#Chile. Póngale nombre a la coalición

Publicado en La Tercera

La semana pasada la Alianza anunció el nacimiento de una nueva coalición, con un nuevo nombre y con nuevos miembros. La coalición, que aun no cuenta con un nombre, está compuesta por la Unión Demócrata Independiente (UDI), Renovación Nacional (RN), Evolución Política (Evópoli) y el Partido Regionalista Independiente (PRI). Se entiende que es una coalición de derecha, puesto que dos de los miembros (la UDI y RN) históricamente se definen como tal, el tercero (Evópoli) fue fundado por tres Ministros del gobierno de Piñera, y el cuarto (PRI) ha tendido a acoplarse a la ideología de los miembros con quienes comparte coaliciones. De cualquier modo, es una coalición que se forma con el objetivo de ganar la elección legislativa y presidencial de 2017, y compartir el gobierno que se inaugura en 2018.

Tanto el nombre de la coalición de derecha como su número de miembros ha variado a través de los años. En 1989 se llamó Democracia y Progreso, y contó con 2 miembros: la UDI y RN. En 1993 se llamó Unión por el Progreso de Chile, y contó con 5 miembros: la UDI, RN, la Unión de Centro Centro (UCC), el Partido Nacional (PN) y el Partido del Sur (PSur). En 1997 se llamó Unión por Chile, y contó con 3 miembros: la UDI, RN y el PSur. En 2001 se llamó Alianza por Chile, y contó con su formación original de 2 miembros. En 2005 se llamó Alianza, y otra vez contó con su formación original de 2 miembros. En 2009 se llamó Coalición por el Cambio, y contó con 3 miembros: la UDI, RN y Chile Primero (CH1). Finalmente, en 2013 volvió a llamarse Alianza, y otra vez contó con su formación original de 2 miembros.

Lo anterior sugiere que es normal que cambie el nombre de la coalición, y que es usual que entren y salgan partidos de ella. Pues, es razonable cambiar el nombre de la coalición como parte de una estrategia de marketing político, y así presentarse como una alternativa fresca en cada ciclo electoral. Por ejemplo, habría sido nefasto que la coalición de derecha se continuara llamando Coalición por el Cambio en la elección de 2013, considerando que ellos mismos eran los titulares. A su vez, es lógico negociar con potenciales nuevos miembros, sobre todo cuando estos últimos constituyen competencia directa (como es el caso de Evópoli), o cuando cuentan con estructuras jerárquicas preexistentes pero se encuentran a la deriva política (como es el caso del PRI).

Lo que sí llama la atención, es que la UDI y RN aun no tengan un nombre para su nueva coalición. Fue un error haber anunciado la nueva coalición sin un nombre, logo y slogan. Para muchos, la falta de profundidad simboliza el carácter estratégico del anuncio, pues perfectamente pudo haber sido un factor disuasiva para desviar la atención del caso Penta. En cualquier caso, la alternativa que se propuso para compensar por la falta fue peor. Llamaron a ponerle nombre a la nueva coalición por Twitter, usando el hashtag #NombreCoalición. Se equivocaron rotundamente. No hay dos lecturas. Ponerle nombre a la coalición es una tarea inherente de las elites, no de los cibernautas.

También llama la atención que hayan desperdiciado la oportunidad de negociar con otros potenciales nuevos miembros que también constituyen competencia directa. Es el caso de Amplitud. No se hicieron los esfuerzos suficientes para co-optar a un movimiento que apela al mismo electorado. De hecho, no hay un razonamiento claro de por qué las elites de la UDI y RN abandonaron la posibilidad de negociar con ellos, sobre todo considerando que son un referente que sin duda será un actor relevante en la próxima elección legislativa y presidencial. Aunque la agenda programática de Ernesto Silva y Cristián Monckeberg sea distinta a la de Lily Pérez, es un puente que bien vale mantener si la nueva coalición realmente quiere conformar una alternativa electoral y de gobierno viable.

La nueva coalición de derecha partió con el pie izquierdo. Si su objetivo es ganar la elección legislativa y presidencial de 2017, tendrá que buscar una forma de representar a la mayoría de la gente. El nombre es el primer paso. Deberá ser cuidadosamente escogido por las elites de la nueva coalición y tendrá que estar en directa relación con su objetivo político. Pero también tendrán que hacer mayores esfuerzos para convocar a los sectores que hasta ahora han excluido. Tendrán que dejar atrás pequeñas diferencias de programa (que en esencia son políticamente irrelevantes) por el bien de construir una alternativa más fuerte. Si no logran negociar con todas las partes interesadas, la nueva coalición de derecha solo se cavará un hoyo más profundo en su trinchera.

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