#Chile. La apuesta de las dos derechas

Publicado en La Tercera

El gobierno está trabajado para promulgar una nueva Constitución. Como parte de su programa de gobierno dijo que llevaría a cabo un proceso constituyente de siete etapas. En sus primeros dos años, ya ha puesto en marcha tres de ellas: (1) un proceso de educación cívica, (2) la designación de un consejo de observadores, y (3) cabildos de diálogos ciudadanos. En lo que queda de gobierno, espera avanzar significativamente sobre las cuatro restantes: (4) la entrega de las bases ciudadanas, (5) la ratificación de la Constitución actual para permitir la legislación, (6) definir el mecanismo y debatir sobre el contenido, y (7) llevar a cabo un plebiscitito ratificatorio.

Mientras la gran mayoría del país está bajo la percepción de que el proceso constitucional ya comenzó, los partidos de derecha y sus representantes más emblemáticos se dividen entre los que lo buscan ignorar y los que lo buscan avalar. El primer grupo está bajo la impresión de que tienen el poder de veto para detener el proceso. Su apuesta es que pueden detener la ofensiva en la quinta etapa al hacer uso de su minoría legislativa. El segundo grupo piensa que el proceso es algo inevitable y que se va llevar a cabo con o sin su apoyo. Su apuesta es participar en el proceso para influir en el producto final.

No existe un corte claro entre ambos grupos pero parece haber un clivaje generacional y de recambio entre ambos. En el primero prevalecen los clásicos políticos a favor del statu-quo, y en el segundo predominan las caras nuevas a favor del debate. Es, por ejemplo, la diferencia entre los Senadores RN Andrés Allamand y Manuel José Ossandón, o entre los diputados UDI Ernesto Silva y Jaime Bellolio. Mientras que Allamand y Silva representan a la derecha tradicional, Ossandón y Bellolio representan una derecha post-transicional. Los cuatro legisladores son símbolos de facciones internas de sus partidos, y como tal representan divisiones internas.

Aunque la mayoría de las figuras emblemáticas de Chile Vamos está en contra de participar, cada día crece el número de representantes a favor. A medida que a cada figura emblemática se le levante una figura alternativa con una posición contraria crece la tensión interna en la coalición. Al final, por cada una de estas parejas habrá solo un ganador. Si el proceso constituyente no se lleva a cabo, el grupo a favor del statu-quo habrá ganado y reafirmado su posición hegemónica en la coalición. En cambio, si el proceso sí se lleva a cabo, el grupo que apostó por participar se llevará senda victoria, ganándose un importante espacio en el sistema político.

Lo importante, entonces, es definir la probabilidad de que se lleve a cabo el proceso constituyente. No es algo que se pueda definir a ciencia cierta, pero sí nos podemos aproximar a aquello. Suponiendo que la sobrevivencia de los partidos políticos depende de su capacidad para adaptarse a las demandas de los votantes, podemos también suponer que a medida que la gente pida un proceso constitucional, los partidos que quieren sobrevivir se cuadrarán con ellos. Si este es el caso, parece haber una alta probabilidad de que se lleve a cabo el proceso constituyente, pues las encuestas muestran un alto grado de alineamiento de la gente con él.

Ante estas prospectivas, la única forma de ganar para los que están a favor del statu-quo es colgarse de su minoría legislativa y usar sus tres-quintos en el Congreso para detener el proceso. Pero si anticipan una avalancha electoral en su contra, precisamente por manifestar una posición contraria al proceso, las prospectivas a favor del proceso constituyente aumentan significativamente. Una derrota de Chile Vamos en las elecciones municipales de este año, por ejemplo, podría convencer a varios políticos emblemáticos de la coalición de subirse al carro ganador. Si no se quieren subir por convicciones políticas, lo harán por estrategia electoral.

La apuesta del grupo a favor del statu-quo paga poco. Para Allamand, Silva y el establishment de la derecha, su mejor apuesta es apuntar a mantener una Constitución que tiene poco apoyo en las encuestas, y mantener su ya disminuido contingente legislativo. En cambio, la apuesta del grupo a favor de dialogar paga mucho. Avalar y sumarse al proceso no solo va ayudar a Ossandón, Bellolio y a las caras nuevas de la derecha a influir en el contenido de la nueva Constitución, pero además los va dejar posicionados para usar la victoria como propaganda para enfrentar la próxima elección presidencial y legislativa con más fuerza que nunca antes.

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