#Chile. El empate: caso Penta y “NueraGate”

Publicado en La Tercera

El NueraGate ha sido el embate más fuerte contra el gobierno de Bachelet desde su inauguración. Su efecto político supera con creces el que provocó el caso que ligaba a la campaña de Bachelet con facturas a una persona relativamente desconocida, y el efecto que tuvo el caso que ligaba a la campaña de Bachelet con una cena de recaudación de fondos en un yate en Nueva York.

Hasta el destape del NueraGate, Bachelet parecía políticamente inmune a lo que pasaba a su alrededor. Desde su inauguración, se mantuvo consistentemente cerca de la mayoría absoluta de la aprobación — algunos meses más arriba, otros meses más abajo. En el mismo periodo, la clase política, particularmente la Alianza azotada por el caso Penta y sus distintas aristas, perdía apoyo entre la gente.

Después de tratar infructuosamente de aplicar la teoría del empate, primero con el caso de las facturas y después con el caso del yate, la Alianza finalmente dio en el blanco. Encontró el flanco más débil de la presidenta: su familia. Ni el caso de las facturas ni el caso del yate había ganado tracción, pues la ciudadanía nunca lo concibió como “igualable” con el caso Penta.

El NueraGate, en cambio, si se le comparaba. En términos de magnitud, es difícil pensar algo más escandaloso que tráfico de influencias por parte de la familia presidencial. En términos de profundidad, el monto de la operación puso en relieve la inconsistencia entre la agenda socialista de la Presidenta y el ojo empresarial de parte de su familia.

La teoría del empate nunca es bienvenida, pues implícitamente sirve para justificar actitudes que son por naturaleza condenables. Pero sí permite constatar la existencia o la ausencia de un efecto. En este caso, la teoría del empate sirve para comparar el efecto del caso Penta sobre la popularidad de la Alianza con el efecto del NueraGate sobre la popularidad de la Presidenta.

De acuerdo a la teoría, si la caída en la popularidad es equivalente, hay un empate.

Es un ejercicio complejo, pues la popularidad de una coalición no es equivalente a la popularidad de un presidente. Además, las encuestas tienden a introducir error por sí solas. Pero si se relajan estos y otros supuestos, los datos apuntan a un empate. Mientras que la encuesta Adimark muestra una baja de 9% para la Alianza en enero, la encuesta Cadem muestra una baja de 9% para la Presidenta en febrero.

Aquello sugiere que el efecto del caso Penta sobre la Alianza y el efecto del NueraGate sobre la presidenta son similares. Algunos podrán decir que ambos casos no son comparables, y que el efecto de ambos es distinto. De acuerdo, puede ser. Pero es el mejor proxy. Tiene sentido, además, dado que tanto el caso Penta como el NueraGate son los dos eventos que han causado más daño a cada parte.

Ahora bien, la pregunta más relevante no es (a) si provocaron un efecto o no, es (b) sobre la magnitud del efecto. La respuesta a la primera pregunta es evidente en las encuestas, la segunda no. Lo importante, entonces, es responder: si el daño causado por la caída en la popularidad de la Alianza es mayor o menor al daño causado por la caída en la popularidad de la Presidenta.

A todas luces, parece ser que ante igual caída en popularidad, el daño causado a la Alianza es significativamente mayor al daño causado a la Presidenta. Aunque ambas partes bajan 9% en las encuestas, la Alianza queda peor parada que la Presidenta. La baja en la popularidad de la Alianza implica más daño a largo plazo que la baja en la popularidad de la Presidenta.

Primero, porque la Presidenta permanecerá en el cargo hasta el fin de su periodo constitucional. Independiente de cuánto apoyo obtiene en las encuestas, seguirá al mando del país. En contraste, la Alianza podría perfectamente desangrar hasta morir. No sería una sorpresa que RN decida amputar a la UDI de la coalición – sobre todo considerando la nueva oferta de movimientos y partidos.

Otra razón por la cual el caso Penta daña más a la Alianza que el NueraGate daña a la Presidenta está relacionada con el estado de avance de cada parte. Bachelet ya ha pasado dos de sus tres reformas estructurales por el Congreso. En contraste, la Alianza no ha nada relevante. Si el periodo presidencial se acabara mañana, Bachelet tendría más puntos a favor que la Alianza.

Asimismo, una baja aprobación de Bachelet influye mucho menos en futuras elecciones que una baja aprobación de la Alianza. Es mucho más probable que la Nueva Mayoría gane una elección (ya sea presidencial, legislativa o municipal) pese a la aprobación de Bachelet, que la Alianza gane una elección pese a su propia aprobación.

La teoría del empate no tiene utilidad real. Aunque la Alianza y la Presidenta bajen 9%, el efecto es distinto para cada uno. Pues el guarismo no contempla las circunstancias tras la baja, y tanto la Alianza como la Presidenta obran en función a sus propias circunstancias. El caso Penta afecta mucho más a la Alianza de lo que el NueraGate afecta a la Presidenta.

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