#Chile. La peor pesadilla

Publicado en La Tercera

El segundo debate entre los tres candidatos presidenciales de Chile Vamos, televisado por cadena nacional, representa la peor pesadilla de la derecha. El debate que se dio de forma desordenada, personal, e intensa desnuda todas las vulnerabilidades que existen dentro de la coalición. Muestra que la amplia ventaja en las encuestas es más frágil de lo que aparenta ser, y que el escenario que parece ser históricamente favorable para ganar la elección presidencial se puede derrumbar sin previo aviso.

De las siete elecciones presidenciales que se han disputado desde el retorno de la democracia, la de 2017 es la más auspiciosa para la coalición de la derecha. Nunca ha tenido más posibilidades de ganar que esta. En las elecciones de 1989 y de 1993 ni siquiera consideraron la posibilidad de un triunfo. En 1999 estuvieron sorpresivamente cerca, con Joaquín Lavín. En 2005 tuvieron más posibilidades con dos candidatos. En 2009 ganaron con Sebastián Piñera contra todo pronóstico, y en 2013 se inscribieron como turistas.

En comparación con las anteriores, la presidencial de 2017 se perfila como un extraordinario año para ganar la elección. En parte porque la mala gestión de Michelle Bachelet naturalmente premia a la derecha como la oposición mejor organizada, y en parte porque Piñera ha logrado usar su imagen para mantenerse como favorito en las encuestas. Es decir, la derecha no solo se ve favorecida por ser la oposición más fuerte sino que además porque cuentan con el candidato que corre más ventaja.

Este era, hasta antes de las primarias, el pronóstico. Piñera parecía tener todo bajo control en su coalición, dominando y controlando las aspiraciones de Manuel José Ossandón y Felipe Kast. Incluso había logrado limitar la cantidad de interacciones al mínimo, para mantener el statu-quo. Pero algo salió mal. Algo se descarriló. Para muchos ese momento fue el primer debate, cuando el tono de la conversación se volvió personal y agresivo, y el tema central dejó de ser la idea y pasó a ser la persona.

En el mar de descrédito político, y la creciente desafección ciudadana, esta transición tiene un costo enorme. Quizás porque como oposición la derecha se sentía ajena o menos involucrada, o porque Piñera se mantenía arriba en las encuestas, el despertar del día después del primer debate fue duro. La imagen de la coalición ordenada se parece haber desvanecido luego de ese primer encuentro. La ruda interacción entre los candidatos mostró que tienen los mismos flagelos y vulnerabilidades que todos los demás.

Si este primer debate no fuera suficiente, vendría el segundo, y el primer pasaría rápidamente a ser recordado como la punta del iceberg. El fuerte choque entre los candidatos en el debate televisado a nivel nacional sirvió como evidencia para confirmar que no todo estaba tan resuelto como se pensaba en Chile Vamos. Aunque muchos tenían las sospechas de que las prospectivas de la derecha de ganar la elección sin mayores dificultades estaban sobre valoradas, el segundo debate lo confirmaría.

El segundo debate mostró que no existe lealtad entre los candidatos de Chile Vamos. Mostró que el carácter legal vinculante no es suficiente para que los perdedores se alineen tras el ganador, sino que simplemente sirve para eliminarlos de la papeleta de la primera vuelta. El segundo debate mostró que el primero en la carrera puede tambalear, y aunque logre pasar a segunda vuelta, reunir la mayoría absoluta para ganar será una tarea magnánima y significativamente más difícil de lo originalmente anticipado.

Nunca hubo dudas de que Piñera sería el ganador de las primarias. Aun no hay dudas de eso. Pero hay una serie de ventajas tangenciales relevantes para la derecha que se perdieron en el debate. Uno de esos temas es la participación. Mientras que es improbable que la proporción de preferencias entre los candidatos hayan variado significativamente, es probable que menos gente acuda a las urnas después de la lamentable presentación. Al menos parece haber consenso que el debate no sirvió para atraer a más votantes.

Perder votos en las primarias es relevante e incluso podría llegar a ser decisivo. Parte de la utilidad de las primarias para los partidos es fidelizar a votantes. En parte las primarias sirven para que los candidatos ganadores aseguren la participación de esa base de votantes que podría ser crucial en definir la elección definitiva. En este sentido, el tropezón del segundo debate televisivo no solo se escribirá como una anécdota en los anales de las elecciones, sino que podría ser el primer paso en la dirección del abismo.

Después de las primarias Chile Vamos debe reflexionar sobre los daños infligidos y planificar una reestructuración en base a las lecciones aprendidas. Si quieren ganar la elección la mejor receta es dar vuelta la página y comenzar un proceso de concilio entre las partes. En este proceso será esencial integrar a Kast al comando, y a incluir a Ossandón de alguna forma. Este es un caso donde la unión hace la fuerza. Si no se unen, perderán la elección y será un ejemplo perfecto de una oportunidad histórica desperdiciada.

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