#Colombia. Petro, la paz y el paro

La intención de voto en las encuestas que están por venir estarán marcadas por acontecimientos ligados a tres temas de gran visibilidad mediática: el proceso de paz con la guerrilla de las FARC, la amenaza de un segundo paro agrario y la posible restitución del ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Dichos temas incidirán directamente en el gobierno y por consiguiente en el aspirante a la reelección por el partido de La U, el presidente en ejercicio, Juan Manuel Santos.

El candidato oficialista enfrenta una situación compleja. Sin titubear en su apuesta por la salida negociada al conflicto con la guerrilla, el presidente Santos declaró que iba a “jugársela por la paz hasta el último día de su vida”, agregando que ahora lo pensaría dos veces antes de dar de baja a Timochenko, el legendario cabecilla de las FARC.

Si bien, el proceso de paz ha sido uno de los emblemas del oficialismo, la defensa del proceso afronta dos retos que afectan la opinión de los electores en plena campaña: primero, la intensificación de acciones militares contra la fuerza pública por parte de la guerrilla socava el apoyo ciudadano al proceso. En las últimas semanas tres policías fueron asesinados en una emboscada en Caquetá, dos más fueron secuestrados, torturados y ultimados en Nariño y dos militares murieron en un atentado en el Amazonas. Según Cifras y Conceptos, el porcentaje de colombianos que cree que las acciones militares son la mejor solución en la lucha contra las FARC subió del 25% al 34% entre enero y finales de marzo, mientras que los que creen que el mejor camino es la negociación política, cayó del 39% al 30%.

Segundo, la vulnerabilidad que genera sostener los diálogos de paz y por otra parte combatir a la guerrilla hace que Juan Manuel Santos sea un blanco fácil para sus contendores en la carrera presidencial. El opositor, y candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, acusó recientemente al mandatario de ser “débil e incompetente”. Asimismo y en relación con las dudas de si dar o no de baja a Timochenko, Zuluaga sostuvo que un presidente que vacila capturar al máximo jefe del narcotráfico y el terrorismo, no puede reelegirse.

Otra de las amenazas contra Santos es la posibilidad de un nuevo paro agrario, que el año pasado bloqueó importantes vías de comunicación. La movilización despertó la solidaridad de los urbanitas colombianos con las causas campesinas, y por consiguiente le significó al presidente Santos el descalabro más notable en su popularidad. Ante la acción agraria, el gobierno reaccionó ampliando créditos, garantizando precios y prometiendo auxilios. Las medidas parecen haber apaciguado a los cafeteros, arroceros y cacaoteros. Pese a estos esfuerzos hay sectores que aseguran seguir en problemas. Los movimientos sociales del campo en sintonía con la opinión favorable del electorado urbano pueden causar problemas, esta vez, irreversibles a la campaña re-eleccionista.

Por último, la saga de la alcaldía de Bogotá suma otro capítulo: los efectos de la polémica decisión tomada por el presidente Santos de no acatar las medidas cautelares recomendadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En marzo, el organismo solicitó suspender la destitución del alcalde Gustavo Petro. Esta vez, la decisión de gobierno podría verse anulada si el Consejo de Estado decide restituir al burgomaestre, una sentencia que se espera después de Semana Santa. El presidente Santos, quién tendría pocas opciones ante el Alto Tribunal, ya anunció que acataría cualquier decisión que determine el ente. El posible regreso de Petro a la alcaldía no solo hará ver inocuas las acciones del presidente, sino que rehabilita la voz pública del alcalde y revitaliza la retórica anti-santista.

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