#Colombia. Santos, pobreza y voto en blanco

Con Stefan Bauchowitz

Se dice del voto en blanco que es un voto de opinión. Ejercido por aquellos inconformes con los candidatos y/o con el sistema político. También es la decisión tomada por aquellos que de alguna forma están en una posición capaz de evitar que su preferencia sea manipulada o comprada. Es decir, es un voto libre, independiente e incorruptible. Es razonable suponer entonces que aquellos electores mejor educados y más pudientes — que tienden a vivir en las grandes ciudades y en las regiones con ingresos más altos — sean los que más sufragan en blanco.

Con base en datos de la votación para el senado del pasado marzo y un índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI) a nivel departamental y municipal (como variable que sirve de “proxy” para medir la pobreza), a continuación se explora la relación entre el voto en blanco y la maquinaria política del estado expresada en la votación real alcanzada por el santismo. Se presume que la repartición de recursos, inversiones, favores políticos y demás “incentivos electorales” a las poblaciones mas vulnerables es una capacidad, si no exclusiva del gobierno, sí una que éste está en mejor lugar de apuntalar. Así, donde la maquinaria política del gobierno tiene más incidencia, en municipios relativamente pobres/vulnerables, el santismo tendría mayor respaldo y el voto de opinión menor.

Las siguientes gráficas muestran la existencia de una correlación positiva entre las dos variables: a mayor nivel de las NBI, mayor es la votación por el santismo (considerando la suma de los votos obtenidos por el Partido de La U, Cambio Radical y el Partido Liberal, sobre el total de votos válidos).

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Así, se pueden agrupar dos tipos de departamentos en los que la relación propuesta parece existir. Regiones con altas incidencias de pobreza como Chocó, La Guajira, Córdoba, Bolívar y Magdalena, tienden a registrar bajísimos niveles de voto en blanco y relativamente altos niveles de respaldo por la coalición de Santos — más del 55%. Entre tanto, otras regiones como Bogotá, Risaralda, Boyacá, Antioquia y Santander, que están por encima de la media del ingreso nacional por habitante y reportan bajos niveles relativos de NBI, exhiben los porcentajes más altas de voto en blanco en tándem con un apoyo inferior al 35% por el santismo.

Diferencias estructurales entre regiones, como la económica, por supuesto no explican del todo la relación planteada. La política cuenta. No es ninguna casualidad que varios municipios de Boyacá y Cundinamarca donde el voto en blanco batió todos los records estuvieran en el corazón del paro agrario el pasado septiembre. En Villapinzón, Ubaté, Turmequé, Ubita, Toca y Sutatausa entre otros, el blanco osciló entre el 15% y 30% de los sufragios válidos. En la ciudad de Tunja, capital departamental de Boyacá, la mayor votación tanto para senado como para cámara la obtuvo el blanco, con 17% y 16%, respectivamente. En la capital del tejo el blanco venció a todos los partidos.

La tan cacareada capital del voto de opinión, hoy en día no es Bogotá — es Tunja.

En síntesis, y sujeto a múltiples calificaciones, entre el voto en blanco y el santismo tiende a haber una relación inversa, es decir, a mayor voto de opinión menor apoyo por la coalición del presidente. A su vez, entre mayor la vulnerabilidad/pobreza de la población, menor el porcentaje de votos en blanco y mayor el sufragio santista.

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