). Como si fuera poco, el 80% de aquellos que afirman haber votado por él en las pasadas elecciones sostiene que su desempeño estuvo por debajo de las expectativas (Ipsos 01/08/2015). En breve, Petro es un aliado radioactivo.

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Otro fenómeno importante es el debut del Centro Democrático en elecciones locales. El partido del ex-mandatario, Álvaro Uribe Vélez, presidente, fundador y orientador de esta colectividad se estrena en una coyuntura política que le es singularmente adversa. Por un lado, el apretón de manos estrechado entre el presidente Santos y el líder de las FARC el pasado mes de septiembre en Cuba, sumado al anuncio histórico de firmar la paz en menos de seis meses, ha generado un momentum muy oportuno a favor de la apuesta del gobierno por la paz. Según datos recolectados por el CNC (07/10/2015) tras estos eventos, el 57% de los colombianos cree que el país va por buen camino, y el 59% tiene una imagen favorable del presidente Santos (las cifras en julio eran 32% y 41%; respectivamente). Además, el 65% se siente optimista frente a los diálogos de paz, el 73% dice aprobar la decisión del presidente de abrir dichos diálogos con la guerrilla, y el 79% sostiene que personalmente aprobaría los acuerdos de paz si de él/ella dependiera. Este creciente respaldo de la opinión al proceso reduce el espacio y la eficacia electoral del Centro Democrático, principal opositor del gobierno – y de las negociaciones. Aún más preocupante para el uribismo es que el optimismo de parte importante de la opinión respecto al fin del conflicto armado hace del eje de su estrategia electoral – el discurso beligerante, anti-subversivo – un medio obsoleto como mecanismo de movilización de los votantes hacia sus propuestas y candidatos. En resumen, la paz hoy es costosa para el Centro Democrático, electoralmente hablando.

Como si esto no bastara, el Centro Democrático en su condición de partido nuevo, opositor y minoritario, se ha visto prácticamente privado de “mermelada” para vigorizar sus campañas – “mermelada” es el colombianismo con que popularmente se denomina la práctica de movilizar el voto clientelar. Si el uribismo a punta de carisma es capaz de replicar los resultados alcanzados en las elecciones parlamentarias de 2014, (fue el segundo partido más votado para el senado, logrando casi un 20% de representación) su relevancia y continuidad estarán sólidamente resguardadas. Las encuestas, sin embargo, no vaticinan esto. De las 20 principales ciudades del país, el Centro Democrático lidera ampliamente las intenciones de voto solo en dos: Medellín y Manizales. La primera representa la base electoral de Uribe Vélez, y la segunda es la capital departamental de donde es oriundo, y ha hecho gran parte de su carrera política, el excandidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga, actual director del partido.

Si los horizontes para la izquierda y el uribismo son oscuros, para quien luce prometedor el panorama es para Cambio Radical – partido del actual vice-presidente, Germán Vargas Lleras. Esta colectividad, de hecho, se perfila como la vencedora de los comicios. De las 10 ciudades más importantes hoy Cambio Radical gobierna en una, pero según sondeos del CNC, con candidatos propios y por medio de alianzas locales es probable que gane en al menos tres (Bogotá, Barranquilla, Cúcuta), y dispute reñidamente otras cinco (Cali, Ibagué, Soledad, Armenia y Tunja). De ratificarse estas tendencias en las preferencias ciudadanas el próximo 25 de octubre, Cambio Radical dejará de verse como el socio minoritario del actual gobierno de coalición que lidera La Unión Social Nacional de Santos, y se convertirá en el partido favorito para gobernar el próximo cuatrienio en derecho propio. Vargas Lleras, quien vox populi, es firme candidato a la presidencia en 2018, fue denunciado recientemente ante el Concejo Nacional Electoral desde la coalición misma por hacer proselitismo.

En resumen, las elecciones locales recalibrarán las fuerzas políticas colombianas. El debilitamiento de la izquierda, aunado a la adversa coyuntura que los avances en el proceso de paz encarnan para el uribismo, apuntan a que en estos comicios los extremos del espectro político obtendrán votaciones modestas. El centro, por el contrario, flexible, amorfo, y poco ideológico crecerá. En este espacio, la aproximación de Cambio Radical como relevo inminente del Partido de La U agitará el banderazo que selle el inicio del nuevo ciclo.

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#Colombia. Una elección con fallo fotográfico

Las alianzas y guiños hacia quienes están fuera de competencia han emparejado la contienda presidencial en Colombia, una elección reñida a juzgar por los sondeos electorales.

Encuestas publicadas el pasado fin de semana ratifican que la elección presidencial está abierta. El último sondeo realizado por Ipsos da como ganador a Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático, con un 49% de las intenciones de voto, frente a 41% en favor de Juan Manuel Santos, candidato del partido de La U. Por el contrario, los números publicados por Cifras y Conceptos muestran a Santos adelante de Zuluaga con un 43% vs. 39%. Datexco replica la misma tendencia, con un 42% para Santos y 38% para Zuluaga. Finalmente, con márgenes de error de 2,2% para el Centro Nacional de Consultoría (CNC) y de 3% para Gallup, las encuestadoras entregan un empate técnico entre ambos candidatos.

Una visión de conjunto de estos guarismos sugiere una tendencia en la que el presidente Santos habría recortado la distancia de más de 4 puntos porcentuales que Zuluaga le sacó en la votación real de la primera vuelta. Las causas de este reposicionamiento estarían relacionadas precisamente con las alianzas y guiños que partidos y candidatos hicieron recientemente. Según Gallup, a nivel nacional 4 de cada 5 de las personas que en primera vuelta votaron por Marta Lucía Ramírez (Partido Conservador) dicen que sufragarán por Zuluaga en segunda vuelta, candidato al que Ramírez adhirió oficialmente. En tanto, 3 de cada 4 de los votantes que eligieron la candidatura de Clara López (Polo Democrático) harán lo propio por Santos el próximo domingo y aún más importante, así también ocurriría con 2 de cada 3 de los ciudadanos que votaron por Enrique Peñalosa (Partido Verde).

A las matemáticas de las alianzas electorales hay que sumarle la influencia de los medios de comunicación y de los líderes de opinión, quienes en el agregado se han decantado por la opción reeleccionista. Según el portal La Silla Vacía, los dos diarios de circulación nacional, El Tiempo y El Espectador; el semanario más importante de Colombia, Revista Semana; y las cadenas de noticias privadas dominantes en el mercado televisivo colombiano, Caracol y RCN, abierta o discretamente decidieron respaldar a Santos.

El factor más crítico el próximo domingo será la movilización del “voto estratégico”, es decir de aquellos no santistas que renuentemente intentarán reelegir al presidente con el fin de evitar que sea el candidato uribista quien gane. Dados los pesos y diferencias regionales, este voto será decisivo en la capital del país, Bogotá, donde la participación en comicios presidenciales suele ser más alta que el promedio nacional y donde cerca de 1,3 millones de votantes tendrán que repensar por quién sufragar entre opciones que en primera vuelta no representaban sus preferencias.

La incógnita sobre quién controlará la Casa de Nariño por los próximos cuatro años está a punto de terminar, y todo indica que será con fallo fotográfico. ¿Continuidad o el cambio? Los colombianos tienen la decisión en sus manos.

#Colombia. Tiempo de alianzas

Los escándalos que marcaron los cierres de las campañas de Santos y Zuluaga en primera vuelta parecen haberse enterrado y hoy los candidatos se enfocan en tejer alianzas, a poco más de una semana de la elección presidencial.

Desde el terreno predictivo, según la encuesta divulgada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) el pasado martes la intención de voto por el candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga es de un 47%, frente a un 45% registrado por el presidente-candidato, Juan Manuel Santos. En tanto, el voto en blanco captura el 6% de las preferencias, un descenso notable comparado con el 15% marcado en el sondeo publicado por Cifras y Conceptos el 29 de mayo.

Los votos que en primera vuelta se decantaron por candidatos diferentes de Santos y Zuluaga suman casi 5 millones; es decir, el 40% de los sufragios válidos. Por tal motivo, los equipos de campaña de los aspirantes al sillón presidencial cesaron el intercambio de acusaciones relacionadas con financiamiento e interceptaciones ilegales y se dedicaron a buscar el respaldo de los que no llegaron al balotaje.

Si bien en el sistema presidencialista colombiano, donde el voto por la persona prima sobre el voto por el partido, las preferencias no son íntegramente endosables, las coaliciones partidistas que se pacten y los guiños personales que se hagan definirán el próximo presidente de la república.

De manera oficial, la aspirante por el Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez, adhirió a la campaña de Zuluaga con el respaldo del directorio nacional y sobre las bases de un acuerdo programático. Sin embargo, en la práctica ese conglomerado había llegado dividido a la primera vuelta, pues un sector importante de congresistas –entre ellos sus mayores electores– estaba alineados con Santos. El “ala santista” del conservadurismo reconfirmó su apoyo a la reelección del mandatario la semana pasada.

En la alianza de la izquierda, Aída Abello, líder de la Unión Patriótica, pidió a sus seguidores respaldar a Santos para darle continuidad al proceso de paz que el gobierno adelanta con la guerrilla de las FARC en Cuba. Entre tanto, las directivas del Polo Democrático acordaron dejar en libertad a sus electores para escoger entre Santos y Zuluaga. A título personal, la candidata Clara López anunció abiertamente su apoyo al presidente y está haciendo campaña a su lado en la capital del país, fortín electoral de la izquierda política. Un grupo de congresistas del Polo Democrático pidió a sus seguidores votar en blanco.

Por otra parte, Enrique Peñalosa y su colectividad (Partido Verde), también se abstuvieron de pedir a sus votantes inclinarse por uno u otro candidato para el balotaje, aunque Peñalosa aclaró que no votará en blanco. Vale la pena destacar que un sector del partido Verde representado por el precandidato presidencial John Sudarsky expresó su respaldo a Santos.

Tras estas alianzas las fuerzas están repartidas. El reciente respaldo de varios expresidentes a las campañas está haciendo notar a la opinión que estaba adormecida la importancia de lo que está en juego. Las encuestadoras tienen dos días para divulgar sus últimas mediciones antes de que la veda entre en rigor.

#Colombia. La hora del debate

La semana posterior a la primera vuelta electoral trajo consigo la división de apoyos al interior del Partido Conservador y el ajuste programático de la candidatura opositora, dos hechos que podrían incidir en la intención de voto de los colombianos frente a una carrera presidencial que continúa abierta.

La última encuesta difundida por Polimétrica (realizada para Caracol Radio y Red + Noticias), en alianza con Cifras & Conceptos, mostró un empate técnico entre Juan Manuel Santos (38%) y Óscar Iván Zuluaga, quienes obtienen un 38 %y 37% de la intención de voto, respectivamente.

La encuesta fue realizada los dos días siguientes a la primera vuelta, por lo tanto no alcanzó a medir el impacto que tuvo la decisión de Marta Lucía Ramírez de sumarse a la candidatura de Zuluaga el pasado miércoles. La ex candidata obtuvo 1.995.628 votos, un caudal electoral considerable de sufragios que podría inclinar la balanza a favor del candidato opositor. En tanto, Enrique Peñalosa anunció que dejaba en libertad de acción a sus electores.

Sabiendo que el trasvasije de votos no es automático, Zuluaga decidió acoger el planteamiento de Ramírez frente a los diálogos de paz en La Habana y flexibilizar su postura, que inicialmente contemplaba la suspensión de la mesa de diálogo en caso de ser electo presidente.

La decisión de Zuluaga busca capturar los votos de Ramírez, sin embargo podría generar señales contradictorias para su propio electorado. El rechazo a la política oficialista de dialogar con la guerrilla era precisamente el gran elemento diferenciador de Zuluaga con Juan Manuel Santos. Hoy ambos parecieran confluir en el mismo camino.

En la vereda oficialista, el presidente Santos recibió el apoyo de 40 congresistas conservadores, un hecho que si bien no se traduce directamente en mayor intención de voto ratifica que el actual mandatario cuenta con el piso político suficiente para llevar adelante su programa de gobierno de ser reelecto (ver en Tresquintos: La primera victoria de Santos), una de sus medidas será la ratificación de los acuerdos de paz que pudiesen alcanzarse en Cuba.

Santos reaccionó con dureza ante el cambio de opinión de su adversario sobre la negociación con las FARC y la calificó como “cínica y electorera”. La respuesta oficialista deja en claro una vez más que la búsqueda de la paz continúa siendo el tema más importante en Colombia y que la fórmula para terminar con el conflicto sin dejar impune a la guerrilla se posicionará al tope de la agenda electoral.

Dado el actual escenario político en Colombia, y a 15 días de una nueva elección, se hace imperiosa la necesidad de que ambos candidatos expongan frente a frente sus planteamientos. No es sostenible continuar rehuyendo la confrontación de ideas y propuestas programáticas. Llegó la hora del debate.

#Colombia. Los escenarios de cara a la elección presidencial

La — hasta hace algunas semanas — probable definición del próximo mandatario colombiano en segunda vuelta está hoy en suspenso tras las revelaciones de prensa que establecen vínculos entre un hacker y la candidatura de Óscar Iván Zuluaga encendiendo el ambiente electoral días previos a los comicios.

Si bien no sabremos el nivel del impacto “escándalo del hacker” en los electores hasta el conteo final el próximo domingo, los elementos de análisis disponibles hoy permiten proyectar a lo menos tres escenarios: (1) el impacto del escándalo del hacker es moderado y el presidente de Colombia se definirá en segunda vuelta entre Santos y Zuluaga; (2) segunda vuelta electoral entre Santos y Zuluaga, pero este último con una caída sustancial de votos producto del escándalo del hacker; (3) el impacto del escándalo provoca la elección de Santos en primera vuelta.

¿Cómo llegan los candidatos a la elección? Los números muestran que durante la campaña, en marzo Juan Manuel Santos consiguió un 40,7% de las preferencias, 20 puntos porcentuales más que su inmediato perseguidor (ver Pronóstico Electoral #1). Sin embargo, con el correr de las semanas el candidato oficialista comenzó a perder terreno viendo caer la intención de voto. La primera semana de abril Santos registró un 30,9% (ver Pronóstico Electoral #6).

En paralelo, Enrique Peñalosa (Partido Verde) y Zuluaga se disputaban el segundo puesto. En marzo, Peñalosa logró posicionarse con un 19% de las preferencias, casi 5 puntos porcentuales por sobre Zuluaga (19,9%). Sin embargo, en mayo, los números mostraron un drástico cambio en la tendencia: Zuluaga apareció con un 17,8% de las preferencias y Peñaloza con un 16,7%, diferencia que siguió ampliándose en las semanas posteriores y consolidó definitivamente a Zuluaga como el segundo candidato con mayor intención de voto (Pronóstico Electoral #8).

El primer escenario ratificaría el más reciente pronóstico de Tresquintos (Pronóstico Electoral #9), que muestra una brecha de 4,4 puntos porcentuales entre Santos (29,8%) y Zuluaga (25,4%). Si bien hay una clara tendencia en favor de dichas candidaturas, la carrera presidencial estaría completamente abierta.

Hay al menos dos motivos para argumentar el efecto del video del hacker, si bien tendrá un  impacto negativo, no será devastador. Primero, una parte considerable de la opinión pública no está actualizada sobre el tema. Según la última encuesta de Cifras y Conceptos (realizada al menos entre tres y seis días después de conocidos los primeros hechos), el 47% de los encuestados declaró no conocer o no saber algo sobre el hacker del proceso de paz y el 58% respondió lo mismo frente a la supuesta intermediación en la negociación con narcotraficantes que se le achacó a la campaña de Santos. Segundo, prácticamente uno de cada tres encuestados no sabe o no responde a la pregunta de si Santos o Zuluaga tienen responsabilidad por los hechos que atañen a sus campañas, mientras que otro de cada tres entrevistados sostiene que ninguno de los candidatos tiene responsabilidad alguna.

Está claro que Zuluaga y Santos podrían perder votos fruto de los respectivos escándalos, sin embargo no se traducirán en el fin de la carrera presidencial para ninguno de los aspirantes. En el caso de Zuluaga no le impedirían pasar al balotaje en junio y la pérdida de hasta 10 puntos porcentuales se podrían distribuir equitativamente entre Ramírez, Peñalosa y votos en blanco, pero no irán a la candidatura de Santos que es visto por el uribismo como un traidor, tampoco para López que se ubica en la antípoda ideológica.

En un segundo escenario, Santos y Zuluaga nuevamente serían los candidatos que competirían en una nueva elección. Sin embargo, y sólo tomando en consideración los antecedentes al día de hoy, el escándalo del hacker impactaría fuertemente la intención de voto hacia Zuluaga dejando el camino pavimentado para la reelección de Santos.

Tras la difusión del video que probaría interceptaciones ilegales en las negociaciones de paz en Cuba, las reacciones del entorno de Zuluaga han sido contradictorias, primero negando su conocimiento, después aceptando verdades a medias y ahora calificando el video como el resultado de un montaje que presenta al candidato como víctima. Pareciera ser que las incongruencias que se puedan dar entre el audio y las imágenes del video — que serían resultado del proceso de edición — serán parte clave de la munición con la que Zuluaga defenderá su inocencia, al menos en el corto plazo. Si bien esto no lo exonera, sí siembra dudas y éstas le permitirían permanecer en carrera hasta el próximo domingo.

Sin embargo, el punto clave es el tema de seguridad democrática. Cualquier hecho que desestabilice los esfuerzos por terminar con el conflicto será fuertemente castigado por los colombianos. Bajo esa premisa, Santos se posiciona nuevamente como un líder capaz de llevar con éxito el proceso de negociación, elemento que podría inclinar la balanza a su favor en segunda vuelta en desmedro de Zuluaga, quien se ha mostrado crítico al proceso encabezado por el mandatario en ejercicio.

Un tercer escenario, más extremo y menos probable, es la victoria de Santos en primera vuelta. A los argumentos anteriores se suma el hecho de que el candidato oficialista ha capitalizado más que suficiente el escándalo hacker, pues logró redirigir la atención y escrutinio de los medios y los formadores de opinión hacia las acciones de Zuluaga y tapar el boquete que en algún momento se abrió respecto de su papel y el de sus asesores y aliados políticos sobre la negociación con narcotraficantes y sobre la supuesta financiación de su primera campaña presidencial con dineros ilícitos, según las acusaciones hechas por el expresidente Uribe.

Cabe recalcar una vez más que los antecedentes al día de hoy nos permiten proyectar los dos primeros escenarios. Una vez consumada la segunda vuelta nuevos elementos entrarán al análisis de una carrera presidencial que partió predecible y hoy deja más dudas que certezas.

#Colombia. Pronóstico Electoral: #9

Resultado:

Santos=29,8%, Zuluaga=25,4%, Peñalosa=12,6%, López=10,5%, Ramírez=9,8%, votos en blanco=12%

Pronóstico:

Pronostico - 20140522

Simulación:

Simulacion - 20140522

Comentario: 

  • Nuevas encuestas: IPSOS (ver aquí).
  • Santos (Partido de la U) se mantiene en el primer lugar. Estimamos que podría obtener entre 27,2% y 31,2% de los votos.
  • Zuluaga (Centro Democrático) se mantiene en el segundo lugar. Estimamos que podría obtener entre 23,1% y 27,7% de los votos.
  • Peñalosa (Alianza Verde) permanece en el tercer lugar. Estimamos que podría obtener entre 11% y 14,7% de los votos.
  • López (Polo Democrático Alternativo) y Ramírez (Partido Conservador) siguen en la lucha por el cuarto lugar. Estimamos que López podría obtener entre 9% y 12,1% de los votos. A su vez, estimamos que Ramírez podría obtener entre 8,4% y 11,4% de los votos.
  • Los votos en blanco bajan a 12% del total. La proporción cae levemente en comparación a la semana anterior. Estimamos que los votos en blanco podrían sumar entre 10,6% y 14% de los votos.

#Colombia. Santos, pobreza y voto en blanco

Con Stefan Bauchowitz

Se dice del voto en blanco que es un voto de opinión. Ejercido por aquellos inconformes con los candidatos y/o con el sistema político. También es la decisión tomada por aquellos que de alguna forma están en una posición capaz de evitar que su preferencia sea manipulada o comprada. Es decir, es un voto libre, independiente e incorruptible. Es razonable suponer entonces que aquellos electores mejor educados y más pudientes — que tienden a vivir en las grandes ciudades y en las regiones con ingresos más altos — sean los que más sufragan en blanco.

Con base en datos de la votación para el senado del pasado marzo y un índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI) a nivel departamental y municipal (como variable que sirve de “proxy” para medir la pobreza), a continuación se explora la relación entre el voto en blanco y la maquinaria política del estado expresada en la votación real alcanzada por el santismo. Se presume que la repartición de recursos, inversiones, favores políticos y demás “incentivos electorales” a las poblaciones mas vulnerables es una capacidad, si no exclusiva del gobierno, sí una que éste está en mejor lugar de apuntalar. Así, donde la maquinaria política del gobierno tiene más incidencia, en municipios relativamente pobres/vulnerables, el santismo tendría mayor respaldo y el voto de opinión menor.

Las siguientes gráficas muestran la existencia de una correlación positiva entre las dos variables: a mayor nivel de las NBI, mayor es la votación por el santismo (considerando la suma de los votos obtenidos por el Partido de La U, Cambio Radical y el Partido Liberal, sobre el total de votos válidos).

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Así, se pueden agrupar dos tipos de departamentos en los que la relación propuesta parece existir. Regiones con altas incidencias de pobreza como Chocó, La Guajira, Córdoba, Bolívar y Magdalena, tienden a registrar bajísimos niveles de voto en blanco y relativamente altos niveles de respaldo por la coalición de Santos — más del 55%. Entre tanto, otras regiones como Bogotá, Risaralda, Boyacá, Antioquia y Santander, que están por encima de la media del ingreso nacional por habitante y reportan bajos niveles relativos de NBI, exhiben los porcentajes más altas de voto en blanco en tándem con un apoyo inferior al 35% por el santismo.

Diferencias estructurales entre regiones, como la económica, por supuesto no explican del todo la relación planteada. La política cuenta. No es ninguna casualidad que varios municipios de Boyacá y Cundinamarca donde el voto en blanco batió todos los records estuvieran en el corazón del paro agrario el pasado septiembre. En Villapinzón, Ubaté, Turmequé, Ubita, Toca y Sutatausa entre otros, el blanco osciló entre el 15% y 30% de los sufragios válidos. En la ciudad de Tunja, capital departamental de Boyacá, la mayor votación tanto para senado como para cámara la obtuvo el blanco, con 17% y 16%, respectivamente. En la capital del tejo el blanco venció a todos los partidos.

La tan cacareada capital del voto de opinión, hoy en día no es Bogotá — es Tunja.

En síntesis, y sujeto a múltiples calificaciones, entre el voto en blanco y el santismo tiende a haber una relación inversa, es decir, a mayor voto de opinión menor apoyo por la coalición del presidente. A su vez, entre mayor la vulnerabilidad/pobreza de la población, menor el porcentaje de votos en blanco y mayor el sufragio santista.

#Colombia. ¿Cuántos colombianos votarán?

Con Stefan Bauchowitz

En las últimas cuatro elecciones presidenciales han participado en promedio el 48,1% de los potenciales votantes. En 1998 se registró la participación más alta, 51,6%; y en 2006 la más baja, 45%, año en que por primera vez los colombianos tuvieron la opción de reelegir al presidente. El diferencial entre las votaciones en elecciones presidenciales y legislativas para el periodo 1998-2010 es 4,9% — siendo siempre mayor el entusiasmo ciudadano por las presidenciales.

En los comicios parlamentarios del pasado 9 de marzo fueron a las urnas el 43,6% de aquellos habilitados para hacerlo. Si bien es prematuro afirmar que cuando hay reelección la votación es más baja que cuando no la hay, el perfil de la próxima elección — relativa apatía, escasez de debate, y consistentes indicios de inconformismo con el ramillete de candidatos en oferta evidenciado en los altos niveles de intención de voto registrados por el voto en blanco — permite aventurar que el 25 de mayo los colombianos no abarrotarán las mesas de votación. Aplicando el promedio diferencial entre los dos tipos de elecciones se puede conjeturar una participación del 48%, es decir, unos 15,7 millones de sufragantes.

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#Colombia. ¿Cómo votan en Bogotá?

Con Stefan Bauchowitz

Con 5,2 millones de potenciales votantes la capital de Colombia representa el 16% del electorado nacional. La participación de los capitalinos en los comicios parlamentarios ha disminuido gradualmente desde 2002, cuando alcanzó 42,1%, hasta su punto más bajo registrado en 2013, cuando marcó el 35,5%. En las últimas elecciones legislativas, la diferencia entre la participación nacional y la bogotana fue de 8%. Sin embargo, Bogotá compensa su desinterés por elegir congresistas acudiendo a las urnas en masa para decidir presidentes.

Mientras que para las presidenciales la participación nacional en las últimas tres elecciones ha rondado el 48%, en Bogotá ha llegado a 56%. En 2010, la diferencia superó el 10%, cuando la participación a nivel nacional fue de 50% y la participación en Bogotá alcanzó 60%. El bajo abstencionismo aumenta el peso relativo de la ciudad en la arena nacional, pues si bien representa el 16% de potenciales votantes, tiene casi el 20% de los votantes efectivos.

Esta particularidad hace que utilizar las elecciones parlamentarias para hacer inferencias sobre las presidenciales sea particularmente arriesgado, en Bogotá.

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Además de la cuestión participativa, la capital es la plaza donde se concentran, en volumen al menos, votos de opinión y de izquierda muy importantes. Tanto el Partido Verde como el Polo Democrático tienen en Bogotá buena parte de sus músculos electorales. Los cuadros de abajo usan datos de la elección presidencial de 2010. Destacan cinco elementos:

  1. El santismo, representado en los votos por el Partido de La U, no puede desligarse del fuerte elemento uribista que lo integraba entonces, cuando Santos era aliado íntimo de Álvaro Uribe y se convirtió en heredero político y electoral del saliente mandatario.
  2. Si bien teniendo en cuenta que la votación por el Partido de la U en 2010 equivalía en buena medida a la votación por el uribismo, Bogotá era la región, dentro del uribismo, menos inclinada a favor de Santos. Esto podría ser favorable para Santos hoy, ahora que Santos y Uribe son enemigos irreconciliables.
  3. Cambio Radical, cuyo líder y fundador es Germán Vargas Lleras (actual candidato a vicepresidente de Santos), tiene su fortín político en Bogotá.
  4. Bogotá es por excelencia la plaza del partido Verde. Lo fue en 2010 cuando el candidato presidencial era Antanas Mockus y obtuvo el 27% de los votos, y lo es hoy con Enrique Peñalosa, quien registra una intención de voto de 23,6%, según una encuesta de Gallup. Peñalosa, según esta encuesta, ganaría en Bogotá.
  5. La izquierda política tiene en Bogotá una larga tradición y mantiene una cuota de la votación importante, que solo es superada en elecciones a presidente por las votaciones en la costa atlántica. En 2006, el candidato del Polo Democrático recibió el 23% de la votación capitalina, en lo que fue prácticamente una contienda entre dos aspirantes; mientras que en 2010, Gustavo Petro obtuvo el 9%. Este guarismo coincide exactamente con la intención de voto registrada por la candidata Clara López a una semana de los comicios.

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Resumiendo, Bogotá define una quinta parte de los votos nacionales. Si bien el santismo dista mucho de ser una fuerza dominante, el alto fraccionamiento del electorado bogotano entre fuerzas independientes, de izquierda, y posiblemente también de inconformes (voto en blanco), jugará a favor del presidente-candidato.