DC: entre la espada y la pared

Publicado en La Tercera

La DC está entre la espada y la pared. Por un lado está el ala progresista de la Nueva Mayoría, que busca llevar a buen puerto un paquete de reformas estructurales que en principio incomodan a la DC, y por el otro lado está la nueva coalición de partidos de centro que busca absorber una proporción importante de votos que tradicionalmente han ido a la falange. Si la DC resiste la tentación de continuar en el gobierno, por medio de pactos electorales instrumentales y cargos de gobiernos asignados por cupos, y persigue una opción solitaria por fuera de la agrupación oficialista, propulsada por la amenaza electoral, arriesga perder su relevancia política.

La tensión entre la DC y el ala progresista de la coalición no es nueva. Existe desde al menos el gobierno de Patricio Aylwin, siendo más evidente en aquellos conducidos por el PS. Sin embargo, la evidencia sugiere que en vez de consolidarse y ser un aspecto positivo que enaltezca a la colectividad, la convivencia ha empeorado y se ha vuelto un elemento negativo que solo ha causado solo dolores de cabeza. El tira y afloje en las sedes partidarias, las arduas negociaciones en Valparaíso y La Moneda, y los post-data en la prensa, que siempre han caracterizado la convivencia entre la falange y su contra parte, se han vuelto más agresivas, más frecuentes, y mejor fundamentadas.

Ejemplos abundan. En su mayoría son dimes y diretes tranzados a viva voz a través de los medios. Incluso en una preocupante parte de las declaraciones del presidente de la DC, Jorge Pizarro, y del ministro del Interior, Jorge Burgos, se puede encontrar algún grado de molestia. Lo preocupante, en estos casos puntuales, es que teóricamente son las figuras que debiesen estar alienadas con, y no en contra de, la Presidenta. Pero probablemente fueron las palabras premonitorias del destacado operador político Gutenberg Martínez las que causaron más revuelo, cuando a solo cinco meses de la inauguración del gobierno sugirió que la coalición entre la DC y el resto de los partidos tiene fecha de vencimiento.

Lo anterior, por lo bajo, abre las puertas a una potencial salida de la DC de la coalición. Al menos condiciona su salida, en el contexto en que fueron hechas las declaraciones, al grado de molestia del partido. Y, qué duda cabe, la molestia es visiblemente alta. Una especia de agravante, a favor de la decisión de salir, es la actual conformación de partidos de centro que amenaza con romper con las filas tradicionales de la DC y rebautizar a sus votantes como propios. Es la primera vez que la DC realmente tiene este tipo de presión. En elecciones anteriores la falange era el partido favorito de los moderados, en un espectro con poca oferta. En las próximas elecciones, tendrán que elegir.

El problema con esta válvula de escape es que si la DC finalmente decide salir de la coalición, y competir por sí sola, es altamente posible que disminuya su relevancia política. Dado el nuevo sistema electoral, donde probablemente aumente el número de partidos, las elecciones serán significativamente más competitivas que en años anteriores, y enfrentar una elección nacional con una planilla reducida de candidatos es sencillamente un suicidio político. Ninguna partido solo obtendrá más votos que una coalición. La DC conoce está dinámica. De hecho es una de varias de las razones que decidió pactar con el PS para las próximas elecciones municipales.

La DC debe reconsiderar su permanencia en la Nueva Mayoría, sobre todo en el largo plazo. Debe modernizarse para salir al paso de la fuga de militantes. Debe repensar su estatuto partidario, de acuerdo a su patrón de militantes. Urge cerrar la brecha entre los dirigentes y los votantes DC. La errática actitud de la mesa es una razón perfecta para que sigan saliendo los que se sumaron al partido para hacer cambios reales, y no participar, contra su voluntad, en la eterna e infructífera lucha de poder. La DC debe repensar lo que busca como partido antes que sea demasiado tarde. A veces dar un paso atrás a tiempo, es mejor que avanzar a toda velocidad sin rumbo.

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