#Chile. Proceso constituyente: actores y estrategias

Publicado en La Tercera

Una nueva constitución está en el horizonte. No tiene fecha, pero será más temprano que tarde. La mayoría de los actores políticos relevantes concuerdan que es un paso necesario para seguir adelante. La piedra de tope es está en el proceso – definido como el conjunto de normas que regulan la causa. Pues las normas serán cruciales para el producto – definido como el contenido de la nueva constitución. El cálculo político del momento es: quién defina el proceso se adjudicará el producto. Pues, quien diseñe el conjunto de normas lo hará con el único objetivo de conseguir mayor influencia sobre el contenido.

Como conjunto de normas me refiero específicamente al cuándo, al cómo y al quién. El cuándo es el periodo de tiempo en que se llevará a cabo la causa. El cómo y el quién se refieren al mecanismo que se utilizará. El tiempo depende del mecanismo, y el mecanismo se resuelve por una de dos vías. La primera es la institucional y la segunda es la participativa. La primera vía es la que comúnmente se presenta como el congreso constituyente, y la segunda vía es lo que popularmente se presenta como la asamblea constituyente.

Quien defina estos tres elementos será quien obtenga mayor peso relativo en la redacción del contenido. Por defecto, es el gobierno. Es quien tiene el poder para fijar la agenda, quien tiene los recursos, y quien tiene la visión holística. Sin embargo, por la magnitud de la tarea, y el elemento democrático que se pretende incorporar, es probable que el proceso sea uno en donde participen múltiples actores. Desde las tradicionales Alianza y Nueva Mayoría, a las nuevas alternativas de centro y el partido progresista. Cada uno, sin embargo, tendrá que optimizar su estrategia para influir en el proceso.

Lo anterior explica la ambigüedad del gobierno. Bachelet sabe que la mejor forma para promulgar una nueva constitución es escuchar a todos. Una vez que se formen mayorías, podrá endosar la opción más atractiva. Este proceso está en un estado incipiente. La Alianza está dividida, con RN a favor de la vía institucional y la UDI a favor del statu quo. La Nueva Mayoría se inclina por la vía participativa, excepto la DC que está alineada. A su vez, las alternativas de centro han mostrado más cercanía con RN, y el PRO ha simpatizado con los partidos más progresistas de la Nueva Mayoría.

La tarea de Bachelet es compleja. Deberá decidir entre gastar su capital político en presionar por la promulgación de una nueva constitución antes del fin de su cuatrienio, o simplemente definir el conjunto de normas para que el próximo gobierno sea quien conduzca el proceso. Es una decisión difícil, pues todo gobierno busca dejar un legado, y que mejor que una nueva constitución. El propio Lagos lo trató de hacer en 2005, quedando corto. Por lo mismo, resignarse a fijar las reglas, para optimizar la legitimidad y profundidad de la nueva carta, no es una mala opción si no hay agua en la piscina.

La Nueva Mayoría debe evitar repetir el fracaso de Lagos. Para eso, su mejor apuesta es sincerar el proceso que buscan instalar, y comenzar a generar simpatía y adeptos a favor de su causa. Sin embargo, para esto, los presidentes de los partidos se tendrán que poner de acuerdo. Mientras más partidos estén alineados, más probable es que puedan influir en la decisión final de la presidenta. Si el objetivo es promulgar la constitución durante el actual periodo, entre otras cosas, los partidos progresistas de la coalición tendrán que tender puentes entre la DC y el PRO.

La Alianza, en cambio, parece estar en una posición más débil. Con RN a favor de un cambio institucional y la UDI a favor del statu quo, la coalición promete ser un bloque menos relevante en el proceso. Mientras no sean capaces de forjar un proceso único donde ambos estén de acuerdo, la división de la coalición en esta materia podría significar un grave retroceso para su agenda ideológica. Si la UDI se mantiene a favor de la actual constitución, tendrá menos voz y voto sobre la carta fundamental que viene. A su vez, le dejara el camino libre a RN para negociar con otros actores que se le asimilen más.

Esto parece dejar a las alternativas de centro en una posición sumamente relevante. Una coalición de centro podría eventualmente inclinar la balanza hacia un lado u otro. Si optan por una vía institucional (como sugirió Velasco hace algunos días) contribuirán a la resistencia que emana desde la derecha, y consecuentemente aumentarán su cuota de poder en el sistema político. A su vez, si optan por la vía participativa, podrán negociar con la Nueva Mayoría para maximizar su presencia en la asamblea constituyente.

Ninguna estrategia está escrita en piedra. Lo único cierto es que mientras más a la derecha está el actor, más favorece el statu quo; y mientras más a la izquierda está el actor, más favorece la asamblea constituyente. En los próximos meses Bachelet deberá sondear quienes son los actores que están dispuestos a negociar y a formar mayorías para posibilitar el inicio del proceso constituyente. A su vez los actores estarán constantemente monitoreando las banderas de los demás para ver dónde están las alianzas ganadoras. Lo cierto es que los partidos y movimientos de centro serán la bisagra del proceso.

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